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los valores que
rigen dicha profesión-, y la organización y planificación
institucional
de la actividad científica al interior de las instituciones
académicas.
Nuestro
argumento es que, a pesar de los grados variables de impacto, los
resultados aún
inciertos respecto a tales efectos e incluso la continuidad
misma del
programa, éste constituye un hito en el desarrollo de la
investigación
científica en las universidades. A lo largo de la historia de la
educación
superior en la Argentina son perceptibles algunos momentos
históricos
significativos que han transformado el papel y significación de la
investigación
en la universidad (Myers, J., 1992). Estos hechos son de
naturaleza
diferente, pero han constituido momentos clave en dicho proceso.
Algunos
pertenecen a la acción directa del estado, otros a la acción directa
de
los actores
sociales comprometidos, en tanto otros constituyen fenómenos de
nivel micro que
simbolizan un cambio sustancial en la cultura académica.
La creación de
la Universidad de La Plata en el último cuarto del siglo XIX
sobre la base
del modelo humboltiano, apoyada en la actividad de
investigación,
corresponde al primer tipo, en el cual la dirigencia política
parecería haber
jugado el papel principal. Las reformas producidas a partir
del movimiento
estudiantil del año 18 tiene la virtud de sentar las bases
ideológicas y
expandir la resignificación social de la universidad dentro de la
cual la
investigación científica encuentra un lugar de mayor relevancia. El
triunfo de
Bernardo Houssay en el concurso de cátedra de Fisiología en la
Universidad de
Buenos Aires en 1919 con un programa centrado en el papel
de la
investigación en la universidad adquiere un valor simbólico como
acto
inaugural de un
proceso que fue ganando nuevos espacios con
posterioridad
(Buch, A.,1995). La creación en 1958 de la Carrera del
Investigador
Científico en el seno del CONICET vinculándola al desempeño
de la cátedra
universitaria fue un acto evidente de política estatal; sólo que
en este caso
intermediado y protagonizado por una comunidad científica
desarrollada y
consolidada a lo largo de la primera mitad del siglo XX.
En esta
trayectoria -de la cual sólo señalamos algunos momentos y
obviamos los
altibajos de otros hechos con impacto inverso-, la instauración
del PI adquiere
un sentido de continuidad histórica. En este caso, es
nuevamente la
dirigencia política que protagoniza un intento de cambio en la
dirección de
afianzar la investigación en la universidad, movida, por cierto,
al impulso de
nuevos discursos y modelos internacionales y de la iniciativa
autónoma de
algunas universidades que, en la misma dirección, se generaron
durante los
años 80. El esfuerzo parece estar acotado a un dimensión limitada
-si bien,
relevante, como es el ingreso económico de los investigadores. El
hecho de no
encontrarse acompañado de otras dimensiones de la política
científica en
las universidades, se corre el riesgo de que aquél quede
instalado como
un mecanismo de compensación salarial, de magnitud