Diario de una Aventura
Siete de Julio de 1941. Me encuentro en Melilla. En la madrugada recibo el telegrama que confirma mi admisión en la División Española de
Voluntarios, dada en llamar División Azul. La noticia me llenó de júbilo; pues por mi inutilidad de guerra temía que fuera
denegada mi petición. Pero, no. Lo he conseguido. Ante mi desbordado entusiasmo, el Comandante Fernando Fernández de Liencres, mi jefe en
Ceuta, aceptó mi solicitud de ingreso a la aventura...
Todo llegó a punto cuando el barco estaba dispuesto para zarpar. Numeroso gentío acudió al muelle a despedirnos. La presencia del
General García Valiño no se hizo tardar. Suenan los himnos a su llegada y, minutos antes de zarpar el barco, estrecha la mano a todos los
oficiales. Yo, que estaba a bordo, no quise bajar al muelle. Me vería forzado a saludar al General con la mano izquierda, y ante mi inutilidad, en la que
habría de fijarse por fuerza, tal vez me ordenara quedarme en tierra; pues, lícitamente carecía de la utilidad médica necesaria
para volver al frente.
Nuestro viaje bordeando la costa fue plácido y tranquilo; viviendo la vida de a bordo, sencillamente. Y en la travesía conozco a un tipo
singular: al Teniente Legionario Cheweko. Cheweko en lo que a edad se refiere ya es un hombre militarmente viejo; pero se siente apto para la aventura. Ha
despertado de su letargo de años, de su vida de campamento en paisajes rifeños para alistarse en esta empresa, en la que sin discusión
ocupa un puesto de honor. Cheweko, de su pasado me cuenta que, al triunfar la revolución rusa, se evadió como pudo hasta poner entre él
y su patria la distancia que le trajo a la Legión Extranjera, donde tras años de lucha y de servicio, logró el grado de Teniente.
Me atrae de Cheweko, gigante con lentes ahumados, su cortedad en las palabras que mide pausadamente. "¿Tú sabes a dónde vas?" - me pregunta
afectuosamente.
Yo no sé nada ni quiero saberlo. Duermo tranquilo en la cubierta del barco, entre cientos de voluntarios. Algunos se resisten a dormir y cantan:
A la guerra voy, que valiente soy, Ana Mari, volveré a tu lado, como un buen soldado, Ana Mari, Y aunque esté lejos de ti, en ti
sólo pensaré...
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