José Manuel Castañón (1920-2001)

Encuentro con Venezuela

En el primer encuentro con la Mérida de 1957, el viajero se pierde por las calles de la ciudad bajo la luna enorme que ilumina la Sierra, sin guía, sin saber de los merideños, que luego serán amigos: amigos de corazón; porque entre el juego de sus simulaciones, Mérida conserva caracteres sin doblez alguna, sin trampa ni cartón. José Nucete Sardi, José Ignacio Varela, Antonio José Uzcátegui, son ejemplos que honran al gentilicio de la ciudad que evoca la Mérida augusta y extremeña. Calles en suave pendiente y casas de grandes aleros y celosías que se resisten a desaparecer, saludan al viajero en la paz de la noche. En la Plaza Bolivar -inevitable plaza e inevitable centinela-, un banco de madera invita al reposo. Cerca, en otro banco, contertulios noctámbulos, castizos merideños que un día serán amigos del viajero, hablan sus cosas....

La plaza asfaltada, el cesped bien cuidado, y unas palmeras altas, trasplantadas del Llano a la ciudad andina, vigilan la ciudad dormida en la paz de sus cuatrocientos años; la ciudad fundada el 9 de Octubre de 1557 por el capitán extremeño Juan Rodriguez Suarez. La catedral en obras con su renacentista palacio arzóbispal ocupan una acera paralela a la plaza. El Palacio de la Gobernación otra. A su lado asoma un edificio severo: es la Universidad, y diagonal con ella, en otro extremo de la plaza, una casa solariega se resiste a desaparecer, pero inevitablemente desaparecerá. El plan urbanistico de Mérida va dejando estos islotes de casonas entre edificaciones de cemento que ya las obliga a desaparecer por el valor de los solares, a menos de que sean declaradas Monumentos Nacionales. El plan de urbanización no está de acuerdo con la conservación de las casonas de antaño. Mérida está condenada a sucumbir como ciudad colonial, sin pena ni gloria. El arquitecto Mujica ha querido imprimirle un nuevo sello que la haga digna de su pasado, pero los edificios verticales de varios pisos ya han devorado la Mérida del "Viaje al Amanacer". Pero con todo, respira paz. La ciudad puede hacer feliz con poco al viajero. Perdida en uno de los paisajes mas gratos de América, rodeada de sinfonía verde, de cielo azul intenso y nieve perpetua, en lo alto de la Sierra, cuando no el gris en pertinaz llovizna, brinda un tiempo para dilapidarlo en horas interminables que dan para todo: escribir, pensar y soñar tambien con esas ciudades perdidas en la geografía de España, con sus rincones de encatada historia....

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