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El Significado del Generoso Qur'an
Traducción del Árabe
y Comentarios
Muhammad Asad
Sura 1
Al-Fatiha
(La Apertura)
Período de Mecca
Este sura se denomina también Fatihat
al-Kitab (“La Apertura de la Escritura Divina”), Umm al-Kitab (“La Esencia de la
Escritura Divina”), Surat al-Hamd
(“El Sura de la Alabanza”), Asas al-Qur’an (“La Base
del Qur’an”), y es conocido también por varios otros
nombres. Es mencionado en el Qur’an como As-Sabaa al-Mazani (“Los Siete
[versículos] Frecuentemente Repetidos”), porque son repetidos varias
veces durante cada una de las cinco oraciones diarias. Según Bujari, el apelativo Umm al-Kitab le fue dado por el propio Profeta porque contiene, en
forma condensada, todos los principios fundamentales formulados en el Qur’an: el principio de la Unidad de Dios y de Su Unicidad;
que es el Creador y el Mantenedor del universo; la fuente de toda gracia
vivificante; Aquel ante el cual el hombre es finalmente responsable; el
único poder capaz realmente de guiar y de ayudar; la llamada a la
acción recta en la vida de este mundo (“guíanos por el camino
recto”); el principio de la vida después de la muerte y de las consecuencias
orgánicas de las acciones del hombre y de su conducta (expresadas en el
término “Día del Juicio”); el principio de la guía que llega a
través de los portadores del mensaje (evidente en la referencia a aquellos
sobre quienes Dios “ha derramado Sus bendiciones”) y, emanado de ése, el
principio de la continuidad de todas las religiones verdaderas
(implícito en la alusión a aquellas gentes que han vivido –y
errado-- en el pasado); y, finalmente, la necesidad de un autosometimiento
a la voluntad del Ser Supremo y, por tanto, de adorarle sólo a
Él. Es esta la razón de que este sura haya sido formulado como
una oración, que el creyente repite y sobre la que reflexiona
continuamente.
“La Apertura” fue
una de las primeras revelaciones transmitidas al Profeta. Algunas autoridades
(como Ali ibn Abi Talib) llegan a afirmar que fue la primera
revelación; pero tal punto de vista se contradice con hadices autentificados por Bujari
y Muslim, que muestran sin lugar a error que el
comienzo de la revelación lo constituyen los cinco primeros versos del
sura 96 (“El Coágulo”). Es probable, sin embargo, que mientras que todas
las primeras revelaciones consistieron en unos pocos versículos, “La
Apertura” fuera el primer sura entero revelado al Profeta de una sola vez, y
esto explicaría el punto de vista de Ali.
1: 1
En el Nombre de
Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:*
*
Según la mayoría de las autoridades, esta invocación (que
se repite al comienzo de cada sura a excepción del sura 9) forma parte
integrante de La Apertura y va, por lo tanto, numerada como versículo 1.
En todos los demás casos, esta invocación “en el nombre de Dios”,
precede al sura y no se cuenta como uno de sus versículos. Los
epítetos divinos rahman y rahim
se derivan ambos del sustantivo rahma, que significa
“misericordia”, “compasión”, “ternura compasiva” y, en sentido
más amplio, “gracia”. Los eruditos musulmanes han tratado de definir,
desde un primer momento, los matices exactos de significado que diferencian a
estos dos términos. La mejor explicación, y la más sencilla, es
sin duda la que propone Ibn Qayyim
(citada en Manar I, 48) : el término rahman define la cualidad de abundante gracia que es
inherente al concepto del Ser de Dios e inseparable de él, mientras que rahim expresa la manifestación de esa gracia en Su
creación y su efecto sobre ella –en otras palabras, un aspecto de Su
actividad.
1: 2
Toda alabanza
pertenece sólo a Dios, el Sustentador de todos los mundos,* (1: 3)
el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia, (1: 4)
¡Señor del Día del Juicio!
*En
este caso, el término “mundos” denota todas las categorías de la
existencia, tanto en el sentido físico como en el espiritual. La
expresión árabe rabb –traducida por
mí como “Sustentador”— abarca un amplio espectro de significados que no
pueden ser expresados con facilidad por un solo término en otra lengua.
Comprende la idea de tener justo derecho a la posesión de algo y, por
consiguiente, autoridad sobre ello, y la de criar, mantener y fomentar algo
desde su comienzo hasta su conclusión final. Por esto, el cabeza de
familia es llamado rabb ad-dar (“amo de la casa”) ya
que tiene autoridad sobre ella y es el responsable de mantenerla
; así mismo, su esposa es denominada rabbat
ad-dar (“ama de la casa”). La designación rabb
precedida por el artículo definido al, se aplica en el Qur’an exclusivamente a Dios como cuidador y sustentador de
toda la creación –tanto la objetiva como la conceptual— y, por lo tanto,
la fuente máxima de toda autoridad.
1: 5
A Ti sólo
adoramos; sólo en Ti buscamos ayuda.
1: 6
¡Guíanos
por el camino recto –(1: 7)
el camino de aquellos sobre los que has derramado Tus bendiciones,* no el de
aquellos que han sido condenados [por Ti], ni el de aquellos que andan
extraviados!**
* Es
decir, proporcionándoles la guía de los profetas y
ayudándoles a beneficiarse de ella.
** De
acuerdo con la mayoría de los comentaristas, la “condena” (gadab, lit., “ira”) de Dios es
sinónimo de las malas consecuencias a que el hombre se expone al
rechazar conscientemente la dirección que Dios le ofrece y al actuar en
contra de Sus mandatos. Algunos comentaristas (p.e., Samajshari) interpretan este pasaje como
: “...el camino de aquellos sobre los que has derramado Tus bendiciones
–aquellos que no han sido condenados [por Ti], y que no se extravían” :
en otras palabras, consideran las dos últimas expresiones como
definitorias de “aquellos sobre los que has derramado Tus bendiciones”. Otros
comentaristas (p.e., Bagawi
e Ibn Kazir) no suscriben
esta interpretación –que implicaría el uso de definiciones
negativas— y entienden el último versículo del sura en la forma
traducida anteriormente por mí. Por lo que respecta a las dos
categorías de gente que siguen un camino erróneo, algunos de los
grandes pensadores islámicos (p.e., Al-Gasali o, en tiempos más recientes, Muhammad Abdu) coinciden en la
opinión de que la gente que ha incurrido en “la condena de Dios” –es
decir, que se han privado a sí mismos de Su gracia— son aquellos que
rechazan el mensaje de Dios con pleno conocimiento de él y habiéndolo
entendido; mientras que “los que andan extraviados” son aquellos a quienes la
verdad, o bien no les ha llegado en absoluto, o les llega en forma tan
deteriorada y confusa que les resulte difícil reconocerla como tal
(véase Abdu en Manar I, 68 ss).