Y fue adios.
Nos dijimos hasta nunca
en un día gris como la lluvia.
Trataremos de hoy en más,
de no ser dos pasajeros
en el mismo tren de la vida.
Nos propondremos firmemente
cerrar las puertas al pasado,
y ser mañana paralelas.
Seremos extraños en las manos;
y en los ojos llevaremos grabados
los espejos del alma intercambiados.