Te
conocí
sin
querer.
Ese
día
en
el
chat
español
estaba
esperando
a
alguien
que
jamás
llegó.
Y
para
no
irme
sin
que
notaran
mi
presencia
escribí
en
la
pantalla
general:
"Estoy
triste".
Al
instante
una
lucecita
de
esperanza
brilló
y
tú
me
dijiste
que
estabas
solo,
que
querías
conversar
conmigo,
que
tenías
la
fórmula
para
hacer
desaparecer
esa
angustia
que
crecía
dentro
mío.
Me
quedé
hablando
contigo,
me
invitaste
a
un
baile
imaginario
que
jamás
pensé
que
conocería
pero
en
el
que
me
divertí
y
dejé
escondida
la
tristeza.
Las
horas
pasaron
sin
sentirlas;
y
cuando
debía
irme,
me
pediste
mis
datos.
No
querías
perderme
entre
tantos
anónimos
que
pueblan
esos
lugares
en
busca
de
alejar
la
soledad.
Pasaron
días
y
semanas
y
meses,
en
los
que
hallé
en
mi
correo
tu
infaltable
nota
de
buenos
días
que
contesté
puntualmente,
en
los
que
mi
teléfono
sonaba
y
me
traía
tu
voz.
Y
nos
enamoramos.
¿Por
qué
tú
de
mí
y
yo
de
tí?
Simplemente
porque
sí,
el
destino
o
tal
vez
nuestro
ángel
de
la
guarda,
como
te
gustaba
decir.
Un
día,
¿idea
de
quién?
la
posibilidad
de
conocernos
personalmente
nació.
Salí
al
cruce
y
dije
que
sería
yo
quién
viajaría.
Te
dí
los
datos
del
vuelo,
el
número
de
asiento,
la
hora
de
llegada
y
los
detalles
de
que
ropa
usaría.
Hasta
bromeé
con
que
sacaría
una
foto
de
tu
rostro
asombrado
cuando
me
vieras
pasar
la
puerta
de
la
aduana.
En
el
avión
contaba
los
minutos.
Inquieta,
desconociendo
el
idioma,
me
sentía
perdida;
llevaba
tu
foto
en
mi
bolso
y
a
ella
recurría
en
los
momentos
en
que
mi
razón
quería
imponerse
sobre
mi
corazón.
¿Qué
estaba
haciendo
allí?.
Trataba
de
que
se
me
grabara
"El
corazón
tiene
razones
que
la
razón
no
comprende".
Cuánta
ansiedad
me
hacía
prisionera.
El
avión
aterrizaba
y
¿estarías?.
¿Cómo
sería
en
verdad
el
hombre
que
a
12.000
kilómetros
de
distancia
me
juraba
amor?
Todas
las
preguntas
quedaron
sin
respuesta,
salí
corriendo
de
la
cabina,
firmé
papeles
sin
saber
que
eran,
recogí
mis
maletas
y
me
enfrenté
a
la
realidad.
Allí,
de
pie
frente
a
mí,
estabas
con
una
sonrisa.
No
lo
pensé,
abrí
mi
bolso
y
te
saqué
la
foto
que
tantas
veces
te
prometí.
Y
con
una
tranquilidad
desconocida
me
acerqué
a
tí,
te
besé
y
te
dije:"Hola
mi
cielo,
aquí
estoy".
Hoy,
a
mucho
amor
de
distancia
de
ese
día
te
doy
las
gracias.
Por
tu
integridad,
por
tu
palabra,
por
ser
como
eres
y
por
compartir
conmigo
la
vida
y
el
sueño
de
un
hijo
que
si
Dios
quiere
llegará
pronto.
PARA
EL
SR.
QUE
SE
ROBO
MI
CORAZON.
POR
EL
CRUCE
TODO
EL
CONTINENTE
Y
LO
VOLVERIA
A
HACER
MIL
VECES.
LO
AMO.
Freddy,
para
tí.