La NavidadGabriela L. Moretti
Hola querido amigo: Como sabrás, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor, y creo que este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios por la radio, en la televisión, y por todas partes no se habla de otra cosa sino de lo poco que falta para que llegue el día.
La verdad es agradable saber que, al menos un día al año algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes, hace muchos años que comenzaron a festejar mi cumpleaños. Al principio parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo celebra. La gente se reúne y se divierte mucho, pero la mayoría no sabe de qué se trata.
Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños hicieron una gran fiesta en mi honor, ¿pero sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado principal y ni siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron fuera. Me cerraron la puerta, y yo quería compartir la mesa con ellos. La verdad, no me sorprendió porque en los últimos años sucede con frecuencia. Todos me cierran la puerta.
Como no me invitaron, se me ocurrió entrar sin hacer ruido. Entré, y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo. Había algunos borrachos, otros contando chistes. La pasaban en grande. Para colmo llegó un viejo gordo gritando: Jo, Jo, Jo!. Parecía que había bebido demás. Se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron a su lado. ¡Cómo si la fiesta fuera en su honor! Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse. Yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara, y ¿sabes? Nadie me quiso abrazar. Tal vez creas que nunca lloro, pero esa noche lloré. Me sentía triste, deprimido, como un perro solitario y abandonado.
Por eso me llegó tan hondo que al pasar por tu casa me invitaras a entrar. Ustedes sí organizaron una fiesta en la que yo era el invitado de honor. Además me trataron como a un rey. Todos hablaban de la forma en que yo había nacido. Además me cantaron "Las mañanitas". Hacía tiempo que a nadie se le ocurría hacer eso. Que DIOS bendiga a todas las familia como la tuya. Yo nunca dejo de estar con ellas en ese día y en todos los días. También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de tu casa. ¿Sabías que hay países en que está prohibido poner el pesebre? Hasta lo consideran ilegal. ¡A dónde irá a parar este mundo!
Otra cosa que me asombra de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tú que sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a tí no te regalaran nada? Una vez alguien me dijo: ¿Cómo te voy a regalar algo a tí si no se te ve nunca? Ya te imaginarás lo que le dije: Ayuda a los pobres, visita a los enfermos, da comida al que tiene hambre y yo lo contaré como si me lo hubieras hecho a mí.
Recuerdo lo que le pasó a un anciano llamado Juan. Un día de mi cumpleaños anduvo pidiendo posada porque tenía hambre y no tenía familia. Tocó en muchas puertas sin que en ninguna lo invitaran a pasar. Se dio por vencido al ver que ni siquiera esa noche iba a sentir el calor de hogar. Se sentó en una banqueta y se puso a llorar como un niño. Yo pasé junto a él y le pregunté: ¿Qué tienes Juan? Es que nadie me invitó a pasar, me contestó. Yo me senté a su lado y le dije: "No te apures, que a mí tampoco me han dejado entrar".
Pero toda paciencia tiene un límite. Voy a contarte un secreto. Estoy pensando en hacer mi propia fiesta. Una fiesta grandiosa, como la que jamás nadie hubiera imaginado. Una fiesta espectacular con grandes personalidades. Entre ellas, Abraham, Moisés, El Rey David, Salomón y otros más. Todavía estoy ultimando detalles por lo que quizá no sea este año. Antes de comenzar la fiesta, quiero hacer una invitación general. Yo sí los quiero invitar a todos. Estoy enviando muchas invitaciones, y hoy querido amigo, hay una invitación para tí. Sólo quiero que me digas si quieres asistir y te reservaré un lugar y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. A esta fiesta solamente entrarán los invitados que hayan aceptado la invitación. Y se quedarán afuera todos aquellos que nunca contestaron mi invitación. Prepárate, porque cuando todo esté listo para la gran fiesta --- ¡¡¡DARE LA GRAN SORPRESA!!!Hasta pronto,
"TU AMIGO"
JESUCRISTO
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