Tráeme el viento de la montaña,
la aventura de trepar por sus laderas,
la pureza de las nubes allá arriba,
el tapiz de césped que la envuelve.
Tráeme la furia de las olas marinas,
el desafío de cabalgar sobre ellas,
las esmeraldas encerradas en su color,
el sabor salino de esas aguas.
Tráeme la luna y las estrellas,
la libertad de volar entre los astros,
la oscuridad de la noche enamorada,
el brillo plateado y diamantino.
Tráeme todo lo bueno y bello de este mundo
para adornar nuestro hogar, nuestro destino.
Yo esperaré paciente a que llegues,
y en mi vientre el retoño de tu hijo.
