La Chica del Arete de Perlas
(Girl With A Pearl Earring)
País: Reino Unido - Luxemburgo, 2003 Duración: 95 minutos Clasificación: B Elenco: Scarlett Johansson, Colin Firth, Tom Wilkinson, Judy Parfitt, Cillian Murphy, Essie Davis Director: Peter Webber Productores: Andy Paterson, Anand Tucker Guión: Olivia Hetreed, basado en la novela de Tracy Chevalier Fotografía: Eduardo Serra Música: Alexandre Desplat Distribuidor: Lions Gate Films
Por Jorge Ávila Andrade Es una lástima que una cinta como La Chica del Arete de Perlas (Girl With A Pearl Earring, 2003) no haya tenido una mucho mejor promoción, pues es una de esas cintas que valen mucho más de lo que en apariencia tienen. El debut como cineasta de Peter Webber no podría ser más afortunado, pues además de presentar un trabajo de alta calidad técnica, muestra una muy agradable historia sobre lo que pudieron haber sido los hechos detrás de uno de los cuadros más famosos del mundo, mismo que da título a la película y que es obra del pintor holandés Johannes Vermeer. Preciosista a más no poder, el filme de Webber transcurre con un ritmo perfecto y muestra algunas de las actuaciones más destacadas del año.
La trama está ubicada casi cuatro siglos atrás, en 1665, y gira alrededor de Griet (Scarlett Johansson), adolescente cuyos padres ya no pueden seguir sosteniéndola por más tiempo, por lo que deciden enviarla a trabajar a la casa del famoso pintor Vermeer (Colin Firth). Una vez ahí se da cuenta de que las cosas no van a ser sencillas, pues como consecuencia de la a veces ríspida relación que mantiene con su esposa, Catharina (Essie Davis), el pintor suele pasar incontables horas metido dentro de su estudio con la finalidad de realizar cuadros que le han sido encargados por el lascivo Van Ruijven (Tom Wilkinson), quien se siente especialmente atraído hacia la belleza de Griet.
Es por esta razón que decide encargarle a Vermeer una pintura donde Griet sea la modelo, lo que comienza a generar celos y manifestaciones de desagrado por parte de Catharina y de la madre de ésta, Maria (Judy Parfitt). En el proceso, pintor y modelo desarrollan una especial atracción en la que el erotismo y la sensualidad juegan un papel primordial.
La cinta tiene una tercia de elementos que la convierten en una experiencia sorpresivamente placentera. El primero de ellos es la extraordinaria fotografía de Eduardo Serra, quien logra algunas de las más bellas imágenes captadas por una cámara en años. Tomando como inspiración el trabajo del propio Vermeer, Serra recrea en ciertas tomas algunas de las obras de éste, mostrando una profundo conocimiento del juego de luces que se convirtieron en uno de los sellos característicos del pintor holandés. Por momentos da la impresión de estar viendo a personas actuando dentro de un cuadro, lo que representa un gran acierto para una cinta basada en la vida de un pintor.
El segundo elemento a considerar es la partitura, compuesta por Alexandre Desplat y la cual enmarca de una manera sutil y elegante las emociones y sentimientos que van experimentando los protagonistas. El tercer elemento, y el más importante, es el trabajo actoral del elenco, principalmente el del siempre agradable Colin Firth y el de la jovencita Johansson. El primero representa de manera fiel la personalidad del pintor (según la descripción del libro de Tracy Chevalier en el que está basado el filme), evitando caer en el estereotipo del genio atormentado.
Aquí, Vermeer es más bien un tipo común que comienza a sentir una fuerte atracción hacia una joven mujer a pesar de que ama profundamente a su esposa, al tiempo que la mira a través de los ojos de un artista, es decir, como modelo. El respeto de Firth y de Webber por el personaje lo hacen parecer como alguien real hacia quien sentir afecto.
Sin embargo, y a pesar del gran trabajo de Firth, es Scarlett Johansson quien se lleva la película con una actuación simple, sencilla, sutil, llena de lenguaje corporal en el que vale más una actitud, una mirada o un gesto que mil palabras. Es una actuación difícil, pues prácticamente Griet no habla, siguiendo las tradiciones de la época, además de que la tensión sexual existente entre su personaje y el de Firth es sutil, más allá de las palabras o las acciones. Pero Johansson se las ingenia para transmitir una enorme gama de emociones a través de la mirada, lo que la convierte en una de las actrices jóvenes más prometedoras que tiene el cine estadounidense para los próximos años, como bien lo demuestra en otra estupenda cinta como Perdidos en Tokio (Lost In Translation).
Simplemente es un trabajo admirable, por lo que es una pena que no la hayan considerado para el Oscar a pesar de tener dos de las mejores actuaciones femeninas del año. En resumidas cuentas, La Chica del Arete de Perlas es un sobrio y fino trabajo fílmico que demuestra como una buena historia sigue siendo la columna vertebral de cualquier película, además de ser un prometedor inicio de carrera de un joven cineasta que puede ofrecer cosas más que interesantes a futuro. Verdaderamente recomendable.
® Moviola, 2003