El Señor de los Anillos:
El Retorno del Rey
(The Lord of The Rings: The Return of The King)
País: Nueva Zelanda - Estados Unidos, 2003 Duración: 201 minutos Clasificación: B Elenco: Elijah Wood, Ian McKellen, Viggo Mortensen, Sean Astin, John Rhys-Davies, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, Miranda Otto, Bernard Hill, Andy Serkis, John Noble, Liv Tyler Director: Peter Jackson Productores: Peter Jackson, Barrie M. Osborne, Fran Walsh Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson, basado en la novela de J.R.R. Tolkien Fotografía: Andrew Lesnie Música: Howard Shore Distribuidor: New Line Cinema
Por Jorge Ávila Andrade Cuando Peter Jackson se aventuró a hacer pública su descabellada idea de recrear en la pantalla grande el vasto y mítico universo creado por J. R. R. Tolkien en su inmortal obra El Señor de los Anillos, la comunidad cinematográfica a nivel mundial levantó una ceja en señal de incredulidad. ¿Cómo era posible que este regordete cineasta, originario de un país tan remoto (Nueva Zelanda), especialista en películas de terror de bajo presupuesto, se atreviera no sólo a intentar condensar la vasta obra de Tolkien en un argumento para cine, sino que además tuvo la desfachatez de pedir que se le aprobara un presupuesto de más de 300 millones de dólares para filmar tres películas al mismo tiempo?
Nadie pudo vislumbrar, en ese momento, que se estaba ante un naciente genio del cine. Y es que aunque el calificativo quizá suene exagerado, la verdad es que lo que ha logrado Jackson desde hace dos años - cuando La Comunidad del Anillo (The Fellowship of The Ring) invadió las salas de cine, corazones y mentes del planeta entero – es sencillamente impresionante. Muy pocos cineastas se pueden dar el lujo de presumir que sus secuelas son mejores que el filme original. En la historia de cine hay muy pocos casos así, pues por regla general la tercera entrega de una trilogía es la parte más floja, realizada casi siempre por el ansia de generar dinero.
Desde El Regreso del Jedi, pasando por Alien 3 o Volver al Futuro III, los capítulos finales de una trilogía son productos meramente comerciales. Quizá la única excepción sea El Padrino III, pero aún así no llegó a los niveles de clásico que tienen sus dos predecesoras. Todo lo anterior viene a colación por una de las cintas más impresionantes y majestuosas no del 2003, sino de la historia completa del bien llamado Séptimo Arte: El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (The Lord of The Rings: The Return of The King, 2003), entrega con la que Jackson cierra con broche de oro un sueño que, afortunadamente para los millones de cinéfilos del mundo, se convirtió en realidad.
Antes de continuar, tengo que reconocer que es bastante difícil el realizar una crítica de una cinta que es redonda por donde se le vea, casi perfecta, pues se corre el riesgo de sonar poco objetivo y tendencioso. Pero, la verdad sea dicha, el filme de Jackson se merece todos y cada uno de los halagos y premios que ha cosechado. Bastante difícil era de por sí el superar lo realizado hace un año, cuando Las Dos Torres (The Two Towers) sorprendió a propios y extraños con su majestuosidad y las impresionantes escenas de batalla que presentaba, así como lo entrañable de su historia. Pero Jackson nuevamente ha superado las expectativas de todo mundo, gracias a una historia profundamente humana que revela el porqué el cine es uno de los más grandes inventos que ha tenido la humanidad en los últimos 100 años.
El filme comienza donde se quedó Las Dos Torres, agregando al inicio un recuento breve de lo que fue la vida y caída del hobbit Sméagol (Andy Serkis), quien a la postre terminó convirtiéndose en el monstruoso y atormentado Gollum. Frodo Bolsón (Elijah Wood) y su inseparable amigo, Sam (Sean Astin) se encuentran a medio camino en su misión por llevar el Anillo Único al corazón de Mordor para ser destruido y terminar así de una vez por todas con el mal que acecha a la Tierra Media.
En otra parte, Aragorn (Viggo Mortensen) y sus amigos luchan contra los ejércitos de Sauron, quien aunque perdió la batalla en el Abismo de Helm, planea un ataque masivo y destructor a la ciudad de Minas Tirith, donde piensa terminar de una vez por todas con quienes se interponen en su camino y tomar el control del mundo. Pero para ello tendrá que pasar por encima del corazón y la determinación de personajes como Gandalf (Ian McKellen), Theoden (Bernard Hill), la sobrina de éste, Eówyn (Miranda Otto), los hobbits Pippin (Billy Boyd) y Ferry (Dominic Monaghan), el enano Gimli (John Rhys-Davies) y los elfos Legolas (Orlando Bloom) y Elrond (Hugo Weaving), quienes de alguna manera u otra llegarán a Minas Tirith para una última batalla, al tiempo que Aragorn reclama el lugar para el que nació: Rey de Gondor.
Hablando propiamente del filme, es una lección de cine en prácticamente cada uno de sus cuadros. Desde la increíble fotografía de Andrew Lesnie hasta los efectos especiales creados por Weta Workshop, El Retorno del Rey es un modelo a seguir. En la parte actoral, el trabajo del elenco es más que sólido, por lo que sería muy largo describir aquí lo logrado por todos ellos, pero sí vale la pena mencionar a los más sobresalientes, comenzando por el veterano Sir Ian McKellen, quien hace de Gandalf el amigo y mago más entrañable del cine, además de un estupendo guerrero. Andy Serkis, en el papel y voz de Gollum, merece también mención aparte por un trabajo que requiere un pleno dominio corporal y vocal. Simplemente el filme no sería el mismo sin él.
Otro que merecía una nominación al Oscar es Sean Astin, pues hace de Sam el ejemplo más claro de lo que es la amistad pura y sincera. El amor que profesa Sam por Frodo - del que se convierte en una especie dde conciencia que lo impulsa a seguir adelante aun en la más desesperada de las situaciones – es sencillamente para maravillarse. Algunos críticos han citado que existe una extraña tensión homosexual entre ambos personajes debido a la profundidad de la relación entre ambos, lo cual es bastante absurdo. Sencillamente están aplicando el principio bíblico de que no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos. Y eso es lo que están haciendo. Para lograrlo, se necesitaba un actor que fuera a la vez fuerte y noble, descripción para la que Astin encaja a la perfección.
También son dignos de mencionar los papeles de Bernard Hill como el Rey Theoden y de Miranda Otto como su sobrina Eówyn, así como el de David Wenham en el papel de Faramir, el hijo despreciado por el esquizofrénico Denethor (John Noble), guardián de Minas Tirith.
En el renglón técnico, no queda una duda de que éste es el mejor ejemplo de cómo los efectos especiales deben de servir para contar una historia y no al revés, como lo ha hecho tan pobremente George Lucas en sus precuelas de La Guerra de las Galaxias. Si tan sólo Episodio I y II tuvieran la décima parte de la escala de lo realizado por Jackson, quizá la historia sería distinta.Aunque la anécdota es más que conocida por los admiradores de Tolkien, Jackson se tomó varias libertades literarias a la hora de adaptar la obra a la pantalla, utilizando recursos más cinematográficos para contar una historia por aquí y por allá, dando como resultado uno de los filmes más estremecedores y emocionales de que se tenga memoria. Y es que si algo tiene el universo de El Señor de los Anillos es su actualidad. Lo que ocurre en la Tierra Media ha ocurrido, ocurre y ocurrirá en la historia de la humanidad que conocemos: el mal tratando de conquistar el mundo mientras un grupo de nobles intenta detenerlo.
Llámese La Santa Inquisición, Nazismo o las locuras del actual presidente de Estados Unidos, el mundo siempre se ha visto amenazado por un ser poderoso que pretende el control de todo. Es por ello que la visión de Tolkien (quien, por cierto, escribió gran parte de la historia basado en las experiencias que vivió durante la Primera Guerra Mundial) ha tenido tal éxito. La humanidad está ávida de héroes, de personas que luchen por los ideales nobles que nos diferencian de las bestias. Temas como el honor, amor, compasión, amistad, lealtad, son tomados por Jackson y puestos a lo largo de tres horas y media que se convierten en una verdaera montaña rusa de emociones que penetran las fibras más íntimas del espectador.
No es exagerado decir, entonces, que esta no es una simple película, sino toda una experiencia sensorial. El impacto emocional que se experimenta una vez terminada es fuerte y no muy fácil de digerir, pues es un viaje en el que sentimos miedo, risa, ternura, orgullo, emoción, cansancio… es una cinta que deja al espectador agotado emocionalmente pero con el corazón rebosante tras haber sido testigo de una obra maestra.
Como dice Gandalf casi al final del filme, “no todas las lágrimas son malas”, y eso aplica aquí más de una vez. La reverencia, la poesía en movimiento plasmada en ciertas escenas, la majestuosidad, pero sobre todo la humanidad de una historia más grande que la vida misma, hace de El Retorno del Rey una obra maestra que se ha ganado un lugar como uno de los puntos más altos en la historia del cine. Gracias, señor Jackson, por habernos devuelto la capacidad de soñar.
® Moviola, 2003