El Sótano de la Culebra
Por: Argelia Tiburcio y Alejandro Villagrán
En periodos vacacionales, el Instituto Politécnico Nacional envía brigadas de estudiantes a comunidades marginadas del país con el fin de que apliquen sus conocimientos ayudando a la población. Fue así como Edgar Mendoza Gualito – “Gualito” como lo llamamos- miembro del Grupo de Espeleología de esta institución, llego a los alrededores del poblado de Ocotitlán en el corazón de la Sierra Gorda de Querétaro, teniendo como objetivo hacer un muestreo de murciélagos de esta zona, encontrándose una gran cantidad de cavidades en su mayoría pequeñas y sin explorar.
En esa ocasión no tuvo oportunidad de averiguar más y a su regreso relató lo visto a sus entonces instructores sin que su voz hiciera eco. Tiempo después lo volvió a comentar con sus otros compañeros espeleólogos, esta vez si hubo interés y animados por lo relatado, sin mucha experiencia, pero con un gran espíritu de exploradores decidieron aventurarse a esa abrupta zona.
Sin más datos que los recordados por Gualito hacia ya dos años, emprendimos el viaje en Septiembre del 2003 al municipio de San Joaquín en Querétaro, el cual tomamos como punto de partida para llegar a el Aguacate, primer sitio de Exploración. Todo resultó cierto y en el primer viaje se localizó una pequeña cavidad de 10 m. de profundidad, este pequeño éxito aunado a las descripciones de muchas otras cuevas por los lugareños así como la gran calidez con la que fuimos recibidos nos motivaron a regresar para continuar con la búsqueda en esta región.
Durante la segunda visita, en noviembre del mismo año, tras explorar otras pequeñas cavidades llegó a nuestros oídos la existencia de un Sótano enorme que en su entrada cabían 10 camiones pegados y que al arrojar piedras nunca se oía su llegada al fondo, esta descripción nos pareció bastante exagerada, ya que por experiencia sabemos que la gente crea historias fantásticas sobre estos lugares misteriosos para ellos, pero valía la pena investigar si al menos era la mitad de lo contado.
Una tercera expedición se organizó y partiendo del Aguacate, guiados por don Amaranto quien meses antes nos habló del lugar; nos dirigimos al poblado de San Bartolo, para de ahí tras una caminata de más de media hora en medio de la sierra llegamos a la ranchería de Santa Mónica Las Tinajas, donde en el fondo de una enorme dolina y rodeado de una densa vegetación se encontraba la entrada de este impresionante abismo.
Nosotros, equipados solo con algunas cuerdas, la más larga de 100 metros, ya que no esperábamos un descenso mayor, llegamos a la boca del tiro la cual era resguardada por gran cantidad de vegetación, en su mayoría arbustos y árboles no muy altos que ocultaban este desconocido sótano y que al verlo nos dimos cuenta que aunque no era lo que la gente describía rebasaba todo lo esperado por nosotros.
Ya en la orilla intentamos calcular su profundidad lanzando piedras, en ese momento comprobamos que inexplicablemente eran ciertos lo comentarios de la gente ya que algunos de los proyectiles lanzados nunca se llegaba a escuchar el final de su recorrido, simplemente se perdían en un infinito silencio y al asomarse lo único que se veía en su interior era la más completa oscuridad y la entrada que por su singular morfología, no nos permitía ver por completo su lado opuesto.
Emocionados y temerosos, seleccionamos el sitio de descenso que fue la parte más baja del sótano y que penosamente tras varios fraccionamientos pudimos alcanzar una pequeña repisa un poco más allá de los 70 m. donde una oquedad permitía resguardarnos mientras los demás compañeros bajaban, ahí continuamos lanzando piedras pero estas golpeaban las paredes lo cual impedía obtener una aproximación de lo que nos faltaba para alcanzar el fondo. Concluimos esta expedición sin todavía imaginar su profundidad, pero alimentada nuestra curiosidad como todo explorador, de descifrar los misterios de lo desconocido.
Desafiados por el reto que esto representaba y consciente de los peligros que implicaba planeamos la siguiente expedición para Mayo de este año, esta vez contábamos con la participación de Alejandro Villagrán, el más experimentado espeleólogo del grupo quien intrigado por los comentarios de este descubrimiento decidió unirse a las expediciones y que aun incrédulo recomendó llevar no más de 230 m. de cuerda y algunas más para maniobras. Esta expedición integrada solo por cuatro espeleólogos, Argelia Tiburcio, Gabriel Garrido, Edgar Gualito y Alejandro Villagrán que tras varios intentos de ubicar el punto de anclaje donde el tiro se hiciera lo más vertical posible, logramos enviar una cuerda de 230 m. unida a una de 40 m. y con escepticismo pero por pura precaución Alejandro, que fue el único en bajar en esa ocasión, llevaba 30 m. más de cuerda. La sorpresa fue mayúscula al quedar suspendido al final de esas tres cuerdas y sin aun siquiera poder distinguir el fondo.
Esto solo sirvió para excitar más los ánimos de todo el grupo quien para un nuevo intento de alcanzar el fondo organizamos una tercera expedición a este sótano – la tercera es la vencida decíamos - y que seria la quinta a esta zona en menos de un año, esta vez fuertemente equipados con más de media tonelada de equipo, 600 m. de cuerda incluidos, y con un entusiasta equipo de 7 espeleólogos politécnicos integrado por Claudia Ruiz, Sandra Morón, Víctor Juárez, Gabriel, Argelia, Gualito y Alejandro.
Este 1° de Agosto era un era un día muy especial ya que Alejandro, quien haría nuevamente el intento de lograr la sima, celebraba su cumpleaños. Después de un cuidadoso trabajo de armado, llegó el momento de iniciar el descenso que se complicaba un poco al estar colgado de una cuerda cuyo peso se acrecienta por las leyes de la física, pero el esfuerzo vale la pena, es el quien por primera vez irrumpía este vació, el primero en pisar este lugar hasta ahora virgen, cuando llegara al fondo nos llamaría por radio, donde ansiosos esperábamos escuchar su voz, que por las condiciones del descenso sería una larga espera, ya que la cuerda durante todo su recorrido va a escasos centímetros de la pared y hay que ser cuidadosos de proteger algunos roces que pueden ser de peligro al contacto con la misma, que no está diseñada para resistir fricciones muy fuertes y que en sus movimiento chicotea y se azota contra la pared que está cubierta por una gruesa capa de barro, por fin escuchamos su voz que nos avisaba que había logrado llegar al fondo, aterrizando en una suave superficie lodosa cubierta de una gran cantidad de hojas que se han ido acumulando a través de mucho tiempo y que continuaba hacia una pronunciada rampa de derrumbe y piedras sueltas, sobre esta se eleva una enorme bóveda que en el fondo se juntan para formar una estrecha grieta que frustra por completo la posibilidad de continuar. Enseguida, el resto del equipo continuó bajando el tiro que resulto alcanzar 337 m. Situándose en tercer lugar a nivel nacional, y alcanzando una profundidad total de 362 m.
Algo curioso dentro de este sótano es la presencia de fauna, al menos notamos la presencia de dos tipos de ranas, una verde de regular tamaño y una pequeña de color café, así como un pequeño ratón, lo cual nos hace suponer alguna conexión al exterior.
Descansamos un poco, ya que aun nos esperaba un gran esfuerzo para salir y recuperar el equipo que se prolongaría hasta la madrugada del siguiente día, ya que a muy temprana hora iniciaríamos el regreso que daría fin a nuestra aventura, una aventura que seguramente perdurara para siempre en la memoria de nosotros y que más de uno de nuestros nietos oirá de nuestros labios.