Los mejores de la historia
| Zico, |
|
| El "Rey"
sin corona |
|
| Ha sido el espejo en el que varias generaciones de futbolistas se miraron durante los ochenta. Fue una etapa de transición en la que los brasileños carecían de un ídolo para repetir los triunfos de antaño. Entonces apareció él, hábil, inteligente para distribuir el balón y con un gran olfato de gol. Enseguida lo apodaron "el Pelé blanco". Lo demás es historia. |
| La sombra de Pelé | ||||
| Pese a lo odioso de las
comparaciones, son muchas veces inevitables y la figura de Pelé
necesitaba el sustituto que todo el mundo vio en Zico. Ese fue un peso y una responsabilidad con la que el jugador de Rio tuvo siempre que cargar y parece que en determinados momentos le pesó demasiado. Jugaba en la media punta y se incorporaba al ataque con una enorme peligrosidad; gracias a su potencia, visión de juego y unos lanzamientos francos letales. Así se convirtió en un jugador con una enorme capacidad goleadora. Arthur Antunes Coimbra "Zico" nació el 3 de marzo de 1953 en Quintino, un suburbio de Rio de Janeiro. Creció admirando a Dida, artillero del Flamengo durante la década de los sesenta. De complexión delgada, tuvo que hacer un intensivo trabajo de musculación; un esfuerzo estenuante del que se resarció con creces con los triunfos de su brillante carrera Trayectoria En 1971 fichó por el Flamengo en donde cosechó innumerables triunfos, desde el campeonato Estatal de 1972 hasta el del Mundial de Interclubes de 1981; además de cuatro campeonatos brasileños ( 1980, 1982, 1983 y 1987 ) Después de conquistar el título nacional para el Flamengo, fue fichado al otro lado del charco por el Udinese de Italia, donde materializó 57 dianas en 72 encuentros y ayudó a su equipo a ascender de categoría. Dos años después volvió al Gávea brasileño, donde se lesionó y tuvo que ser intervenido en su tobillo izquierdo en tres ocasiones. No obstante, se recuperó y volvió a exhibir su magnífica calidad hasta el día de su despedida de los aficionados del cariocas el 6 de febrero de 1990. En 1991 volvió a calzarse las botas en las tierras del sol naciente. Japón fue el escenario que disfrutó de los últimos años de su carrera. Con el seleccionado brasileño consiguió 66 tantos en 88 juegos, que le convierten en el segundo mejor goleador de la historia de su país. Sin embargo, fue responsabilizado por la eliminación de los brasileños en el mundial de México 1986, por fallar una pena máxima ante la selección francesa. Ha sido considerado como uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol brasileño. Colgó las botas definitivamente en el año 1995 después de haber disputado un total de 1046 partidos en los que marcó 729 goles. |
