Los mejores de la historia

 

Zinedine Zidane
Con "Zizou" Francia tocó la gloria
Según el propio Zidane algunos de sus amigos eran mejores que él cuando eran niños, pero tenían otras cosas en la cabeza. Zinedine Zidane no. Para él sólo había una y era el fútbol.

 

Nació con un balón en los pies
Desde chaval la obsesión por el balón le mantenía en la calle jugando hasta la noche, depurando una técnica que le llevaría de equipo en equipo destacando en las categorías infantiles y llamando la atención de los ojeadores que invariablemente preguntaban quien era ese chico.
Zidane encontró el reconocimiento a su calidad y no tardó en llegar al banquillo de la selección francesa. En un partido contra Checoslovaquia en el que Francia perdía por 2-0 debutó en la segunda parte y consiguió los dos goles que empataron el partido. Los franceses habían encontrado al ídolo que llevaban buscando desde que Platini se retiró.


Del Cannes a la Juve

Su talento no pasó desapercibido en Francia y del Cannes pasó al Burdeos, al que llevó a la final de la UEFA. Los grandes de Europa se habían fijado en él gracias a su juego en Europa y de todas las opciones Zidane se decidió por la Juve.

En el campeonato italiano no basta con ser bueno para triunfar. En el fútbol de la presión y de los marcajes físicos Zidane abrió huecos que no existían, inventó espacios en los que revolverse y abrió las defensas con su talento convirtiéndose en el eje sobre la que giraba la Juve.

Finalmente, Francia campeona

Zidane dispone de la técnica que sólo los grandes atesoran y junto a ella una permanente obsesión por el fútbol. Tan hábil con la derecha como con la izquierda Zidane juega en el centro del campo como director, esa labor tan complicada en la que muchos intentan pero en la que sólo los buenos brillan, pero sus incorporaciones al ataque son constantes.

Si bien se le acusa de irregular y de desaparecer del partido en demasiadas ocasiones, Zidane brilla más bajo presión. Bajo su batuta una Francia repleta de talento fue capaz de afrontar el reto del Mundial. En un partido que seguramente habría jugado cientos de veces en su imaginación en las calles de Marsella, Zinedine marcó dos goles y puso de rodillas a Brasil y en pie a toda Francia.

 

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