Cuento
Te pedí demasiadas veces que dejaras de caminar pues yo venía tras de ti, siguiéndote los pasos, pulverizando heridas de antaño, deshaciendo los temores comunes que siento por la vida, por la muerte. Te pedí que te detuvieras para poder charlar, vivir, estar y pensar a tu lado. En repetidas ocasiones me desespere por tu falta de atención, por tu no parada, por tu movimiento continuo.
Y así pasaron, sí, los años, llegaron las canas y el bastón, llegó el cansancio y me sacudió todo. No tardó mucho en llegar la muerte, la cual nos llevo a pasear a otro lado. Fue cuando al fin te detuviste y me hiciste saber que nunca paraste para que así yo no te alcanzara y fuera feliz a tu lado, porque si eso hubiera pasado ya no me hubiera querido mover y por lo tanto no habría caminado nunca más. Ahora te agradezco y también te odio.