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ME RINDO

Por: Gustavo <:><

 

¿Alguna vez te has sentido mal con Dios por mantener algún pecado que no has podido dejar pese a ser Cristiano?. ¿Te han invadido esa sensación de culpabilidad que constriñe el alma, por estar consciente de tu pecado delante de Dios y sientes que no tienes fuerzas para abandonarlo?.

 

Muchas veces los cristianos después de su primer amor por el Señor, son invadidos por su vieja naturaleza y pierden toda fuerza volviendo a pecar. Casi todos los creyentes tienen por lo menos un área de debilidad en su vida que perece ser no ha desaparecido no obstante que se arrepintieron delante de Dios y fueron renovados al nacer de nuevo. Esta situación les hace pensar que no vale la pena seguir a Cristo pues mantienen una actitud hipócrita, les avergüenza estar en la Iglesia y prefieren apartarse de ella y terminan por creer que ya no hay más que hacer por ellos y en el peor de los casos se vuelven a la perdición.

 

Lo más difícil de una situación como esta, es que muchas veces, el único que lo sabe es quien lo está viviendo pues guarda las apariencias ante los demás lo cual les hace sentirse mucho peor.

 

Para quienes sufren de una situación así, donde están perfectamente concientes de su pecado, y se sienten débiles para vencer ese mal, es sumamente importante que no pierdan de vista que Cristo les sigue amando. Deben entender que Dios mantiene sus brazos abiertos para ellos y que se duele de su pecado al cual rechaza, pero nunca rechaza Dios al pecador. Deben saber también que Satanás es feliz con su sentir, y que él precisamente espera que el cristiano se sienta derrotado, vencido, miserable y falso, a fin de que se vuelva atrás y le de la espalda aquel que lo salvó.

 

Es mi deseo que esta nunca haya sido tu experiencia y que nunca lo sea, pero habemos muchos que tristemente hemos pasado por ahí y el Señor nos ha restaurado, y hay muchos más que ahora mismo están atrapados en la garras del pecado y se sienten incapaces de librarse, a ellos va dirigido este mensaje.

 

La vida misma nos ha enseñado que para obtener algo debemos esforzarnos y luchar para logran nuestras metas y objetivos por simples que parezcan, y en ese tenor muchas veces cometemos el error de aplicar nuestras propias fuerzas para vencer el pecado, de forma tal que no es raro hacer promesas de “no volverlo a hacer” que incumplimos poco tiempo después, sin darse cuenta que los pecados son una carga que debe ser depositada en su totalidad en el Señor Jesucristo (Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28), pues el pecado es algo imposible de vencer en nuestras propias fuerzas. No debes olvidar que Dios en su misericordia infinita nos ha provisto de un abogado pues “1Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1)

 

El secreto es rendirse completamente al Señor, y decirle abiertamente que nos es imposible dejar de pecar, pidiéndole que sea Él quien tome en sus manos nuestra batalla. Es necesario dejar de luchar por nosotros mismos y hacer una realidad la promesa de Isaías 40:29-31: “El [Jehová] da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Esperar en Dios quien puede renovar nuestras fuerzas, lo que implica no más luchar por mi mismo, sino dejar que sea el Señor quien luche por mí.

 

La experiencia en la vida cristiana me ha mostrado que solo cuando le digo al Señor: “Señor, me rindo delante de ti, y rindo a ti mi pecado que no puedo dejar, se tu el vencedor Señor”, es la única manera en que por más difícil e imposible que parezca, Dios toma la victoria, vence el pecado que nos asedia y nos devuelve el gozo de la salvación. Así que deja de luchar por ti mismo, ríndete a Dios que no importa cuan difícil te parezca ser ese pecado que te ata, no importan las consecuencias que ya te ha provocado el mismo, sencillamente ríndelo a Dios y al igual que el salmista dile: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.” Salmo 53:10-12

 

Una vez perdonados, debemos ejercitarnos en el Señor a través de la oración, la meditación de su palabra y la alabanza y..... “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias” (Efesios 5:1-5)

 

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