El desarrollo de la crisis en México 1970 1976

José Blanco

 

La tendencia característica general de la economía de los setenta es el estancamiento con inflación. Las limitantes del desarrollo fueron la concentración del ingreso, el desequilibrio externo y el déficit fiscal. A fines de los setenta lo niveles de concentración del ingreso, de déficit en cuenta corriente, desequilibrio de finanzas públicas, crecimiento con estabilidad de precios tendió a convertirse en tan nefasto proceso.

La caída en la tasa de crecimiento del PIB está relacionada al estancamiento de la inversión, además de las relaciones desequilibrio externo y déficit fiscal, caída de inversión pública y privada, actuaron como freno de la actividad económica interna.

La acumulación de capital consolidó un aparato productivo cada vez más apoyado en el sector manufacturero y extranjero en su mayoría. La mayor proporción del crédito otorgado al sector privado fue dirigida a financiar el consumo. La endedudamiento exterior se hizo insostenible; hubo limitantes financieros a la continuidad del crecimiento industrial; el sector productivo resultó sometido a una expoliación extrema, las importaciones de alimentos básicos crecieron en demasía. Por todo o anterior, no podía surgir otra cosa más que la dependencia financiera respecto al exterior.

La desigualdad en la distribución del ingreso en zonas rurales y urbanas fue cada vez mayor. La productividad creció al doble que el aumentó en los salarios: acumulación pues.

Los distintos índices de precios muestran en general los aumentos continuos den 971-72 para acelerarse en 1973. Las tendencias al estancamiento productivo son ampliamente dispares: el PIB agrícola se estancó en 70-73. Entre 70-75 el consumo interno superó a la producción interna. Las industrias extractivas evolucionan de manera muy desigual. EL comercio restringió su actividad; el comportamiento dispar de diversas actividades productivas acentúo aún más la desequilibrada estructura productiva consolidado durante la década anterior. Las presiones inflacionarias de los setenta empiezan con anterioridad en el sector agrario. A ello se sumó la falta de inversión pública, presiones importantes al sector industrial; industrias oligopólicas.

Se trataba de contraer la demanda agregada por vía de restringir el crédito y recortar el gasto. La tenencia al desequilibrio externo se convirtió en monóxido de carbono puro para la economía; la deuda llegó a absorber más de la mitad de los ingresos del gobierno y representó una parte importante del PIB. Frenó la IED y el déficit comercial cada vez aumentaba más rápido.

El 10% de la población más pobre vio su parte del ingresó total disminuido en un tercio en tres años. La política de ingresos tendió a favorecer a los trabajadores organizados en sindicatos y a las clases medias. El 14.4% de las familias recibían hasta medio salario mínimo y el 17.8 únicamente uno. Dejando de lado las pérdidas acumulativas del salario real. En 1970-73 el aumento del PIB lo explica el ritmo de inversión pública y el aumento de consumo privado, el incremento de las exportaciones. Para 1976 el PIB cayó 2.9%.

La oferta de crédito se vio reducida pese a la existencia de altos volúmenes de recursos privados. La política monetaria y crediticia apuntó a una grave incongruencia. El aumentó del salario mínimo de más de 10% se tradujo de inmediato en un aumento al consumo. La deuda pública aumentó de manera exponencial al igual que las importaciones. La captación de la banca comenzó a enfrentar dificultades crecientes, la dolarización del sistema financiero.

El cuadro que se ha presentado se caracteriza por precios altos, déficit externo y fiscal, preparaba todo par ala acción de la política restrictiva. Los años que van de 1974 a 1976 fueron los de precipitación de la crisis y austeridad en el gasto público. De nuevo surgiría la incongruencia entre política monetaria y fiscal, mientras continuaba la fuga de capitales. A estas restricciones monetarias siguió el endurecimiento de la restricción crediticia por encaje legal.

 

La crisis agrícola a partir de 1965

Cassio Luiselli y Jaime Mariscal

Desde Cárdenas el sector agrícola había crecido y sirvió como apoyo para la economía enfocada a la industria; a fines de la década de los años 50 se desplomó el campo nacional. Tal situación se manifestó como presión inflacionaria y agudización en el déficit comercial, todo había iniciado por el crecimiento extraordinario en el precio de los alimentos.

En el periodo de guerra el campo mexicano había crecido al impresionante 6% anual, después el promedio bajó a 4.2%. Los principales productos consistieron en maíz y frijol. Los aumentos siguientes fueron tasas hasta de 02% anual y finalmente negatividad de 4%. Es necesario indicar que la agricultura incluía casi la mitad de la población económicamente activa y que aportaba al PIB algo así como el 10%.

En los primeros años de crisis agrícola, los precios del agro subsidiaban a otros sectores en términos de intercambio crecientemente desfavorables; la mano de obra pasó del sector primario al secundario d forma alarmante, el desempleo rural contribuyó a la fragmentación extrema de los predios minifundistas. Las dos características anteriores polarizaron y deprimieron el mercado interno.

El desempleo tiene su origen en las situaciones benéficas o maléficas del clima, porque el sueldo del campesino no depende de su trabajo sino en las vaivenes de la producción de sus parcelas. Los créditos no fluyen adecuadamente y las inversiones cada vez son más escasas. Lo más grave parece ser que el país ha dejado de ser autosuficiente en granos básicos, los alimentos para las masas; el comercio internacional nos ha hecho productores de hortalizas y carnes; los precios de garantía del comercio exterior han agravado la situación.

También se ha observado un estancamiento de la superficie cultivada y decremento en la productividad. La producción agropecuaria se cae por los rezagos en la inversión pública - y no fue capaz de inducir la inversión privada, después, cuando quiso, ya no pude hacerlo.

La crisis agrícola se resume a la crisis del campesinado temporal de maíz.

La organización agrícola. las reformas, el sistema externo y las propiedades inherentes al práctica mexicana han conformado una estructura y producción desigual y polarizada. Se traduce en marginación, migración, pobreza, venta de tierra, disminución de la producción, multiplicidad de intermediarios...

La reforma agraria ha sido un proceso que quedó incompleto: no distribuyó agua correctamente, no hubo inversión, no se creó infraestructura y principalmente, no aportó una adecuada organización ejidal.

 

 


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