La crisis del liberalismo (1914-1950)

El detonante que da cuenta de la crisis de la sociedad capitalista moderna, es la primera guerra mundial y esta situación se extenderá hasta 1950. Para presentar el escenario en donde se desenvuelve esta etapa, el análisis es dividido en diversos apartados muy generales y después aterrizados en particularidades , para sugerir acciones que deberían tomar los países latinoamericanos. La mencionada crisis del capitalismo afecta de manera notable a América Latina.

El impacto externo que provoca la primera guerra mundial, la cual daría la pauta para que la economía estadounidense se estableciera a nivel mundial en lugar predominante, tomando el lugar de Inglaterra. Los cambios financieros y sociopolíticos propiciaron serias transformaciones, la crisis por sobre producción y el crack bursátil de los 20 modificaron la forma de ver al capitalismo, no era perfecto y el Estado tenía que ver por su bienestar. Desempleo, caída del ingreso, inflación, ventas inconclusas.... De igual manera el aumento de los servicios financieros de la deuda externa y la contracción de los ingresos de divisas, produjeron reducciones extraordinarias de la capacidad para importar. Lo cual incurrirá sobre el comercio exterior, el nivel de ingresos, la ocupación y el sistema financiero, fiscal y cambiario, provocando en algunas economías de América Latina, una reacción interna que culminó con drásticos cambios institucionales y en las políticas económicas, determinando así transformaciones profundas en su estructura.

En los países donde la crisis produjo excedentes agrícolas o pecuarios de exportación, el Estado se encargó de adquirir los excedentes de exportación, esto como resultado de las posturas adoptadas por los afectados. Por consiguiente, la única forma de financiar un aumento del gasto en obras públicas o en la adquisición de excedentes, era la emisión monetaria. Sin embargo, esto implicaba la ruptura del sistema monetario preexistente y el inicio de una política expansionista deficitaria; en esta forma, y a través de mecanismos diferentes, según el tipo de sector exportador de cada país, se iniciaron políticas de recuperación del nivel de la demanda y con ello de la actividad económica y del empleo. Por otra parte, la actividad manufacturera exigía empresarios, técnicos, administradores y mano de obra calificada, por lo que era indispensable que el Estado impulsara la educación profesional técnica.

La relación de condiciones favorables a la industrialización requería políticas deliberadas; protección a la industria nacional, asignación selectiva de divisas para la importación de materias primas y bienes de capital, ampliación y reorientación de las inversiones en infraestructura, entre otras. Estas nuevas políticas de industrialización se apoyaban sobre una circunstancia relevante: la segunda guerra mundial. No obstante, imponerse a estos países, como contribución al esfuerzo bélico de las potencias aliadas, una política de control de precios de las exportaciones, el aumento en el volumen de las exportaciones de productos primarios significa un notable impulso de la actividad económica. Por otra parte, como la actividad bélica absorbía la producción de manufacturas en los países desarrollados y también gran parte de nuestro comercio marítimo, la guerra impuso a los países latinoamericanos una limitación de las importaciones. En consecuencia, se produjo una situación similar a la de crisis: con presiones expansionistas derivadas del auge de las exportaciones coincidente con una contracción forzada de las importaciones , esto provocó nuevamente una ampliación de la demanda por manufacturas importadas, en situación de oferta inelástica, lo que implicó un nuevo impulso a la industria manufacturera nacional.

La industrialización que se dio en América Latina tiene características muy particulares, las cuales se observan claramente en el llamado proceso de sustitución de importaciones. Este se inicia como consecuencia de la crisis, con la pérdida de dinamismo del modelo económico utilizado hasta ese entonces. Bajo estas circunstancias, las fuerzas sociales y políticas internas, y las influencias ideológicas y políticas externas, presionaron sobre el Estado para que este procurará niveles de ocupación y condiciones de vida más elevados. Se produce así una situación en la cual el ritmo de crecimiento del producto nacional tiende a ser mayor de lo que habría sido si estuviera determinado exclusivamente por el crecimiento del sector exportador.

A causa del papel crecientemente activo del sector público y de su política expansiva, el nivel del gasto nacional y del ingreso nacional tienden permanentemente a exceder el que estos habrían alcanzado en condiciones de mayor moderación o prescindencia del sector público. Se pasa de una situación en la cual el equilibrio externo determinaba el nivel y ritmo de la economía, incluyendo la propia política fiscal, a otra donde el Estado es el sector determinante, siempre dentro de cierto límites impuestos por su capacidad de control deliberado de la balanza de pagos.


A partir de la gran depresión hasta mediados de 1950, el mejoramiento de la relación de intercambio y la entrada neta de capitales externos apuntaron a amortiguar la tendencia deficitaria e los países latinoamericanos. Pero desde 1955 esas tendencias se invirtieron y contribuyeron a acentuar sensiblemente el desequilibrio externo de los países latinoamericanos, un incremento notable de la deuda externa. Lo que obliga a adoptar políticas más o menos severas de contención de importaciones. En sus formas más mitigadas, éstas se limitan a tarifas moderadamente proteccionistas; en las más extremas, se traducen en un control cuantitativo de las importaciones y del tipo de cambio.


El proceso de sustitución de importaciones impulsado por la crisis del sector externo es parte del modelo de crecimiento hacia fuera. En América Latina, este proceso tuvo dos etapas muy diferentes: una de expansión y auge exportador, y la otra de crisis externa e industrialización substitutiva. Sin embargo, una contradicción interesante de este consiste en el hecho de que el sector exportador es tanto el que induce el proceso de industrialización como también su principal elemento limitante. Dado que se acentúa la dependencia externa y la vulnerabilidad al comercio internacional. Por un lado, la economía sigue basada sobre las exportaciones tradicionales de productos primarios; por otro, en la estructura de las importaciones prácticamente todo lo que se conserva es de importancia esencial o estratégica. Así, una restricción en las importaciones de bienes de capital implica limitar la inversión; una mengua de las importaciones de insumos significa alterar el nivel de actividad de determinadas industrias, y una reducción de bienes de consumo esenciales que se importan afecta el nivel de vida de los grupos populares. La crisis del proceso de sustitución de importaciones, agudizada por el deterioro de los mercados internacionales, en principio, pudo haberse superado si las inversiones extranjeras hubieran contribuido substancialmente al aumento o diversificación de importaciones.

Las sucesivas transformaciones por las que atravesó el modelo de crecimiento hacia fuera condujeron, en algunos casos, a un cierto grado de diversificación económica y social, a la creación de instituciones políticas y surgimiento de ideologías que podrían llegar a constituirse en basas para la formulación de más auténticas estrategias nacionales de desarrollo.

 


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