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El Objeto del Crimen Inmotivado (continuación) Para analizar esa clase de actos demenciales y sus enigmas, proponemos alejarnos un poco de las actuales circunstancias, en un intento parecido a distanciarse un poco de las premuras que domina e impulsa la ansiedad compartida por la sociedad ante esos crímenes . De esa forma, tomamos algunas medidas para enfrentar la incidencia de los medios de comunicación en la promoción fugaz del tema. Los medios confieren al crimen demencial el tiempo fugaz de la actualidad de la primicia, la cual alimenta el morbo -una forma erótica- del gusto masivo. Su lógica es "informar" y no analizar, más allá de alguna excepción confirmatoria de la regla. De este modo, para estudiar, analizar y obtener un saber respecto del crimen demencial nos daremos a la tarea de someter a examen el acto cometido por Ernst Wagner, pastor, maestro, masacrador y dramaturgo alemán. El psiquiatra Robert Gaupp, también alemán, dedicó más de veinte años de su vida a estudiar los actos de Wagner. A raíz del caso propuso una teoría de la paranoia. Hoy día, a casi 100 años de los hechos, el caso y la paranoia vuelven a ser temas de discusión en el terreno de la psiquiatría. La monografía clínica escrita por la psicoanalista francesa Anne-Marie Vindras deja abierta las puertas para preguntarse por los hechos y extraer consecuencias en el terreno clínico y el campo doctrinario. Gracias a su trabajo hoy disponemos de esos textos. En verano de 1913, ante una herida sufrida por uno de sus hijos, Ernst Wagner declaró a su mujer: "Sabes bien que no soporto ver sangre". En agosto del mismo año, dice a su hijo: "¡Richard, tu padre será celebre un día!" Mientras su mujer dormía en la madrugada del 3 al 4 de septiembre de 1913, tras desmayarla con un mazo, Wagner la mató con un puñal y luego acometió actos parecidos con sus cuatro hijos. Después de semejantes actos, cerró la casa y dejó en la puerta la nota siguiente dirigida a la casera: "Pido perdón, sé bien que de nada sirve, no me quedaba otra cosa que hacer". El
mismo día envió una carta a la familia de su esposa: "Les diré
simplemente que asumo toda la responsabilidad". Y para concluir, se dirigió
al pueblo de Mühlhausen, donde incendió varios graneros, situación que provocó
que la gente saliera espantada a las calles. Con el rostro cubierto con un velo
propiedad de su esposa, Wagner comenzó entonces una masacre en que, al no ver
con claridad, disparaba sobre cualquier bulto. En realidad, su plan consistía
en matar sólo a todos los hombres que habitaban el pueblo. A fin de cuentas
morirían nueve personas, entre ellas, una mujer y un niño, en tanto que otros
once habitantes resultaron heridos de gravedad. |
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