CAMINANDO HACIA LA LIBERACIÓN DE PECADO
Por:
Gustavo Mata Flores
Fue hermoso cuando
recibiste a Jesucristo como Señor y Salvador de tu vida, es una sensación
preciosa aquella de saber que todos tus pecados fueron perdonados, y la
tremenda carga que había en tu conciencia desapareció a sabiendas que la
pusiste en las manos de Dios acogiéndote a la promesa de Jesús quien dijo “Venid
a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
En el momento
mismo de tu conversión a Cristo, fuiste renovado “De modo que si alguno
está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son
hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17), y esto es algo sumamente hermoso
al saberte totalmente nuevo delante de Dios. Y lo que experimentaste
inmediatamente después fue una felicidad que anhelabas compartir con todas las
personas, cualquier detalle era una buena excusa para presentar a Cristo y hablar
de tu nueva fe, vivías intensamente el primer amor, ¿lo recuerdas?, hubo quien
te tildó de loco, fanático, aleluya, y en el mejor o peor de los casos,
sencillamente te ignoraron, ¿lo recuerdas?.
En esos días
evitabas a toda costa caer en pecado y te esforzabas por rendirle a Dios culto
racional “Así
que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto
racional.”
(Romanos 12:1). Y así caminaste por días, meses o incluso años, pero………
Satanás conoce mejor que tu mismo tu debilidad, así,
llegaron las tentaciones, que al principio resististe con vehemencia asegurando
“En Cristo soy más que vencedor”, sin embargo la tentación iba y venía, cada
vez más fuerte hasta que un día, caíste
en pecado. En aquella primera ocasión, el dolor fue terrible y profundo,
doblaste rodilla, pediste perdón a Dios y alcanzaste misericordia, te sentías
muy mal, ¿lo recuerdas? Pasados los días la tentación volvió y caíste de nuevo,
una vez más te dolió, y pediste perdón a Dios, en esta ocasión el acusador
susurró a tu conciencia: “hipócrita, estas
jugando al cristianito, tú no eres salvo, eres un pecador perdido, Dios te va a
fulminar, no te olvides que Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7), tu te
estás burlando de Dios”, entonces te sobrecogió un temor muy
especial y clamaste a Dios nuevamente, alcanzando la paz que solo Dios en su
misericordia puede dar, y tomaste la decisión de no pecar otra vez, se lo
prometiste a Dios y firmaste un pacto espiritual con el Señor. Así te
mantuviste por un tiempo hasta que una vez más, volviste a caer. Está vez te
sentiste mal pero un tanto desilusionado pues “Dios no te ayudó, Él sabe de tu debilidad y te dejó caer”, así que
comienzas a pensar que quizá no es tan malo lo que te sucede, que a lo mejor es
parte de tu preparación en la vida, estas confuso, pides ayuda y perdón a Dios,
aunque te sientes hipócrita y falso. Pasan los días, no ves ningún tipo de
castigo de Dios, es más, el Señor te
sigue bendiciendo, y vuelves a caer una y otra vez, así tu conciencia se
cauteriza, te llegas a preguntar ¿soy
salvo?, ¿acepté a Cristo?, ¿por qué no me castiga Dios?.
No obstante la dureza de tu corazón, cada vez que pecas, te sientes mal.
Pese a que disfrutas tu pecado, la sensación inmediata es dolor en tu corazón y
te preguntas a que se debe, si tú ya estás apartado del amor de Dios, pues la
Biblia dice que eres como la puerca lavada que se revuelca de nueva cuenta en
el cieno o como el perro que vuelve a su vómito que se menciona en 2 Pedro
2:22.
Sabes en tu
corazón que no es bueno lo que haces, que no te edifica y lo que es más, no te deja ser feliz, pues no hay paz
en tu corazón, quieres dejar ese pecado pero no puedes, no tienes fuerza, ya no
clamas a Dios pues asumes que Dios ya no te quiere por hipócrita, y a tu mente
vienen las palabras de Jesús “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no
hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). Te sabes perdido, y sin esperanza, aun
así tu corazón anhela refrigerio, quieres que Dios te perdone y quieres liberarte de ese pecado que
aunque te gusta, a la vez te atormenta. Hoy entiendes a los adictos a algún
tipo de droga, a quienes juzgabas con dureza diciendo que todo lo que
necesitaban era fuerza de voluntad, tú te sientes peor que ellos. Clamas al
cielo en lo más profundo de tu corazón, ¿qué
puedo hacer para liberarme de este pecado?, y pareciera no haber respuesta.
Tus “hermanos” en Cristo, te rechazan, para ellos estás perdido, eres un mal
testimonio y un mal ejemplo, y si alguno acierta a dirigirte algunas palabras
te dice “arrepiéntete porque te vas a ir al infierno”, así que…..
¿Cómo liberarte del pecado que te ata?
Lo primero que
debes entender en lo más profundo de tu corazón es que Cristo te ama, a tal grado que murió por tus pecados, es
decir que Jesús ya pagó el precio de todo el mal que has hecho, y que sus
brazos están extendidos para ti, Dios te ama y te perdona.
Lo segundo que
debes comprender es que si te sientes triste, o mal por ese pecado, se debe a
que el Espíritu Santo está redarguyendo
tu corazón, no es tu conciencia, es Dios mismo, lo que te demuestra que
Dios no te ha abandonado, “pues si nuestro corazón nos reprende,
mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas” (1 Juan 3:20).
Debido a que Cristo pagó con sangre por tu alma, y te sigue amando y se
conduele por ti.
No importa la
opinión de los “hermanos” que te dicen que Dios no quiere nada contigo, lo que
importa es lo que enseñan las Escrituras y es que el amor de Dios es tan grande
que no lo podemos entender, Dios no tiene actitudes de hombre, mientras tu no
puedes perdonar a quien te hace daño, Dios si te perdona todo, y el precio de tu pecado lo estás sufriendo
ya al no tener paz ni felicidad en tu vida.
Una vez que en tu
mente y corazón comprendas esto, debes hacer lo que Dios te indica para ser
liberado de ese pecado o de los pecados que te atan.
A.- CONFIESA TU PECADO
“Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi
gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se
volvió mi verdor en sequedades de verano.
Selah. Mi
pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis
transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”
(Salmo 32:3-5)
Es necesario que
le confieses a Dios ese o esos pecados, uno por uno, con nombre y detalles, no
omitas nada, dile cuanto te gusta, dile cuanto te duele, confiesa tu debilidad
y tu impotencia. Derrama tu corazón delante de Dios.
B.- PIDE PERDÓN Y RESTAURACIÓN A DIOS
Dile a Dios cuanto
lo sientes, y pídele perdón, no hagas pacto alguno, no prometas nada, solo pide
perdón y ayuda Divina para salir adelante. “Por tanto, teniendo un gran sumo
sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra
profesión. Porque no tenemos
un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino
uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono
de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno
socorro.” (Hebreos
4:14-16) Pide a Dios que en ese mismo momento restaure tu vida.
No te preocupes como será la salida o la solución, sólo pide a Dios y Encomienda a
Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. (Salmo 37:5)
C.- DEJA QUE LA LUCHA Y LA VICTORIA SEAN DE CRISTO
Esta parte es
quizá, la más difícil de comprender, pues generalmente uno trata por sus
propias fuerzas de vencer al mal, lo cual es prácticamente imposible. Confías
en tu conocimiento Bíblico, en tus oraciones, en ti mismo, cuando lo único que
debes hace es permitir a Dios luchar y vencer por ti. “Ya que el aguijón de
la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias
sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor
Jesucristo.” (1 Corintios
15:56-57), “No
los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros”
(Deuteronomio 3:22)
D.- RETOMA TUS PRINCIPIOS CRISTIANOS
De manera
conciente, apártate del mal, “Así que, el que piensa estar firme,
mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea
humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis
resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que
podáis soportar.” (1 Corintios
10:12-13), pide a Dios dirección cada día, mantén firme tu
comunión con Dios orando en todo tiempo, cuando venga la tentación, clama a
Dios “Clama
a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no
conoces.”
(Jeremías 33:3). Aliméntate de la Palabra de Dios cada día y busca una Iglesia
donde congregarte para adorar a Dios.
La vida debe ser
hermosa, pues eres hijo de Dios, lo que te coloca en una posición de
privilegio. Dios quiere que seas feliz y que vivas en completa paz. Sólo Dios
en su poder y misericordia infinita puede ganar la batalla de pecado en tu
vida, permite pues que Dios lo haga por ti, no desmayes ni te desanimes, Cristo
te Ama y como al hijo prodigo te recibe en su seno.
No dejes esta
reflexión en “una lectura más”, te animo a ponerla en práctica, de tu parte se
requiere voluntad y disposición, Dios conoce tu corazón y sabe como liberarte,
permítelo hoy mismo, no lo postergues mas.
Dios te conceda la
sabiduría para hacer lo correcto.
<:><
16-06-04
þýüþýüþýüþýüþýüþýüþýüþýüþýüþýüþýüþýü
¿Tienes
alguna opinión de esta página? ¿Te fue de bendición? Te invito a manifestarlo
en nuestro libro de visitas:
ESCRIBIR
en el libro de visitas LEER
el libro de visitas
CRISTIANOS UNIDOS ¿Quiénes somos? REFLEXIONES CONSEJERÍA Orando a Dios
--------------------------------------------------------------------------------
Te
invito a que te inscribas
en la lista de CRISTIANOS UNIDOS para recibir vía e-mail de dos a
tres reflexiones breves por semana, es gratis;
¿Te
interesa? Visita http://www.egrupos.net/grupo/cristianos-unidos/alta