Aplicación de un modelo de Teoría de Juegos dentro de la Ciencia Política

Legados institucionales y estrategia electoral
(
V) 
CONCLUSIONES: 
EL PROBLEMA DE LOS LEGADOS INSTITUCIONALES

 

Reproducido para efectos exclusivamente académicos de:
Aníbal Pérez Liñán,
 University of Notre Dame, y
José Corbetta, y
Ramiro Ambrosioni
Universidad de Belgrano
Versión 20 de setiembre, 2000

(Temas de Negociación no asume ninguna posición política dentro del planteamiento científico adoptado para presentar el tema)

Se ruega no utilizar 
su contenido sin
  autorización por escrito.

America Latina, 2001





 

 

El modelo desarrollado sirve esencialmente para ilustrar un problema de carácter más general.  

 

Debido a su amplios poderes formales e informales, el poder ejecutivo tiene capacidad para tomar decisiones de largo plazo que condicionan la autonomía y la capacidad de acción de futuros gobiernos—aún cuando el actual partido gobernante haya salido del poder.  

 

Denominamos a esta cuestión el problema de los “legados institucionales” porque las futuras administraciones enfrentan un dilema: o bien aceptan los condicionamientos heredados del pasado o bien desconocen la validez de estos compromisos, afectando con ello la institucionalidad democrática (en tanto entendemos las instituciones como pautas regulares y predecibles de comportamiento). 

 

Los legados institucionales se manifiestan en tres niveles.  

 

  • El primero es el de los nombramientos—por ejemplo, cuando el presidente designa jueces o funcionarios que continuan ejerciendo influencia bajo administraciones posteriores.  

  • El segundo nivel es el de los recursos.  El ejemplo de las licitaciones que motiva este ensayo ilustra bien cómo el ejecutivo del presente puede condicionar la distribución de recursos públicos en el futuro.  

  • El tercer nivel, ciertamente el de mayor importancia, es el de las reglas del juego.  Las reformas constitucionales o del sistema electoral impulsadas por el ejecutivo son muestras claras de cómo las reglas del juego democrático pueden ser alteradas en el largo plazo.

 

En términos generales, la existencia de legados institucionales es un atributo positivo y necesario de la vida democrática (y del estado de derecho en general).  La estabilidad jurídica exige que cada nuevo gobierno no recree radicalmente las políticas públicas—lo que resultaría de cualquier modo operativamente imposible.  

 

El problema de interés, sin embargo, es la capacidad de un presidente saliente para utilizar los legados institucionales como arma política en cuestiones puntuales, de modo de inmovilizar a la oposición cuando llegue su turno de gobernar.  ¿Es legítimo anticipar este dilema y bloquear las decisiones del gobierno saliente?  

 

Y lo que es igualmente importante, ¿existen vías efectivas para lograrlo?  Nuestro modelo sugiere que las amenazas electorales son un recurso poco efectivo para tal fin, a menos que resulten altamente creíbles.  Pero la cuestión general de los legados institucionales merece un estudio más amplio que promete abrir otras interesantes (y políticamente relevantes) preguntas de investigación.

 







Inico

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