Cuba
Mujeres y el camino hacia la libertad
Por Acela Caner Román
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“Los
cambios de una época histórica se pueden determinar siempre en función del
progreso de las mujeres hacia la libertad. El grado de emancipación femenina
constituye la medida natural de la emancipación general” (Carlos Marx, La
Sagrada Familia)
El 1º de enero
de 1959, después de siete años de enfrentamiento a un gobierno tiránico que
segó la vida de más de veinte mil cubanos, el Ejército Rebelde dirigido por
Fidel Castro derroca la dictadura militar de Fulgencio Batista. Por primera
vez, en más de 400 años, después de muchos intentos, vidas y sacrificios,
éramos libres. Imposible olvidar la emoción de un pueblo soberano que
desbordaba las calles para abrazar a los hombres y mujeres vencedores de la
guerra. Dábamos vivas a Fidel entrando en Santiago. Había triunfado en Cuba una
Revolución verdadera, esencia y matriz de ese proceso transformador que marca
la vida de todos los cubanos.
El protagonismo de la mujer dentro de ese proceso revolucionario cubano ha ido
creciendo de modo notable. En primer lugar, por su vocación de libertad e
independencia nacional puesta de manifiesto a lo largo de toda la historia
patria y, en segundo lugar, por la alta preparación cultural y política
adquirida que ha impulsado una revolución de la mujer dentro de la Revolución.
La Revolución Cubana ha
permitido a la mujer irrumpir en el mundo laboral, educacional, científico,
económico, político y social en igualdad de condiciones. La intensidad de los
cambios en la vida de las mujeres, en estas últimas cuatro décadas, ha sido tan
impresionante que no es casual que la temática femenina en Cuba despierte tanto
interés entre historiadores, sociólogos, periodistas, narradores y público en
general de todo el mundo.
Un criterio aproximado sobre el recorrido de la mujer cubana por el largo
camino hacia su libertad puede conformarse con el conocimiento de su
participación en diferentes momentos históricos: Cuba colonial, semicolonial y
revolucionaria.
El período colonial
La conquista y colonización de Cuba por España, iniciada en los primeros años
del siglo XVI, encontró un muro de rebeldía entre los pacíficos habitantes de
la Isla. Todo un símbolo de amor a la libertad y a la independencia de los
cubanos es el sacrificio de Hatuey, el cacique de Quisquella que encabezó la
rebelión de los aborígenes en la región oriental de Cuba, quemado vivo en la
hoguera por enfrentar el genocidio que cometían los conquistadores.
Los aborígenes de la Isla, prácticamente exterminados, fueron sustituidos por
esclavos negros traídos desde África. Rebeldes ante los desmanes de la
esclavitud, muchos de esos hombres y mujeres escapaban a las zonas montañosas y
cuevas del monte. Allí formaban grupos -llamados palenques- que fueron
verdaderos baluartes de libertad para los negros cimarrones.
Algunos de los levantamientos contra los opresores estuvieron encabezados por
mujeres. Carlota, una esclava de origen lucumí, se sublevó el 5 de noviembre de
1843, en el ingenio Triunvirato. Ella dirigió la rebelión que logró extenderse
por la provincia de Matanzas a las dotaciones de los ingenios Ácana,
Concepción, San Lorenzo y San Miguel y numerosos cafetales y fincas ganaderas.
En el ingenio San Rafael, Carlota murió combatiendo en su intento por liberar a
otros esclavos. Como homenaje a esta mujer de sangre africana, la misión
internacionalista de Cuba en la República Popular de Angola fue bautizada con
el nombre de Operación Carlota.
Las ansias de libertad de varias generaciones de cubanos se hacen visibles en
el siglo XIX. El proceso para la formación de la nacionalidad cubana se fue
consolidando en los criollos. Desde diferentes posiciones, primero reclaman
reformas; luego, la separación de España; hasta que triunfan plenamente las ideas
independentistas.
Es una época en que las mujeres sólo podían expresar sus ideas en un marco muy
reducido. Las costumbres, leyes, religión y prejuicios la confinaban a la
servidumbre del hogar y le negaban toda posibilidad de desarrollo intelectual. Baste
conocer que el Gobierno Superior de la Isla de Cuba tenía como parte de sus
ordenanzas que: "La mujer debía conocer y realizar todos los quehaceres
domésticos, por mucho que las favoreciera la fortuna y después de la
observancia de las reglas de la moral, debían de ser estas las ocupaciones más
imperiosas de la mujer. Esta debía ser inculcada desde las primeras épocas de
la vida y todo lo que aprendieran las niñas en otras ramas de la enseñanza,
debía presentárseles como adornos más o menos agradables".
Eso explica por qué, en abril de 1820, Enriqueta Faver, la primera mujer en
matricular estudios superiores en Cuba, lo hiciese enviando una solicitud al
Protomedicato de la Universidad de La Habana, -para realizar exámenes que
avalaran su condición de médico cirujano- presentándose como Enrique Faver,
natural de Suiza y residente en Baracoa. Aunque en los exámenes logró ser
aprobada, a Enriqueta se le retiró deshonrosamente su condición de médico al
comprobarse que era una mujer.
Otras mujeres, tan destacadas en las letras como Gertrudis Gómez de Avellaneda
y Luisa Pérez de Zambrana, tuvieron preceptores o fueron autodidactas porque no
podían acceder a las aulas universitarias. En ocasiones, la mujer no tenía ni
el derecho a estudios elementales sobre todo si su piel era oscura, Así lo
demuestra la negativa de las autoridades españolas, en 1827, al permiso
solicitado por la mulata Ana del Toro para abrir una escuela "para niñas
de color".
En la investigación realizada por la doctora María Dolores Ortiz acerca de Las
primeras universitarias en Cuba, se puede valorar con crudeza, la falta de
libertad de las mujeres en la etapa colonial para realizarse mediante el
estudio. Como un hecho extraordinario puede catalogarse que el 6 de septiembre
de 1883 en la Universidad de La Habana se hiciera la primera matrícula oficial
a una mujer, Doña Mercedes Riba y Pinós, para estudiar Filosofía y Letras. En
la década del 90, sólo diez mujeres aparecen como matriculadas y graduadas en
este centro de altos estudios.
Los enfrentamientos armados por la independencia de Cuba se inician el 10 de
Octubre de 1868. Este día, en Bayamo, el patriota cubano Carlos Manuel de
Céspedes hace tañer la campana de su ingenio Demajagua para levantarse en armas
contra el despiadado sistema colonial español y darle la libertad a sus
esclavos. Pocos meses después, el 14 de abril de 1869, en Guaimaro, Camagüey,
se efectuó la Asamblea Constituyente de la República en Armas.
En aquel lugar, por vez primera en Cuba, se escuchó una exigencia de derechos
para las mujeres cuando se leyó la carta que Ana Betancourt de Mora dirigiera a
los principales jefes de la guerra independentista. La patriota camagüeyana
expresaba: "Ciudadanos: la mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo
del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución
justa rompe el yugo y le desata las alas. Aquí todo era esclavo, la cuna, el
color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando
hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo.
¡Llegó el momento de libertar a la mujer!".
Aquilatando la trascendencia de las palabras de Ana Betancourt, el Presidente
de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes expresó a los patriotas
allí reunidos que la historia habría de reconocer el hecho de que una cubana se
había anticipado a su siglo pidiendo la emancipación de la mujer.
A la lucha contra el colonialismo español en esta primera guerra que se
extendió hasta 1878 -de ahí su nombre la Guerra de los Diez Años-, se sumaron
cientos de mujeres cuya labor heroica, contribuyó al desarrollo de la
contienda. La historia recoge el nombre de la inolvidable Mariana Grajales, la
madre de los hermanos Maceo, símbolo del valor y la generosidad de la mujer
cubana; María Cabrales, Amalia Simoni y Bernarda Toro que acompañaron a sus
esposos -generales del Ejército Libertador- en los campos de batalla afrontando
graves peligros para ellas y sus hijos; Rosa, la Bayamesa, esclava negra que
alcanzó grados de capitana participando activamente en las cargas al machete;
Carmita Cancio, la Negra, colaboradora de Carlos Manuel de Céspedes que
transportaba armas, alimentos y mensajes a los mambises; Emilia Casanova,
fundadora de clubes patrióticos en la emigración, quien atesoraba cartas
escritas por Giuseppe Garibaldi en las que este le habla de su apoyo a las
luchas por la libertad de Cuba.
La Guerra de los Diez Años fracasó, pero los patriotas cubanos no se
conformaron con la falta de libertad y la lucha continuó por diferentes
vías.
En esta etapa de nuestra historia resulta significativo la notable
incorporación femenina al trabajo asalariado, la explicación está dada por la
carencia de brazos masculinos a partir de la contienda de 1868-1878 que obligó
a la patronal a incorporar en sus talleres, sobre todo en las tabaquerías, a un
gran número de viudas y huérfanas.
Después de 17 años, de violenta tregua y varios intentos de acciones armadas
dio inicio a la llamada Guerra del 95. El intenso trabajo de las mujeres en los
preparativos para esta guerra fue reconocido por José Martí, el Apóstol de
Cuba. Mientras recababa el apoyo y la unión de quienes aspiraban a lograr la
libertad de Cuba, el máximo organizador de la guerra necesaria expresó:
¡Delante de nuestras mujeres se puede hablar de guerra!; no así delante de
muchos hombres, que de todo se sobrecogen y espantan, y quieren ir en coche a
la libertad.
Efectivamente, muchas mujeres ocuparon de nuevo sus puestos de vanguardia.
Primero en los clubes patrióticos que buscaban recursos humanos y materiales
para iniciar la guerra. Luego, iniciada la contienda en los campos de Cuba, el
24 de febrero de 1895, numerosas mujeres estuvieron al frente de los hospitales
de campaña, la logística y en el combate directo contra las tropas españolas.
Sirvan de ejemplo los nombres de Adela Ascuy, capitana de Sanidad Militar, que
participó en más de 40 combates; Isabel Rubio, cuya casa fuera el mayor centro
conspirador de la provincia de Pinar del Río y en los campos insurrectos se
dedicara a las labores de sanidad hasta morir por las heridas recibidas en
combate. También, María Hidalgo, la Heroína de Jicarita, quien con siete
heridas en su cuerpo no dejó caer la bandera en la decisiva batalla; y la
comandante Mercedes Sirven Pérez- Puelles, organizadora de un sistema de
suministro de medicamentos a los mambises, mujer que alcanzara los grados más
altos dentro del Ejército Libertador.
Los españoles, para impedir por todos los medios el triunfo de las fuerzas
libertadoras, enviaron a Cuba al general Valeriano Weyler. Este sanguinario
general, en su pretensión de exterminar al Ejército Libertador dictó en 1896 la
criminal reconcentración de la población rural. Según cálculos conservadores,
las condiciones infrahumanas de la Reconcentración causaron la muerte de más de
200 mil personas, entre las que predominaban mujeres y niños.
A finales de 1897, los patriotas cubanos habían ocupado la mayor parte del
territorio nacional, el ejército español había sido prácticamente derrotado y
la guerra estaba por terminar con la victoria de los cubanos. Ese es el momento
en que el gobierno estadounidenses decide integrarse en la contienda. La
administración norteamericana declara que envía hacia Cuba algunos buques para
proteger sus intereses en la Isla; mientras, sus medios propagandísticos lanzan
una hipócrita campaña de condena a España y de defensa de la causa cubana.
La noche del 15 de febrero de 1898, las esperanzas cubanas de acabar con un
régimen colonial zozobraron cuando, en la bahía de La Habana, estalla el buque
estadounidense Maine. La voladura del Maine fue el pretexto esgrimido por el
gobierno de Estados Unidos para declararle la guerra a España e intervenir en
la contienda que libraban cubanos y españoles. A partir de ese momento, la
guerra iniciada en el 95 es conocida como Guerra Hispano-Cubanoamericana.
Después de la batalla de Santiago de Cuba, las fuerzas coloniales aceptaron su
derrota en la guerra con la firma del Tratado de París, en diciembre de 1998.
La mala fe de los españoles y del gobierno de las Estados Unidos se puso de
manifiesto cuando a la mesa de negociaciones no fueron llamados los patriotas
cubanos, legítimos vencedores de la contienda y los mayores interesados en esos
acuerdos. Los hombres y mujeres de Cuba vieron frustrada la independencia por
la que habían combatido durante treinta años, mientras que Estados Unidos
iniciaba un intenso proceso de recolonización de la isla caribeña.
La fase
neocolonial
El 1º de enero del 1899 queda oficialmente constituido el primer gobierno de ocupación
estadounidense en Cuba, que se extendería hasta el 20 de mayo de 1902. Según la
administración norteamericana, su presencia en el gobierno provisional estaba
avalada por el deseo de instaurar el orden en el país, detener la hambruna y
contener los brotes epidémicos que amenazaban completar la obra de devastación
y muerte iniciada durante la Reconcentración.
La situación de la población en la isla era muy difícil. Los estudios
demográficos refieren que la frustrada independencia pagó el alto precio de 400
000 vidas humanas, entre los que murieron durante la guerra y los niños que
dejaron de nacer. El Censo de 1887, último realizado antes del inicio de la
guerra del 95, informa que la población de Cuba ascendía a 1 631 687
habitantes. Terminada la contienda, el Censo de 1899 marca un notable
decrecimiento cuando informa una cifra de 1 572 797 habitantes, de ellos el
51,8% hombres y el 48,2%, mujeres a los cuales amenazaba la hambruna porque
había sido destruida el 90% de la superficie de la tierra cultivable y había
perecido más de un millón de cabezas de ganado.
El dinámico proceso de reconstrucción detuvo el desastre que amenazaba a la
población civil; abrió nuevas fuentes de empleo en la agricultura y la
construcción; y aceleró la organización del sistema educacional según las
concepciones norteamericanas, desestimando la participación cubana en la toma
de decisiones cruciales.
La aparente misión filantrópica del gobierno de los Estados Unidos para ayudar
al pueblo de Cuba, tenía realmente el objetivo de obtener el control económico,
político y cultural de la República en gestación.
La investigadora Raquel Vinat, en su obra titulada Las cubanas en la posguerra
(1898-1902), profundiza en el hostil panorama histórico de esa etapa que
alcanza visos de tragedia, especialmente, para muchas de las mujeres que se
habían destacado en la lucha contra el colonialismo o habían quedado
desprotegidas al haber perdido al padre o al esposo combatiendo por la libertad
de Cuba.
Las penurias económicas afectaron numerosas familias, incluso a muchas que
históricamente estuvieron entre las más pudientes, lo que determinó la
necesidad de que las mujeres buscaran trabajo fuera del seno del hogar. Las de
mayor preparación cultural encontraron un sitio importante dentro del
magisterio cubano, mediante el cual, como diría el historiador Ramiro Guerra:
"Un gran número de señoritas de las mejores familias de cada localidad
encontró una manera honrosa y adecuada no ya de dejar de ser lo que
tradicionalmente había sido en Cuba: una carga familiar, sino para constituirse
en el sostén de éstos".
También hubo una gran incorporación de mujeres a los servicios de sanidad y a
otras labores, antes solo ejecutados por hombres. Las patronales consideraron
más provechoso contratarlas a ellas por ser una fuerza de trabajo más barata.
En esta etapa se hace aún más notable la falta de derechos de la mujer y estas
inician un fuerte movimiento de clubes femeninos que reclaman mayores derechos
civiles y laborales para su membresía.
El 20 de mayo de 1902, Tomás Estrada Palma toma posesión del gobierno de la
República de Cuba, convirtiéndose en el primer presidente de una república que
nace castrada. El gobierno estadounidense le había impuesto a la Asamblea
Constituyente una enmienda a la Constitución de 1901, como requisito clave para
el cese de su gobierno interventor. Esta enmienda le permitía intervenir
nuevamente en Cuba cada vez que lo consideraran conveniente; asimismo le daban
derechos a ocupar algunas bahías para establecer carboneras. A ese apéndice de
la Constitución, conocido como la Enmienda Platt, aún le debemos la ocupación
del territorio correspondiente a la base naval de Guantánamo en contra de la
voluntad de todos los cubanos.
Tomás Estrada Palma, se caracterizó por la sumisión a los intereses económicos
y políticos del gobierno de los Estados Unidos de América, la corrupción
política y administrativa, y por el olvido de los más elementales derechos del
pueblo cubano. El primer presidente marcaba la pauta de cómo serían todos los
gobernantes de la república neocolonial.
En las primeras décadas de la República se desarrolla un pujante movimiento
femenino en pos de sus derechos al sufragio y al divorcio. En las mujeres se
produce un rápido crecimiento de la conciencia de igualdad y autoestima
cimentado en su tradición en la lucha por la independencia y por el acceso de
miles de ellas a los centros de enseñanza media y superior.
Poco a poco, a pesar de innumerables polémicas con los elementos más
conservadores de la sociedad, se producen inapreciables conquistas para la
mujer cuando, el 18 de julio de 1917, se aprueba la Ley de la Patria Potestad
y, el 30 de julio de 1918, la Ley del Divorcio. La firma de ambas leyes
convierten a Cuba en el primer país de América Latina en darle su aprobación.
La primera permite a las mujeres disfrutar de la patria potestad sobre sus
hijos y la posibilidad de administrar sus propios bienes sin la tutela del
padres o el esposo. La segunda, no solo rompe con el matrimonio como
institución dominada por los hombres, sino que acepta que el adulterio es
causal de divorcio para ambos sexos y no solo un delito para la mujer.
Durante el gobierno de Gerardo Machado se establece una férrea dictadura y se
cometen crímenes tan cruentos que prácticamente todos los cubanos se unen en la
lucha para su derrocamiento. Era un momento sin precedentes por la calidad
patriótica y política de muchos de los involucrados en la lucha. Poco después
de la caída Machado, el 12 de agosto de 1933, el inolvidable luchador cubano
Antonio Guiteras en su condición de secretario de Gobernación designó a dos
mujeres como alcaldesas: Caridad Delgadillo, en el municipio de Jaruco y a
Elena Ascuy, en Güines.
Gracias al valor de Guiteras, la junta provisional históricamente conocida como
el Gobierno de los Cien Días, tomó algunas medidas tan revolucionarias que
alarmaron al gobierno estadounidense que apoyó a Fulgencio Batista para
propinar un golpe de estado, el 4 de septiembre de 1933. Antes de la salida del
gobierno, Ramón Grau San Martín, quien era el presidente provisional,
sorprendió con la firma de una ley que autorizaba el derecho de las mujeres al
sufragio, hecha efectiva en 1934.
El investigador Julio González Pagés en su libro En busca de un espacio:
Historia de mujeres en Cuba, profundiza en diferentes momentos históricos de la
lucha desarrollada por las organizaciones feministas, y por mujeres de
excepcional valía. Ante todo por alcanzar la paridad con los hombres en sus
derechos a ser tenidas en cuenta como ciudadanas plenas, especialmente sus
derechos al voto y a ser elegidas para cargos públicos. En su obra se valora la
etapa de la Asamblea Constituyente de 1940 donde se redactó y aprobó una
constitución muy progresista dentro de la República neocolonial. La Constitución
del 40 declaraba la igualdad independientemente de la raza, el sexo o la clase
social. Además, incluía importantes reivindicaciones para la mujer; entre ellas
la que instituía y regulaba la protección de la maternidad de obreras y
empleadas, sin establecer diferencias entre solteras y casadas en relación con
el trabajo. En la práctica, la aprobación de la avanzada Constitución no cambió
en nada la situación de la nación cubana y mucho menos en el trato
discriminatorio a las mujeres a quienes les fueron violados sus derechos
reconocidos por la ley de leyes.
Durante el período electoral de 1944 se presentan algunas mujeres en las
candidaturas de los diferentes partidos políticos. Según los analistas, en esas
elecciones, el voto femenino fue determinante en el triunfo arrollador Ramón
Grau San Martín quien utilizara las frases: "Las mujeres mandan" y
"Mi gobierno es el de las mujeres", como consignas de su campaña
presidencial. Alcanzado su propósito electoral, Grau defraudó las esperanzas
que las féminas y el pueblo en general depositaran en él. El servilismo a los
Estados Unidos, la corrupción gubernamental, el anticomunismo y el gangsterismo
fueron las características esenciales de su gobierno.
En 1948, Grau entrega la presidencia de la República a Carlos Prío Socarrás,
candidato por el Partido Auténtico, declarado ganador en amañadas elecciones.
El 10 de marzo de 1952, nuevamente apoyado y estimulado por el gobierno de los
Estados Unidos de América, el general Fulgencio Batista vuelve a dar un golpe
de Estado. Faltaban solo 52 días para las elecciones generales. En ellas, el
seguro ganador sería el Partido Ortodoxo, que propugnaba un programa de
reformas en contra de la corrupción. El golpe de Estado no fue contra el
presidente Carlos Prío, sino contra la libertad de elección del pueblo cubano.
De nuevo se abre otra etapa de confrontación para las mujeres cubanas. Tal como
lo hicieron en la guerra contra el colonialismo español y contra la dictadura
machadista se incorporan a la lucha por la libertad y la felicidad de su
pueblo. Las mujeres van integrándose en las diferentes organizaciones que se
enfrentan a las fuerzas represivas del régimen de facto. Al calor de la lucha
contra el tirano, surgen el Frente Cívico de Mujeres Martianas y Mujeres
Oposicionistas Unidas. Estas organizaciones femeninas de reconocida
trayectoria, sólo reconocían el derrocamiento del régimen golpista como la
prioridad fundamental de sus programas.
La doctora Elvira Díaz Vallina, en su ponencia La visibilidad y la
invisibilidad de la mujer en la historia de Cuba, presentada en el IV Taller
Internacional de la Cátedra de la Mujer en la Universidad de La Habana, expuso
que el equipo de profesoras universitarias dirigido por ella, ha estudiado los
expedientes de 675 mujeres combatientes y en ninguno aparecen vestigios de un
pensamiento femenino dirigido a exigir mejoras a sus derechos femeninos. Díaz
Vallina afirmó: "Ninguna de las organizaciones insurreccionales presentó
reivindicaciones para la mujer en sus programas de lucha. Tampoco lo hicieron
las agrupaciones femeninas. Una explicación de este hecho particular lo ofrece
Maruja Iglesias dirigente del Frente Cívico de Mujeres Martianas en el
periódico Sojourner, donde precisa: 'Nosotras no luchábamos por los derechos de
la mujer. Nosotras luchábamos por lo que era de beneficio para todo. Con estas
palabras ella resumía objetivamente el pensamiento de la mujer cubana durante
los años de guerra contra la dictadura que desangró al país entre 1952 y
1958".
En la lucha contra la tiranía batistiana muy pronto resaltó el liderazgo de
Fidel Castro Ruz, un joven abogado de apenas 25 años quien estuvo entre los
primeros que condenaron el vandálico golpe de Estado del 10 de marzo. Su verbo
elocuente se alzó en proclama para denunciar al gobierno anticonstitucional
impuesto por las armas. En el Tribunal de Urgencia de la Habana, el 24 de marzo
de 1952, Fidel Castro radicó una causa contra Fulgencio Batista por los delitos
de sedición, traición, rebelión y ataque nocturno. Las garantías constitucionales
estaban suspendidas en el país y el tribunal hizo caso omiso a la acusación
contra el dictador.
La tensa situación política creada en Cuba estalla el 15 de enero de 1953,
cuando fuerzas de la policía tirotean una manifestación estudiantil, y el
estudiante universitario Rubén Batista cae gravemente herido. Tras un mes de
larga agonía, el 13 de febrero, muere Rubén. Su sepelio, marcaría el punto
exacto de un cambio táctico en el movimiento revolucionario que encabeza Fidel.
A partir de ese momento se prepara en secreto, a paso rápido y firme, la gesta
que haría desatar un proceso revolucionario que cambiaría el curso de la
historia cubana. Entre los colaboradores más cercanos de Fidel se encuentran
varias mujeres, dos de las cuales lo acompañarán en su asalto al Cuartel
Moncada, la segunda fortaleza militar del país.
En Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de Julio de 1953, Fidel Castro y sus
seguidores asaltan los cuarteles militares Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Melba Hernández y Haydée Santamaría están entre los participantes. Fracasada la
acción, muchos de los moncadistas fueron capturados y Fulgencio Batista dio
orden de matar a 10 por cada uno de sus soldados muertos en el combate. La
crueldad de esos crímenes alcanzó niveles dramáticos, como denunciara Fidel
Castro, en su alegato de autodefensa, el 16 de octubre de 1953 -conocido como
La historia me absolverá:
En medio de las torturas les ofrecían la vida si traicionando su posición
ideológica se prestaban a declarar falsamente que Prío les había dado el
dinero, y como ellos rechazaban indignados la proposición, continuaban
torturándolos horriblemente. Les trituraron los testículos y les arrancaron los
ojos, pero ninguno claudicó, ni se oyó un lamento ni una súplica; aún cuando
los habían privado de sus órganos viriles, seguían siendo más hombres que todos
sus verdugos juntos. Las fotografías no mienten y esos cadáveres aparecen
destrozados. Ensayaron otros medios; no podían con el valor de los hombres y
probaron el valor de las mujeres. Con un ojo humano ensangrentado en las manos
se presentaron un sargento y varios hombres en el calabozo donde se encontraban
las compañeras Melba Hernández y Haydée Santamaría, y dirigiéndose a la última,
mostrándole el ojo, le dijeron: "Este es de tu hermano, si tú no dices lo
que él no quiso decir, le arrancaremos el otro". Ella, que quería a su
valiente hermano por encima de todas las cosas, les contestó llena de dignidad:
"Si ustedes le arrancaron un ojo y él no lo dijo, mucho menos lo diré yo.
"Más tarde vinieron y las quemaron en los brazos con colillas encendidas,
hasta que por último, llenos de despecho, le dijeron nuevamente a la joven
Haydée Santamaría: "Ya no tienes novio porque te lo hemos matado
también". Y ella les contestó imperturbable otra vez: "Él no está
muerto porque morir por la patria es vivir." Nunca fue puesto en un lugar
tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana.
Gracias a la tenacidad y paciente labor de tres mujeres: Melba Hernández,
Haydée Santamaría y Lidia Castro, el pueblo cubano pudo conocer La Historia me
Absolverá, el extenso discurso de autodefensa en el que Fidel Castro,
transformado en acusador, denunció los crímenes de la tiranía y expuso el
programa revolucionario de los jóvenes asaltantes. Fidel Castro, desde el
llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos, les fue haciendo llegar, por las vías
más ingeniosas, el histórico documento. Ellas rescataron, línea a línea, el
histórico alegato. Melba Hernández, ayudada por su padre, tuvo la
responsabilidad de mecanografiar el texto y de garantizar la impresión y
distribución de la valiosa arma política.
Los crímenes y atropellos de la tiranía, fortalecieron el espíritu de lucha de
los cubanos, especialmente, de aquellos que pertenecían a las clases más
humildes del pueblo. La opinión pública presionó al régimen batistiano hasta
lograr la amnistía de los asaltantes al cuartel Moncada. Al ser excarcelado,
Fidel Castro funda el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En la dirección
nacional de esta organización se destacan Haydée Santamaría y la maestra
santiaguera María Antonia Figueroa. También se incorpora en la dirigencia del
movimiento el santiaguero Frank País García, un joven de solo 20 años que ya
tenía constituida una organización que agrupaba a cientos de hombres y mujeres
dispuestos a luchar contra el tirano. Cerradas todas las vías legales, Fidel se
dirige a México para organizar una expedición que le permita dar inicio a la
lucha armada, como único camino posible, en aquellos momentos, para alcanzar la
liberación nacional.
El 25 de noviembre de 1956, Melba Hernández está entre quienes despiden, en el
puerto de Tuxpan, México, a los expedicionarios que en yate Granma acompañan a
Fidel en su viaje de regreso a Cuba, y entre los cuales se encuentra Ernesto
Che Guevara. Cerca de Niquero -en la actual provincia de Granma-, la
manzanillera Celia Sánchez Manduley ha organizado la recepción de los
expedicionarios y su traslado a la Sierra Maestra. Mientras, como apoyo a los
expedicionarios, en Santiago de Cuba se produce el levantamiento armado de la
ciudad, organizado por Frank País para desviar la atención del enemigo. Vilma
Espín, María Antonia Figueroa, Haydée Santamaría, Asela de los Santos y Gloria
Cuadras están entre las mujeres del Movimiento 26 de Julio que participan en
esa acción.
La llegada del Granma a Cuba se demoró dos días más de lo previsto, por malas
condiciones atmosféricas y el rescate de un expedicionario que había caído en
el mar. El desembarco se produjo en un inhóspito lugar, bastante alejado del
sitio acordado y bajo el asedio del enemigo que estaba en su espera. La
situación resultó tan dramática que el Che Guevara, al escribir sobre este
hecho, expresó: "más que un desembarco aquello parecía un naufragio".
Sin embargo, ello no impidió que algunos expedicionarios pudiesen alcanzar las
montañas de la Sierra Maestra e iniciar la lucha guerrillera en la que cubanos
y cubanas unían voluntades en pos de la libertad.
Dos años y treinta días duró la guerra iniciada contra la tiranía batistiana.
Lucha que desde los primeros momentos contó con la activa participación de
muchas féminas. Tanto en las guerrillas como en la vida clandestina, las
mujeres fueron imprescindibles: transportaban armas; recolectaban dinero;
ocultaban o trasladaban combatientes; atendían heridos y organizaban
campamentos, escuelas y talleres; buscaban alimentos y medicinas,
confeccionaban uniformes y mochilas; llevaban y traían mensajes; protegían la
vida de los compañeros más perseguidos; combatían con las armas en las manos;
ocupaban responsabilidades en diferentes niveles de dirección; en fin, se
enfrentaban al peligro sin vacilaciones.
Celia Sánchez, Vilma Espín y Haydée Santamaría llegaron a la Sierra Maestra el
16 de febrero para participar en la primera reunión nacional entre los dirigentes
de la Sierra y el Llano. Celia y Haydée se incorporan a la lucha en las
montañas, desde donde salen en diferentes ocasiones para cumplir misiones de
alto riesgo. Poco a poco, crece el número de mujeres que decide permanecer todo
el tiempo en la guerrilla cumpliendo con disímiles tareas.
En 1958, se hace realidad el deseo de un grupo de guerrilleras: formar un
pelotón femenino para participar en los combates. Fidel tuvo que discutir
largamente con muchos oficiales de la guerrilla que no estaban de acuerdo en
darle armas a las mujeres cuando eran escasas y la mayoría de las veces no
alcanzaban para los hombres. El jefe guerrillero logró convencerlos y
personalmente preparó y entrenó en las artes de la guerra, al pelotón femenino
Mariana Grajales, e incluso lo designó para que fueran su guardia personal. El
ejemplo de las Marianas echó por tierra los falsos conceptos de quienes aún no
creían en la capacidad y el valor de las mujeres en la contienda.
Cuba
revolucionaria
La Revolución Cubana, el hecho más trascendental de la historia Cuba marca el
antes y el después en cualquier análisis sobre el crecimiento económico,
político, social y espiritual del pueblo cubano. Ese momento no solo sella la
caída de un régimen tiránico, responsable de la muerte de más de 20 mil
cubanos, sino que pone en marcha el programa trazado en La historia me
absolverá.
La Reforma Agraria da inicio a las grandes transformaciones. La erradicación
del latifundio, la entrega de la propiedad de la tierra a los hombres y mujeres
que la trabajaban, la organización de cooperativas agrícolas, la creación de
nuevos puestos de trabajo cambian por completo la vida en el campo, al tiempo
que aceleran los conflictos con los terratenientes nacionales y con las
empresas norteamericanas propietarias de grandes latifundios.
Otras medidas que, en 1959, se materializan en beneficio de los cubanos y,
especialmente, favorecen la incorporación de la mujer en los espacios públicos
y de poder son: la creación de escuelas para todos los niños, que exigió la
búsqueda y preparación de miles de maestras pues los 10 mil profesionales de la
educación que se encontraban desempleados eran insuficientes para las demandas
del país. En el campo de la salud se acometen planes para la erradicación de
barrios insalubres, comienza la creación de hospitales en las zonas montañosas
y las campañas para la erradicación de enfermedades, que tradicionalmente
hacían estragos sobre todo en la población infantil, con la aplicación de
medidas higiénicas y de vacunas.
En agosto de 1960, las organizaciones femeninas del país se reúnen para fundar
la Federación de Mujeres Cubanas, organización encargada de borrar toda forma
de discriminación de la mujer, como justa respuesta a sus anhelos de justicia
social y dignidad humana. Las tareas de la organización se encaminaron, desde
el primer momento, a favorecer la preparación plena de la mujer y su
participación en todas las esferas de la sociedad. En el informe central del
Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro reconoció el papel
desempeñado por la Federación de Mujeres Cubanas, cuando expresó: "La
mujer cubana, doblemente humillada y relegada por la sociedad semicolonial,
necesitaba de esta organización propia, que representara sus intereses específicos
y que trabajara por lograr su más amplia participación en la vida económica,
política y social de la Revolución".
Para comprender cómo la Revolución cubana ha favorecido el progreso de las
mujeres hacia su emancipación y la libertad que de ella resulta, es conveniente
conocer los cambios históricos de su posición al menos en tres indicadores:
educación, incorporación al trabajo y participación en cargos de dirección. La
síntesis que he elaborado a partir de los datos que constan en la Oficina Nacional
de Estadísticas y en el Centro de Estudios de la Mujer puede servir para ello.
Veamos:
En 1953, año en el que se realiza el último Censo de Población antes del
triunfo revolucionario, la población de Cuba ascendía a 5 millones, 820 mil
habitantes. Según esos índices, había un 55.6% de escolarización de 6 a 14
años, lo que representaba que más de un millón de niños no tenían acceso a la
escuela, a pesar de que 10 mil maestros estaban desocupados. Existían 807 700
personas analfabetas que constituían el 22.3% del total de la población y el
nivel de escolaridad de toda la población no superaba el 3er grado de la
escuela primaria. Se calcula que más de la mitad de los analfabetos eran
mujeres dadas sus condiciones sociales inferiores a los hombres. Estas cifras
empeoraron en los siete años de la dictadura militar.
Una de las decisiones más importante tomadas por el Gobierno Revolucionario en
el año 1959 fue, sin lugar a dudas, la creación de 10 mil nuevas aulas
primarias, cifra que superaba a todas las fundadas en los 58 años de República.
Mientras los cuarteles se transformaban en escuelas y había un impulso hacía la
ampliación de las escuelas secundarias; se incrementa el trabajo de
alfabetización iniciado por el Ejército Rebelde en la etapa insurreccional.
El 1961, declarado Año de la Educación, se dedicó a una gran Campaña de
Alfabetización en la aprendieron a leer y a escribir más de 707 000 personas lo
que redujo el índice de analfabetismo a 3,8% en solo un año. Tal proeza se
alcanzó gracias a la participación masiva de miles de voluntarios procedentes,
fundamentalmente, de las filas del estudiantado. Esta tarea requirió un gran
esfuerzo femenino porque la mayoría de los maestros en aquel tiempo éramos
mujeres y, también, porque fueron mujeres el 55% de los alfabetizados. A partir
de ese momento, hubo un crecimiento global de la escolarización y las mujeres
fuimos ubicándonos en peldaños más altos en la educación media y
universitaria.
En el Perfil Estadístico de la Mujer Cubana en el Umbral del siglo XXI
publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas, se recogen datos
factológicos actuales que reflejan similitud en la incorporación de hembras y
varones en la enseñanza primaria y en el primer nivel de la enseñanza
secundaria. Sin embargo, a partir del segundo nivel, es decir preuniversitario,
tiende a crecer la participación de las hembras tanto en la matrícula como en
la retención escolar. La tendencia ha aumentado por años, sobre todo en el
Bachillerato donde su número casi duplica al de varones, quienes por diferentes
razones prefieren matricular en los cursos de educación Técnica y Profesional.
En la Enseñanza Superior, este fenómeno de crecimiento del número de mujeres en
los centros de estudios se hace más notable a partir de la década del 80, en la
que comienza en Cuba un proceso de feminización en los centros universitarios.
Las cifras hablan por sí solas: durante el curso 1979-80 eran féminas el 48,4%
de los matriculados; en el 1985-86 el índice de mujeres asciende al 54,4%; en
el curso 1994-95 aumenta hasta 58,1% y en el curso 1996-97 la feminización de
la enseñanza superior alcanza el 60.2% de la matrícula en todo el país.
Analizando por ramas del saber, se aprecia que la distribución de la matrícula
muestra predominio de mujeres en las carreras de Ciencias Médicas y
Pedagógicas, en las que precisamente ellas ocupan el 72% de la fuerza laboral,
y en menor proporción en las de Ciencias Sociales y Humanísticas, Ciencias
Económicas, mientras que crece su interés por las carreras técnicas.
Esta transformación sorprendente en el nivel de preparación de las mujeres
cubanas tiene una relación muy estrecha con el cambio radical producido en su
incorporación al trabajo y en las categorías ocupacionales en las cuales se
desempeña. Si consultamos el Censo de 1953, los datos arrojan que del total de
trabajadores ocupados en el país, solo el 17,6% eran del sexo femenino. De las
mujeres ocupadas el 30,2% trabajaban en el servicio doméstico o servicios tales
como conserjes, y empleadas de limpieza; el 13,9% realizaba trabajos de
oficina; el 12,1% eran maestras. Solo el 6,2% se desempeñaba como profesionales
y técnicas y el 2,0% ocupaba responsabilidades de dirección.
Al existir en Cuba, después del triunfo revolucionario, la igualdad de derechos
en el acceso al trabajo asalariado y a la educación, las mujeres alcanzamos
altos niveles de ocupación laboral. Así los datos muestran que, en 1981, el
31,2% de los ocupados eran mujeres; este índice se eleva a 43,2% en el año
2000. La estructura ocupacional de hombres y mujeres también se modificó de
modo sorprendente, por ejemplo, ya en el 1981, las mujeres ocupan el 55% del
total de los trabajadores profesionales y técnicos del país. En el año 2000, el
nivel de ocupación femenina en la categoría de profesionales y técnicos se
elevó hasta el 66,4%.
Aproximadamente un tercio de los cargos de dirección están ocupados por
mujeres. Nosotras participamos en la toma de decisiones al más alto nivel. En
junio del 2004:
* El Consejo de Ministros de Cuba cuenta con seis ministras y casi cuarenta viceministras.
* Cuarenta y seis de los más importantes Centros e Institutos de Investigación y Desarrollo Científico están dirigidos por mujeres.
* Diecinueve mujeres son Presidentas de las Asambleas Municipales del Poder Popular y cuarenta y una ocupan el cargo de vicepresidentas;
* La presencia de mujeres en el Parlamento cubano ha ascendió al 35,96% en las elecciones efectuadas en los primeros meses del año 2003. Cifra que supera ampliamente el 22,8% y el 27,6%, correspondientes a las elecciones de 1993 y 1998 respectivamente.
En el intento
por dar una visión de la mujer cubana en el camino de su real emancipación,
solo he hecho referencia a sus avances en la educación y en su incorporación al
trabajo y, algo muy importante, su activa y decidida participación en la toma
de decisiones gubernamentales. Sin embargo, pienso que, en otra oportunidad,
sería de mucho interés valorar su presencia relevante en el arte, en la
literatura, en el deporte, la defensa del país o en su trabajo en la esfera
político-partidista, y en otras que antiguamente le estaban vedadas.
La destacada participación de la mujer en la obra de la Revolución, su
emancipación económica, política y social, y el lugar ascendente en la sociedad
no ha limitado su papel en el seno familiar. No ha dejado de ser madre ni
esposa. Es la doble jornada, que nos ha correspondido desempeñar a las mujeres
cubanas en estas cuatro décadas de Revolución.
También, es importante considerar, las difíciles condiciones del bloqueo
económico, impuesto a nuestro pueblo, por el gobierno de los Estados Unidos,
desde hace más de 40 años. A lo que se añade las agresiones, sabotajes,
atentados, crímenes y el resultado de toda una política hostil y mentirosa de
ese gobierno, que nunca ha dejado de intentar destruir a nuestra Revolución. En
este enfrentamiento, es obvio, las mujeres hemos sido doblemente
perjudicadas.
Las mujeres cubanas, junto a todo nuestro pueblo, somos la Revolución. Seremos
lo que nosotras seamos capaces de ser. Nos falta mucho para sentirnos
plenamente satisfechas, pero sabemos que hemos escogido el camino
correcto.
* Apuntes para la Conferencia dictada por la autora en el Aula Magna de la Universidad de Ca´Foscari, Italia
Julio/2004