El presidente Evo Morales emitió su
anunciadísimo decreto de nacionalización de hidrocarburos, el
cual pudiera ser sólo el primero de una secuencia estatizadora
de diversas áreas productivas. No dejó de llamar la atención que
tras conocerse el contenido del decreto, voceros oficiales
españoles y brasileños asomaran sorpresa y/o extrañeza ante el
hecho. Al parecer, los gobiernos de España y Brasil no se habían
tomado muy en serio el proyecto político de Morales y el
contenido estatizador de la Ley de Hidrocarburos, aprobada en
mayo del 2005, la cual esperaba sólo por un ejecutor.
Todo indica que Madrid y Brasilia creían que las divergencias
con Morales se limitarían a asuntos comerciales tales como
precios o participación accionaria en futuros proyectos. Pero
Morales maximizó su reclamo y no sólo estatizó todo el sector
sino que confiscó los negocios y propiedades, entre otros, de
Petrobras y Repsol. Además, al encabezar la toma de las
instalaciones de la “trasnacional” brasileña por unidades
militares, Morales dio a Brasil tratamiento de potencial enemigo
insuflándole su dosis de nacionalismo a la tropa.
El principal afectado político por la decisión boliviana es el
gobierno de Lula da Silva, quien en las primeras horas del
martes se mostraba desubicado, sin posición oficial, en espera
de información de la cual insólitamente aún carecía y pidiendo
ayuda a Caracas. La crisis encontró a la Jefe de la Casa Civil y
al Presidente de Petrobras de viaje a EEUU, y al Canciller Celso
Amorin cenando en Ginebra con el Secretario de comercio
estadounidense.
El influyente Folha de São Paulo, tituló el martes “Aliado con
Chávez, el presidente boliviano se aparta de Lula”.
Aun cuando es una interpretación simplista de los
hechos, para diversos analistas resultó notoria la emisión del
decreto boliviano a sólo pocas horas de la cumbre celebrada en
Cuba entre Morales, Hugo Chávez y Fidel Castro.
Para Lula esta es una situación por lo menos
embarazosa, al no poder explicar las razones para que sus
“camaradas” hicieran -presumiblemente a sus espaldas -
una fuerte apuesta contra los intereses
brasileños.
La costosa campaña publicitaria oficial sobre la
autosuficiencia petrolera de Brasil, primera catapulta para la
reelección de Lula, quedó hecha cenizas.
Para Lula son cuatro los aspectos en juego: el precio del gas
que llega de Bolivia, la garantía del suministro, el
tratamiento de las propiedades de Petrobrás en
Bolivia y, el ahora mancillado poderío regional brasileño.
Ayer en la reunión presidencial en Iguazú, Lula y
Morales confirmaron lo obvio:
el suministro estará garantizado por ahora.
Al fin y al cabo, el fisco boliviano depende de
la venta de gas. Pero la influencia brasileña en la región quedó
maltrecha, ante la posición retadora de un Morales apoyado por
La Habana y Caracas. Apenas
ayer jueves, Morales enrostró a Lula acusaciones de chantajismo
y de ingreso de tropas brasileñas a territorio boliviano,
mientras Lula calló sobre la confiscación de Petrobras en
Bolivia...
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