4 / El Mundo
/ Viernes / Caracas , 21 de Abril de 2006
Mirando el vecindario
Rebelión andina contra Chávez
La diplomacia
colombiana asestó una derrota a la Cancillería venezolana. El
episodio quedó escondido por el feriado de Semana Santa, pero
habría sido el acelerador para la ruptura de Venezuela con el
proceso de integración andina.
Estando en ejercicio de la Presidencia rotativa de la Comunidad
Andina, correspondía a Venezuela convocar a la reunión de la
Comisión de la CAN que debía efectuarse -según reglamento- en el
mes de marzo.
A pesar de proclamar la muerte de la CAN, Caracas hacía valer su
presidencia para frenar el funcionamiento rutinario del mecanismo,
abortando incluso la periódica reunión presidencial. Colombia, con
el apoyo de Ecuador y Perú, apeló a la potestad del Secretario
General de la CAN para convocar reuniones extraordinarias, y logró
obviar la renuencia de Caracas para reunir a la Comisión.
Para el 6 de abril fue
fijada una reunión extraordinaria, en la cual se trataría un tema
de urgencia para Bogotá: la interpretación de la norma andina
sobre los lapsos en los cuales las empresas farmacéuticas pueden
disfrutar del monopolio en la venta de sus medicamentos. Ese día
las cancillerías andinas estuvieron en emergencia.
Los representantes venezolanos extrañamente no se hicieron
presentes en Lima, alegando “dificultades prácticas”, lo cual fue
interpretado como una maniobra para impedir la reunión. En el
transcurso del día, Caracas habría pedido la suspensión del
encuentro o su cambio de fecha, pero la Secretaría lo negó
aduciendo que la solicitud era extemporánea. Quedaba en claro que
la reunión se realizaría pese a la ausencia de los venezolanos, y
que las decisiones se tomarían por mayoría según los reglamentos,
y no por consenso como es tradición.
La viceministra de comercio boliviana, actuando como aliada de
Caracas, debatió con sus colegas andinos, pero no participó en la
sesión formal ya que Bolivia estaba insolvente con la CAN e
incapacitada para votar. La reunión se cumplió en horas de la
noche, aprobándose la independencia de cada país para fijar la
vigencia de las patentes farmacéuticas.
Caracas entró en cólera: al parecer no esperaba una rebelión de
Colombia, Perú y Ecuador en la CAN.
Venezuela anunció que no reconocería la decisión de la mayoría e
intentó restarle legitimidad a la convocatoria que había validado
al pedir la prórroga. La Cancillería caraqueña perdió por fortfeit.
El 10 de abril en la sede de la CAN, se escenificó un encuentro de
Vicecancilleres, esa vez con presencia del enviado venezolano,
pero según Caracas no “se concretó una reunión formal”. Caracas no
pudo imponerse y el escueto comunicado de la CAN sólo habló de
“voluntad política de fortalecer la integración”.
El martes 18, el Vicecanciller venezolano para Latinoamérica viajó
a Bruselas para el inicio de negociaciones de libre comercio entre
Europa y los andinos, advirtiendo que no coordinó una posición
común con la CAN. Al día siguiente, durante un discurso en
Paraguay, el Presidente venezolano anunció su decisión de retirar
al país de la CAN... pero el caso aún no termina.
Caracas hacía valer su presidencia para
frenar el funcionamiento rutinario del mecanismo, abortando
incluso la periódica reunión presidencial