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La biografía de Juan Pablo Rojas Paúl

 

 
 
 
  4 / El Mundo / Viernes / Caracas , 31 de Marzo de 2006
 

Mirando el vecindario

¿Quién mató a la Comunidad Andina?

 

El proceso de integración de los países andinos, tal como se le ha conocido hasta la fecha, está llegando a su final.

El anunciado ingreso “pleno” de Venezuela al Mercosur y la firma del Tratado de Libre Comercio por parte de Colombia con EEUU, han dado un golpe de gracia a la experiencia integracionista andina.

Las dos principales economías andinas -Colombia y Venezuela- optaron por vías contrapuestas, dejando sin piso político las posibilidades de avanzar hacia niveles de mayor integración económica que oxigenaran a la Comunidad Andina de Naciones CAN. La teoría en materia de integración dice que tras la apertura de los mercados, el siguiente paso sería la vigencia de una estructura arancelaria común ante terceros países.

Esta etapa pareciera que quedó suspendida hasta nuevo aviso, en lo que corresponde a los socios de la CAN.

Aún no se han definido los términos en los cuales Venezuela ingresaría al Mercosur. En los próximos meses, según voceros sureños, se adelantarían las negociaciones para acordar las reglas y plazos con los cuales Venezuela asumiría los compromisos que implican su presencia en Mercosur.

A su vez, la entrada en vigor del TLC Colombia-EEUU está en espera de un largo trayecto. Debe ser aprobado por el parlamento colombiano electo semanas atrás y que aún no se posesiona. Se ignora cuándo el gobierno colombiano lo someterá a consideración parlamentaria. Además, se requiere la aprobación del Congreso de EEUU. Diversos analistas estiman que la Casa Blanca esperará hasta después de las elecciones parlamentarias de octubre, para someter a consideración el TLC. En suma, la aprobación y puesta en vigencia del TLC puede durar más de un año. Este horizonte, por cierto, coloca a Colombia (junto a Perú, Ecuador y Bolivia) en la difícil situación de quedar el próximo 31 de diciembre sin una legislación que ampare el ingreso de sus productos a EEUU sin aranceles.

La espera por la fuga de Venezuela hacia el sur, y de la consolidación de las relaciones colombianas con EEUU, pareciera que darán dos años de tregua para que Bogotá y Caracas alcancen algún modus vivendi que mantenga el comercio bilateral, quizás en un ambiente de crecientes restricciones para-arancelarias.

Las cifras del intercambio comercial entre Venezuela y Colombia no han dejado de crecer en los últimos trimestres. Según estimaciones difundidas esta semana por la Cámara Colombo Venezolana, el comercio bilateral alcanzará a US$ 3.755 millones en 2006, con un incremento del 17% en las ventas colombianas y 6% en las venezolanas. Del total negociado, el 65% correspondería a productos colombianos, lo cual explicaría el especial cuidado con el cual Bogotá cuida las relaciones con su cliente vecino, en espera de la apertura del mercado del norte.

Por su parte, la posición del actual gobierno venezolano, seguramente, estará fuertemente condicionada por su evaluación política coyuntural, sobre el papel que Uribe pueda jugar regionalmente en su segundo mandato.

 

 

Diversos analistas estiman que la Casa Blanca esperará hasta después de las elecciones parlamentarias de octubre, para someter a consideración el TLC


 
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