Pregunta. El CNI ¿es el Cesid
con otro nombre?
Respuesta.
¡Hombre! El CNI no nace en el vacío. Se construye sobre un pasado, con todas
sus luces y sus sombras. Eso explica la ley que tenemos, que es la más
garantista de Europa. Pero yo quiero que sea más que un cambio de siglas,
que sea también un cambio de mentalidad, de forma de trabajar. En ese empeño
está mucha gente de esta casa, muy ilusionada. Si el cambio fuera puramente
cosmético, no habríamos logrado nada.
P. La
necesidad de pedir permiso al juez antes de interceptar comunicaciones o
entrar en domicilios, ¿es un corsé, una garantía para los ciudadanos o una
garantía para los agentes?
R. Yo creo
que es una garantía para los ciudadanos, pero también para nosotros. Por
primera vez, tenemos un marco legal con unas reglas del juego claras que
establecen lo que se puede y lo que no se puede hacer.
P. Pero se
supone que hay cosas que un servicio secreto tendría que hacer llegado el
caso, como espiar una embajada, y que un juez nunca podría autorizar.
R. Siempre
habrá un terreno de una cierta ambigüedad. Ahí hay riesgos, evidentemente.
No conozco ningún servicio de inteligencia que no haga funciones de
contrainteligencia. Una cosa que sucede en España, y no somos conscientes de
ello, es que aquí hay agentes extranjeros que están operando con mucha
agresividad y la sociedad española tiene que defenderse.
P. ¿Son más
agresivos los servicios de países amigos o los de países hostiles?
R. [Sonríe]
Es distinto. La agresividad que pueda tener algún servicio aliado no va
dirigida contra nosotros, normalmente va contra otro servicio, aunque se
produzca en mi campo. Los servicios de países menos amigos sí van contra mis
intereses y, en consecuencia, me preocupan más. Especialmente ahora, cuando
estamos ejerciendo la presidencia de la Unión Europea, por debajo de esta
placidez que parece envolvernos, hay mucha actividad...
P. Y no sólo
diplomática.
R. No sólo
diplomática. Mucha actividad bajo la mesa.
P. ¿Cuál es
el presupuesto del Cesid? ¿Cuántos agentes tiene?
R. Nuestro
presupuesto es de unos 108 millones de euros (18.000 millones de pesetas).
Mucho menos que los países de nuestro entorno. No le diré cuánto personal
tenemos, pero también es inferior en número. No una, sino varias veces
inferior. Y no hablo de Estados Unidos, con el que no se me ocurriría
compararme, sino de países más próximos y parecidos a nosotros, como Italia.
P. Le
preguntaba el presupuesto porque la ley dice que el CNI se regirá por el
principio de eficacia. Y eso significa que el dinero que se gasta debe ser
rentable.
P. Lo es. Muy
rentable. Aquí suplimos la falta de medios con imaginación. Pero el problema
es la carrera tecnológica. Hoy se encuentran en el mercado elementos de
cifra por muy poco precio que son muy seguros. Competir con ellos obliga a
una inversión constante. Supone tener ordenadores potentes, buenos
matemáticos, ingenieros en telecomunicaciones. Y eso cuesta mucho dinero.
Una de las cosas que tenemos en esta casa es el Centro Criptológico
Nacional. Cuando se coge una base de datos de ETA, normalmente hay que
descifrarla. Y los cifrados son cada vez más complejos. Pero no es que no
los pueda romper yo, es que tampoco pueden otros países con muchos más
medios.
P. Hablando
de eficacia. ¿Se enteró previamente el Cesid de la crisis que se estaba
preparando en Venezuela?
R. Tuvimos
una información bastante buena. Se supone que iba a ser más tarde y todo se
precipitó. Aquello tuvo altos y bajos, ni los propios actores sabían cómo
iba a terminar. Que la situación se estaba degradando y se descontroló en un
momento determinado... Sí, estuvimos en condiciones de saberlo. Tenemos un
servicio que es bueno... en aquello de lo que sabemos.
P. El Cesid
ha desempeñado un papel en algunas de las últimas operaciones contra ETA.
R. Sí
[silencio].
P. Batasuna
¿es parte del entramado dirigido por ETA?
R. Alguien la
ha calificado de correa de transmisión. Desgraciadamente, está demostrando
que no tiene capacidad de decisión propia. Se limita a seguir instrucciones.
P. Su
ilegalización, supondrá que todo ese mundo va a sumergirse y será más
difícil saber lo que ocurre en su interior.
R. Se pueden
complicar algo las cosas. Pero las dificultades forman parte de nuestro
trabajo. Si no fuera difícil, disculpe la vanidad, lo haría cualquier otro.
El presidente del Gobierno ha dicho claramente que no es una cuestión de
oportunidad. La pregunta es si esa organización está o no apoyando
objetivamente la comisión de delitos. No se trata de perseguir ideas, sino
comportamientos.
P. Resulta
paradójico que se esté haciendo una ley con el objetivo expreso de
ilegalizar a Batasuna y que dos antecesores suyos, Calderón y Manglano,
vayan a sentarse en el banquillo por haber espiado su sede de Vitoria.
R. Como
director del servicio de inteligencia, no me cabe ninguna duda de la
relación de Batasuna con ETA. Todos los días tengo indicios de ello... otra
cosa diferente son las pruebas judiciales. Alguno que se reunía en aquella
sede de Batasuna está en la cárcel acusado de asesinato hoy en día... Allí
la gente no se reunía para jugar al parchís, desde luego. Yo no critico que
se hiciera, pero quizá se hizo mal, por dos razones: una, porque fue
descubierto. Otra, porque no se hizo con una cobertura legal que
probablemente se podía haber tenido. En fin... los tribunales decidirán.
P. No es ésa
la única herida abierta que deja el Cesid. Cinco agentes del centro están
pendientes de indulto para evitar su expulsión por el caso de las escuchas.
R. Yo fui
objeto de aquellas escuchas, no porque nadie se interesara por mí en aquel
momento, sino porque tuve una conversación con [el entonces ministro de
Exteriores] Fernández Ordóñez. Aquello estuvo mal, evidentemente. Pero,
dicho eso, a mí me gustaría empezar esta nueva etapa pasando página del
pasado.
P. Las leyes
del CNI han logrado un amplio consenso parlamentario. Pero el PNV, entre
otros, se ha opuesto, receloso de que el nuevo centro pueda tener a los
nacionalistas como objetivo.
R. Yo
quisiera tranquilizar al PNV. Ni es ni puede ser objetivo del Centro
Nacional de Inteligencia. El PNV es un partido democrático, cuyas ideas se
pueden no compartir, pero que tiene absoluta legitimidad para defenderlas. A
mí, los que me preocupan son quienes matan a otros porque no piensan como
ellos.
P. ¿Está
colaborando EE UU en la lucha contra ETA?
R. Sí, cada
vez más. El 11 de septiembre ha hecho que el terrorismo pase a primera fila
de preocupación, especialmente en Estados Unidos. Se han intensificado los
contactos y hay más colaboración en todos los ámbitos. En el terrorismo
internacional y en el nacional, porque el segundo no funciona sin conexiones
y complicidades en el exterior. La respuesta, sin entrar en detalles, es que
estamos satisfechos de cómo va esa colaboración.
P. El 11-S
evidenció gravísimos fallos de las poderosas agencias de inteligencia de EE
UU.
R. Todo el
mundo tiene que aprender de aquello. EE UU tenía una sensación de
invulnerabilidad y discutía sobre el escudo antimisiles mientras se le
colaba el terrorismo por la puerta trasera. Seguramente se estaban
utilizando medios muy sofisticados para vigilar a gente que a lo mejor se
pasaba los mensajes tomando té al salir de las mezquitas. Hay que
compatibilizar la sociedad de libertades, en la que tenemos la suerte de
vivir, con el necesario control de aquéllos que utilizan los resquicios que
ofrece esa sociedad para cometer actos delictivos. Lo que tenemos que evitar
es que la libertad sea la primera víctima, porque entonces el terrorismo
habrá ganado. Debemos ser conscientes de que somos vulnerables y no podemos
protegerlo todo permanentemente.
P. ¿Ha muerto
Bin Laden?
R. En contra
de lo que piensan algunos, yo creo que sigue vivo y que mantiene muchas
complicidades y apoyos.
P. A la vista
de las detenciones practicadas, parecería que España era la principal base
de Al Qaeda en Europa.
R. La base
más importante de Al Qaeda estaba en Londres, sin ninguna duda. Luego había
elementos en Alemania, Italia, Francia y España. Aquí han tenido apoyos: se
han falsificado documentos, cobijado a uno, sacado el billete a otro...
Tampoco han ido más allá, afortunadamente.
P. ¿Cuándo
regresará el embajador de Marruecos?
R.
[Carcajada] Esa pregunta no es para el director de un servicio de
inteligencia, sino para un profeta. No lo sé. Es una decisión que deberá
tomar Marruecos y espero que sea lo antes posible. Es un país al que le
tengo un enorme cariño y me duele lo que está pasando, porque creo que no va
en interés de Marruecos ni de España.
P. El pacto
con EE UU para integrar el Sáhara en Marruecos sin referéndum puede explicar
el disgusto de Rabat con España.
R. La falta
de satisfacción de Marruecos por la posición de España en el tema del Sáhara
ha tenido un papel en este desencuentro, pero España no ha cambiado su
posición en este tema...
P. Otros
países sí.
R. Algún otro
país efectivamente ha cambiado. La posición de España tiene que ver también
con nuestro pasado y nuestra relación con ese problema. Estamos deseando que
haya una solución. A veces, los marroquíes piensan que España no desea que
se solucione el problema del Sáhara porque entonces Marruecos tendría las
manos libres para plantear otros problemas. Es una sandez.
P. El
embajador estuvo a punto de volver a Madrid...
R. ... yo
creo que en varias ocasiones.
P. ¿Debe
interesarse el CNI por los sermones que se pronuncian en las mezquitas
españolas?
R. Se
interesa. Es algo que seguimos con atención. En algún caso hay discursos muy
intransigentes que incitan a la violencia y eso plantea un problema de
seguridad. Además, las mezquitas son un campo de información privilegiada
por parte de terceros países, que intentan hacerse con las mezquitas para
controlar las colonias de inmigrantes de algunas nacionalidades. Sabemos
quiénes son más agresivos y quiénes más religiosos. O los que interfieren en
temas políticos, que también los hay. Lo que ha pasado en Francia es serio.
La relación entre los brotes de xenofobia y los intentos de manipular la
inmigración en beneficio propio por parte de algunos grupúsculos de extrema
derecha nos debe preocupar. En este asunto tendremos que poner cada vez más
interés.
P. En el
tiempo que lleva en este despacho, ¿nadie ha venido a contarle un chisme de
faldas?
R. No. Una de
las primeras cosas que dije al llegar aquí es que no quería ni un solo
chisme. Y quienes me rodean lo han cumplido. Todo el mundo debe tener muy
claro que nada puede interesarnos menos que los devaneos sentimentales de
nadie. Ni chismes, ni cotilleos, ni verdades a medias ni verdades completas.
No me interesan y punto. Igual que no me interesó el viaje de Felipe
González a Marruecos. El Cesid no tuvo nada que ver ni antes, ni durante, ni
después. Y la gente que piense que nos dedicamos...
P. ¿No le
hubiera importando comparecer ante el Congreso como pidió el PSOE?
R. En
absoluto. ¿Por qué? No tengo nada que ocultar. Cuando era embajador en
Marruecos, a Felipe González lo recibía cada dos meses. A veces comía con él
y a veces no; y a veces le gestionaba una audiencia con el Rey y a veces no.
No pasaba nada. Lo que haga Felipe González no le importa al servicio de
inteligencia de España.
P. ¿Podemos
hablar por teléfono y estar seguros de que sólo nuestro interlocutor nos
escucha?
R. Por parte
del CNI, sí. Pero conviene saber que el teléfono, el FAX o Internet son
sistemas de comunicación tremendamente vulnerables. En España hay nula
conciencia de ello. Aquí la gente habla por teléfono con enorme frivolidad.
Y eso tiene consecuencias. Como embajador en Marruecos, acompañé en alguna
ocasión a un empresario español a una licitación importante y me encontré
con que la competencia, muchas veces de un país amigo y aliado, conocía
perfectamente nuestras condiciones. Lo que pasó es que el empresario hablaba
abiertamente por teléfono con su central en España y eso se captaba desde
otra capital europea. Todo lo que está por ahí arriba [señala con el dedo
hacia el firmamento donde orbitan los satélites] hay gente que lo está
escuchando.