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Jeff, el asesor

Hay que aceptar la fase recesiva que

atravesamos y prepararnos para crecer

en forma sostenida cuando ésta

termine. Un diálogo entre el famoso

economista y nuestra Ministra de Comercio Exterior.

Jeffrey Sachs sigue retando la sabiduría convencional con sus

ideas sobre manejo económico. Fue el primer analista que

cuestionó abiertamente el manejo que el Fondo Monetario

Internacional le dio a la crisis asiática. Sus posiciones sobre tasa

de cambio en países en desarrollo, que hace dos años eran

anatema en los medios ortodoxos, han sido validadas por los

acontecimientos. Hoy los países, y también el propio Banco

Mundial, entienden que para manejar la tasa de cambio hay muchas

posibilidades, aparte de mantener una estabilidad artificial frente al

dólar.

Dinero tuvo la fortuna de presenciar a Sachs generando ideas y

elaborando planteamientos sobre el futuro de Colombia, en un

intenso diálogo que mantuvo con Martha Lucía Ramírez, su alumna

en Harvard y Ministra de Comercio Exterior de Colombia, cuando

Sachs vino a Bogotá a participar en el foro organizado por Portafolio

y El Tiempo en la primera semana de mayo. En esta nota

reportamos los apartes más destacados de este diálogo de políticas

entre la Ministra y Jeffrey Sachs.

La visión macro

Martha Lucía Ramírez: El gobierno se ha propuesto la meta de

duplicar las exportaciones en sus cuatro años. Pero nos estamos

chocando con una situación muy difícil a corto plazo. Algunos

empresarios e incluso algunos miembros del gobierno han

comenzado a dudar del propósito. ¿Qué cree que debamos hacer?

Jeffrey Sachs: Colombia se encuentra en la parte baja de un ciclo

de crédito, en la cual -después de un boom que terminó hace un par

de años- ha registrado una caída precipitada. Forma parte de un

ciclo mundial, cuyos efectos tocan a América Latina y a Asia. Los

precios de los productos de exportación están bajos, la recesión es

rampante y las cuentas financieras y fiscales están exhaustas. No

creo que haya mucho qué hacer al respecto. El año 99 es y será de

recesión para Colombia, por la situación de la economía mundial y

por el pasado reciente del país. Lo que le recomiendo es no

pretender resolver el problema en el mes siguiente, porque no es

posible. La primera regla en materia de exportaciones es ésta:

piense a largo plazo.

MLR: Pero, ¿qué posibilidades encuentra en el corto plazo para la

economía?

JS: Las mayores posibilidades están en la movilización de la

demanda interna mediante las políticas monetaria y cambiaria. Las

tasas de interés han bajado desde mi última visita, pero no tanto

como se requiere. El hecho de que la tasa de cambio haya

permanecido estable en los últimos meses indica que hay

posibilidades de seguir empujando hacia abajo los intereses, hasta

llegar a pocos puntos por encima de la inflación. Hay espacio. Pero

no hay que olvidar que la tasa de cambio no está en un buen nivel.

Si las exportaciones están tan débiles, esto es una señal de

debilidad cambiaria. Una mayor depreciación tendría sentido.

MLR: Pero la junta del Banco

de la República se ha

comprometido con la

defensa de la banda

cambiaria actual.

JS: La experiencia me ha

llevado a convencerme de la

bondad de las tasas de

cambio flexibles. La

flexibilidad cambiaria es lo

mejor. No me parece tan

importante la forma como se

logre esta flexibilidad: puede

ser flotando o mediante una

banda que cambie. La banda

no debería existir en su

forma actual. Yo preferiría

una banda mucho más

amplia, siempre y cuando el

gobierno la respalde con

políticas macro -fiscal,

monetaria y de capitales-

que eviten la revaluación.

Cuando Sachs habla, el Gobierno de

Pastrana lo escucha.

 

El mensaje sobre integración que

recibió la ministra Ramírez fue muy

sugestivo: ¿por qué no promover una

moneda común?

 

MLR: ¿No cree que es el momento de dar mayor soporte a los

empresarios con una reducción de impuestos?

JS: No tienen mucho campo de maniobra en materia fiscal, porque

el déficit ya es muy alto. No recomendaría aumentar el déficit con

políticas keynesianas, pero tampoco hacer un esfuerzo heroico por

disminuirlo rápidamente. Me aseguraría, en todo caso, de que el

déficit se cierre en el mediano plazo. La reducción generalizada de

impuestos no me gusta, y menos si fuese al consumo. Lo único que

se justifica plenamente son los menores impuestos para inversiones

verdaderamente nuevas.

La visión del comercio

MLR: Nos hemos propuesto darle dinamismo a la integración, pero

creo que no es buena la política tradicional de concentrarnos en el

mercado andino. ¿No cree que el foco debe estar concentrado en

mercados como el europeo, el norteamericano y el asiático?

JS: En general, yo creo en los procesos de expansión del comercio.

Aunque su punto de vista es correcto, déjeme plantearle dos

inquietudes. Primera, intégrese una vez logre una buena tasa de

cambio. Una tasa de cambio competitiva es clave para que la

integración sea sostenible. Segundo, hay que buscar maneras de

estabilizar la política económica de toda la región. Les va a quedar

difícil recuperarse sin la ayuda de los países andinos.

MLR: Creo que el proceso de integración andino tiene fallas de

diseño: hay demasiadas diferencias entre los países y sus

compromisos con el proceso se han hecho muy frágiles, lo cual ha

minado la credibilidad. Perú tendrá que enfrentar esta situación,

ahora que va a presidir la comisión.

JS: La credibilidad no es buena ahora, porque los países

individualmente no están en buena situación, pues afrontan

problemas similares. La pregunta básica para la integración no

puede olvidarse: cuáles son las áreas donde se puede dar

integración y dónde hay algo por hacer. La idea de un mercado

andino protegido no tiene mucho sentido, porque el mercado es muy

pequeño. Le recomiendo seguir una estrategia de integración

abierta, con una posición externa común favorable.

Si hubiera metas comunes y estrategias generales coherentes, los

países andinos se ayudarían mutuamente a mantenerse alineados

en la economía global y frente al proceso político. Ayudar a

mantener a Venezuela es una dirección sensata y estabilizar la

situación de Ecuador sería interesante. Estos son mercados

naturales muy importantes para Colombia. Le recomiendo ponerse a

la tarea de construir acuerdos binacionales en materia macro para

evitar un desastre en cualquiera de esos países. La región necesita

un proceso de integración más firme, con reuniones periódicas de

coordinación macroeconómica.

MLR: ¿Y qué hacer mientras tanto con la inestabilidad que se deriva

de los movimientos cambiarios de los vecinos?

JS: Qué tal explorar esta idea: no me atrae particularmente la

propuesta de dolarización de estas economías, porque se pierde

capacidad de ajuste frente a los choques externos. Me gusta la

flexibilidad. Pero la convergencia podría fortalecerse mucho si los

países andinos buscaran la adopción de una moneda común, que

fuera flexible a su vez frente a las otras monedas. Plantear este

tema de diálogo sería una muy buena forma de agilizar las

discusiones.

"Antes de avanzar hacia la integración,

hay que lograr una tasa de cambio

competitiva".

 

MLR: Pero si no logramos negociar bien, corremos el riesgo de

ceder nuestras ventajas a países más competitivos, como Brasil,

que tienen un mercado mayor y han estado mejor respaldados por

su propio gobierno. ¿Qué opina del proceso de integración con el

resto del continente?

 

 

JS: Mercosur es un mercado muy grande y Colombia se beneficiaría

de él. En cada sector hay espacio para la especialización de firmas

colombianas y brasileñas y pueden crearse nichos, aun en el

mismo mercado. Veo grandes posibilidades en textiles, químicos y

automotores. Ninguna de las dos economías es tan fuerte como

para agotar el mercado para los bienes en ambas. La integración

deberá llevar a líneas de producción más largas, productos más

especializados y gran variedad de áreas, sin riesgo de cerrar la

industria. Hay ramas industriales colombianas que serán

competitivas en el mercado brasileño, y ramas brasileñas

competitivas en el colombiano. Yo creo que hay que mirar a

Suramérica.

Dinero: Pero la ministra no puede mirar a todas partes a la vez,

porque su tiempo y esfuerzo tienen límites. ¿No sería mejor

concentrar más la atención, ahora que estamos en un punto alto de

nuestra relación diplomática, en el acceso preferencial al mercado

de Estados Unidos?

JS: Colombia, infortunadamente, no está en el punto más alto para

ningún país. El presidente Pastrana y su gobierno son aceptados en

Estados Unidos, con un evidente alivio frente a los años anteriores.

Pero Colombia no clasifica de primera en las prioridades de Estados

Unidos y no tendrá tratamiento especial.

MLR: Volvamos a la promoción de

exportaciones. ¿Cuáles son las

principales lecciones que usted ha

sacado de la experiencia?

JS: Puedo sintetizar mis

recomendaciones en cinco reglas

básicas. La primera es construir una

visión de país a 5 ó 10 años. Veo

muy fraccionada esta discusión en

Colombia y muy alejados al

gobierno, a los empresarios y a los

académicos. Esta visión de país no

puede construirse sino

colectivamente, mediante muchas

discusiones.

"Colombia tiene que diversificar.

El café y el petróleo no pueden ser la

única base para el desarrollo de

largo plazo"

 

La segunda es que la esencia de la promoción de exportaciones

consiste en promover y proteger la rentabilidad de las

exportaciones, y para ello una tasa de cambio competitiva es

esencial. En América Latina, encuentro que las percepciones están

al revés: las monedas fuertes se perciben como buenas y las

monedas débiles como malas. En sana lógica debería ser al

contrario. Esto es particularmente relevante para la experiencia

colombiana. La exportación de manufacturas ha sido duramente

golpeada por la tasa de cambio. Cuando se han propuesto

promoverlas, ustedes no han logrado persistir, no han hecho

compromisos de largo plazo y han terminado matando el sector.

Cada vez que se comienza, la tasa de cambio se aprecia, ya sea

por el boom del café o del petróleo, o por políticas fiscales y

monetarias inadecuadas. La revaluación de la moneda le causa el

mayor daño a la promoción de exportaciones y Colombia lleva casi

una década revaluada. No olviden esto.

Dinero: Pero en Colombia, la Ministra de Comercio Exterior no es la

que controla la tasa de cambio.

JS: Uno de los problemas del mundo en desarrollo es que los

programas de desarrollo son creados por los ministros de Finanzas.

Así, cuando el FMI se apropió del desarrollo internacional, éste se

paró, porque no se puede tener desarrollo simplemente sobre una

estabilidad macro a corto plazo. Esta no es la base de desarrollo.

La tercera regla básica es hacer énfasis en la diversificación de las

exportaciones. Las exportaciones de bienes básicos, como el café,

el petróleo o el carbón, no pueden ser la base para un desarrollo

sostenible, porque su comercio no es muy dinámico. Además,

ustedes tendrán inexorablemente un descenso de las exportaciones

de petróleo, pues las nuevas exploraciones serán más costosas y

los retornos no serán tan altos. La fortaleza de la economía

colombiana proviene de la multitud de productos para exportación.

Ustedes son el tercer país latinoamericano con mayor base

industrial, sólo después de Brasil y México. Son el centro

manufacturero de la región andina. Cuando miro sus estadísticas,

confirmo mi optimismo sobre esta economía.

Sobre esto deben construir su futuro y aquí resulta, sin duda, más

fácil que en el resto del continente.

La cuarta regla es que la promoción de exportaciones

requiere una política activa. Los incentivos de mercado son

esenciales, pero distan de ser suficientes. Todos los

países que han sido exitosos han tenido a sus gobiernos

involucrados activamente. Hay que identificar los sectores

claves de exportación y diseñar estrategias específicas

para decisiones concretas. Hay que promover muy activamente la

inversión extranjera directa y las alianzas con firmas que sean las

primeras en el mundo en sus campos.

MLR: Algunos opinan que la economía en Colombia se debe

manejar de una manera más ortodoxa y que debemos esperar a

tener la economía ordenada para poder empujar algunos sectores

económicos.

JS: No lean equivocadamente la experiencia internacional.

Los países más ortodoxos del mundo siempre se han

involucrado activamente en la promoción del desarrollo

productivo. El aumento de la productividad y el avance

tecnológico estadounidense, por ejemplo, provienen de la

investigación, y el gobierno de Estados Unidos le dedica muchos

fondos a ello. Precisamente, ésa es la quinta regla. Promover

fuertemente la investigación y los vínculos estrechos entre las

empresas y las universidades para el desarrollo del conocimiento.

Por último, yo entiendo el desarrollo como la aplicación sistemática

del conocimiento para atender las necesidades humanas. Y la

investigación tiene un papel primordial.

"Lo más importante es una política de

tecnología informática coherente. ¿La

tiene el gobierno?".

 

Política industrial

MLR: ¿Y cómo, dentro de la ortodoxia, encuentra usted campo para

una política industrial moderna? ¿No será que, como en los

acuerdos argentinos sobre la industria automotriz, pueden

promoverse más activamente unos sectores, como la cadena de

textiles y confecciones y otros?

JS: La idea que encuentro entre los economistas colombianos

respecto a que todo lo genera el mercado no tiene sentido. Una

política de desarrollo requiere la selección cuidadosa de sectores

con potencial -yo creería, por ejemplo, en las posibilidades de la

industria química en Colombia- con medidas específicas que los

apoyen con una perspectiva de largo plazo.

Déjeme sugerirle dos temas adicionales de una política industrial

moderna. La primera es la diversificación regional del aparato

productivo. Sus costas, en especial la Atlántica, tienen enormes

posibilidades en el turismo y en el transporte. Pero también en el

desarrollo productivo. Es una frontera muy importante para su

economía, y ustedes tienen que explotar las ventajas de su

geografía más activamente.

La segunda, permítame insistir, es la tecnología. En los próximos

años ustedes no van a requerir solamente manufactura, sino

tecnología. ¿Tiene el gobierno una política de tecnología informática

coherente? ¿Hay acaso una política que asegure que los colegios

estén al tanto de los avances más recientes, que estén conectados

en línea, que Colombia tenga una industria de software importante?

Todo está interrelacionado. Para participar de la cadena de oferta

global y de las inversiones internacionales, ustedes deben priorizar.

Para esto se necesita una política gubernamental: que las

universidades tengan buenos departamentos de investigación, que

los colegios sean modernos, que produzcan software para

exportación. Colombia podría ser líder, ustedes podrían ser

proveedores de software en lengua española para toda la región.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Javier Fernández Riva

La trampa de liquidez

La baja de las tasas de interés podría no ser

suficiente para inducir una recuperación debido al

temor de un nuevo disparo por la defensa de la banda

cambiaria.

Las condiciones objetivas para la recuperación económica

continuaron mejorando en las últimas semanas. La más importante

fue la gran reducción de las tasas de interés. Descontada la

inflación, la tasa promedio sobre los depósitos a 90 días ya está

cerca del 5%, un nivel a partir del cual suele detenerse, por lo

menos, la caída de la producción. Por otro lado, desde hace casi un

mes el dólar se situó firmemente por arriba del punto medio de la

banda cambiaria, corrigiendo la revaluación nominal de los primeros

meses de 1999. Y para completar Fogafin acaba de anunciar un

programa de rescate financiero que, sin ser ambicioso, parece tener

por lo menos la capacidad para limitar la crisis financiera.

Las tasas reales sobre depósitos están

en el 5% real. Con ese nivel, la economía

debería empezar a repuntar.

 

Como no creo que un comentarista económico sea útil a sus

lectores sacrificando la objetividad para sumarse al coro de los

optimistas de oficio, quiero precisar que la economía sigue muy

debilitada, que no es cierto que ya se haya iniciado la recuperación

y que los riesgos de una peligrosa recaída distan de haber

desaparecido. Más todavía: han surgido nuevas complicaciones

como las infortunadas tensiones con nuestros principales vecinos y

socios comerciales y la inminente alza de las tasas de interés en

dólares, que para Colombia implicará una pérdida de ingreso

nacional por el mayor costo de la deuda externa.

Cada uno de los numerosos obstáculos a la recuperación,

comenzando por la delicada salud del sector financiero, puede

documentarse en forma amplia. En cambio, de las presuntas

señales de recuperación económica no veo más que las ganas. Mi

propia expectativa de que las cosas van a mejorar en el segundo

semestre se basa en análisis económico, no en estadísticas.

Sé que vengo con esta cantaleta desde hace rato, pero quisiera

repetirla una vez más antes de pasar a examinar las cosas desde

un nuevo ángulo. La causa inmediata del desastre económico de los

últimos nueve meses fue el brutal aumento de las tasas reales de

interés y no porque la economía colombiana sea demasiado

vulnerable, sino porque semejante bomba financiera habría causado

estragos en cualquier país del mundo. Por la misma razón, la

principal fuerza detrás de la recuperación esperada será el

descenso de las tasas, sin que ello implique desconocer que

algunos daños causados por la bomba tardarán bastante en ser

reparados.

Dentro de poco, muchos deudores individuales y empresariales

sentirán que, después de atender sus créditos, les queda un poco

más para gastar o invertir, al menos en comparación con los últimos

nueve meses. Sobre una cartera neta de unos $50 billones, una baja

de 10 puntos en las tasas reales de interés, como la observada

desde noviembre, representaría en un año $5 billones, una suma

que equivale al triple de la inversión efectiva del Gobierno Nacional

programada para 1999.

Por supuesto, no todo es ganancia, puesto que la baja de las tasas

de interés de los depósitos implica una pérdida para los rentistas.

Pero está ampliamente confirmado que, al menos en Colombia, el

efecto neto de una baja de las tasas de interés es estimulante para

la demanda global.

Sin embargo, algunos de los más atractivos efectos de tasas de

interés bajas dependen no sólo de su nivel sino de las expectativas

sobre los niveles futuros. A medida que las tasas descienden, más

y más personas consideran la posibilidad de adquirir propiedad raíz

y más y más empresas están dispuestas a examinar posibilidades

de inversión. Cuando se alcanzan niveles verdaderamente bajos, y

con la condición de que esos niveles se estimen duraderos, se

puede volver irresistible la virtuosa tentación a invertir.

Pero en ese momento, las expectativas juegan un papel crítico. Por

ejemplo, una expectativa de que las tasas de interés seguirán bajas

favorecerá la compra de propiedad raíz, no sólo por el menor costo

financiero sino porque hasta los inversionistas menos sofisticados

intuyen que en ese entorno es más probable que la propiedad raíz

se vuelva a valorizar y resulte una inversión rentable. Y cuando un

número suficiente de inversionistas opta por esa vía el mercado la

validará, lo que implica frenar la peligrosa deflación de la propiedad

raíz e iniciar el proceso de recuperación de los deudores

hipotecarios y de sus prestamistas.

En cambio, si la misma situación de bajas tasas de interés se

percibe como efímera y se estima probable un nuevo salto, la

economía puede caer en la "trampa de liquidez" de que habló hace

décadas un famoso economista para referirse a la impotencia de

una política monetaria reactivadora: en lugar de aprovechar las bajas

tasas para invertir en activos (propiedad raíz, acciones, etc.), el

público opta por mantenerse líquido esperando aprovechar el

próximo salto de las tasas. En ese caso, bajas tasas de interés no

inducirán una recuperación económica.

Una situación como la descrita puede ser grave o no serlo,

dependiendo de si uno cuenta con otros instrumentos para salir del

atolladero. Aquí y ahora, cuando nuestras exportaciones se están

desplomando y cuando el Gobierno tiene las manos atadas para

invertir debido al déficit fiscal, una trampa de liquidez que tornaría

impotente la política monetaria, sería sencillamente fatal.

Ahora bien, en medio de una recesión, de una sólida baja de la

inflación y cuando el Gobierno está comprometido con la corrección

del déficit fiscal, la única razón que tiene el público para temer un

salto de las tasas de interés es que todavía le arde la operación

que, sin anestesia, la autoridad monetaria le hizo hace menos de

nueve meses. Y como el Banco de la República no ha modificado

su política, nadie puede descartar que, si el dólar vuelve a subir

hasta el techo de la banda, la autoridad monetaria no responderá de

la misma manera, "salvando" nuevamente al país con tasas de

interés de usura.

Es mejor dejar las cosas claras. La banda cambiaria, que hoy luce

tan inocente, no sólo fue la directa culpable del monstruoso salto de

las tasas de interés en 1998 sino que hoy es lo único que impide

que el Banco de la República se comprometa con tasas de interés

bajas, aunque el Gobierno haga su parte y reduzca el déficit fiscal.

Mejor dicho, la banda es la responsable de la lastimosa trampa de

liquidez en que estamos entrando, que prolongará más de la cuenta

la recesión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jeffrey Sachs

La culpa es de Basilea

En el fondo, los culpables de la crisis mundial son

los países desarrollados.

Una de las lecciones más repetidas en la política pública es la Ley

de las Consecuencias no Planeadas. Una política se establece para

solucionar un problema, pero algunas veces puede ser peor el

remedio que la enfermedad. La experiencia más cercana fue la

crisis financiera en Asia, Europa Oriental y América Latina que

aparecen como casos clásicos de las llamadas Consecuencias no

Planeadas. Aunque han responsabilizado por la crisis a la falta de

gestión y manejo de los gobiernos en el mundo en desarrollo,

parece que los verdaderos responsables de todo son los países del

primer mundo.

Aunque los culpables están en

Washington y en Basilea, las víctimas de

la crisis siguen recibiendo "palo" como

los responsables.

 

Para ser más precisos: lo que ocurrió es que las regulaciones

bancarias en los países desarrollados precipitaron la crisis

financiera de las economías emergentes.

La esencia de la reciente crisis se explica por el flujo de préstamos

bancarios a los mercados emergentes entre los años 1993 y 1996 y

por el hecho de que luego esos mismos capitales se "fugaron" de

1997 en adelante. Países como Indonesia, Corea, Tailandia, en Asia

del Este o Brasil y Perú, en América Latina tuvieron la opción de

pedir prestado en condiciones muy atractivas durante los primeros

años de esta década, pero luego enfrentaron el pánico de esos

prestamistas que retiraron los recursos y cortaron la financiación en

el curso de los últimos tres años. Lo opuesto de los préstamos

bancarios son el vértigo y la vacilación. De acuerdo con información

del banco JP Morgan, la banca internacional les entregó a los 25

principales mercados emergentes cerca de US$100.000 millones en

préstamos netos (valor de los créditos menos los repagos) en 1995,

US$121.000 millones en 1996 y US$46.000 millones en 1997 y

luego demandaron repagos netos de US$95.000 millones en 1998.

En Asia emergente, el cambio brusco fue el peor: de préstamos de

US$81.000 millones en 1996 se pasó a repagos netos por

US$84.000 millones en 1998.

Si miramos las causas estructurales del problema, encontramos

que las grandes fugas de capital se produjeron por dos factores

relacionados: el primero es que gran parte de los préstamos

internacionales eran de corto plazo. Por ejemplo, cerca de las dos

terceras partes de los recursos de crédito que entraron a Asia

fueron préstamos a menos de un año y con frecuencia el plazo era

de menos de un mes. El segundo punto es que los bancos entraron

en pánico en 1997: decidieron que tenían que salirse de los

mercados emergentes porque todos los demás lo estaban haciendo

y nadie quería ser el último en salir. Sabían que los países iban a

entrar en una situación de insolvencia en el momento en que todos

trataran de salirse al mismo tiempo. Lo malo es que, como los

préstamos eran mayoritariamente de corto plazo, todos los bancos

estaban en capacidad de "volar" muy rápidamente.

¿Por qué los préstamos eran tan de corto plazo y, por ende, los

bancos tan propensos al pánico? Aquí es donde las Consecuencias

no Planeadas jugaron un papel crítico. Bajo las regulaciones

bancarias internacionales, dictadas por el BIS (Bank for International

Settlements) con sede en Basilea (Suiza), los bancos tienen que

mantener un nivel de capital adecuado: los activos de un banco

(principalmente préstamos) no pueden ser más de 12,5 veces el

capital. Sin embargo, por la forma como los activos se contabilizan,

las regulaciones permiten que los bancos presten a otros bancos

cuatro veces más al corto que al largo plazo. Es decir, el sistema

mundial favorece el préstamo de corto plazo y desestimula cualquier

negociación de largo plazo. Estas regulaciones parecen tener

sentido para un banco individual. Los préstamos de corto plazo

entre bancos son mucho menos riesgosos que los de largo plazo.

Pero cuando todo el sistema internacional está enredado con el

exceso de crédito de corto plazo, la economía mundial queda sujeta

al pánico financiero. De esta manera, lo que tiene sentido para un

banco, para el sistema mundial en su conjunto es muy riesgoso.

Cuando estalló la crisis financiera de Asia, a mediados de 1997, los

países desarrollados y el Fondo Monetario Internacional (FMI)

estaban listos para responsabilizar a las víctimas, los países

acreedores. Dijeron que los países tuvieron un comportamiento

inadecuado, cuando el verdadero problema era que el sistema

internacional había creado un "castillo de naipes" en el que la

montaña de préstamos interbancarios de corto plazo se derrumbó

súbitamente, causando el colapso en los países deudores. Aún hoy

por hoy subsiste el sesgo por el crédito de corto plazo y el tema no

ha sido resuelto ni tratado por las autoridades en Washington o en

Basilea y las víctimas de la crisis siguen recibiendo "palo" como los

únicos responsables.

Unas palabras finales para las víctimas: aun antes de que el

sistema internacional se arregle, una medida de autoayuda es

posible. Los países deben limitar su exposición a los préstamos

internacionales de corto plazo y así ser menos vulnerables a los

súbitos y salvajes cambios del capital internacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una salida para la banca

Por fin, el gobierno sacó un salvavidas para las entidades

financieras.Ahora, la pregunta es cuántas y cuáles harán

uso de él.

Seis meses después de la declaratoria de una emergencia

económica para controlar la crisis financiera, el Fondo de Garantías

de Instituciones Financieras (Fogafin) ha diseñado el plan de

acción para atacar el corazón del problema: el exceso de activos

improductivos en los balances de las entidades financieras y la

deficiente capitalización de éstas. El mecanismo que se va a

utilizar es una línea de crédito a la cual tendrán acceso todas las

entidades que lo soliciten y cumplan los requisitos. Fogafin calcula

que sus recursos van a financiar cerca del 70% del monto

necesario para la capitalización de nuestro sistema financiero.

Esta es la última línea de defensa para evitar los peores efectos de

la crisis financiera. Si el plan funciona, se frenará el deterioro

patrimonial del sector, la oferta de crédito volverá gradualmente a la

normalidad (aunque algunas entidades desaparezcan, el sistema

seguirá cumpliendo su misión) y será posible atender la demanda

de crédito que vendrá cuando la economía se recupere. Si no

funciona, los peores efectos de la crisis financiera se harán

realidad y la recuperación de la economía se quedará entre el

tintero.

La línea

Si bien los detalles de la línea de crédito pueden resultar

complicados, la idea central es sencilla. Muchas entidades

financieras llevan una carga de activos improductivos superior a la

que pueden soportar. Lo mejor que podrían hacer las entidades es

salir de esos activos improductivos, pero no les queda fácil. Una

buena proporción de ellos todavía figura como activos productivos

en el balance, pues si fueran registrados a su valor real, habría que

asumir una pérdida. En muchos casos, el patrimonio quedaría tan

pequeño que las entidades incumplirían las normas de solvencia de

la Superintendencia Bancaria. Y habría que intervenirlas.

Aquí entra Fogafin. El propósito de la línea de crédito es prestar a

las entidades una porción de la plata que les falta para poder

recapitalizarse, cuando reconozcan el valor real de los activos

improductivos. El mecanismo escogido consiste en dividir a cada

entidad en un "banco bueno" y un "banco malo". El banco malo se

convierte en un patrimonio autónomo, administrado por una fiducia,

en el que se concentran todos los activos improductivos. La única

misión de la fiducia es liquidarlos en el mercado. El banco bueno

se queda con los activos productivos, se capitaliza con recursos de

los accionistas y de Fogafin, y vuelve a tener una actividad normal.

Fogafin ha estimado el costo de saneamiento del sector financiero

en $7,4 billones, de los cuales $3,8 billones irían a los bancos del

sector privado, $3,3 billones al oficial y $300.000 millones al

cooperativo. En los bancos privados, la capitalización se hará en

un 60% con recursos de Fogafin y en un 40% con recursos propios

de los accionistas. En las CAV, la participación de Fogafin es

mayor. Las provisiones sobre activos improductivos que exige la

ley a las CAV son menores que en los bancos, de modo que la

pérdida que reconocerán es proporcionalmente mayor. Además,

tienen una relación de solvencia más baja que la de los bancos.

Por estos motivos, sus necesidades de capital son

proporcionalmente mayores que las de los bancos.

En el plan, los accionistas de las entidades tienen que aportar el

capital que se necesita para llevar a cero la relación de solvencia,

una vez que han reconocido los activos improductivos. Fogafin les

prestará lo que se necesite para llevar la relación de solvencia

desde 0 hasta 10%, que es la proporción necesaria para funcionar

normalmente.

 

 

Quiénes van a jugar

Fogafin apoyará sólo a quienes cumplan unos requisitos estrictos

para el acceso. El Fondo prestará $2 billones al DTF + 2. La idea

es que sean usados por quienes los necesitan y no por bancos

sanos que quieran hacerse a recursos baratos. Las condiciones

son exigentes y difíciles de tragar para los administradores de

cualquier entidad.

La primera condición es sincerarse: quienes aspiren a un crédito

tienen que aclararle a Fogafin el verdadero monto de sus activos

improductivos, es decir, tienen que reconocer que su banco no era

tan bueno como habían dicho hasta ahora.

La segunda condición es aceptar

una auditoría exhaustiva, realizada

por entidades especializadas, en

la cual se someten a una prueba

ácida toda la cartera y los activos.

La experiencia internacional

enseña que hay que esperar

grandes montos de cartera mal

clasificada y que es indispensable

que un agente externo examine

rigurosamente los libros.

Jorge Castellanos, director de

Fogafin, estableció la línea de crédito

para las entidades financieras.

 

Como tercer requisito, los accionistas tienen que entregar en

garantía el 78% de los derechos políticos de la entidad sana, lo

que significa que perderían el control si no pagan. Por cada peso

que reciban, deberán entregar $1,33 en acciones como garantía.

El cuarto requisito es el establecimiento de una oficina de control

interno en la entidad, que hará seguimiento a un convenio de

desempeño pactado con Fogafin. El convenio busca garantizar la

solidez de la entidad, asegurar que los recursos se destinen a

reestructuraciones y nuevos créditos, que no se otorguen créditos

a vinculados y que los dividendos se usen para pagar a Fondo.

Se estima que 5 ó 6 bancos, los que actualmente están

discutiendo provisiones sobre sus balances de diciembre, buscarán

el acceso a la línea de crédito en el muy corto plazo. Respecto a

los bancos grandes, pocos esperan que acudan a estas líneas de

financiamiento, aunque no se descarta esta posibilidad.

 

 

El desenlace

La línea de crédito parece bien pensada en sus elementos

fundamentales y ofrece una propuesta concreta tras seis meses de

incertidumbre. Este hecho debe ser bienvenido. No había manera

ya de gastar más tiempo en el diseño de opciones.

De todas formas, el esquema suscita interrogantes. El mayor de

todos es qué va a ocurrir con los bancos públicos. El Gobierno

debe asumir el problema de los bancos oficiales. Pero no se ha

aclarado de dónde va a salir el espacio fiscal para acomodar el

costo que esto implica, que según el propio Fogafin es de $3,3

billones.

Requerimientos de capital

Necesidades totales

$7,4 billones

Banca privada

$3,8 billones

Bancos

$2,1 billones

CAV

$1,1 billones

Corp. fin.

$0,47 billones

Banca pública

$3,3 billones

Cooperativas

$0,3 billones

 

 

¿Son suficientes los recursos de la línea? El Fondo cree que se

necesitan $7,4 billones para recuperar la solvencia del sistema.

Dinero estima (ver edición 82) que en este momento la suma se

acerca a $9,5 billones. No hace falta profundizar en esa discusión,

pero hay que tener en cuenta que el debate está abierto.

Los recursos podrían resultar insuficientes también por causa de

un exceso de demanda. La tasa de interés de DTF + 2 es atractiva

ahora, pero se volvería irresistible si la tendencia a la baja de las

tasas se revirtiera en el futuro. El sistema podría embotellarse y

habría que conseguir recursos nuevos, provenientes de un crédito

externo.

Por último, el gobierno no debe perder de vista que habrá bancos

que no entrarán en la línea de crédito, porque están sanos después

de castigar los activos improductivos y mantienen un nivel de

solvencia superior al 10%. Ellos quedan marginados de esta

solución y seguirán pidiendo fórmulas que se adapten a su caso,

como la capitalización de deudas y la flexibilización de las normas

sobre provisiones.

El plan tiene varias implicaciones para los negocios. Los bienes

recibidos en pago comenzarán a crecer porque, al contrario de lo

que ocurre ahora, a las entidades les resultará conveniente

recibirlos (mayores activos improductivos representan mayor

crédito de Fogafin). El aumento del stock de estos bienes genera

una gran oportunidad para el surgimiento de las sociedades

colectoras de activos. Es probable que capitales privados

nacionales y extranjeros se le midan a crear entidades de este

tipo.

Finalmente, el "sinceramiento" de los balances tendrá también

consecuencias para el sector real. Una de las más importantes es

que los bancos que venían haciendo refinanciaciones a empresas

inviables tan sólo para evitar castigar los balances, dejarán de

hacerlo. En muchos casos, eso representará el cierre del acceso

al crédito de esas empresas y su probable quiebra. El gobierno

debe prepararse para manejar este problema, que podría adquirir

grandes dimensiones. Independientemente de la forma como lo

haga, no tendría justificación mostrarse sorprendido cuando esto

ocurra.

"Necesitan plata

nueva y gente

nueva"

Steve Weinsbroad, experto internacional en

crisis financieras, habló con Dinero sobre lo que la

experiencia mundial puede enseñarle a Colombia para

superar el mal momento del sistema bancario.

¿Qué opina del esquema de recuperación financiera que se acaba

de aprobar en Colombia?

Pienso que el esquema está bien diseñado, pero me preocupan

dos puntos. Primero, muchos bancos no van a querer meterse en

el juego. De éstos, algunos son viables y podrán sobrevivir, pero

otros no. Entonces, ¿qué podría pasar si alguno de los que no jugó

llega a fallar? ¿Cómo podría controlarse eso?

Segundo, no veo muy clara la manera en que se le va a dar liquidez

al esquema, pues no es evidente que esté entrando plata nueva.

Esto es algo fundamental. Cuando se invierte en recuperar al

sector financiero, es muy importante que el resultado final sea un

sector verdaderamente renovado, sin las mañas de pasado. Para

esto se requieren recursos nuevos y gente nueva. El esquema de

una élite que le presta únicamente a miembros de esa misma élite

tiene que desaparecer. El ejemplo es Chile, donde los recursos

nuevos que lograron atraer tras la crisis de los 80 fueron usados

para el desarrollo del sector exportador.

¿Usted ve una relación estrecha entre la política y las crisis

financieras?

Así es. Yo creo que siempre hay formas para obtener recursos y

volver a mover una economía. Pero los políticos creen que la

solución tiene que dejar a todo el mundo en el mismo lugar en que

estaba. Un aspecto interesante del caso chileno es que cuando se

presentó la salida a la crisis financiera, parecía que los mismos

ricos de siempre iban a recibir los beneficios. Pero se las

ingeniaron para que eso no fuera así y, sin llamar mucho la

atención, el dinero se usó para financiar sectores nuevos.

¿Cómo es posible resolver ese conflicto entre política y manejo

económico?

Hay que generar un sistema en el cual la política, los negocios y

las finanzas mantengan una relación distante y vigilante. Si

Estados Unidos está triunfando no es porque sus ciudadanos sean

más inteligentes o mejor capacitados, sino porque hay un sistema

político que pondrá el grito en el cielo cuando se cometa un abuso.

Cualquier político es capaz de arruinar un país, pero cuando el

sistema político estimula la protesta inteligente, nadie puede ir

demasiado lejos con el abuso del poder.

Ese sistema político existe porque es un país muy grande, donde

nadie puede aspirar a controlar. Lo mejor que pueden hacer los

países pequeños para lograr el mismo efecto es buscar la

integración y la apertura internacional. El Nafta ha ejercido ese

efecto sobre la vida política de México, por ejemplo.

Imagine que no estamos en 1999, sino en el 2001. ¿Qué ha

pasado? ¿Cómo podemos evaluar el esquema que adoptamos?

No sé lo suficiente acerca de Colombia como para decir qué tienen

que hacer, pero les diré lo que pienso. Tuvieron una crisis hace 14

años y ahora tienen otra. Posiblemente, hoy tienen los mismos

jugadores de antes y el mismo estilo estructural de banca. Tienen

que hacer algo al respecto. Creo que el país tiene los medios para

encontrar nuevos clientes, pero no sé si pueden hacer lo que hay

que hacer, o si quieren lograrlo, o qué tan difícil sería. Lo único que

puedo decir es que estoy convencido de que ése es el camino.


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