Jeff, el asesor
Hay que aceptar la fase recesiva que
atravesamos y prepararnos para crecer
en forma sostenida cuando ésta
termine. Un diálogo entre el famoso
economista y nuestra Ministra de Comercio Exterior.
Jeffrey Sachs sigue retando la sabiduría convencional con sus
ideas sobre manejo económico. Fue el primer analista que
cuestionó abiertamente el manejo que el Fondo Monetario
Internacional le dio a la crisis asiática. Sus posiciones sobre tasa
de cambio en países en desarrollo, que hace dos años eran
anatema en los medios ortodoxos, han sido validadas por los
acontecimientos. Hoy los países, y también el propio Banco
Mundial, entienden que para manejar la tasa de cambio hay muchas
posibilidades, aparte de mantener una estabilidad artificial frente al
dólar.
Dinero tuvo la fortuna de presenciar a Sachs generando ideas y
elaborando planteamientos sobre el futuro de Colombia, en un
intenso diálogo que mantuvo con Martha Lucía Ramírez, su alumna
en Harvard y Ministra de Comercio Exterior de Colombia, cuando
Sachs vino a Bogotá a participar en el foro organizado por Portafolio
y El Tiempo en la primera semana de mayo. En esta nota
reportamos los apartes más destacados de este diálogo de políticas
entre la Ministra y Jeffrey Sachs.
La visión macro
Martha Lucía Ramírez: El gobierno se ha propuesto la meta de
duplicar las exportaciones en sus cuatro años. Pero nos estamos
chocando con una situación muy difícil a corto plazo. Algunos
empresarios e incluso algunos miembros del gobierno han
comenzado a dudar del propósito. ¿Qué cree que debamos hacer?
Jeffrey Sachs: Colombia se encuentra en la parte baja de un ciclo
de crédito, en la cual -después de un boom que terminó hace un par
de años- ha registrado una caída precipitada. Forma parte de un
ciclo mundial, cuyos efectos tocan a América Latina y a Asia. Los
precios de los productos de exportación están bajos, la recesión es
rampante y las cuentas financieras y fiscales están exhaustas. No
creo que haya mucho qué hacer al respecto. El año 99 es y será de
recesión para Colombia, por la situación de la economía mundial y
por el pasado reciente del país. Lo que le recomiendo es no
pretender resolver el problema en el mes siguiente, porque no es
posible. La primera regla en materia de exportaciones es ésta:
piense a largo plazo.
MLR: Pero, ¿qué posibilidades encuentra en el corto plazo para la
economía?
JS: Las mayores posibilidades están en la movilización de la
demanda interna mediante las políticas monetaria y cambiaria. Las
tasas de interés han bajado desde mi última visita, pero no tanto
como se requiere. El hecho de que la tasa de cambio haya
permanecido estable en los últimos meses indica que hay
posibilidades de seguir empujando hacia abajo los intereses, hasta
llegar a pocos puntos por encima de la inflación. Hay espacio. Pero
no hay que olvidar que la tasa de cambio no está en un buen nivel.
Si las exportaciones están tan débiles, esto es una señal de
debilidad cambiaria. Una mayor depreciación tendría sentido.
MLR: Pero la junta del Banco
de la República se ha
comprometido con la
defensa de la banda
cambiaria actual.
JS: La experiencia me ha
llevado a convencerme de la
bondad de las tasas de
cambio flexibles. La
flexibilidad cambiaria es lo
mejor. No me parece tan
importante la forma como se
logre esta flexibilidad: puede
ser flotando o mediante una
banda que cambie. La banda
no debería existir en su
forma actual. Yo preferiría
una banda mucho más
amplia, siempre y cuando el
gobierno la respalde con
políticas macro -fiscal,
monetaria y de capitales-
que eviten la revaluación.
Cuando Sachs habla, el Gobierno de
Pastrana lo escucha.
El mensaje sobre integración que
recibió la ministra Ramírez fue muy
sugestivo: ¿por qué no promover una
moneda común?
MLR: ¿No cree que es el momento de dar mayor soporte a los
empresarios con una reducción de impuestos?
JS: No tienen mucho campo de maniobra en materia fiscal, porque
el déficit ya es muy alto. No recomendaría aumentar el déficit con
políticas keynesianas, pero tampoco hacer un esfuerzo heroico por
disminuirlo rápidamente. Me aseguraría, en todo caso, de que el
déficit se cierre en el mediano plazo. La reducción generalizada de
impuestos no me gusta, y menos si fuese al consumo. Lo único que
se justifica plenamente son los menores impuestos para inversiones
verdaderamente nuevas.
La visión del comercio
MLR: Nos hemos propuesto darle dinamismo a la integración, pero
creo que no es buena la política tradicional de concentrarnos en el
mercado andino. ¿No cree que el foco debe estar concentrado en
mercados como el europeo, el norteamericano y el asiático?
JS: En general, yo creo en los procesos de expansión del comercio.
Aunque su punto de vista es correcto, déjeme plantearle dos
inquietudes. Primera, intégrese una vez logre una buena tasa de
cambio. Una tasa de cambio competitiva es clave para que la
integración sea sostenible. Segundo, hay que buscar maneras de
estabilizar la política económica de toda la región. Les va a quedar
difícil recuperarse sin la ayuda de los países andinos.
MLR: Creo que el proceso de integración andino tiene fallas de
diseño: hay demasiadas diferencias entre los países y sus
compromisos con el proceso se han hecho muy frágiles, lo cual ha
minado la credibilidad. Perú tendrá que enfrentar esta situación,
ahora que va a presidir la comisión.
JS: La credibilidad no es buena ahora, porque los países
individualmente no están en buena situación, pues afrontan
problemas similares. La pregunta básica para la integración no
puede olvidarse: cuáles son las áreas donde se puede dar
integración y dónde hay algo por hacer. La idea de un mercado
andino protegido no tiene mucho sentido, porque el mercado es muy
pequeño. Le recomiendo seguir una estrategia de integración
abierta, con una posición externa común favorable.
Si hubiera metas comunes y estrategias generales coherentes, los
países andinos se ayudarían mutuamente a mantenerse alineados
en la economía global y frente al proceso político. Ayudar a
mantener a Venezuela es una dirección sensata y estabilizar la
situación de Ecuador sería interesante. Estos son mercados
naturales muy importantes para Colombia. Le recomiendo ponerse a
la tarea de construir acuerdos binacionales en materia macro para
evitar un desastre en cualquiera de esos países. La región necesita
un proceso de integración más firme, con reuniones periódicas de
coordinación macroeconómica.
MLR: ¿Y qué hacer mientras tanto con la inestabilidad que se deriva
de los movimientos cambiarios de los vecinos?
JS: Qué tal explorar esta idea: no me atrae particularmente la
propuesta de dolarización de estas economías, porque se pierde
capacidad de ajuste frente a los choques externos. Me gusta la
flexibilidad. Pero la convergencia podría fortalecerse mucho si los
países andinos buscaran la adopción de una moneda común, que
fuera flexible a su vez frente a las otras monedas. Plantear este
tema de diálogo sería una muy buena forma de agilizar las
discusiones.
"Antes de avanzar hacia la integración,
hay que lograr una tasa de cambio
competitiva".
MLR: Pero si no logramos negociar bien, corremos el riesgo de
ceder nuestras ventajas a países más competitivos, como Brasil,
que tienen un mercado mayor y han estado mejor respaldados por
su propio gobierno. ¿Qué opina del proceso de integración con el
resto del continente?
JS: Mercosur es un mercado muy grande y Colombia se beneficiaría
de él. En cada sector hay espacio para la especialización de firmas
colombianas y brasileñas y pueden crearse nichos, aun en el
mismo mercado. Veo grandes posibilidades en textiles, químicos y
automotores. Ninguna de las dos economías es tan fuerte como
para agotar el mercado para los bienes en ambas. La integración
deberá llevar a líneas de producción más largas, productos más
especializados y gran variedad de áreas, sin riesgo de cerrar la
industria. Hay ramas industriales colombianas que serán
competitivas en el mercado brasileño, y ramas brasileñas
competitivas en el colombiano. Yo creo que hay que mirar a
Suramérica.
Dinero: Pero la ministra no puede mirar a todas partes a la vez,
porque su tiempo y esfuerzo tienen límites. ¿No sería mejor
concentrar más la atención, ahora que estamos en un punto alto de
nuestra relación diplomática, en el acceso preferencial al mercado
de Estados Unidos?
JS: Colombia, infortunadamente, no está en el punto más alto para
ningún país. El presidente Pastrana y su gobierno son aceptados en
Estados Unidos, con un evidente alivio frente a los años anteriores.
Pero Colombia no clasifica de primera en las prioridades de Estados
Unidos y no tendrá tratamiento especial.
MLR: Volvamos a la promoción de
exportaciones. ¿Cuáles son las
principales lecciones que usted ha
sacado de la experiencia?
JS: Puedo sintetizar mis
recomendaciones en cinco reglas
básicas. La primera es construir una
visión de país a 5 ó 10 años. Veo
muy fraccionada esta discusión en
Colombia y muy alejados al
gobierno, a los empresarios y a los
académicos. Esta visión de país no
puede construirse sino
colectivamente, mediante muchas
discusiones.
"Colombia tiene que diversificar.
El café y el petróleo no pueden ser la
única base para el desarrollo de
largo plazo"
La segunda es que la esencia de la promoción de exportaciones
consiste en promover y proteger la rentabilidad de las
exportaciones, y para ello una tasa de cambio competitiva es
esencial. En América Latina, encuentro que las percepciones están
al revés: las monedas fuertes se perciben como buenas y las
monedas débiles como malas. En sana lógica debería ser al
contrario. Esto es particularmente relevante para la experiencia
colombiana. La exportación de manufacturas ha sido duramente
golpeada por la tasa de cambio. Cuando se han propuesto
promoverlas, ustedes no han logrado persistir, no han hecho
compromisos de largo plazo y han terminado matando el sector.
Cada vez que se comienza, la tasa de cambio se aprecia, ya sea
por el boom del café o del petróleo, o por políticas fiscales y
monetarias inadecuadas. La revaluación de la moneda le causa el
mayor daño a la promoción de exportaciones y Colombia lleva casi
una década revaluada. No olviden esto.
Dinero: Pero en Colombia, la Ministra de Comercio Exterior no es la
que controla la tasa de cambio.
JS: Uno de los problemas del mundo en desarrollo es que los
programas de desarrollo son creados por los ministros de Finanzas.
Así, cuando el FMI se apropió del desarrollo internacional, éste se
paró, porque no se puede tener desarrollo simplemente sobre una
estabilidad macro a corto plazo. Esta no es la base de desarrollo.
La tercera regla básica es hacer énfasis en la diversificación de las
exportaciones. Las exportaciones de bienes básicos, como el café,
el petróleo o el carbón, no pueden ser la base para un desarrollo
sostenible, porque su comercio no es muy dinámico. Además,
ustedes tendrán inexorablemente un descenso de las exportaciones
de petróleo, pues las nuevas exploraciones serán más costosas y
los retornos no serán tan altos. La fortaleza de la economía
colombiana proviene de la multitud de productos para exportación.
Ustedes son el tercer país latinoamericano con mayor base
industrial, sólo después de Brasil y México. Son el centro
manufacturero de la región andina. Cuando miro sus estadísticas,
confirmo mi optimismo sobre esta economía.
Sobre esto deben construir su futuro y aquí resulta, sin duda, más
fácil que en el resto del continente.
La cuarta regla es que la promoción de exportaciones
requiere una política activa. Los incentivos de mercado son
esenciales, pero distan de ser suficientes. Todos los
países que han sido exitosos han tenido a sus gobiernos
involucrados activamente. Hay que identificar los sectores
claves de exportación y diseñar estrategias específicas
para decisiones concretas. Hay que promover muy activamente la
inversión extranjera directa y las alianzas con firmas que sean las
primeras en el mundo en sus campos.
MLR: Algunos opinan que la economía en Colombia se debe
manejar de una manera más ortodoxa y que debemos esperar a
tener la economía ordenada para poder empujar algunos sectores
económicos.
JS: No lean equivocadamente la experiencia internacional.
Los países más ortodoxos del mundo siempre se han
involucrado activamente en la promoción del desarrollo
productivo. El aumento de la productividad y el avance
tecnológico estadounidense, por ejemplo, provienen de la
investigación, y el gobierno de Estados Unidos le dedica muchos
fondos a ello. Precisamente, ésa es la quinta regla. Promover
fuertemente la investigación y los vínculos estrechos entre las
empresas y las universidades para el desarrollo del conocimiento.
Por último, yo entiendo el desarrollo como la aplicación sistemática
del conocimiento para atender las necesidades humanas. Y la
investigación tiene un papel primordial.
"Lo más importante es una política de
tecnología informática coherente. ¿La
tiene el gobierno?".
Política industrial
MLR: ¿Y cómo, dentro de la ortodoxia, encuentra usted campo para
una política industrial moderna? ¿No será que, como en los
acuerdos argentinos sobre la industria automotriz, pueden
promoverse más activamente unos sectores, como la cadena de
textiles y confecciones y otros?
JS: La idea que encuentro entre los economistas colombianos
respecto a que todo lo genera el mercado no tiene sentido. Una
política de desarrollo requiere la selección cuidadosa de sectores
con potencial -yo creería, por ejemplo, en las posibilidades de la
industria química en Colombia- con medidas específicas que los
apoyen con una perspectiva de largo plazo.
Déjeme sugerirle dos temas adicionales de una política industrial
moderna. La primera es la diversificación regional del aparato
productivo. Sus costas, en especial la Atlántica, tienen enormes
posibilidades en el turismo y en el transporte. Pero también en el
desarrollo productivo. Es una frontera muy importante para su
economía, y ustedes tienen que explotar las ventajas de su
geografía más activamente.
La segunda, permítame insistir, es la tecnología. En los próximos
años ustedes no van a requerir solamente manufactura, sino
tecnología. ¿Tiene el gobierno una política de tecnología informática
coherente? ¿Hay acaso una política que asegure que los colegios
estén al tanto de los avances más recientes, que estén conectados
en línea, que Colombia tenga una industria de software importante?
Todo está interrelacionado. Para participar de la cadena de oferta
global y de las inversiones internacionales, ustedes deben priorizar.
Para esto se necesita una política gubernamental: que las
universidades tengan buenos departamentos de investigación, que
los colegios sean modernos, que produzcan software para
exportación. Colombia podría ser líder, ustedes podrían ser
proveedores de software en lengua española para toda la región.
Javier Fernández Riva
La trampa de liquidez
La baja de las tasas de interés podría no ser
suficiente para inducir una recuperación debido al
temor de un nuevo disparo por la defensa de la banda
cambiaria.
Las condiciones objetivas para la recuperación económica
continuaron mejorando en las últimas semanas. La más importante
fue la gran reducción de las tasas de interés. Descontada la
inflación, la tasa promedio sobre los depósitos a 90 días ya está
cerca del 5%, un nivel a partir del cual suele detenerse, por lo
menos, la caída de la producción. Por otro lado, desde hace casi un
mes el dólar se situó firmemente por arriba del punto medio de la
banda cambiaria, corrigiendo la revaluación nominal de los primeros
meses de 1999. Y para completar Fogafin acaba de anunciar un
programa de rescate financiero que, sin ser ambicioso, parece tener
por lo menos la capacidad para limitar la crisis financiera.
Las tasas reales sobre depósitos están
en el 5% real. Con ese nivel, la economía
debería empezar a repuntar.
Como no creo que un comentarista económico sea útil a sus
lectores sacrificando la objetividad para sumarse al coro de los
optimistas de oficio, quiero precisar que la economía sigue muy
debilitada, que no es cierto que ya se haya iniciado la recuperación
y que los riesgos de una peligrosa recaída distan de haber
desaparecido. Más todavía: han surgido nuevas complicaciones
como las infortunadas tensiones con nuestros principales vecinos y
socios comerciales y la inminente alza de las tasas de interés en
dólares, que para Colombia implicará una pérdida de ingreso
nacional por el mayor costo de la deuda externa.
Cada uno de los numerosos obstáculos a la recuperación,
comenzando por la delicada salud del sector financiero, puede
documentarse en forma amplia. En cambio, de las presuntas
señales de recuperación económica no veo más que las ganas. Mi
propia expectativa de que las cosas van a mejorar en el segundo
semestre se basa en análisis económico, no en estadísticas.
Sé que vengo con esta cantaleta desde hace rato, pero quisiera
repetirla una vez más antes de pasar a examinar las cosas desde
un nuevo ángulo. La causa inmediata del desastre económico de los
últimos nueve meses fue el brutal aumento de las tasas reales de
interés y no porque la economía colombiana sea demasiado
vulnerable, sino porque semejante bomba financiera habría causado
estragos en cualquier país del mundo. Por la misma razón, la
principal fuerza detrás de la recuperación esperada será el
descenso de las tasas, sin que ello implique desconocer que
algunos daños causados por la bomba tardarán bastante en ser
reparados.
Dentro de poco, muchos deudores individuales y empresariales
sentirán que, después de atender sus créditos, les queda un poco
más para gastar o invertir, al menos en comparación con los últimos
nueve meses. Sobre una cartera neta de unos $50 billones, una baja
de 10 puntos en las tasas reales de interés, como la observada
desde noviembre, representaría en un año $5 billones, una suma
que equivale al triple de la inversión efectiva del Gobierno Nacional
programada para 1999.
Por supuesto, no todo es ganancia, puesto que la baja de las tasas
de interés de los depósitos implica una pérdida para los rentistas.
Pero está ampliamente confirmado que, al menos en Colombia, el
efecto neto de una baja de las tasas de interés es estimulante para
la demanda global.
Sin embargo, algunos de los más atractivos efectos de tasas de
interés bajas dependen no sólo de su nivel sino de las expectativas
sobre los niveles futuros. A medida que las tasas descienden, más
y más personas consideran la posibilidad de adquirir propiedad raíz
y más y más empresas están dispuestas a examinar posibilidades
de inversión. Cuando se alcanzan niveles verdaderamente bajos, y
con la condición de que esos niveles se estimen duraderos, se
puede volver irresistible la virtuosa tentación a invertir.
Pero en ese momento, las expectativas juegan un papel crítico. Por
ejemplo, una expectativa de que las tasas de interés seguirán bajas
favorecerá la compra de propiedad raíz, no sólo por el menor costo
financiero sino porque hasta los inversionistas menos sofisticados
intuyen que en ese entorno es más probable que la propiedad raíz
se vuelva a valorizar y resulte una inversión rentable. Y cuando un
número suficiente de inversionistas opta por esa vía el mercado la
validará, lo que implica frenar la peligrosa deflación de la propiedad
raíz e iniciar el proceso de recuperación de los deudores
hipotecarios y de sus prestamistas.
En cambio, si la misma situación de bajas tasas de interés se
percibe como efímera y se estima probable un nuevo salto, la
economía puede caer en la "trampa de liquidez" de que habló hace
décadas un famoso economista para referirse a la impotencia de
una política monetaria reactivadora: en lugar de aprovechar las bajas
tasas para invertir en activos (propiedad raíz, acciones, etc.), el
público opta por mantenerse líquido esperando aprovechar el
próximo salto de las tasas. En ese caso, bajas tasas de interés no
inducirán una recuperación económica.
Una situación como la descrita puede ser grave o no serlo,
dependiendo de si uno cuenta con otros instrumentos para salir del
atolladero. Aquí y ahora, cuando nuestras exportaciones se están
desplomando y cuando el Gobierno tiene las manos atadas para
invertir debido al déficit fiscal, una trampa de liquidez que tornaría
impotente la política monetaria, sería sencillamente fatal.
Ahora bien, en medio de una recesión, de una sólida baja de la
inflación y cuando el Gobierno está comprometido con la corrección
del déficit fiscal, la única razón que tiene el público para temer un
salto de las tasas de interés es que todavía le arde la operación
que, sin anestesia, la autoridad monetaria le hizo hace menos de
nueve meses. Y como el Banco de la República no ha modificado
su política, nadie puede descartar que, si el dólar vuelve a subir
hasta el techo de la banda, la autoridad monetaria no responderá de
la misma manera, "salvando" nuevamente al país con tasas de
interés de usura.
Es mejor dejar las cosas claras. La banda cambiaria, que hoy luce
tan inocente, no sólo fue la directa culpable del monstruoso salto de
las tasas de interés en 1998 sino que hoy es lo único que impide
que el Banco de la República se comprometa con tasas de interés
bajas, aunque el Gobierno haga su parte y reduzca el déficit fiscal.
Mejor dicho, la banda es la responsable de la lastimosa trampa de
liquidez en que estamos entrando, que prolongará más de la cuenta
la recesión.
Jeffrey Sachs
La culpa es de Basilea
En el fondo, los culpables de la crisis mundial son
los países desarrollados.
Una de las lecciones más repetidas en la política pública es la Ley
de las Consecuencias no Planeadas. Una política se establece para
solucionar un problema, pero algunas veces puede ser peor el
remedio que la enfermedad. La experiencia más cercana fue la
crisis financiera en Asia, Europa Oriental y América Latina que
aparecen como casos clásicos de las llamadas Consecuencias no
Planeadas. Aunque han responsabilizado por la crisis a la falta de
gestión y manejo de los gobiernos en el mundo en desarrollo,
parece que los verdaderos responsables de todo son los países del
primer mundo.
Aunque los culpables están en
Washington y en Basilea, las víctimas de
la crisis siguen recibiendo "palo" como
los responsables.
Para ser más precisos: lo que ocurrió es que las regulaciones
bancarias en los países desarrollados precipitaron la crisis
financiera de las economías emergentes.
La esencia de la reciente crisis se explica por el flujo de préstamos
bancarios a los mercados emergentes entre los años 1993 y 1996 y
por el hecho de que luego esos mismos capitales se "fugaron" de
1997 en adelante. Países como Indonesia, Corea, Tailandia, en Asia
del Este o Brasil y Perú, en América Latina tuvieron la opción de
pedir prestado en condiciones muy atractivas durante los primeros
años de esta década, pero luego enfrentaron el pánico de esos
prestamistas que retiraron los recursos y cortaron la financiación en
el curso de los últimos tres años. Lo opuesto de los préstamos
bancarios son el vértigo y la vacilación. De acuerdo con información
del banco JP Morgan, la banca internacional les entregó a los 25
principales mercados emergentes cerca de US$100.000 millones en
préstamos netos (valor de los créditos menos los repagos) en 1995,
US$121.000 millones en 1996 y US$46.000 millones en 1997 y
luego demandaron repagos netos de US$95.000 millones en 1998.
En Asia emergente, el cambio brusco fue el peor: de préstamos de
US$81.000 millones en 1996 se pasó a repagos netos por
US$84.000 millones en 1998.
Si miramos las causas estructurales del problema, encontramos
que las grandes fugas de capital se produjeron por dos factores
relacionados: el primero es que gran parte de los préstamos
internacionales eran de corto plazo. Por ejemplo, cerca de las dos
terceras partes de los recursos de crédito que entraron a Asia
fueron préstamos a menos de un año y con frecuencia el plazo era
de menos de un mes. El segundo punto es que los bancos entraron
en pánico en 1997: decidieron que tenían que salirse de los
mercados emergentes porque todos los demás lo estaban haciendo
y nadie quería ser el último en salir. Sabían que los países iban a
entrar en una situación de insolvencia en el momento en que todos
trataran de salirse al mismo tiempo. Lo malo es que, como los
préstamos eran mayoritariamente de corto plazo, todos los bancos
estaban en capacidad de "volar" muy rápidamente.
¿Por qué los préstamos eran tan de corto plazo y, por ende, los
bancos tan propensos al pánico? Aquí es donde las Consecuencias
no Planeadas jugaron un papel crítico. Bajo las regulaciones
bancarias internacionales, dictadas por el BIS (Bank for International
Settlements) con sede en Basilea (Suiza), los bancos tienen que
mantener un nivel de capital adecuado: los activos de un banco
(principalmente préstamos) no pueden ser más de 12,5 veces el
capital. Sin embargo, por la forma como los activos se contabilizan,
las regulaciones permiten que los bancos presten a otros bancos
cuatro veces más al corto que al largo plazo. Es decir, el sistema
mundial favorece el préstamo de corto plazo y desestimula cualquier
negociación de largo plazo. Estas regulaciones parecen tener
sentido para un banco individual. Los préstamos de corto plazo
entre bancos son mucho menos riesgosos que los de largo plazo.
Pero cuando todo el sistema internacional está enredado con el
exceso de crédito de corto plazo, la economía mundial queda sujeta
al pánico financiero. De esta manera, lo que tiene sentido para un
banco, para el sistema mundial en su conjunto es muy riesgoso.
Cuando estalló la crisis financiera de Asia, a mediados de 1997, los
países desarrollados y el Fondo Monetario Internacional (FMI)
estaban listos para responsabilizar a las víctimas, los países
acreedores. Dijeron que los países tuvieron un comportamiento
inadecuado, cuando el verdadero problema era que el sistema
internacional había creado un "castillo de naipes" en el que la
montaña de préstamos interbancarios de corto plazo se derrumbó
súbitamente, causando el colapso en los países deudores. Aún hoy
por hoy subsiste el sesgo por el crédito de corto plazo y el tema no
ha sido resuelto ni tratado por las autoridades en Washington o en
Basilea y las víctimas de la crisis siguen recibiendo "palo" como los
únicos responsables.
Unas palabras finales para las víctimas: aun antes de que el
sistema internacional se arregle, una medida de autoayuda es
posible. Los países deben limitar su exposición a los préstamos
internacionales de corto plazo y así ser menos vulnerables a los
súbitos y salvajes cambios del capital internacional.
Una salida para la banca
Por fin, el gobierno sacó un salvavidas para las entidades
financieras.Ahora, la pregunta es cuántas y cuáles harán
uso de él.
Seis meses después de la declaratoria de una emergencia
económica para controlar la crisis financiera, el Fondo de Garantías
de Instituciones Financieras (Fogafin) ha diseñado el plan de
acción para atacar el corazón del problema: el exceso de activos
improductivos en los balances de las entidades financieras y la
deficiente capitalización de éstas. El mecanismo que se va a
utilizar es una línea de crédito a la cual tendrán acceso todas las
entidades que lo soliciten y cumplan los requisitos. Fogafin calcula
que sus recursos van a financiar cerca del 70% del monto
necesario para la capitalización de nuestro sistema financiero.
Esta es la última línea de defensa para evitar los peores efectos de
la crisis financiera. Si el plan funciona, se frenará el deterioro
patrimonial del sector, la oferta de crédito volverá gradualmente a la
normalidad (aunque algunas entidades desaparezcan, el sistema
seguirá cumpliendo su misión) y será posible atender la demanda
de crédito que vendrá cuando la economía se recupere. Si no
funciona, los peores efectos de la crisis financiera se harán
realidad y la recuperación de la economía se quedará entre el
tintero.
La línea
Si bien los detalles de la línea de crédito pueden resultar
complicados, la idea central es sencilla. Muchas entidades
financieras llevan una carga de activos improductivos superior a la
que pueden soportar. Lo mejor que podrían hacer las entidades es
salir de esos activos improductivos, pero no les queda fácil. Una
buena proporción de ellos todavía figura como activos productivos
en el balance, pues si fueran registrados a su valor real, habría que
asumir una pérdida. En muchos casos, el patrimonio quedaría tan
pequeño que las entidades incumplirían las normas de solvencia de
la Superintendencia Bancaria. Y habría que intervenirlas.
Aquí entra Fogafin. El propósito de la línea de crédito es prestar a
las entidades una porción de la plata que les falta para poder
recapitalizarse, cuando reconozcan el valor real de los activos
improductivos. El mecanismo escogido consiste en dividir a cada
entidad en un "banco bueno" y un "banco malo". El banco malo se
convierte en un patrimonio autónomo, administrado por una fiducia,
en el que se concentran todos los activos improductivos. La única
misión de la fiducia es liquidarlos en el mercado. El banco bueno
se queda con los activos productivos, se capitaliza con recursos de
los accionistas y de Fogafin, y vuelve a tener una actividad normal.
Fogafin ha estimado el costo de saneamiento del sector financiero
en $7,4 billones, de los cuales $3,8 billones irían a los bancos del
sector privado, $3,3 billones al oficial y $300.000 millones al
cooperativo. En los bancos privados, la capitalización se hará en
un 60% con recursos de Fogafin y en un 40% con recursos propios
de los accionistas. En las CAV, la participación de Fogafin es
mayor. Las provisiones sobre activos improductivos que exige la
ley a las CAV son menores que en los bancos, de modo que la
pérdida que reconocerán es proporcionalmente mayor. Además,
tienen una relación de solvencia más baja que la de los bancos.
Por estos motivos, sus necesidades de capital son
proporcionalmente mayores que las de los bancos.
En el plan, los accionistas de las entidades tienen que aportar el
capital que se necesita para llevar a cero la relación de solvencia,
una vez que han reconocido los activos improductivos. Fogafin les
prestará lo que se necesite para llevar la relación de solvencia
desde 0 hasta 10%, que es la proporción necesaria para funcionar
normalmente.
Quiénes van a jugar
Fogafin apoyará sólo a quienes cumplan unos requisitos estrictos
para el acceso. El Fondo prestará $2 billones al DTF + 2. La idea
es que sean usados por quienes los necesitan y no por bancos
sanos que quieran hacerse a recursos baratos. Las condiciones
son exigentes y difíciles de tragar para los administradores de
cualquier entidad.
La primera condición es sincerarse: quienes aspiren a un crédito
tienen que aclararle a Fogafin el verdadero monto de sus activos
improductivos, es decir, tienen que reconocer que su banco no era
tan bueno como habían dicho hasta ahora.
La segunda condición es aceptar
una auditoría exhaustiva, realizada
por entidades especializadas, en
la cual se someten a una prueba
ácida toda la cartera y los activos.
La experiencia internacional
enseña que hay que esperar
grandes montos de cartera mal
clasificada y que es indispensable
que un agente externo examine
rigurosamente los libros.
Jorge Castellanos, director de
Fogafin, estableció la línea de crédito
para las entidades financieras.
Como tercer requisito, los accionistas tienen que entregar en
garantía el 78% de los derechos políticos de la entidad sana, lo
que significa que perderían el control si no pagan. Por cada peso
que reciban, deberán entregar $1,33 en acciones como garantía.
El cuarto requisito es el establecimiento de una oficina de control
interno en la entidad, que hará seguimiento a un convenio de
desempeño pactado con Fogafin. El convenio busca garantizar la
solidez de la entidad, asegurar que los recursos se destinen a
reestructuraciones y nuevos créditos, que no se otorguen créditos
a vinculados y que los dividendos se usen para pagar a Fondo.
Se estima que 5 ó 6 bancos, los que actualmente están
discutiendo provisiones sobre sus balances de diciembre, buscarán
el acceso a la línea de crédito en el muy corto plazo. Respecto a
los bancos grandes, pocos esperan que acudan a estas líneas de
financiamiento, aunque no se descarta esta posibilidad.
El desenlace
La línea de crédito parece bien pensada en sus elementos
fundamentales y ofrece una propuesta concreta tras seis meses de
incertidumbre. Este hecho debe ser bienvenido. No había manera
ya de gastar más tiempo en el diseño de opciones.
De todas formas, el esquema suscita interrogantes. El mayor de
todos es qué va a ocurrir con los bancos públicos. El Gobierno
debe asumir el problema de los bancos oficiales. Pero no se ha
aclarado de dónde va a salir el espacio fiscal para acomodar el
costo que esto implica, que según el propio Fogafin es de $3,3
billones.
Requerimientos de capital
Necesidades totales
$7,4 billones
Banca privada
$3,8 billones
Bancos
$2,1 billones
CAV
$1,1 billones
Corp. fin.
$0,47 billones
Banca pública
$3,3 billones
Cooperativas
$0,3 billones
¿Son suficientes los recursos de la línea? El Fondo cree que se
necesitan $7,4 billones para recuperar la solvencia del sistema.
Dinero estima (ver edición 82) que en este momento la suma se
acerca a $9,5 billones. No hace falta profundizar en esa discusión,
pero hay que tener en cuenta que el debate está abierto.
Los recursos podrían resultar insuficientes también por causa de
un exceso de demanda. La tasa de interés de DTF + 2 es atractiva
ahora, pero se volvería irresistible si la tendencia a la baja de las
tasas se revirtiera en el futuro. El sistema podría embotellarse y
habría que conseguir recursos nuevos, provenientes de un crédito
externo.
Por último, el gobierno no debe perder de vista que habrá bancos
que no entrarán en la línea de crédito, porque están sanos después
de castigar los activos improductivos y mantienen un nivel de
solvencia superior al 10%. Ellos quedan marginados de esta
solución y seguirán pidiendo fórmulas que se adapten a su caso,
como la capitalización de deudas y la flexibilización de las normas
sobre provisiones.
El plan tiene varias implicaciones para los negocios. Los bienes
recibidos en pago comenzarán a crecer porque, al contrario de lo
que ocurre ahora, a las entidades les resultará conveniente
recibirlos (mayores activos improductivos representan mayor
crédito de Fogafin). El aumento del stock de estos bienes genera
una gran oportunidad para el surgimiento de las sociedades
colectoras de activos. Es probable que capitales privados
nacionales y extranjeros se le midan a crear entidades de este
tipo.
Finalmente, el "sinceramiento" de los balances tendrá también
consecuencias para el sector real. Una de las más importantes es
que los bancos que venían haciendo refinanciaciones a empresas
inviables tan sólo para evitar castigar los balances, dejarán de
hacerlo. En muchos casos, eso representará el cierre del acceso
al crédito de esas empresas y su probable quiebra. El gobierno
debe prepararse para manejar este problema, que podría adquirir
grandes dimensiones. Independientemente de la forma como lo
haga, no tendría justificación mostrarse sorprendido cuando esto
ocurra.
"Necesitan plata
nueva y gente
nueva"
Steve Weinsbroad, experto internacional en
crisis financieras, habló con Dinero sobre lo que la
experiencia mundial puede enseñarle a Colombia para
superar el mal momento del sistema bancario.
¿Qué opina del esquema de recuperación financiera que se acaba
de aprobar en Colombia?
Pienso que el esquema está bien diseñado, pero me preocupan
dos puntos. Primero, muchos bancos no van a querer meterse en
el juego. De éstos, algunos son viables y podrán sobrevivir, pero
otros no. Entonces, ¿qué podría pasar si alguno de los que no jugó
llega a fallar? ¿Cómo podría controlarse eso?
Segundo, no veo muy clara la manera en que se le va a dar liquidez
al esquema, pues no es evidente que esté entrando plata nueva.
Esto es algo fundamental. Cuando se invierte en recuperar al
sector financiero, es muy importante que el resultado final sea un
sector verdaderamente renovado, sin las mañas de pasado. Para
esto se requieren recursos nuevos y gente nueva. El esquema de
una élite que le presta únicamente a miembros de esa misma élite
tiene que desaparecer. El ejemplo es Chile, donde los recursos
nuevos que lograron atraer tras la crisis de los 80 fueron usados
para el desarrollo del sector exportador.
¿Usted ve una relación estrecha entre la política y las crisis
financieras?
Así es. Yo creo que siempre hay formas para obtener recursos y
volver a mover una economía. Pero los políticos creen que la
solución tiene que dejar a todo el mundo en el mismo lugar en que
estaba. Un aspecto interesante del caso chileno es que cuando se
presentó la salida a la crisis financiera, parecía que los mismos
ricos de siempre iban a recibir los beneficios. Pero se las
ingeniaron para que eso no fuera así y, sin llamar mucho la
atención, el dinero se usó para financiar sectores nuevos.
¿Cómo es posible resolver ese conflicto entre política y manejo
económico?
Hay que generar un sistema en el cual la política, los negocios y
las finanzas mantengan una relación distante y vigilante. Si
Estados Unidos está triunfando no es porque sus ciudadanos sean
más inteligentes o mejor capacitados, sino porque hay un sistema
político que pondrá el grito en el cielo cuando se cometa un abuso.
Cualquier político es capaz de arruinar un país, pero cuando el
sistema político estimula la protesta inteligente, nadie puede ir
demasiado lejos con el abuso del poder.
Ese sistema político existe porque es un país muy grande, donde
nadie puede aspirar a controlar. Lo mejor que pueden hacer los
países pequeños para lograr el mismo efecto es buscar la
integración y la apertura internacional. El Nafta ha ejercido ese
efecto sobre la vida política de México, por ejemplo.
Imagine que no estamos en 1999, sino en el 2001. ¿Qué ha
pasado? ¿Cómo podemos evaluar el esquema que adoptamos?
No sé lo suficiente acerca de Colombia como para decir qué tienen
que hacer, pero les diré lo que pienso. Tuvieron una crisis hace 14
años y ahora tienen otra. Posiblemente, hoy tienen los mismos
jugadores de antes y el mismo estilo estructural de banca. Tienen
que hacer algo al respecto. Creo que el país tiene los medios para
encontrar nuevos clientes, pero no sé si pueden hacer lo que hay
que hacer, o si quieren lograrlo, o qué tan difícil sería. Lo único que
puedo decir es que estoy convencido de que ése es el camino.