Alejandro M. Méndez




 

 

VARIACIONES GOLDBERG

 

Las Variaciones Goldberg creadas por Johann Sebastian Bach en 1742, mientras éste detentaba el título de compositor, en la corte Real de Polonia y Sajonia.

Cuenta la leyenda que estas variaciones fueron encomendadas a Bach por el Conde Carl Von Kaiserling, embajador Ruso en la Corte de Sajonia, quien tenía un músico a su servicio: Johann Gottlieb Goldberg, uno de los pupilos más talentosos del maestro. Von Kaiserling, al parecer, estaba frecuentemente acosado por el insomnio y pidió a Bach que escribiera alguna relajadora pieza musical que Goldberg pudiera interpretar a manera de somnífero. El resultado fue una obra compuesta por un aria y 30 variaciones, que el conde  llamaba  “mis variaciones” y de las cuales nunca se cansó.

Cuando por las noches se encontraba inquieto, siempre pedía a Goldberg que las tocara, diciéndole: Maese Goldberg toque una de mis variaciones.

El Conde, como muestra de gratitud, envió a Bach un cáliz repleto de oro.

Si el tratamiento fue un éxito, nunca lo sabremos. Nos contentaremos con imaginarnos el sueño del Conde, tras la incisiva y cautivadora ejecución de maese Goldberg.

 

 

 

 “Ni principio ni fin” Glenn Gould.

 

 

 

 

ARIA

 

Cada minuto

indaga,

la consistencia

temporal

del aire,

 

traslúcido.

 

Inunda

a raudales,

la vastedad

 

azul

 

de nuestros

pensamientos.

 

 

 

VARIACIÓN N° 1

 

Tiempo, tiempo y

más tiempo,

 

en la cinta

de Moebius.

Cada minuto

es indagación

de vastedades

infinitas.

 

Tiempo, tiempo y

más tiempo.

 

 

 

  

VARIACIÓN N° 2

 

Penetrar el capullo

azul

de la crisálida del

tiempo.

 

En cada

minuto,

su espejo traslúcido

y falaz;

 

su espejo

refractario

a los pensamientos:

 

Sin principio

ni fin.

 

 

 

 

VARIACIÓN N° 3

 

El fin:

 

ése es el interés

de este tiempo

muerto.

 

Los labios azules

por el frío

extravagante

de nuestros

pensamientos.

 

 

  

 

VARIACIÓN N° 11

 

Todo lo que lleva este río,

parece candorosamente dispuesto

como si fuera la primera vez.

 

Pero el ojo experimentado sabe

que bajo esos nuevos ropajes

yace la misma carroña

la misma melancolía

 

que te impregna los huesos,

como en esas mañanas de invierno

connotadas de escarcha

e inutilidad.

 

 

 

VARIACIÓN N° 25

 

Cada gota de

lluvia y su

caída libre

 

sobre las hojas

de los jacarandaes

de la avenida,

 

anuncia

 

la infalible

destreza del

tiempo

en vencer

al

tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VARIACIÓN N° 30

 

Tus huesos,

 

como aquel árbol

cuyas hojas

apenas se

mueven,

 

anuncian

la conmoción vegetal

respondiendo

al estímulo aéreo.

 

 

Tus huesos,

 

descansan en

la tierra

su impasible

letanía de

horas muertas,

 

su ingrávida

sepultura

temporal.

 

 

 

MEDLEY

 

 

Devoró las palabras de  amor con mayor ansiedad

que con la que  habría  devorado el pan que

reemplazaban, y  obtuvo de ellas mayor alimento.

 

Angela Carter  ( Nights at the circus)

 

 

 

Cantos quirúrgicos

 

 

I

 

Hospital frente al mar.

Adentro, tres cabezas en lugar inhóspito.

La paradoja médica hospeda la crónica espectral y clínica, la historia oblicua de este commonplace book.

Grandes manchas  de  sopor en el cerebro adormecido, repitiendo palabras del pequeño diccionario del terror: balbuceos seriados.

Ignora  el  desprecio  módico que  llega puntualmente;

la anestesia escatimada, por la enfermera gorda del octavo, que reserva los mejores narcóticos para otro paciente.

 

 

II

 

Tábula rasa

 

adentro es un

mapamundi

incomprensible

 

antes de la

espera,

cuando el túnel

se expande hacia

el cielo

 

azul.

 

 

III

 

Polisémico e

ineluctable

deberías babear a

gusto,

 

dejar la cánula del suero

libre y,

 

aspirar con delectación

el mantra asalariado

de tu

enfermera:

 

"relajado, flojito".

 

 

IV

 

El conteo ineficaz

saltea los números

pares

manteniendo la vigilia

fascinada

en el corte preciso

del cirujano

 

(pensar en otra cosa

y entregarse)

 

1,3,5...

 

sadojano...

 

masoruja.

 

 

V

 

Y van 207

lágrimas christi

 

de sangre bajando,

seconal bajando,

yo mismo bajando,

 

por el tubo fluorescente

de la cama número

6.

 

La despedida

no se produce,

atascada en la mugre

larval

de esta inconsistencia

llamada cuerpo.

 

 

 

  

LOS POEMAS DE HANNELORE KOHL

 

 

“La esposa del ex canciller alemán Helmut Kohl, Hannelore Kohl, de 68 años, se suicidó y fue hallada ayer en el departamento donde vivía en Ludwigshafen (oeste de Alemania). Hannelore estaba enferma a causa de una declarada alergia a la luz que sólo le permitía salir de noche. ‘Debido a su desesperado estado de salud, decidió acabar voluntariamente con su vida’, aseguró un comunicado de la oficina de Kohl. El matrimonio acababa de celebrar su 41 aniversario”.

 

 

I

 

Sonámbula tropiezo

con el felpudo,

roído por el

afgano

-regalo de Chirac-

 

afuera los gritos

se mezclan

engañosamente con

la estricta fragancia

del potaje preparado

por Clara,

nacida en la Selva Negra,

"Black Forest"

como le gusta decir

a mi pequeño nieto

bilingüe.

 

"Hemos amurallado la

casa para vos

Hannelore",

así

me lo repite

todos los días

el bueno de Helmut,

carcomido por la

alta política

europea y

sus intrigas palaciegas.

 

Deambulo por la

casa

asediada por la

luz,

mejor dicho,

por las filtraciones.

 

Es impredecible la luz,

se cuela por todos lados.

 

Ayer tuvimos que

tapiar el botiquín,

tenía una pequeña

hendija

por donde se colaba

el sol de Ludwigshafen

un sol de verano

directo y mortal,

tal como suele

decirme mi

herr doktor.

 

 

II

 

Mascarón de proa

y anteojos negros.

 

Rompecabezas letal

esparce la letanía

del dolor

punzante de la luz.

 

Parapetada en el

el refugio anti-misiles,

recuerdo de guerras pasadas

y advertencia para las futuras.

 

Aún en contra del

precepto del padre faústico,

 

rápido

rápido

 

más silencio,

más oscuridad.

 

 

III

 

Suspendido

el incesante

rumor

sinéstesico,

 

 

desbarranca

la visión

enturbiada

por endebles conjeturas.

 

Este túnel,

que es mi casa,

estos ojos que

indagan la

sutileza cromática de

la noche

su único reposo

esta locura,

que pestañea

ante la llegada

mortífera

del

alba.

 

 

IV

 

Expulso

recuerdos cromáticos

 

táctil y nocturna

así me quiere

él.

 

 

V

 

41 años

 

allí me detendré

para brindar con el

extraño

golem

de luz

 

Aniversario

de cieguitos

improvisados

 

ya morí

para el radiante

día,

 

sobrevivo en

el cadáver

noctámbulo

de las

rosas.

 

 

 

 

CHICOS ÍNDIGO

 

 

II- CAJA DE VOCES

 

 

 

once

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablo directamente, y hay mirada suficiente, planicie visual, me lleva hasta...perdón no quisiera que se asimilara con ningún acto de vampirismo decadente, el hombre maduro usufructuando la gracia infantil...no, no es eso, ni tampoco hipnosis, o campo electromagnético. Hablo directamente, y hay anclaje en un puerto de ensueño, es la clave cifrada, el arquetipo en su eterno ritornello... ese país inalcanzable. Ojos de fuego, ojos que son brasas, querubines solipsistas en un cuento de Philip K. Dick, leyendo biblias forradas en wug, haciendo sus propias versiones lacónicas y salvajes. Es curiosidad oportuna, chance histórica de volver allí, a las manifestaciones micropolíticas de la infancia.

                                             

                                                                                  (el  profesor de literatura- 52 años) 

 

doce

 

Me llamo Miguel Ángel. Tengo doce años y les voy a contar como me imagino dentro de 23 años.

Estoy en uniforme, con un casco que tiene un águila. Tengo treinta y cinco años.

Camino por la calle, los otros están vestidos normalmente. Yo soy diferente. Soy parte de algo así como la NASA, pero no se llama de esa manera.

Estoy allí para ayudar, dar información. Están listos para pasar a otra dimensión. Estoy allí para ayudarlos en ese paso, porque una vez que se encuentren en la otra dimensión, se perderán.

Más tarde, me encuentro con mi hermana, que tiene 33 años, para almorzar, en un restaurante de la ciudad.

Ella lleva el mismo uniforme que yo. Trabaja en las oficinas de la NASA.

Los dos trabajamos en una base secreta, pero tenemos prohibido decir donde está localizada.

Más tarde, me encuentro con mi otro hermano: Nicolás que tiene 24 años y mi hermana menor: Cecilia que tiene 22.

Nicolás es millonario, porque ya patentó muchos inventos....es ingeniero.

Cecilia es muy linda y posee poderes especiales.

La NASA le ha implantado a papá una inteligencia superior, para permitirle cumplir sus nuevas funciones.

Nos encontramos en la ciudad, veo una burbuja que cubre a la ciudad y los parques. En esa burbuja, la polución no puede entrar, y muchos animales viven dentro de ella.

Pájaros, conejos, mariposas, nuestros perros y gatos...

Hay mucha verdura, plantas, flores multicolores...

A primera vista, el conjunto es tal cual se ve, pero en realidad existen varios agujeros negros que permiten una expansión del conjunto. Todos los agujeros conducen al mismo lugar. El terreno se vuelve más grande y se extiende hasta el mar.

Un agujero se abre sobre el pasado, otro sobre el futuro, otro sobre un espacio destinado a la creación de pensamientos, otro comienza a abrirse sobre una dimensión superior.

La ciudad y el campo tienen la facultad de desplazarse volando.

Para hacer volar al conjunto, por lo general papá, o alguno de nosotros, vamos a la sala de control, situada en el sub-suelo y piloteamos el conjunto hasta su destino final. En su lugar creamos

un holograma, destinado a las personas que no están en nuestra dimensión. Este sistema fue creado por mi hermano Nicolás.

Los fines de semana nos vamos a una isla desierta de la Polinesia, pero podemos ir donde queramos, incluso a otras galaxias.

Nuestra misión es ayudar a las personas que no pudieron evolucionar, a volver a su pasado para limpiar los pensamientos que impiden su evolución. En el jardín tenemos una puerta/agujero que da sobre el pasado de cada uno.

Mi hermana y yo, franqueamos el umbral de esa puerta y volvemos al pasado de alguna persona, donde cambiamos los acontecimientos. Una vez que hicimos el trabajo, la persona olvida este episodio del pasado y se vuelve más luminosa, lo que le permite evolucionar.

Una vez en el pasado de la persona, no nos ocupamos de persuadirlo de cambiar su comportamiento, sino que hacemos intervenir a nuestra otra hermana, que tiene el don de entrar en los cuerpos de las personas no evolucionadas, para hacerlos cambiar de actitud.

Vivimos en nuestra dimensión y algunas veces  hay personas menos evolucionadas, que nos ven por unos pocos segundos, cuando ellos tienen pensamientos elevados...

 

                                                                     (Miguel Ángel- 12 años)

  

 

catorce

  

Maestro: ¿Cuál es el camino   del Tao?

Leo: El ciprés cerca de  la tumba de mi padre.

Maestro: ¡Por favor, no use una metáfora con objetos  concretos!

Leo: Bueno, no referiré  a nada concreto.

Maestro: Entonces, ¿cuál es el  camino del Tao?

Leo: El gigante vestido de sombras crecientes, en marejadas convexas, volátil.

Maestro: Estoy esperando aún, ¿cuál es el camino del Tao?

Leo enmudece –pausa– para luego señalar un lugar impreciso, no lejos del horizonte.

 

                                                      (el primer día en el taller literario)

 

dieciocho

Soñé que Luisa Valenzuela y Héctor Libertella estaban casados y vivían en una espléndida mansión en la calle Soler. Buenos Aires, en esa zona, era como Roma, con colinas y predominio  de colores ocres.

La casa de Valenzuela- Libertella estaba en un barrio lleno de iglesias: barrocas, bizantinas, neo-clásicas. Libros por todas partes y un hermoso jardín. En esa casa tenían un taller literario al que había sido invitado. Todos los alumnos éramos alternativamente adultos y niños. Luisa nos servía té y nos dejaba escribir libremente, no daba ninguna consigna ni hacía ninguna observación, se limitaba a tomar sol en el jardín y a servirnos  té y cosas ricas.

Luego de escribir íbamos al sótano de la casa, que era como una catacumba romana, lleno de botellas de vino añejas, y allí jugábamos. Cuando subíamos, nos íbamos a dormir en preciosas camas dispuestas por Luisa y Héctor camitas como las de los 7 enanitos, mientras escuchábamos una conversación trivial del matrimonio en la habitación de al lado y eso nos tranquilizaba mucho porque entendíamos que los escritores también tenían una vida común y hablaban de cosas banales.

A la mañana Luisa nos despertaba... ese día estaba particularmente contenta. Me pidió que le alcanzara el libro de actas, iba a vender sus últimas acciones, pertenecientes a unas estancias correntinas que había heredado y eso le iba a dar mucho dinero. Héctor hizo un chiste, pero el sueño ya comenzaba a desvanecerse...

                                                                                  (A. M. 39 años)


 

Alejandro M. Méndez (Buenos Aires, 1965). Formó   parte  del  colectivo  interdisciplinario: Academia  Medrano. Tradujo a Francis Ponge (El asparagus, 1993, colección Jimmy Jimmereeno). Publicó en poesía: Variaciones Goldberg (Buenos Aires: ediciones del Dock, 2003);  Medley (Barcelona: Suscripción/Larga distancia, 2003. Reeditado como e-book en México por Crunch! editores en el 2005) y también como e-book: Tsunami (México, Crunch! editores, 2005). Además  tiene una  novela, Herodías o del sacrificio, escrita junto a Rafael Cippolini la cual se mantiene inédita. Actualmente trabaja en su libro Chicos índigo .


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