1 ACERCA DEL BIEN Y DEL MAL

 

El bien lo asociamos a la felicidad mientras que el mal lo asociamos al sufrimiento. Por ello, un padre que se preocupa por sus hijos, y los quiere por igual, buscará el bien, y la felicidad, de todos ellos.

 

    Tratará de convencerlos de que deberán compartir tanto la felicidad como las tristezas de los demás. De esa forma se asegurará de que cada uno tratará de beneficiarse junto con los demás. Tampoco ninguno intentará perjudicar al resto, ya que el sufrimiento compartido será su propio sufrimiento.

 

   La ética natural apunta, justamente, a compartir las penas y las alegrías de los demás, es decir, amar al prójimo como a uno mismo. El orden natural nos presenta esta alternativa tan simple que todos podemos interpretarla adecuadamente. Decimos que dicho orden se comporta (a través de sus leyes) como un padre que ha previsto la posibilidad de que sus hijos puedan vivir felices y en armonía. Podemos decir que la ética cristiana es una ética natural.

 

   Este conocimiento básico y elemental no requiere de una revelación desde Dios hacia los hombres, sino más bien de cierta capacidad de observación que permita interpretar adecuadamente el espíritu de la ley natural.

 

   Identificando la ética natural con la ética cristiana, podemos decir también que la religión de Cristo es una religión natural. La religión natural no requiere intermediarios ni intérpretes, sino difusores que la generalicen a un nivel masivo. Todo esto es muy simple. Tan simple que es una idea que podrá cambiar esencialmente a las sociedades humanas.

 

   Quienes adhieren a la postura filosófica que supone que la actual misión de Dios consiste en interrumpir la ley natural en beneficio del hombre, en lugar de ser el hombre quien deba acatar dicha ley, promueven cierta rebeldía. Incluso en el ritual religioso se observa cierta intención de sobornar a quien consideran capaz de lograr tal interrupción. En este caso, la ética queda relegada totalmente por cuanto asocian la virtud a la creencia de que la postura filosófica adoptada es la correcta (ya que les asegurará la vida eterna).

 

   Toda actitud filosófica depende bastante del tipo psicológico al que pertenece cada individuo. De ahí que es prácticamente imposible lograr acuerdos ideológicos, excepto en aquellas cuestiones tan simples como las propuestas por la ética natural.

 

   Las religiones bíblicas apuntan, esencialmente, a lograr un comportamiento ético adecuado, mostrando claramente que el triunfo del bien sobre el mal es prioritario al triunfo de la postura que adhiere a la creencia en el Dios trascendente sobre la postura que adhiere al Dios inmanente.

 

   Tanto en la religión como en las ciencias sociales se debería aceptar un criterio similar al vigente en las ciencias exactas. Los matemáticos y los físicos tienen distintas posturas filosóficas adoptadas respecto de sus respectivas ciencias, pero están de acuerdo en cuestiones demostradas, en un caso, y verificadas experimentalmente, en el otro caso. En cuestiones sociales, debemos lograr acuerdos en cuestiones simples como lo es la ética natural.

 

   El Reino de Dios es un ideal cercano e inmediato, que está dirigido a todos los hombres, cualquiera sea su postura filosófica o creencia a la que adhieran. Este ideal ha sido propuesto a toda la humanidad y no a un reducido sector que se atribuye la exclusividad del conocimiento religioso y del logro de la vida eterna.

 

 

2 ENSAYOS Y CONCLUSIONES

 

Los siguientes ensayos de sociología están organizados en una forma axiomática. Los principios, y las consecuencias deducidas, son accesibles a la observación directa. De ahí que es posible que tales escritos trasciendan a la filosofía y puedan ser considerados dentro del marco de las ciencias sociales.

 

   Se busca una respuesta a la pregunta esencial que se hace el hombre: ¿qué hacer en esta vida?, llegándose a las siguientes conclusiones:

 

■ El universo sigue una tendencia que va hacia los niveles de mayor organización y complejidad.

 

■ El hombre es un sistema complejo adaptativo que trata de describir las leyes naturales que nos rigen buscando una plena adaptación a las mismas.

 

■ La adaptación cultural al orden natural es una continuación de la adaptación biológica al mismo, y hace del hombre un colaborador inmediato de Dios en el proceso de la formación de la humanidad.

 

■ El sufrimiento es una medida del grado de desadaptación respecto del orden natural.

 

■ La ética natural es la respuesta que el hombre da al sentido de la vida impuesto por el orden natural.

 

■ La ley natural es el vínculo invariante entre causas y efectos.

 

■ El bien es producido por la actitud del amor, mientras que el mal es producido por el odio, el egoísmo y la negligencia.

 

■ Al hombre podemos describirlo mediante tres dimensiones principales: el cuerpo, la mente y los sentimientos. El hombre mutilado es el que realiza su vida principalmente en función de su cuerpo.

 

■ La historia de la humanidad puede describirse como un proceso de progresiva adaptación al orden natural.

 

■ La filosofía trascendente materializa en un hombre a la idea de Dios, mientras que la filosofía inmanente lo hace mediante las leyes y el orden natural emergente.

 

■ Si se asocia la ley de Dios a la ley natural, se identifica ciencia con religión.

 

■ ¿Qué hacer? Comparte las penas y las alegrías ajenas como si fuesen propias. Adopta como meta para tu vida este simple objetivo y así habrás adoptado la mejor decisión, porque en ella reside el camino de la felicidad.

 

■ Despreocúpate de todo aquello que no sea accesible a tus decisiones y concentra tu atención en la adopción de la mejor actitud respecto de tus semejantes.

 

■ El amor, antes que los medios de producción, ha de ser el vínculo social básico a partir del cual se ha de establecer el orden social.

 

■ La ciencia progresa mediante el método de “prueba y error” y se descartan aquellas descripciones que difieran de la realidad con un error superior al establecido convencionalmente.

 

■ El Reino de Dios bíblico puede interpretarse como el resultado de lograrse una plena adaptación cultural al orden natural.

 

■ La verdadera felicidad es la que puede compartirse con los demás.

 

■ Si no existieran el bien y el mal, tampoco existiría la posibilidad de mejorar, es decir, de cambiar desde el mal hacia el bien.

 

 

3 LA IDEA DE DIOS

 

 

Cuando pensamos que estamos inmersos en un mundo que no fue realizado por nosotros, asociamos el nombre de Dios a ese ser imaginario que lo hizo todo. Quizás no exista una idea más simple que ésta. En cuanto a qué es Dios, existe una tendencia  a imaginarlo de distintas formas. Muchos lo asocian a un ser humano, otros a la propia naturaleza, o al orden natural.

 

    La palabra “Dios” ha sido aceptada por muchos como significativa de “Dios personal”, y protestan en cuanto alguien la utiliza para designar al propio orden natural. Sin embargo, nadie debería atribuir una significación exclusiva de dicha palabra, por cuanto con ella debemos designar tanto a un Dios personal como a un Dios inmanente al mundo y a la naturaleza. Es más cercano a nosotros un Dios que todo lo incluye, a uno que interviene ocasionalmente, o que no interviene nunca.

 

   No menos importante que la idea de Dios es el efecto que tal idea producirá en cada uno de nosotros. La idea de Dios es, en cierta forma, un concepto que depende bastante de la actitud filosófica que adoptemos, mientras que los efectos de esa actitud se materializarán en una ética derivada de tales creencias, o de tales razonamientos al respecto.

 

   Podemos decir que dos religiones son equivalentes en cuanto producen los mismos efectos en distintas personas. Incluso si al intercambiar, en una expresión, la palabra “Dios” por “dioses”, o por “orden natural”, se mantiene un significado similar, podemos decir que son dos estructuras lógicas idénticas. Ello se debe a que utilizamos, sin saberlo, el concepto de “caja negra”. Dentro de esa caja, de la cual conocemos ciertas propiedades, suponemos que se encuentra un Dios personal, o varios dioses especializados, o solamente la sustancia única regida por leyes naturales invariantes.

 

   Quienes no estén familiarizados con la ciencia y con su método, desconocerán el concepto de ley natural y es posible que sigan asociando al mundo real un Dios que interviene en los fenómenos humanos y naturales. En estas personas pueden surgir  dudas respecto de la existencia de tal Dios, mientras que, para quienes identifican a Dios con el orden natural, no cabe ninguna duda al respecto. De esa forma, todos los esfuerzos intelectuales se destinan a conocer la forma de dicho orden, o su aparente finalidad.

 

   Mientras que en el ámbito de la ciencia se aceptan las teorías propuestas según que sus resultados se adapten a la realidad, y no por las características de los principios adoptados, en la religión es posible llegar a resultados éticamente aceptables partiendo de cualquiera de los tres puntos de partida mencionados (dioses, Dios personal, orden natural), si bien esta última posibilidad es la única que queda libre de contradicciones lógicas no dando lugar tampoco a conflictos.

 

   A continuación se mencionan algunos escritos del pensador romano Epicteto, cuya ética es bastante coincidente con la cristiana. Sin embargo, hay veces en que Epicteto se refiere a “los dioses”, antes que a un Dios único. A pesar de esta creencia, su actitud es enteramente compatible con la ética natural. Esto nos indica que hay instancias superiores a la idea de Dios, y que una creencia en sí misma no garantiza una postura moral beneficiosa al individuo y a la sociedad.

 

Epicteto: “Lo primero que es preciso aprender es que hay un Dios que con su providencia lo gobierna todo, al cual no se le oculta ninguno de nuestros actos, como ninguno de nuestros pensamientos e inclinaciones. Luego hay que examinar cuál es su naturaleza. Conocida ésta, es indispensable que los que quieran agradarle y obedecerle se esfuercen en parecérsele, y, por tanto, que sean libres, fieles, benéficos, misericordiosos y magnánimos. Por consiguiente, que todos tus pensamientos, todas tus palabras y todos tus actos sean los actos, pensamientos y palabras de un hombre que quiere imitar a Dios y parecérsele”.

 

Comentario: Esta expresión proviene de considerar a Dios como un hombre, del cual se imaginan atributos que los hombres debemos adoptar. No es difícil suponer que si Epicteto hubiese conocido a Cristo, lo habría aceptado plenamente.

 

Epicteto: “Seguro estoy que delante de una estatua de los dioses te avergonzaría cometer actos deshonestos. ¿ Cómo, entonces, puesto que te ven y te oyen de continuo, no te ruboriza y espanta tener pensamientos obscenos y hacer actos impuros que les hieren, les deshonran y les afligen ?. ¡Ay, enemigo de los dioses! ¡Cobarde! ¡Miserable que olvidas tu divina naturaleza!”.

 

Comentario: En este caso asocia a los dioses un requerimiento moral hacia los hombres. Mientras que la religión  pagana (no vinculada a la ley natural) busca la realización de un intercambio de pedidos y favores entre creyentes y dioses, la religión moral busca el mejoramiento ético del ser humano.

 

Epicteto: “¿En qué consiste que los ignorantes son siempre más fuertes que vosotros en las disputas y acaban por reduciros a silencio? Pues, sencillamente, en que si bien profesan errores, están firmemente persuadidos de ellos, mientras que vosotros lo estáis débilmente de vuestras verdades. Como no os brotan del corazón, sino de los labios, son débiles y mortecinas. Por ello también esa deleznable y enclenque virtud que predicáis se expone de continuo a la pública chacota y se derrite, en cuanto la atacan, como la cera con los rayos del sol. Alejaos, pues, del sol mientras no tengáis sino opiniones de cera”.

 

Comentario: El fanatismo religioso siempre resulta más convincente que el racionalismo que todavía no ha alcanzado la verdad final. El fanático parte de la verdad que cree poseer, el racional encuentra la verdad al final del camino.

 

Epicteto: “Es mucho mejor perdonar que vengarte. Perdonar es propio de una naturaleza buena y humana. Vengarse, sólo de una naturaleza feroz y brutal”.

 

Comentario: Cuando encontramos ideas similares a las predicadas por Cristo, ello no hace sino confirmar la existencia de verdades objetivas y accesibles a todos los hombres.

 

Epicteto: “El ser libres o esclavos no depende de la ley ni del nacimiento, sino de nosotros mismos; porque todas las cadenas y todo el peso de ciertas prescripciones legales serán siempre mucho más leves que el dominio brutal de las pasiones no sometidas, de los apetitos insanos no satisfechos, de las codicias, de las avaricias, de las envidias y demás desenfrenos. Que aquéllas, cuando más, sólo podrán pasar sobre el cuerpo, y éstas, además, sobre el espíritu. Por malo que sea el amo a que aquellas nos sometan, siempre tendremos momentos de respiro y esperanzas de manumisión; éstas nos someten a tantos y tan crueles males, que generalmente sólo la muerte puede librarnos de su yugo”.

“Los dioses me han concedido la libertad, y como conozco y acato sus mandatos, nadie puede hacerme esclavo, porque tengo el libertador y los jueces que necesito”.

“No consiste la felicidad en adquirir y gozar, sino en no desear. En esto es en lo que verdaderamente consiste ser libre”.

 

Comentario: Epicteto tiene presente la existencia de las pasiones, ligadas a nuestra esencia biológica, que se oponen a las virtudes, ligadas a nuestra esencia cultural. En las prédicas cristianas se habla de la esclavitud asociada al pecado, concepto enteramente similar.

 

Epicteto: “Siempre prefiero lo que sucede, porque estoy persuadido de que lo que los dioses quieren es mejor para mí que lo que yo quisiera. A ellos, pues, mis movimientos, mis voluntades, mis temores. En una palabra: quiero lo que ellos quieren”.

 

Comentario: Esta sería la típica actitud de acatamiento, de sumisión o de obediencia a Dios (o a los dioses), lo que posteriormente podrá interpretarse como la actitud de adaptación al orden natural que debe imperar en cada uno de nosotros.

 

Epicteto: “Consultamos temblando a los augures y en nuestro miedo insensato dirigimos a los dioses ardientes plegarias como ésta: «¡Dioses, apiadaos de mí y permitid que salga con bien de esta empresa!». Vil esclavo, ¿cómo pretendes de ellos algo que no sea lo mejor para ti? ¿Y qué puede ser lo mejor para ti sino lo que ellos te deparen? ¿Por qué, pues, tratas de sobornar por cuantos medios están a tu alcance a tu juez y árbitro?”.

 

Comentario: La adulación a Dios, tan común en la religión que perdió su carácter moral para llegar a ser tan sólo un medio para establecer un intercambio de pedidos y concesiones, nos hace recordar las palabras de Cristo: “..porque Dios ya sabe qué os hace falta antes que se lo pidáis”.

 

Epicteto: “¿Habrá algo más inútil que ir a consultar a augures y adivinos sobre las cosas que ya nos están señaladas? Y si se trata de exponerme a un peligro para salvar a un amigo, o morir por él, ¿qué necesidad tengo de adivino alguno? ¿No llevo en mi interior un adivino más infalible, el cual me ha enseñado la naturaleza del bien y del mal y me ha revelado todas las señales mediante las cuales puedo reconocer todo lo que me sucederá?”.

 

Comentario: Nuestro futuro ha de depender de nuestras decisiones, antes que de un destino prefijado e independiente de ellas. Tales decisiones estarán orientadas por el criterio del bien y del mal, buscando lo primero y evitando lo segundo.

 

Epicteto: “Si los dioses me abandonan como me han abandonado en la indigencia, en la oscuridad y en el cautiverio no es porque me tengan odio; ¿qué amo es capaz de aborrecer a su fiel servidor? Tampoco es por descuido, pues los dioses no descuidan ni las cosas al parecer más insignificantes. Lo que quieren es ponerme a prueba para cerciorarse de si tienen en mí a un buen soldado, de si soy un buen ciudadano; es decir, que quieren, éste es su fin inmediato, que les sirva de testigo ante los demás hombres”.

 

Comentario: Este es el origen, pareciera, de la explicación, que aún hoy se utiliza, para describir la existencia de sufrimiento en quienes llevan una conducta moral intachable. También podemos describir esta situación en base a una ley natural invariable, que no cambia ni aún para acomodarse a las situaciones particulares de los hombres. Por el contrario, es el hombre el que debe prever el futuro para evitar todo mal posible.

 

Epicteto: “De lo existente, unas cosas dependen de nosotros: otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es débil, esclavo, sometido a impedimentos, ajeno. Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a los dioses y a los hombres, mientras que si consideras que sólo lo tuyo es tuyo y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligará, nadie te estorbará, no harás reproches a nadie, no irás con reclamos a nadie, no harás ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendrás enemigo, nadie te perjudicará ni nada perjudicial te sucederá”.

 

Comentario: si bien esta distinción es aconsejable respecto de la felicidad que hemos de lograr, la idea es de primordial importancia en el aspecto religioso. Esto se debe a que debemos tener presentes lo que es accesible a nuestras decisiones y lo que no lo es. No debemos preocuparnos por las posibles decisiones de Dios (en caso de que intervenga) o por la posible existencia de la vida eterna, sino tan sólo en adoptar la mejor actitud ética posible.

 

 

4 FE Y VIOLENCIA

 

Es evidente que las acciones humanas vienen determinadas por las ideas y las creencias que llevamos depositadas en nuestra mente. Esas ideas y creencias pueden también ser inducidas por ideólogos que, a través de sus escritos, ejercen una efectiva influencia sobre muchos individuos. En esto consiste esencialmente el gobierno mental del hombre sobre el hombre, algo que se da en el ámbito de la política y también en el ámbito de la religión.

 

   Cuando la influencia proviene de Dios, la acción humana se torna totalmente dependiente del que afirma ser su mensajero. La religión de la fe supone la existencia de “mensajeros verdaderos” antes que la existencia de “mensajes verdaderos”, y el fanatismo surge como una consecuencia inmediata.

 

   El profeta, a través de sus escritos, induce, sugiere y justifica las acciones de sus seguidores. No es lícito dudar del profeta, porque esa actitud implica un sacrilegio contra el mismo Dios. La palabra Islam significa “sumisión”, tanto a Dios como al profeta. Se mencionan algunos pasajes del Corán:

 

Mahoma: “Diferentes profetas han venido en nombre de Dios a ilustrar sus distintos atributos. Moisés, su clemencia y providencia; Salomón, su sabiduría, majestad y gloria; Jesucristo, su justicia, omnisciencia y poder; su justicia por la rectitud de su conducta, su omnisciencia por el conocimiento de los secretos de todos los corazones, su poder por los milagros que realizó. Pero ninguno de estos atributos ha bastado para lograr la conversión; y hasta los milagros de Jesús y Moisés han sido recibidos con incredulidad. Por lo tanto, yo, el último de los profetas, soy enviado con la espada. Los que promulgan mi fe no deberán entrar en argumentaciones ni discusiones, sino acabar con todos los que se nieguen a obedecer la ley. Todo el que luche por la verdadera fe, tanto si cae como si vence, recibirá una recompensa gloriosa”

 

Comentario: Debemos recordar que Cristo dijo: “…vendrán falsos profetas…”, mientras que la Segunda Venida de Cristo habrá de producirse en una forma abrupta, no habiendo lugar para “profetas intermedios” entre su primera aparición y la segunda. De ahí que, si Mahoma se considera a sí mismo como un enviado, lo ha de ser fuera de la predicción y de la tradición bíblica.

 

Mahoma: “La espada es la llave del cielo y del infierno; todos los que la sacan en defensa de la fe serán recompensados con beneficios temporales; cada gota de sangre que derramen, cada peligro y tribulación que padezcan quedarán registrados en lo alto y se les atribuirá más mérito que al ayuno y a la oración. Si caen en la batalla, sus pecados quedarán perdonados en el acto y serán transportados al paraíso, en donde vivirán en medio de eternos placeres entre los brazos de huríes de ojos negros”.

 

Comentario: Quienes piensan que la lucha histórica se da entre fe y ateísmo, o entre paganismo y revelación, deben considerar que la verdadera lucha histórica se da entre el Bien y el Mal. La violencia, provenga de la fe, del politeísmo o del ateísmo, producirá malos efectos, en todos los casos.

 

Mahoma: “Te preguntarán por el mes sagrado y querrán saber si pueden hacer la guerra en él. Responde: luchar en ese mes es grave; pero negar a Dios, obstaculizar el camino de Dios, arrojar a los verdaderos creyentes de su sagrado templo y adorar ídolos son pecados mucho más graves que matar en los meses sagrados”. (Citado en “Mahoma”, de Washington Irving, SALVAT Editores SA, pág.97-98)

 

Comentario: A quienes estamos familiarizados con las prédicas cristianas, nos resulta sorprendente leer estos escritos. Luego, ya no nos causará tanta sorpresa informarnos de la existencia de los “mártires de la fe”, que suponen que irán al paraíso luego de matar a algunos infieles. Nótese que para Mahoma la “adoración de ídolos” es “más grave que matar”. De ahí que, seguramente, habría considerado a Epicteto como un “adorador de dioses falsos”, ignorando el contenido moral de sus prédicas, mientras que Mahoma encubre a uno de sus seguidores luego de que éste mató para robar; eso sí, en “nombre de la verdadera fe”. 

 

   Los atentados terroristas de origen islámico resultan demasiado preocupantes. De ahí que muchos esperan cierto entendimiento con los fundamentalistas islámicos. Sin embargo, es muy difícil lograr algún acuerdo entre el que busca la verdad y aquél que supone poseerla por medio de la fe, ya se trate de un cristiano, un judío o un musulmán. Nadie quiere arriesgarse a “perder el premio” de la vida eterna y el paraíso. Por ello, el cristiano tradicional poco ha de ceder en cuestiones de creencias y de adhesión a su Iglesia. Tampoco el islámico va a dejar de lado, fácilmente, las directivas de Mahoma. De ahí que todo entendimiento sólo será posible entre personas que tengan cierta libertad de pensamiento.

 

   Ante las divisiones y antagonismos de origen religioso, surgen las opiniones de quienes sugieren dejar de lado a la religión, considerándola como algo propio del pasado de la humanidad. A quienes suponen que la religión debe perder todo carácter social para convertirse exclusivamente en algo de dominio personal, se les debe recordar que la violencia terrorista o la violencia urbana son hechos que nos atañen directamente y que requerirán de una solución de la cual la religión deberá tener un importante lugar.

 

   Así como el individuo que carece de conciencia moral se transforma poco menos que en un monstruo racional carente de sentimientos humanos, las sociedades que dejan de lado la religión tienden a dejar de lado toda búsqueda ética. Christopher Dawson escribió:

 

“Esta desviación espiritual de sus más grandes espíritus es el precio que debe pagar toda civilización cuando pierde sus bases religiosas, y se contenta con un éxito puramente material. Estamos apenas comenzando a comprender cuán íntima y profundamente está ligada la vitalidad de una sociedad con su religión. El impulso religioso es el que proporciona la fuerza cohesiva que unifica una sociedad y una cultura. Las grandes civilizaciones del mundo no producen las grandes religiones como una especie de subproducto cultural; en un sentido muy real, las grandes religiones son los cimientos sobre los cuales descansan las grandes civilizaciones. Una sociedad que ha perdido su religión se convierte más tarde o más temprano en una sociedad que ha perdido su cultura”.

 

 “La religión es la gran fuerza dinámica en la vida social, y los cambios vitales en la civilización siempre están relacionados con cambios en las creencias e ideales religiosos” (De “Progreso y religión” – Ed. “La espiga de oro”)

 

 

 

5 EL BIEN Y EL MAL DE LA HISTORIA

 

 

Uno de los problemas filosóficos más antiguos es el de la existencia, o no, del bien y del mal, como aspectos objetivos de la realidad. Si no existiesen, no tendría sentido la ética ni el mejoramiento individual, por cuanto no tendrían sentido conceptos tales como “hacer el bien” o “hacer el mal”.

 

   Mencionaremos las opiniones filosóficas que históricamente se han emitido al respecto. Así como existe una filosofía por autores, es posible también establecer una filosofía por temas, tal como se presenta en el libro “Las enseñanzas de los grandes filósofos” de S.E. Frost (h), de la Editorial Claridad.

 

S.E.Frost: “Los primeros filósofos griegos se interesaban especialmente en el problema de la naturaleza del universo y sostenían que había leyes que lo controlaban todo. Por tanto, la bondad se encontraba, para ellos, en armonía con esas leyes. Les agradó tanto esta idea de ley, que ni aun el mal les preocupaba, pues llegó a ser, para ellos, una mera fase o nota de la armonía universal; es decir, que no era realmente mal, sino otra clase de bien, una parte necesaria del bien total”

 

Comentario: Al existir una transición gradual entre el bien y el mal, podemos asociar a esta variación una progresiva adaptación del hombre al orden natural. El sufrimiento humano no sería otra cosa que una desadaptación a dicho orden.

 

S.E.Frost: “Para Demócrito, la bondad no dependía sólo de la acción, sino también de los deseos íntimos del hombre. El hombre bueno no es aquel que hace el bien, sino el que quiere hacerlo siempre. «Se distingue el hombre sincero del falso –decía- no sólo por lo que hace, sino también por lo que desea hacer». Tal bondad acarrea la felicidad, meta de la vida”.

 

Comentario: A la idea del bien se le asocia la felicidad. Así, el bien sería el resultado óptimo del proceso de adaptación por el cual llegamos a la felicidad. Esta sería la meta de nuestra vida y su sentido sería el camino utilizado para llegar a esa meta.

 

S.E.Frost: “Con la llegada de los sofistas, el problema del bien y del mal cayó en confusiones. Si, según sostenía Protágoras, «el hombre es la medida de todas las cosas», también es la medida del bien y del mal. Los sofistas entendían por hombre al ser humano individual. Cada cual tiene el derecho a determinar por sí lo que es bueno y lo que es malo. La determinación de esto es, naturalmente, el caos. Lo que yo considero malo, otros pueden considerarlo bueno, y a la inversa. Y así quedó el problema tras los sofistas. Como resultado, cada hombre tenía su propio código del bien y del mal; desafiaba a otros para probar que estaban equivocados o para justificarse él”

 

Comentario: El relativismo moral surge como una consecuencia de ignorarse las leyes naturales a las cuales debemos adaptarnos. De ahí que tampoco se ha de intentar mejoramiento alguno. El caso antes mencionado se traducirá en la ausencia de un sentido objetivo de la vida, lo que implica cierta desorientación a nivel individual y social.

 

S.E.Frost: “Muchos sofistas representativos, como Eutidemo, Trasímaco y Calicles, sostenían que la moral era mero convencionalismo, hábito; que no había leyes morales ni principios exclusivos de bien ni de mal. Estos pensadores trataron de justificar el principio de que cada hombre debe vivir como desee, conseguir lo que quiera por cualquier medio y establecer su propio código moral. El resultado de esta teoría fue la anarquía moral, el individualismo puro y el más alto grado de egoísmo”.

 

Comentario: Al dejarse de lado todo tipo de acuerdo social, especialmente en lo que se refiere a la moral, se pierde la posibilidad de establecerse una estructura social, pasando una población a ser un simple agrupamiento de hombres que carece de objetivos comunes.

 

S.E.Frost: “Sin embargo, un estudio más detallado de estas doctrinas, revelan posibilidades aprovechables. Los sofistas hacían un llamamiento a la mente humana independiente; se revelaban contra la autoridad arbitraria en cuestiones de moral y argumentaban que la mente humana debe pensar por sí misma y, al hacerlo, descubrir el código del bien y del mal. Defendían al individuo y su independencia. Es verdad que extremaron esto y no vieron el bosque a fuerza de mirar los árboles; pero hicieron uso de algo que es indispensable para el hombre moderno: la libertad de pensar y de llegar a conclusiones acerca del bien y del mal. Desafiaron la teoría moral para justificarse ante la razón humana”.

 

Comentario: El relativismo moral surge, muchas veces, como una reacción al fundamentalismo de tipo religioso. La atribución de ciertos grupos, o instituciones, de ser elegidos para legislar, o para decretar, lo que es bueno o malo, lleva a reacciones que tratan de invalidar toda ley moral. La actitud fundamentalista tampoco acepta opiniones o comentarios por parte de los demás integrantes de la sociedad, por lo que se trataría de una verdadera imposición de creencias o de ideas sectoriales.

 

S.E.Frost: “Sócrates, aunque influido por los sofistas, no coincidía con ellos. También él estaba interesado en el problema del vivir moral, por lo que muchas de sus enseñanzas se refieren al significado del bien y del mal.

   Creía firmemente que debía haber un principio básico del bien y del mal, una medida aplicable más allá de las creencias de cualquier individuo. Por ello, preguntaba con insistencia: ¿Qué es el bien? ¿Cuál es el bien supremo por el que se mide todo lo demás del universo? Su respuesta era: el bien supremo es la sabiduría”.

   Todo el que conozca el bien, lo hará, pues nadie, según Sócrates, es malo por voluntad propia. Cuando sepamos que una cosa es buena, la realizaremos. Por tanto, lo decisivo en el hombre es descubrir qué es lo bueno. Sócrates pasó la vida tratando de ayudar a los hombres a descubrir el bien, única forma de vivir que él consideraba valiosa”.

 

Comentario: El hombre, mediante la razón, se anticipa a sus propios sentimientos y va adquiriendo una conciencia ética. Una vez que conoce las causas que siempre producen el bien y aquéllas que siempre producen el mal, no tendrá dudas al intentar realizar las primeras.

   Encontramos en el hombre las cuatro actitudes básicas que materializan el bien (amor) y el mal (odio, egoísmo, negligencia). Una vez que hemos aceptado este aspecto de su comportamiento, es posible (no sin gran esfuerzo) intentar realizar el bien en toda ocasión.

 

S.E.Frost: “Consideraba (Platón) al hombre formado de tres partes: los apetitos, relacionados con las funciones del cuerpo y  los deseos; la voluntad, parte espiritual del hombre y relacionada con la acción y la valentía; la razón, reflejo de lo más elevado y mejor que tiene el hombre. Vivirá éste una vida justa cuando la razón dirija a la voluntad y a los apetitos, pues entonces será sabio, valiente y sobrio”.

 

Comentario: El hombre busca los placeres del cuerpo y también los beneficios que brindan el intelecto y las satisfacciones morales, asociadas estas últimas a los sentimientos y a la conciencia moral. De ahí que el bien será una consecuencia de priorizar los sentimientos sobre el intelecto y sobre lo corporal. El comportamiento ético sólo será una consecuencia de esta prioridad adoptada.

 

 S.E.Frost: “¿Cuál es la actitud racional? Aristóteles sostuvo que consistía en el «término medio». Por ejemplo, el valor es considerado como el término medio entre la cobardía y la temeridad. Será justo el hombre que viva de acuerdo con dichos términos medios, el que no se pierda en extremos, sino que equilibre un extremo con el otro. Por tanto, la vida buena es aquella en que el hombre realiza completamente la parte suprema de su naturaleza, la razón”.

 

Comentario: Parte de este equilibrio entre pasiones, razón y sentimientos es la prioridad antes comentada. En cuanto al ejemplo citado, es oportuno decir que el que no siente temor por nada, arriesgará con facilidad su propia vida, y, a veces, la de los demás, provocando perjuicios a nivel social. Por el contrario, el temeroso en exceso se alejará del medio social y es posible que la inacción sea una característica imperante en su vida.

 

S.E.Frost: “Epicuro sostuvo que la meta de toda actividad humana es el placer, que la felicidad es el bien supremo para todos; pero advertía que el hombre debe tener cuidado con la elección de placeres, pues algunos tienen como final el dolor y el sufrimiento. Ejemplo, un manjar delicado produce placer al comerlo; pero si se ingiere en exceso, aunque se goce con ello, acabará por producir indigestión, gota y otras molestias”.

 

Comentario: En esto vemos claramente que sólo podemos decir que una acción será buena o mala, luego de tener en cuenta todas las consecuencias y efectos posibles. De ahí que, a veces, resulta difícil decir que algo es bueno o malo. Sin embargo, sus consecuencias y efectos serán beneficiosos o perjudiciales aunque no podamos preverlos, o describirlos, adecuadamente.

 

S.E.Frost: “Los estoicos sostenían que el bien mayor estaba en obrar de acuerdo con el universo, pues el hombre es parte del universo y tiene una función definida que realizar dentro del desarrollo universal. Como el poder que gobierna el universo es la razón, ésta debe gobernar a cada hombre en todas sus acciones.

   El hombre debe someterse a las leyes del universo y vivir de acuerdo con la naturaleza. Es bueno quien vive ajustándose a la naturaleza, obedeciendo sus leyes y sometiendo sus acciones a la razón, que es una parte de la razón universal”.

 

Comentario: Desde el punto de vista científico, que predomina en la actualidad y que, seguramente, seguirá prevaleciendo en el futuro, todo lo existente está regido por leyes naturales. De ahí que al hombre sólo le queda la posibilidad de conocerlas y de obedecerles. Esta es, en esencia, el fundamento de la religión natural, cuyo progreso ha de estar ligado a una mejor descripción de tales leyes y a una óptima difusión de las ideas emergentes. El cristianismo expresa en forma óptima una actitud frente al universo que ya se venía manifestando en épocas pasadas.

 

S.E.Frost: “Filón de Alejandría sostenía que Dios era la pureza perfecta, que no estaba de ningún modo en contacto con la materia, que era la fuente de todo bien, así como la materia lo era de todo mal. Análogamente, la parte espiritual del hombre, su mente o alma, es el asiento del bien, mientras que su cuerpo, la materia, lo es del mal. Por tanto, cuando el alma se incorpora al cuerpo, cae de la perfección divina y se predispone al mal. Claro está que la meta del hombre es librarse del cuerpo y de todos sus pecados volviendo a Dios, bondad perfecta. Plotino opinaba, análogamente, que la materia es la fuente del mal y Dios, la del bien”.

 

Comentario: El alejamiento del cristianismo respecto de la ciencia, y de la religión natural, comienza con el alejamiento respecto del estoicismo, acercándose a la postura de Filón antes mencionada. Incluso se ha llegado al extremo de asociar el bien y el mal, no a una actitud ética, sino a una postura filosófica, o a una creencia, ya que tener fe, para muchos, significa creer en la validez de la postura filosófica que asocia el bien a un Dios trascendente y el mal a la materia.

 

S.E.Frost: “A través de la tradición religiosa occidental hay un dualismo que proviene, en esencia, de las religiones primitivas orientales. El cristianismo lo aceptó y lo hizo básico al tratar el problema del pecado y de la redención.

   Los apologistas enseñaron que Dios hizo al hombre bueno, pero que éste abandonó a Dios por seguir a la carne, al cuerpo; así vino al mundo el pecado”.

 

Comentario: Cuando el hombre olvida su esencia cultural tornándose un esclavo de su cuerpo, por quien y para quien vive, pierde su esencia humana. Pero este es un concepto sencillo y fácil de describir, por lo que no tiene sentido complicarlo innecesariamente con razonamientos como el anteriormente citado por Frost.

 

S.E.Frost: “San Agustín encontró que la esencia del mal en el universo le causaba molestias inacabables. Dios, toda perfección y toda bondad, había creado el universo de la nada, y ¿cómo podía crear un universo en el que existiese el mal? ¿Cómo explicar el mal en un mundo creado por un Dios infinitamente bueno?

   Como solución, sostuvo que todo en el universo es bueno. Aun aquello que parece malo, es bueno, puesto que encaja en el molde universal. Las sombras, los puntos oscuros, son necesarios para la belleza de un cuadro. Vistos en sí mismos, separados del cuadro, parecen feos; pero cuando se ven en el cuadro, ayudan a la belleza del conjunto.

   El mal es, pues, para San Agustín, la ausencia del bien, así como la oscuridad no es más que la ausencia de la luz. El mal que encontramos en el universo ha sido puesto ahí por Dios para completar la bondad del mundo”.

 

Comentario: Tiene más sentido práctico buscar las causas del mal, y del sufrimiento, en las actitudes erróneas del hombre, que intentar justificar una postura filosófica plena de dificultades lógicas. Muchos seguidores de Cristo cambiaron lo esencial de su religión en sus intenciones de fundamentarla adecuadamente. Sin embargo, quien en la actualidad difiere de la postura filosófica de esos seguidores, será considerado casi como un hereje.

 

S.E.Frost: “Abelardo añadió algo nuevo cuando dijo que la bondad o maldad de un acto no está en el acto en sí, sino en la intención del que lo ejecuta. Es neutral el hecho de robar; pues si el ladrón tenía la intención de hacer el bien, el hecho era bueno. «Dios considera no lo que se hace, sino el espíritu con que se hace; y el mérito o demérito del que obra no está en su acción, sino en su intención». Si uno obra de acuerdo con lo que cree justo, si cree que está obrando bien y así lo procura, puede equivocarse, pero no peca. La bondad y la moralidad son entonces cuestión de conciencia, el verdadero pecador es aquél que obra con deseo de hacer el mal; es pecador porque su acción demuestra desprecio deliberado a Dios”.

 

Comentario: Si medimos nuestras acciones, no por los efectos reales, o posibles, sino por los efectos que deseamos que ocurra (hacer el bien), estamos en una postura próxima al relativismo moral. Si se le pregunta a la mayoría de las personas, en una sociedad en crisis, acerca de la opinión sobre cada uno de ellas mismas, la mayoría tendrá una opinión cercana a la óptima, a pesar de que los males siguen existiendo. También es posible que se justifiquen en “sus buenas intenciones” para no hacer nada por los demás o por la sociedad.

 

S.E.Frost: “El más ilustre de los escolásticos fue Santo Tomás de Aquino. Su teoría ética nos da la filosofía de Aristóteles unida a los principios básicos del cristianismo. Dios lo hizo todo, incluso el hombre con cierto propósito, y el bien máximo de todos los seres es la realización de tal propósito. Cuando alguien realiza el propósito para el que fue creado, revela la bondad de Dios; por tanto, el mayor bien es la realización de uno mismo, tal como Dios lo ha ordenado.

   La forma más excelsa de acción es la contemplación de Dios. Esto puede hacerse por la razón o por la fe, pero llega a su grado más alto en lo que Santo Tomás denomina intuición o acercamiento a Dios, que sólo puede completarse en el mundo venidero, en el paraíso”

 

Comentario: Al hablar de “propósito”, en cierta forma supone una finalidad para el hombre y para el universo, algo esencial para establecer un comportamiento ético adecuado. Sin embargo, el sentido práctico de la acción está fundamentado en el amor al prójimo, antes que cualquier creencia personal o subjetiva.

 

S.E.Frost. “La doctrina cristiana del «desprecio hacia el mundo» es un punto importante en las enseñanzas de Santo Tomás. El modo mejor de obtener la bondad es abandonar los bienes terrestres y buscar la vida de Dios; por tanto, la vida mejor es la del monje, dedicado enteramente en su monasterio al servicio de Dios”.

 

Comentario: A esta actitud extrema se la puede rebatir con una simple expresión: es más meritorio sentir amor por muchos seres imperfectos y reales que por un ser perfecto e imaginario.

 

E.S.Frost: “La realidad es que el cristianismo nunca pudo solucionar el problema del bien y del mal. Las religiones orientales eran en esto más realistas; no hacían de sus dioses los creadores del universo entero, sino que tenían al menos dos dioses, uno del bien y otro del mal. En el cristianismo tradicional encontramos también a estos dos seres: Dios, considerado como fuente de todo bien, y el Demonio, como principio de todo mal; pero los cristianos no pueden responder a la pregunta de si Dios creo al Demonio. La dualidad del bien y del mal contestaría satisfactoriamente a esa pregunta, si no hubiera que explicar la creación del universo. Por todo ello, la dificultad sigue en pie”.

 

Comentario: Cada vez que pretendemos ir más allá de las leyes naturales, accesibles a la observación y al razonamiento, entramos en un mundo desconocido, que fácilmente nos lleva a las contradicciones lógicas. Si buscáramos la felicidad del ser humano, antes que buscar el éxito de tal o cual postura filosófica, las cosas mejorarían notablemente.

 

S.E.Frost: “La filosofía moderna introduce en este problema muchos elementos nuevos y aun llega a plantearlo de modo totalmente distinto. Hobbes se empeñó en interpretar el universo como material. El movimiento era, según él, factor fundamental del universo, y de él dependían, por tanto, el bien y el mal; cuando el movimiento tiene éxito, produce placer, y cuando no, dolor. Lo que agrada al hombre es bueno y lo que le causa dolor e incomodidad, malo; por ello, el bien y el mal son relativos al hombre en particular. Lo que agrada a uno puede no agradar a otro, y así, no puede haber bien ni mal absolutos; ambos dependen de la naturaleza del individuo en determinado momento, y a medida que cambia, las cosas buenas pueden transformarse en malas, y viceversa”.

 

Comentario: En este caso vemos un intento de describir el bien y el mal según los efectos que se producen en el hombre, dejando de lado una posible intencionalidad derivada de Dios. Sin embargo, al suponer una validez relativa de ambos conceptos, se elimina la posible existencia de una ética natural y objetiva.

 

S.E.Frost: “La relación entre las opiniones y la conducta de un  filósofo está bien ilustrada por Descartes. Para él, Dios es perfecto e incapaz de hacernos errar. Si caemos en errores, y sufrimos por ellos, es debido a que no es completo el poder que Dios ha dado al hombre para distinguir lo verdadero de lo falso. Por ello, el hombre es a menudo culpable de hacer juicios, ya que no tiene discernimiento suficiente para juzgar con exactitud. En tales casos, es posible que elija lo que está mal en lugar de lo que está bien; de donde resulta que el error no está en los actos de Dios sino en los nuestros, por decidirnos a obrar antes de tener la evidencia suficiente”.

 

Comentario: También en este caso vendría asociado el mal a la ausencia de conocimientos, como lo suponía Sócrates. Un limitado conocimiento del vínculo entre causas y efectos, es decir, un limitado conocimiento de la ley que rige a los fenómenos humanos y sociales.

 

S.E.Frost: “Al estudiar al individuo, Spinoza llegó a la conclusión de que cada uno lucha por su propia conservación. La lucha es buena, por lo que todo lo que tienda a entorpecerla es malo y todo lo que ayude al hombre a lograr la meta de esta lucha es bueno.

    Pero la lucha humana debe ser racional; no es suficiente luchar, hay que luchar con inteligencia, con conciencia de lo que se hace y de sus consecuencias. La mayor felicidad del hombre estriba en la comprensión perfecta de lo que hace, en su esfuerzo. Cuanto más nos ilustramos, mejor reconocemos que, por ser imitación de Dios, porque somos Dios, nuestro esfuerzo es divino. El mayor bien del hombre es esta realización, pues en ella ve que ama a Dios al amarse a sí mismo, lo que Spinoza denomina «amor intelectual de Dios»”.

 

Comentario: Este “amor intelectual a Dios” difiere del “amor sentimental al prójimo”, ayudando este concepto a dar un pleno sentido a los mandamientos de Cristo.

 

S.E.Frost: “También Locke intenta resolver este problema. Dice que, así como nuestras ideas vienen de afuera y están escritas en la mente, como si alguien escribiera en una hoja blanca, así también se produce nuestro concepto del bien y del mal. Mucha gente tiene la misma experiencia y llega a las mismas conclusiones, estando de acuerdo en que ciertas cosas son buenas y otras malas. Además, nuestros padres imprimen en nosotros ideas del bien y del mal desde nuestra infancia, las que consideramos después como innatas. Para Locke, la conciencia humana no es más que estas ideas tenidas durante tanto tiempo que parecen dadas por un poder divino. Locke creía que el placer y el dolor son innatos en el hombre. La Naturaleza los ha hecho de modo que gocemos con el primero y tratemos de evitar el segundo; por tanto, lo que nos proporciona felicidad es bueno y lo que nos produce dolor es malo”.

 

Comentario: El proceso mental por el cual distinguimos el bien y el mal es parte del proceso de predicción asociado a nuestro cerebro. Así, evitamos caer a un pozo profundo previendo los efectos que se producirán. De la misma forma, las distintas actitudes de los hombres provocarán en nosotros distintos efectos, pero una actitud determinada siempre producirá un efecto similar, es decir, la burla es algo desagradable ahora como hace mil años, en nuestro país como en el país más lejano.

 

S.E.Frost:Leibniz se planteó el problema preguntándose: en un universo de mónadas, ¿cómo es posible el mal? Su respuesta fue similar a la de los filósofos antiguos. Creía que este mundo es «el mejor mundo posible», pero que no es perfecto. Dios se limitó a sí mismo cuando se expresó en seres finitos. Estos límites se manifiestan en sufrimientos y pecados, pero también por ellos el bien es realmente bien; viene a ser como las sombras de un cuadro, que sirven para hacer resaltar los colores y agrandar la belleza”.

 

Comentario: Desde un punto de vista práctico, no tiene sentido hacer comparaciones con el mundo real y los posibles mundos imaginarios. Tan sólo debemos preocuparnos por nuestro mundo real.

 

S.E.Frost: “La ley moral –dice Kant- es inherente a la razón misma; está a priori en la naturaleza misma del pensamiento humano; lo que resume en su frase: «Obra siempre de modo que la máxima determinante de tu conducta pueda transformarse en ley universal; obra de tal modo que todos puedan seguir el principio determinante de tu acción». Esta regla, este imperativo

categórico, es, según Kant, un criterio seguro de lo que está bien y lo que está mal. Un hecho que se quisiera ver realizar a todos, tiene que ser bueno”.

 

Comentario: El criterio establecido por Kant está asociado a la existencia de una ética objetiva, de validez general. Las actitudes básicas del hombre son vínculos entre causas y efectos, o entre estímulo y respuesta, de ahí que vienen determinados por ciertas leyes naturales simples. Luego, toda ley natural es invariante en el tiempo y en el espacio, tan sólo ha de cambiar la descripción que de tal ley hacemos los seres humanos.

 

S.E.Frost: “Tal ley moral implica, según Fichte, la existencia en el mundo de un orden moral en el que podemos confiar. Por tener la ley moral dentro de sí mismo, el hombre puede suponer que el mundo está en condiciones de satisfacer las demandas de esta ley. Por consiguiente, el hombre debe afinar su inteligencia, debe saber lo que está bien y hacerlo porque está bien. El hombre ignorante no puede ser bueno. Puesto que es libre y no está forzado por autoridad alguna exterior, el hombre debe conocer la ley moral y sus implicaciones, y gobernarse siempre de acuerdo con ellas”.

 

Comentario: Casi siempre asociamos la libertad como la capacidad de todo ser viviente de tomar decisiones y gobernarse por sí mismo, pero la libertad tiene sentido sólo a partir del conocimiento de las restricciones impuestas por las leyes naturales. Una libertad ilimitada (libertinaje) conduce a la autodestrucción.

 

S.E.Frost: “John Stuart Mill es un representante típico de la escuela utilitaria; sostiene que la medida de lo bueno estriba en «el mayor bien para la mayoría». Respecto a cada acción hay que preguntar: ¿traerá mucho bien a muchos individuos? Esto elimina el egoísmo y hace del criterio del bien la consecuencia social de todo acto. Mill sostiene que el bien difiere en calidad y que el bien del intelecto es mejor que el de los sentidos. Por tanto, no sólo recalca el factor social, sino también la naturaleza del acto”.

 

Comentario: Podemos agregar también que el bien de los sentimientos es mejor que el del intelecto.

 

S.E.Frost: “Herbert Spencer enfoca el problema desde el punto de vista del hombre de ciencia y trata de descubrir bases científicas en qué fundar el bien y el mal. Desde el punto de vista de la evolución, la conducta es un desarrollo, un tratar de ajustar los actos a los fines”.

 

Comentario: Desde este punto de vista, al lograr el hombre un limitado nivel de adaptación cultural al orden natural, sigue existiendo una apreciable cantidad de sufrimiento en gran parte de la población mundial. Aunque es posible disminuirlo suficientemente a medida que el conocimiento del comportamiento humano se generalice.

 

Finalmente, existe la idea de que “el sistema económico vigente” crea, o induce, una moral de clases. De esta forma, no habría una ética natural, sino que sólo habría una moral relativa a la clase social a la cual pertenece cada individuo. No tendría sentido intentar un mejoramiento individual, sino que, para lograr el resurgimiento de la sociedad, habría que esperar la llegada de una sociedad sin clases. Ese logro se consigue con la expropiación (o robo) de los medios de producción, y con la revolución (guerra civil). Este absurdo cuenta todavía con muchos adeptos.