1 ACERCA DEL BIEN Y DEL MAL
El bien lo asociamos a la felicidad mientras que el mal lo asociamos al
sufrimiento. Por ello, un padre que se preocupa por sus hijos, y los quiere por
igual, buscará el bien, y la felicidad, de todos ellos.
Tratará de convencerlos de
que deberán compartir tanto la felicidad como las tristezas de los demás. De
esa forma se asegurará de que cada uno tratará de beneficiarse junto con los
demás. Tampoco ninguno intentará perjudicar al resto, ya que el sufrimiento
compartido será su propio sufrimiento.
La ética natural apunta,
justamente, a compartir las penas y las alegrías de los demás, es decir, amar
al prójimo como a uno mismo. El orden natural nos presenta esta alternativa tan
simple que todos podemos interpretarla adecuadamente. Decimos que dicho orden
se comporta (a través de sus leyes) como un padre que ha previsto la
posibilidad de que sus hijos puedan vivir felices y en armonía. Podemos decir
que la ética cristiana es una ética natural.
Este conocimiento básico y
elemental no requiere de una revelación desde Dios hacia los hombres, sino más
bien de cierta capacidad de observación que permita interpretar adecuadamente
el espíritu de la ley natural.
Identificando la ética natural
con la ética cristiana, podemos decir también que la religión de Cristo es una
religión natural. La religión natural no requiere intermediarios ni
intérpretes, sino difusores que la generalicen a un nivel masivo. Todo esto es
muy simple. Tan simple que es una idea que podrá cambiar esencialmente a las
sociedades humanas.
Quienes adhieren a la postura
filosófica que supone que la actual misión de Dios consiste en interrumpir la
ley natural en beneficio del hombre, en lugar de ser el hombre quien deba
acatar dicha ley, promueven cierta rebeldía. Incluso en el ritual religioso se
observa cierta intención de sobornar a quien consideran capaz de lograr tal
interrupción. En este caso, la ética queda relegada totalmente por cuanto
asocian la virtud a la creencia de que la postura filosófica adoptada es la
correcta (ya que les asegurará la vida eterna).
Toda actitud filosófica
depende bastante del tipo psicológico al que pertenece cada individuo. De ahí
que es prácticamente imposible lograr acuerdos ideológicos, excepto en aquellas
cuestiones tan simples como las propuestas por la ética natural.
Las religiones bíblicas
apuntan, esencialmente, a lograr un comportamiento ético adecuado, mostrando
claramente que el triunfo del bien sobre el mal es prioritario al triunfo de la
postura que adhiere a la creencia en el Dios trascendente sobre la postura que
adhiere al Dios inmanente.
Tanto en la religión como en
las ciencias sociales se debería aceptar un criterio similar al vigente en las
ciencias exactas. Los matemáticos y los físicos tienen distintas posturas
filosóficas adoptadas respecto de sus respectivas ciencias, pero están de
acuerdo en cuestiones demostradas, en un caso, y verificadas experimentalmente,
en el otro caso. En cuestiones sociales, debemos lograr acuerdos en cuestiones
simples como lo es la ética natural.
El Reino de Dios es un ideal
cercano e inmediato, que está dirigido a todos los hombres, cualquiera sea su
postura filosófica o creencia a la que adhieran. Este ideal ha sido propuesto a
toda la humanidad y no a un reducido sector que se atribuye la exclusividad del
conocimiento religioso y del logro de la vida eterna.
2 ENSAYOS Y CONCLUSIONES
Los siguientes ensayos de sociología están organizados en una forma axiomática.
Los principios, y las consecuencias deducidas, son accesibles a la observación
directa. De ahí que es posible que tales escritos trasciendan a la filosofía y
puedan ser considerados dentro del marco de las ciencias sociales.
Se busca una respuesta a la
pregunta esencial que se hace el hombre: ¿qué hacer en esta vida?, llegándose a
las siguientes conclusiones:
■ El universo sigue una tendencia que va hacia los niveles de
mayor organización y complejidad.
■ El hombre es un sistema complejo adaptativo
que trata de describir las leyes naturales que nos rigen buscando una plena
adaptación a las mismas.
■ La adaptación cultural al orden natural es una continuación de
la adaptación biológica al mismo, y hace del hombre un colaborador inmediato de
Dios en el proceso de la formación de la humanidad.
■ El sufrimiento es una medida del grado de desadaptación
respecto del orden natural.
■ La ética natural es la respuesta que el hombre da al sentido de
la vida impuesto por el orden natural.
■ La ley natural es el vínculo invariante entre causas y efectos.
■ El bien es producido por la actitud del amor, mientras que el
mal es producido por el odio, el egoísmo y la negligencia.
■ Al hombre podemos describirlo mediante tres dimensiones
principales: el cuerpo, la mente y los sentimientos. El hombre mutilado es el
que realiza su vida principalmente en función de su cuerpo.
■ La historia de la humanidad puede describirse como un proceso
de progresiva adaptación al orden natural.
■ La filosofía
trascendente materializa en un hombre a la idea de Dios, mientras que la
filosofía inmanente lo hace mediante las leyes y el orden natural emergente.
■ Si se asocia
la ley de Dios a la ley natural, se identifica ciencia con religión.
■ ¿Qué hacer? Comparte las penas y las alegrías ajenas como si
fuesen propias. Adopta como meta para tu vida este simple objetivo y así habrás
adoptado la mejor decisión, porque en ella reside el camino de la felicidad.
■ Despreocúpate de todo aquello que no sea accesible a tus
decisiones y concentra tu atención en la adopción de la mejor actitud respecto
de tus semejantes.
■ El amor, antes que los medios de producción, ha de ser el
vínculo social básico a partir del cual se ha de establecer el orden social.
■ La ciencia progresa mediante el método de “prueba y error” y se
descartan aquellas descripciones que difieran de la realidad con un error
superior al establecido convencionalmente.
■ El Reino de Dios bíblico puede interpretarse como el resultado
de lograrse una plena adaptación cultural al orden natural.
■ La verdadera felicidad es la que puede compartirse con los
demás.
■ Si no existieran el bien y el mal, tampoco existiría la
posibilidad de mejorar, es decir, de cambiar desde el mal hacia el bien.
3 LA IDEA DE DIOS
Cuando pensamos que estamos inmersos en un mundo que no fue realizado
por nosotros, asociamos el nombre de Dios a ese ser imaginario que lo hizo
todo. Quizás no exista una idea más simple que ésta. En cuanto a qué es Dios,
existe una tendencia a imaginarlo de
distintas formas. Muchos lo asocian a un ser humano, otros a la propia
naturaleza, o al orden natural.
La palabra “Dios” ha sido
aceptada por muchos como significativa de “Dios personal”, y protestan en
cuanto alguien la utiliza para designar al propio orden natural. Sin embargo,
nadie debería atribuir una significación exclusiva de dicha palabra, por cuanto
con ella debemos designar tanto a un Dios personal como a un Dios inmanente al
mundo y a la naturaleza. Es más cercano a nosotros un Dios que todo lo incluye,
a uno que interviene ocasionalmente, o que no interviene nunca.
No menos importante que la
idea de Dios es el efecto que tal idea producirá en cada uno de nosotros. La idea
de Dios es, en cierta forma, un concepto que depende bastante de la actitud
filosófica que adoptemos, mientras que los efectos de esa actitud se
materializarán en una ética derivada de tales creencias, o de tales
razonamientos al respecto.
Podemos decir que dos
religiones son equivalentes en cuanto producen los mismos efectos en distintas
personas. Incluso si al intercambiar, en una expresión, la palabra “Dios” por
“dioses”, o por “orden natural”, se mantiene un significado similar, podemos
decir que son dos estructuras lógicas idénticas. Ello se debe a que utilizamos,
sin saberlo, el concepto de “caja negra”. Dentro de esa caja, de la cual
conocemos ciertas propiedades, suponemos que se encuentra un Dios personal, o
varios dioses especializados, o solamente la sustancia única regida por leyes
naturales invariantes.
Quienes no estén
familiarizados con la ciencia y con su método, desconocerán el concepto de ley
natural y es posible que sigan asociando al mundo real un Dios que interviene
en los fenómenos humanos y naturales. En estas personas pueden surgir dudas respecto de la existencia de tal Dios,
mientras que, para quienes identifican a Dios con el orden natural, no cabe
ninguna duda al respecto. De esa forma, todos los esfuerzos intelectuales se
destinan a conocer la forma de dicho orden, o su aparente finalidad.
Mientras que en el ámbito de
la ciencia se aceptan las teorías propuestas según que sus resultados se
adapten a la realidad, y no por las características de los principios adoptados,
en la religión es posible llegar a resultados éticamente aceptables partiendo
de cualquiera de los tres puntos de partida mencionados (dioses, Dios personal,
orden natural), si bien esta última posibilidad es la única que queda libre de
contradicciones lógicas no dando lugar tampoco a conflictos.
A continuación se mencionan
algunos escritos del pensador romano Epicteto, cuya
ética es bastante coincidente con la cristiana. Sin embargo, hay veces en que Epicteto se refiere a “los dioses”, antes que a un Dios
único. A pesar de esta creencia, su actitud es enteramente compatible con la
ética natural. Esto nos indica que hay instancias superiores a la idea de Dios,
y que una creencia en sí misma no garantiza una postura moral beneficiosa al
individuo y a la sociedad.
Epicteto: “Lo primero que es preciso aprender es que hay un Dios que con su
providencia lo gobierna todo, al cual no se le oculta ninguno de nuestros
actos, como ninguno de nuestros pensamientos e inclinaciones. Luego hay que
examinar cuál es su naturaleza. Conocida ésta, es indispensable que los que
quieran agradarle y obedecerle se esfuercen en parecérsele, y, por tanto, que
sean libres, fieles, benéficos, misericordiosos y magnánimos. Por consiguiente,
que todos tus pensamientos, todas tus palabras y todos tus actos sean los
actos, pensamientos y palabras de un hombre que quiere imitar a Dios y
parecérsele”.
Comentario: Esta expresión proviene de considerar a Dios como un
hombre, del cual se imaginan atributos que los hombres debemos adoptar. No es
difícil suponer que si Epicteto hubiese conocido a
Cristo, lo habría aceptado plenamente.
Epicteto: “Seguro estoy que delante de una estatua
de los dioses te avergonzaría cometer actos deshonestos. ¿ Cómo, entonces,
puesto que te ven y te oyen de continuo, no te ruboriza y espanta tener
pensamientos obscenos y hacer actos impuros que les hieren, les deshonran y les
afligen ?. ¡Ay, enemigo de los dioses! ¡Cobarde! ¡Miserable que olvidas tu
divina naturaleza!”.
Comentario: En este caso asocia a
los dioses un requerimiento moral hacia los hombres. Mientras que la
religión pagana (no vinculada a la ley
natural) busca la realización de un intercambio de pedidos y favores entre
creyentes y dioses, la religión moral busca el mejoramiento ético del ser humano.
Epicteto: “¿En qué consiste que los ignorantes son
siempre más fuertes que vosotros en las disputas y acaban por reduciros a
silencio? Pues, sencillamente, en que si bien profesan errores, están
firmemente persuadidos de ellos, mientras que vosotros lo estáis débilmente de
vuestras verdades. Como no os brotan del corazón, sino de los labios, son
débiles y mortecinas. Por ello también esa deleznable y enclenque virtud que
predicáis se expone de continuo a la pública chacota y se derrite, en cuanto la
atacan, como la cera con los rayos del sol. Alejaos, pues, del sol mientras no
tengáis sino opiniones de cera”.
Comentario: El fanatismo religioso
siempre resulta más convincente que el racionalismo que todavía no ha alcanzado
la verdad final. El fanático parte de la verdad que cree poseer, el racional
encuentra la verdad al final del camino.
Epicteto: “Es mucho mejor perdonar que vengarte.
Perdonar es propio de una naturaleza buena y humana. Vengarse, sólo de una
naturaleza feroz y brutal”.
Comentario: Cuando encontramos ideas
similares a las predicadas por Cristo, ello no hace sino confirmar la
existencia de verdades objetivas y accesibles a todos los hombres.
Epicteto: “El ser libres o esclavos no depende de
la ley ni del nacimiento, sino de nosotros mismos; porque todas las cadenas y
todo el peso de ciertas prescripciones legales serán siempre mucho más leves
que el dominio brutal de las pasiones no sometidas, de los apetitos insanos no
satisfechos, de las codicias, de las avaricias, de las envidias y demás
desenfrenos. Que aquéllas, cuando más, sólo podrán pasar sobre el cuerpo, y
éstas, además, sobre el espíritu. Por malo que sea el amo a que aquellas nos
sometan, siempre tendremos momentos de respiro y esperanzas de manumisión;
éstas nos someten a tantos y tan crueles males, que generalmente sólo la muerte
puede librarnos de su yugo”.
“Los dioses me han concedido la libertad, y como conozco y acato sus
mandatos, nadie puede hacerme esclavo, porque tengo el libertador y los jueces
que necesito”.
“No consiste la felicidad en adquirir y gozar, sino en no desear. En
esto es en lo que verdaderamente consiste ser libre”.
Comentario: Epicteto
tiene presente la existencia de las pasiones, ligadas a nuestra esencia
biológica, que se oponen a las virtudes, ligadas a nuestra esencia cultural. En
las prédicas cristianas se habla de la esclavitud asociada al pecado, concepto
enteramente similar.
Epicteto: “Siempre prefiero lo que sucede, porque
estoy persuadido de que lo que los dioses quieren es mejor para mí que lo que
yo quisiera. A ellos, pues, mis movimientos, mis voluntades, mis temores. En
una palabra: quiero lo que ellos quieren”.
Comentario: Esta sería la típica
actitud de acatamiento, de sumisión o de obediencia a Dios (o a los dioses), lo
que posteriormente podrá interpretarse como la actitud de adaptación al orden
natural que debe imperar en cada uno de nosotros.
Epicteto: “Consultamos temblando a los augures y en
nuestro miedo insensato dirigimos a los dioses ardientes plegarias como ésta: «¡Dioses, apiadaos de mí y permitid que salga con bien de
esta empresa!». Vil esclavo, ¿cómo pretendes de ellos algo que no sea lo mejor
para ti? ¿Y qué puede ser lo mejor para ti sino lo que ellos te deparen? ¿Por
qué, pues, tratas de sobornar por cuantos medios están a tu alcance a tu juez y
árbitro?”.
Comentario: La adulación a Dios, tan
común en la religión que perdió su carácter moral para llegar a ser tan sólo un
medio para establecer un intercambio de pedidos y concesiones, nos hace
recordar las palabras de Cristo: “..porque Dios ya
sabe qué os hace falta antes que se lo pidáis”.
Epicteto: “¿Habrá algo más inútil que ir a
consultar a augures y adivinos sobre las cosas que ya nos están señaladas? Y si
se trata de exponerme a un peligro para salvar a un amigo, o morir por él, ¿qué
necesidad tengo de adivino alguno? ¿No llevo en mi interior un adivino más
infalible, el cual me ha enseñado la naturaleza del bien y del mal y me ha
revelado todas las señales mediante las cuales puedo reconocer todo lo que me sucederá?”.
Comentario: Nuestro futuro ha de
depender de nuestras decisiones, antes que de un destino prefijado e
independiente de ellas. Tales decisiones estarán orientadas por el criterio del
bien y del mal, buscando lo primero y evitando lo segundo.
Epicteto: “Si los dioses me abandonan como me han
abandonado en la indigencia, en la oscuridad y en el cautiverio no es porque me
tengan odio; ¿qué amo es capaz de aborrecer a su fiel servidor? Tampoco es por
descuido, pues los dioses no descuidan ni las cosas al parecer más
insignificantes. Lo que quieren es ponerme a prueba para cerciorarse de si
tienen en mí a un buen soldado, de si soy un buen ciudadano; es decir, que
quieren, éste es su fin inmediato, que les sirva de testigo ante los demás
hombres”.
Comentario: Este es el origen,
pareciera, de la explicación, que aún hoy se utiliza, para describir la
existencia de sufrimiento en quienes llevan una conducta moral intachable.
También podemos describir esta situación en base a una ley natural invariable,
que no cambia ni aún para acomodarse a las situaciones particulares de los
hombres. Por el contrario, es el hombre el que debe prever el futuro para
evitar todo mal posible.
Epicteto: “De lo existente, unas cosas dependen de
nosotros: otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el
impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no
dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en
una palabra, cuanto no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por
naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que
no depende de nosotros es débil, esclavo, sometido a impedimentos, ajeno.
Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre
y lo ajeno propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás
reproches a los dioses y a los hombres, mientras que si consideras que sólo lo
tuyo es tuyo y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligará,
nadie te estorbará, no harás reproches a nadie, no irás con reclamos a nadie,
no harás ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendrás enemigo, nadie te
perjudicará ni nada perjudicial te sucederá”.
Comentario: si bien esta distinción es
aconsejable respecto de la felicidad que hemos de lograr, la idea es de
primordial importancia en el aspecto religioso. Esto se debe a que debemos
tener presentes lo que es accesible a nuestras decisiones y lo que no lo es. No
debemos preocuparnos por las posibles decisiones de Dios (en caso de que
intervenga) o por la posible existencia de la vida eterna, sino tan sólo en
adoptar la mejor actitud ética posible.
4 FE Y VIOLENCIA
Es evidente que las acciones humanas vienen determinadas por las ideas
y las creencias que llevamos depositadas en nuestra mente. Esas ideas y
creencias pueden también ser inducidas por ideólogos que, a través de sus
escritos, ejercen una efectiva influencia sobre muchos individuos. En esto
consiste esencialmente el gobierno mental del hombre sobre el hombre, algo que
se da en el ámbito de la política y también en el ámbito de la religión.
Cuando la influencia proviene
de Dios, la acción humana se torna totalmente dependiente del que afirma ser su
mensajero. La religión de la fe supone la existencia de “mensajeros verdaderos”
antes que la existencia de “mensajes verdaderos”, y el fanatismo surge como una
consecuencia inmediata.
El profeta, a través de sus
escritos, induce, sugiere y justifica las acciones de sus seguidores. No es
lícito dudar del profeta, porque esa actitud implica un sacrilegio contra el
mismo Dios. La palabra Islam significa “sumisión”, tanto a Dios como al
profeta. Se mencionan algunos pasajes del Corán:
Mahoma: “Diferentes profetas han venido en nombre de Dios a ilustrar
sus distintos atributos. Moisés, su clemencia y providencia; Salomón, su
sabiduría, majestad y gloria; Jesucristo, su justicia, omnisciencia y poder; su
justicia por la rectitud de su conducta, su omnisciencia por el conocimiento de
los secretos de todos los corazones, su poder por los milagros que realizó.
Pero ninguno de estos atributos ha bastado para lograr la conversión; y hasta
los milagros de Jesús y Moisés han sido recibidos con incredulidad. Por lo
tanto, yo, el último de los profetas, soy enviado con la espada. Los que
promulgan mi fe no deberán entrar en argumentaciones ni discusiones, sino
acabar con todos los que se nieguen a obedecer la ley. Todo el que luche por la
verdadera fe, tanto si cae como si vence, recibirá una recompensa gloriosa”
Comentario: Debemos recordar que Cristo dijo: “…vendrán falsos
profetas…”, mientras que la Segunda Venida de Cristo habrá de producirse en una
forma abrupta, no habiendo lugar para “profetas intermedios” entre su primera
aparición y la segunda. De ahí que, si Mahoma se considera a sí mismo como un
enviado, lo ha de ser fuera de la predicción y de la tradición bíblica.
Mahoma: “La espada es la llave del
cielo y del infierno; todos los que la sacan en defensa de la fe serán
recompensados con beneficios temporales; cada gota de sangre que derramen, cada
peligro y tribulación que padezcan quedarán registrados en lo alto y se les
atribuirá más mérito que al ayuno y a la oración. Si caen en la batalla, sus
pecados quedarán perdonados en el acto y serán transportados al paraíso, en
donde vivirán en medio de eternos placeres entre los brazos de huríes de ojos
negros”.
Comentario: Quienes piensan que la
lucha histórica se da entre fe y ateísmo, o entre paganismo y revelación, deben
considerar que la verdadera lucha histórica se da entre el Bien y el Mal. La
violencia, provenga de la fe, del politeísmo o del ateísmo, producirá malos
efectos, en todos los casos.
Mahoma: “Te preguntarán por el mes
sagrado y querrán saber si pueden hacer la guerra en él. Responde: luchar en
ese mes es grave; pero negar a Dios, obstaculizar el camino de Dios, arrojar a
los verdaderos creyentes de su sagrado templo y adorar ídolos son pecados mucho
más graves que matar en los meses sagrados”. (Citado en “Mahoma”, de Washington
Irving, SALVAT Editores SA, pág.97-98)
Comentario: A quienes estamos
familiarizados con las prédicas cristianas, nos resulta sorprendente leer estos
escritos. Luego, ya no nos causará tanta sorpresa informarnos de la existencia
de los “mártires de la fe”, que suponen que irán al paraíso luego de matar a
algunos infieles. Nótese que para Mahoma la “adoración de ídolos” es “más grave
que matar”. De ahí que, seguramente, habría considerado a Epicteto
como un “adorador de dioses falsos”, ignorando el contenido moral de sus
prédicas, mientras que Mahoma encubre a uno de sus seguidores luego de que éste
mató para robar; eso sí, en “nombre de la verdadera fe”.
Los atentados terroristas de
origen islámico resultan demasiado preocupantes. De ahí que muchos esperan
cierto entendimiento con los fundamentalistas islámicos. Sin embargo, es muy
difícil lograr algún acuerdo entre el que busca la verdad y aquél que supone
poseerla por medio de la fe, ya se trate de un cristiano, un judío o un musulmán.
Nadie quiere arriesgarse a “perder el premio” de la vida eterna y el paraíso.
Por ello, el cristiano tradicional poco ha de ceder en cuestiones de creencias
y de adhesión a su Iglesia. Tampoco el islámico va a dejar de lado, fácilmente,
las directivas de Mahoma. De ahí que todo entendimiento sólo será posible entre
personas que tengan cierta libertad de pensamiento.
Ante las divisiones y
antagonismos de origen religioso, surgen las opiniones de quienes sugieren
dejar de lado a la religión, considerándola como algo propio del pasado de la
humanidad. A quienes suponen que la religión debe perder todo carácter social
para convertirse exclusivamente en algo de dominio personal, se les debe
recordar que la violencia terrorista o la violencia urbana son hechos que nos
atañen directamente y que requerirán de una solución de la cual la religión
deberá tener un importante lugar.
Así como el individuo que
carece de conciencia moral se transforma poco menos que en un monstruo racional
carente de sentimientos humanos, las sociedades que dejan de lado la religión
tienden a dejar de lado toda búsqueda ética. Christopher Dawson
escribió:
“Esta desviación espiritual de sus más grandes espíritus es el precio
que debe pagar toda civilización cuando pierde sus bases religiosas, y se
contenta con un éxito puramente material. Estamos apenas comenzando a
comprender cuán íntima y profundamente está ligada la vitalidad de una sociedad
con su religión. El impulso religioso es el que proporciona la fuerza cohesiva
que unifica una sociedad y una cultura. Las grandes civilizaciones del mundo no
producen las grandes religiones como una especie de subproducto cultural; en un
sentido muy real, las grandes religiones son los cimientos sobre los cuales
descansan las grandes civilizaciones. Una sociedad que ha perdido su religión
se convierte más tarde o más temprano en una sociedad que ha perdido su
cultura”.
“La religión es la gran fuerza
dinámica en la vida social, y los cambios vitales en la civilización siempre
están relacionados con cambios en las creencias e ideales religiosos” (De
“Progreso y religión” – Ed. “La espiga de oro”)
5 EL BIEN Y EL MAL DE LA
HISTORIA
Uno de los problemas filosóficos más antiguos es el de la existencia, o
no, del bien y del mal, como aspectos objetivos de la realidad. Si no
existiesen, no tendría sentido la ética ni el mejoramiento individual, por
cuanto no tendrían sentido conceptos tales como “hacer el bien” o “hacer el
mal”.
Mencionaremos las opiniones
filosóficas que históricamente se han emitido al respecto. Así como existe una
filosofía por autores, es posible también establecer una filosofía por temas,
tal como se presenta en el libro “Las enseñanzas de los grandes filósofos” de S.E. Frost (h), de
S.E.Frost: “Los primeros filósofos griegos se
interesaban especialmente en el problema de la naturaleza del universo y
sostenían que había leyes que lo controlaban todo. Por tanto, la bondad se
encontraba, para ellos, en armonía con esas leyes. Les agradó tanto esta idea
de ley, que ni aun el mal les preocupaba, pues llegó a ser, para ellos, una
mera fase o nota de la armonía universal; es decir, que no era realmente mal,
sino otra clase de bien, una parte necesaria del bien total”
Comentario: Al existir una
transición gradual entre el bien y el mal, podemos asociar a esta variación una
progresiva adaptación del hombre al orden natural. El sufrimiento humano no
sería otra cosa que una desadaptación a dicho orden.
S.E.Frost: “Para Demócrito,
la bondad no dependía sólo de la acción, sino también de los deseos íntimos del
hombre. El hombre bueno no es aquel que hace el bien, sino el que quiere
hacerlo siempre. «Se distingue el hombre sincero del falso –decía- no sólo por
lo que hace, sino también por lo que desea hacer». Tal bondad acarrea la
felicidad, meta de la vida”.
Comentario: A la idea del bien se le
asocia la felicidad. Así, el bien sería el resultado óptimo del proceso de
adaptación por el cual llegamos a la felicidad. Esta sería la meta de nuestra
vida y su sentido sería el camino utilizado para llegar a esa meta.
S.E.Frost: “Con la llegada de los sofistas, el
problema del bien y del mal cayó en confusiones. Si, según sostenía Protágoras, «el hombre es la medida de todas las cosas»,
también es la medida del bien y del mal. Los sofistas entendían por hombre al
ser humano individual. Cada cual tiene el derecho a determinar por sí lo que es
bueno y lo que es malo. La determinación de esto es, naturalmente, el caos. Lo
que yo considero malo, otros pueden considerarlo bueno, y a la inversa. Y así
quedó el problema tras los sofistas. Como resultado, cada hombre tenía su
propio código del bien y del mal; desafiaba a otros para probar que estaban
equivocados o para justificarse él”
Comentario: El relativismo moral surge
como una consecuencia de ignorarse las leyes naturales a las cuales debemos
adaptarnos. De ahí que tampoco se ha de intentar mejoramiento alguno. El caso antes
mencionado se traducirá en la ausencia de un sentido objetivo de la vida, lo
que implica cierta desorientación a nivel individual y social.
S.E.Frost: “Muchos sofistas representativos, como Eutidemo, Trasímaco y Calicles, sostenían que la moral era mero convencionalismo,
hábito; que no había leyes morales ni principios exclusivos de bien ni de mal.
Estos pensadores trataron de justificar el principio de que cada hombre debe
vivir como desee, conseguir lo que quiera por cualquier medio y establecer su
propio código moral. El resultado de esta teoría fue la anarquía moral, el
individualismo puro y el más alto grado de egoísmo”.
Comentario: Al dejarse de lado todo
tipo de acuerdo social, especialmente en lo que se refiere a la moral, se
pierde la posibilidad de establecerse una estructura social, pasando una
población a ser un simple agrupamiento de hombres que carece de objetivos
comunes.
S.E.Frost: “Sin embargo, un estudio más detallado de
estas doctrinas, revelan posibilidades aprovechables. Los sofistas hacían un
llamamiento a la mente humana independiente; se revelaban contra la autoridad
arbitraria en cuestiones de moral y argumentaban que la mente humana debe
pensar por sí misma y, al hacerlo, descubrir el código del bien y del mal.
Defendían al individuo y su independencia. Es verdad que extremaron esto y no
vieron el bosque a fuerza de mirar los árboles; pero hicieron uso de algo que
es indispensable para el hombre moderno: la libertad de pensar y de llegar a
conclusiones acerca del bien y del mal. Desafiaron la teoría moral para
justificarse ante la razón humana”.
Comentario: El relativismo moral surge,
muchas veces, como una reacción al fundamentalismo de tipo religioso. La
atribución de ciertos grupos, o instituciones, de ser elegidos para legislar, o
para decretar, lo que es bueno o malo, lleva a reacciones que tratan de
invalidar toda ley moral. La actitud fundamentalista tampoco acepta opiniones o
comentarios por parte de los demás integrantes de la sociedad, por lo que se
trataría de una verdadera imposición de creencias o de ideas sectoriales.
S.E.Frost:
“Sócrates, aunque influido por los sofistas, no coincidía con ellos. También él
estaba interesado en el problema del vivir moral, por lo que muchas de sus
enseñanzas se refieren al significado del bien y del mal.
Creía firmemente que debía
haber un principio básico del bien y del mal, una medida aplicable más allá de
las creencias de cualquier individuo. Por ello, preguntaba con insistencia:
¿Qué es el bien? ¿Cuál es el bien supremo por el que se mide todo lo demás del
universo? Su respuesta era: el bien supremo es la sabiduría”.
Todo el que conozca el bien,
lo hará, pues nadie, según Sócrates, es malo por voluntad propia. Cuando
sepamos que una cosa es buena, la realizaremos. Por tanto, lo decisivo en el
hombre es descubrir qué es lo bueno. Sócrates pasó la vida tratando de ayudar a
los hombres a descubrir el bien, única forma de vivir que él consideraba
valiosa”.
Comentario: El hombre, mediante la
razón, se anticipa a sus propios sentimientos y va adquiriendo una conciencia
ética. Una vez que conoce las causas que siempre producen el bien y aquéllas
que siempre producen el mal, no tendrá dudas al intentar realizar las primeras.
Encontramos en el hombre las
cuatro actitudes básicas que materializan el bien (amor) y el mal (odio,
egoísmo, negligencia). Una vez que hemos aceptado este aspecto de su
comportamiento, es posible (no sin gran esfuerzo) intentar realizar el bien en
toda ocasión.
S.E.Frost: “Consideraba (Platón) al hombre formado
de tres partes: los apetitos, relacionados con las funciones del cuerpo y los deseos; la voluntad, parte espiritual del
hombre y relacionada con la acción y la valentía; la razón, reflejo de lo más
elevado y mejor que tiene el hombre. Vivirá éste una vida justa cuando la razón
dirija a la voluntad y a los apetitos, pues entonces será sabio, valiente y
sobrio”.
Comentario: El hombre busca los placeres
del cuerpo y también los beneficios que brindan el intelecto y las
satisfacciones morales, asociadas estas últimas a los sentimientos y a la
conciencia moral. De ahí que el bien será una consecuencia de priorizar los
sentimientos sobre el intelecto y sobre lo corporal. El comportamiento ético
sólo será una consecuencia de esta prioridad adoptada.
S.E.Frost: “¿Cuál es la actitud racional?
Aristóteles sostuvo que consistía en el «término medio». Por ejemplo, el valor
es considerado como el término medio entre la cobardía y la temeridad. Será
justo el hombre que viva de acuerdo con dichos términos medios, el que no se
pierda en extremos, sino que equilibre un extremo con el otro. Por tanto, la
vida buena es aquella en que el hombre realiza completamente la parte suprema
de su naturaleza, la razón”.
Comentario: Parte de este equilibrio
entre pasiones, razón y sentimientos es la prioridad antes comentada. En cuanto
al ejemplo citado, es oportuno decir que el que no siente temor por nada,
arriesgará con facilidad su propia vida, y, a veces, la de los demás,
provocando perjuicios a nivel social. Por el contrario, el temeroso en exceso
se alejará del medio social y es posible que la inacción sea una característica
imperante en su vida.
S.E.Frost:
“Epicuro sostuvo que la meta de toda actividad humana es el placer, que la
felicidad es el bien supremo para todos; pero advertía que el hombre debe tener
cuidado con la elección de placeres, pues algunos tienen como final el dolor y
el sufrimiento. Ejemplo, un manjar delicado produce placer al comerlo; pero si
se ingiere en exceso, aunque se goce con ello, acabará por producir
indigestión, gota y otras molestias”.
Comentario: En esto vemos claramente
que sólo podemos decir que una acción será buena o mala, luego de tener en
cuenta todas las consecuencias y efectos posibles. De ahí que, a veces, resulta
difícil decir que algo es bueno o malo. Sin embargo, sus consecuencias y
efectos serán beneficiosos o perjudiciales aunque no podamos preverlos, o
describirlos, adecuadamente.
S.E.Frost: “Los estoicos sostenían que el bien mayor
estaba en obrar de acuerdo con el universo, pues el hombre es parte del
universo y tiene una función definida que realizar dentro del desarrollo
universal. Como el poder que gobierna el universo es la razón, ésta debe
gobernar a cada hombre en todas sus acciones.
El hombre debe someterse a las
leyes del universo y vivir de acuerdo con la naturaleza. Es bueno quien vive
ajustándose a la naturaleza, obedeciendo sus leyes y sometiendo sus acciones a
la razón, que es una parte de la razón universal”.
Comentario: Desde el punto de vista
científico, que predomina en la actualidad y que, seguramente, seguirá
prevaleciendo en el futuro, todo lo existente está regido por leyes naturales.
De ahí que al hombre sólo le queda la posibilidad de conocerlas y de obedecerles.
Esta es, en esencia, el fundamento de la religión natural, cuyo progreso ha de
estar ligado a una mejor descripción de tales leyes y a una óptima difusión de
las ideas emergentes. El cristianismo expresa en forma óptima una actitud
frente al universo que ya se venía manifestando en épocas pasadas.
S.E.Frost: “Filón de Alejandría sostenía que Dios
era la pureza perfecta, que no estaba de ningún modo en contacto con la
materia, que era la fuente de todo bien, así como la materia lo era de todo
mal. Análogamente, la parte espiritual del hombre, su mente o alma, es el
asiento del bien, mientras que su cuerpo, la materia, lo es del mal. Por tanto,
cuando el alma se incorpora al cuerpo, cae de la perfección divina y se
predispone al mal. Claro está que la meta del hombre es librarse del cuerpo y
de todos sus pecados volviendo a Dios, bondad perfecta. Plotino
opinaba, análogamente, que la materia es la fuente del mal y Dios, la del
bien”.
Comentario: El alejamiento del
cristianismo respecto de la ciencia, y de la religión natural, comienza con el
alejamiento respecto del estoicismo, acercándose a la postura de Filón antes
mencionada. Incluso se ha llegado al extremo de asociar el bien y el mal, no a
una actitud ética, sino a una postura filosófica, o a una creencia, ya que
tener fe, para muchos, significa creer en la validez de la postura filosófica
que asocia el bien a un Dios trascendente y el mal a la materia.
S.E.Frost: “A través
de la tradición religiosa occidental hay un dualismo que proviene, en esencia,
de las religiones primitivas orientales. El cristianismo lo aceptó y lo hizo
básico al tratar el problema del pecado y de la redención.
Los apologistas enseñaron que
Dios hizo al hombre bueno, pero que éste abandonó a Dios por seguir a la carne,
al cuerpo; así vino al mundo el pecado”.
Comentario: Cuando el hombre olvida su
esencia cultural tornándose un esclavo de su cuerpo, por quien y para quien
vive, pierde su esencia humana. Pero este es un concepto sencillo y fácil de
describir, por lo que no tiene sentido complicarlo innecesariamente con
razonamientos como el anteriormente citado por Frost.
S.E.Frost: “San Agustín encontró que la esencia del
mal en el universo le causaba molestias inacabables. Dios, toda perfección y
toda bondad, había creado el universo de la nada, y ¿cómo podía crear un
universo en el que existiese el mal? ¿Cómo explicar el mal en un mundo creado
por un Dios infinitamente bueno?
Como solución, sostuvo que
todo en el universo es bueno. Aun aquello que parece malo, es bueno, puesto que
encaja en el molde universal. Las sombras, los puntos oscuros, son necesarios
para la belleza de un cuadro. Vistos en sí mismos, separados del cuadro,
parecen feos; pero cuando se ven en el cuadro, ayudan a la belleza del
conjunto.
El mal es, pues, para San
Agustín, la ausencia del bien, así como la oscuridad no es más que la ausencia
de la luz. El mal que encontramos en el universo ha sido puesto ahí por Dios
para completar la bondad del mundo”.
Comentario: Tiene más sentido práctico
buscar las causas del mal, y del sufrimiento, en las actitudes erróneas del
hombre, que intentar justificar una postura filosófica plena de dificultades
lógicas. Muchos seguidores de Cristo cambiaron lo esencial de su religión en
sus intenciones de fundamentarla adecuadamente. Sin embargo, quien en la
actualidad difiere de la postura filosófica de esos seguidores, será
considerado casi como un hereje.
S.E.Frost:
“Abelardo añadió algo nuevo cuando dijo que la bondad o maldad de un acto no
está en el acto en sí, sino en la intención del que lo ejecuta. Es neutral el
hecho de robar; pues si el ladrón tenía la intención de hacer el bien, el hecho
era bueno. «Dios considera no lo que se hace, sino el espíritu con que se hace;
y el mérito o demérito del que obra no está en su acción, sino en su
intención». Si uno obra de acuerdo con lo que cree justo, si cree que está
obrando bien y así lo procura, puede equivocarse, pero no peca. La bondad y la
moralidad son entonces cuestión de conciencia, el verdadero pecador es aquél
que obra con deseo de hacer el mal; es pecador porque su acción demuestra
desprecio deliberado a Dios”.
Comentario: Si medimos nuestras
acciones, no por los efectos reales, o posibles, sino por los efectos que
deseamos que ocurra (hacer el bien), estamos en una postura próxima al
relativismo moral. Si se le pregunta a la mayoría de las personas, en una
sociedad en crisis, acerca de la opinión sobre cada uno de ellas mismas, la
mayoría tendrá una opinión cercana a la óptima, a pesar de que los males siguen
existiendo. También es posible que se justifiquen en “sus buenas intenciones”
para no hacer nada por los demás o por la sociedad.
S.E.Frost: “El
más ilustre de los escolásticos fue Santo Tomás de Aquino. Su teoría ética nos
da la filosofía de Aristóteles unida a los principios básicos del cristianismo.
Dios lo hizo todo, incluso el hombre con cierto propósito, y el bien máximo de
todos los seres es la realización de tal propósito. Cuando alguien realiza el
propósito para el que fue creado, revela la bondad de Dios; por tanto, el mayor
bien es la realización de uno mismo, tal como Dios lo ha ordenado.
La forma más excelsa de acción
es la contemplación de Dios. Esto puede hacerse por la razón o por la fe, pero
llega a su grado más alto en lo que Santo Tomás denomina intuición o
acercamiento a Dios, que sólo puede completarse en el mundo venidero, en el
paraíso”
Comentario: Al hablar de
“propósito”, en cierta forma supone una finalidad para el hombre y para el
universo, algo esencial para establecer un comportamiento ético adecuado. Sin
embargo, el sentido práctico de la acción está fundamentado en el amor al
prójimo, antes que cualquier creencia personal o subjetiva.
S.E.Frost. “La doctrina
cristiana del «desprecio hacia el mundo» es un punto importante en las
enseñanzas de Santo Tomás. El modo mejor de obtener la bondad es abandonar los
bienes terrestres y buscar la vida de Dios; por tanto, la vida mejor es la del
monje, dedicado enteramente en su monasterio al servicio de Dios”.
Comentario: A esta actitud extrema
se la puede rebatir con una simple expresión: es más meritorio sentir amor por
muchos seres imperfectos y reales que por un ser perfecto e imaginario.
E.S.Frost: “La realidad
es que el cristianismo nunca pudo solucionar el problema del bien y del mal.
Las religiones orientales eran en esto más realistas; no hacían de sus dioses
los creadores del universo entero, sino que tenían al menos dos dioses, uno del
bien y otro del mal. En el cristianismo tradicional encontramos también a estos
dos seres: Dios, considerado como fuente de todo bien, y el Demonio, como
principio de todo mal; pero los cristianos no pueden responder a la pregunta de
si Dios creo al Demonio. La dualidad del bien y del mal contestaría
satisfactoriamente a esa pregunta, si no hubiera que explicar la creación del
universo. Por todo ello, la dificultad sigue en pie”.
Comentario: Cada vez que pretendemos ir
más allá de las leyes naturales, accesibles a la observación y al razonamiento,
entramos en un mundo desconocido, que fácilmente nos lleva a las
contradicciones lógicas. Si buscáramos la felicidad del ser humano, antes que
buscar el éxito de tal o cual postura filosófica, las cosas mejorarían
notablemente.
S.E.Frost: “La filosofía moderna introduce en este
problema muchos elementos nuevos y aun llega a plantearlo de modo totalmente
distinto. Hobbes se empeñó en interpretar el universo
como material. El movimiento era, según él, factor fundamental del universo, y
de él dependían, por tanto, el bien y el mal; cuando el movimiento tiene éxito,
produce placer, y cuando no, dolor. Lo que agrada al hombre es bueno y lo que
le causa dolor e incomodidad, malo; por ello, el bien y el mal son relativos al
hombre en particular. Lo que agrada a uno puede no agradar a otro, y así, no
puede haber bien ni mal absolutos; ambos dependen de la naturaleza del
individuo en determinado momento, y a medida que cambia, las cosas buenas
pueden transformarse en malas, y viceversa”.
Comentario: En este caso vemos un
intento de describir el bien y el mal según los efectos que se producen en el
hombre, dejando de lado una posible intencionalidad derivada de Dios. Sin
embargo, al suponer una validez relativa de ambos conceptos, se elimina la
posible existencia de una ética natural y objetiva.
S.E.Frost: “La
relación entre las opiniones y la conducta de un filósofo está bien ilustrada por Descartes.
Para él, Dios es perfecto e incapaz de hacernos errar. Si caemos en errores, y
sufrimos por ellos, es debido a que no es completo el poder que Dios ha dado al
hombre para distinguir lo verdadero de lo falso. Por ello, el hombre es a
menudo culpable de hacer juicios, ya que no tiene discernimiento suficiente
para juzgar con exactitud. En tales casos, es posible que elija lo que está mal
en lugar de lo que está bien; de donde resulta que el error no está en los
actos de Dios sino en los nuestros, por decidirnos a obrar antes de tener la
evidencia suficiente”.
Comentario: También en este caso vendría
asociado el mal a la ausencia de conocimientos, como lo suponía Sócrates. Un
limitado conocimiento del vínculo entre causas y efectos, es decir, un limitado
conocimiento de la ley que rige a los fenómenos humanos y sociales.
S.E.Frost: “Al estudiar al individuo, Spinoza llegó a la conclusión de que cada uno lucha por su
propia conservación. La lucha es buena, por lo que todo lo que tienda a
entorpecerla es malo y todo lo que ayude al hombre a lograr la meta de esta
lucha es bueno.
Pero la lucha humana debe ser
racional; no es suficiente luchar, hay que luchar con inteligencia, con
conciencia de lo que se hace y de sus consecuencias. La mayor felicidad del
hombre estriba en la comprensión perfecta de lo que hace, en su esfuerzo.
Cuanto más nos ilustramos, mejor reconocemos que, por ser imitación de Dios,
porque somos Dios, nuestro esfuerzo es divino. El mayor bien del hombre es esta
realización, pues en ella ve que ama a Dios al amarse a sí mismo, lo que Spinoza denomina «amor intelectual de Dios»”.
Comentario: Este “amor intelectual a
Dios” difiere del “amor sentimental al prójimo”, ayudando este concepto a dar
un pleno sentido a los mandamientos de Cristo.
S.E.Frost: “También Locke
intenta resolver este problema. Dice que, así como nuestras ideas vienen de
afuera y están escritas en la mente, como si alguien escribiera en una hoja
blanca, así también se produce nuestro concepto del bien y del mal. Mucha gente
tiene la misma experiencia y llega a las mismas conclusiones, estando de
acuerdo en que ciertas cosas son buenas y otras malas. Además, nuestros padres
imprimen en nosotros ideas del bien y del mal desde nuestra infancia, las que
consideramos después como innatas. Para Locke, la
conciencia humana no es más que estas ideas tenidas durante tanto tiempo que
parecen dadas por un poder divino. Locke creía que el
placer y el dolor son innatos en el hombre. La Naturaleza los ha hecho de modo
que gocemos con el primero y tratemos de evitar el segundo; por tanto, lo que
nos proporciona felicidad es bueno y lo que nos produce dolor es malo”.
Comentario: El proceso mental por el
cual distinguimos el bien y el mal es parte del proceso de predicción asociado
a nuestro cerebro. Así, evitamos caer a un pozo profundo previendo los efectos
que se producirán. De la misma forma, las distintas actitudes de los hombres
provocarán en nosotros distintos efectos, pero una actitud determinada siempre
producirá un efecto similar, es decir, la burla es algo desagradable ahora como
hace mil años, en nuestro país como en el país más lejano.
S.E.Frost: “Leibniz se planteó el problema preguntándose: en un
universo de mónadas, ¿cómo es posible el mal? Su
respuesta fue similar a la de los filósofos antiguos. Creía que este mundo es
«el mejor mundo posible», pero que no es perfecto. Dios se limitó a sí mismo
cuando se expresó en seres finitos. Estos límites se manifiestan en
sufrimientos y pecados, pero también por ellos el bien es realmente bien; viene
a ser como las sombras de un cuadro, que sirven para hacer resaltar los colores
y agrandar la belleza”.
Comentario: Desde un punto de vista
práctico, no tiene sentido hacer comparaciones con el mundo real y los posibles
mundos imaginarios. Tan sólo debemos preocuparnos por nuestro mundo real.
S.E.Frost: “La ley
moral –dice Kant- es inherente a la razón misma; está
a priori en la naturaleza misma del pensamiento humano; lo que resume en su
frase: «Obra siempre de modo que la máxima determinante de tu conducta pueda
transformarse en ley universal; obra de tal modo que todos puedan seguir el
principio determinante de tu acción». Esta regla, este imperativo
categórico, es, según Kant, un criterio seguro de lo
que está bien y lo que está mal. Un hecho que se quisiera ver realizar a todos,
tiene que ser bueno”.
Comentario: El criterio establecido
por Kant está asociado a la existencia de una ética
objetiva, de validez general. Las actitudes básicas del hombre son vínculos
entre causas y efectos, o entre estímulo y respuesta, de ahí que vienen
determinados por ciertas leyes naturales simples. Luego, toda ley natural es
invariante en el tiempo y en el espacio, tan sólo ha de cambiar la descripción
que de tal ley hacemos los seres humanos.
S.E.Frost: “Tal
ley moral implica, según Fichte, la existencia en el
mundo de un orden moral en el que podemos confiar. Por tener la ley moral
dentro de sí mismo, el hombre puede suponer que el mundo está en condiciones de
satisfacer las demandas de esta ley. Por consiguiente, el hombre debe afinar su
inteligencia, debe saber lo que está bien y hacerlo porque está bien. El hombre
ignorante no puede ser bueno. Puesto que es libre y no está forzado por
autoridad alguna exterior, el hombre debe conocer la ley moral y sus
implicaciones, y gobernarse siempre de acuerdo con ellas”.
Comentario: Casi siempre asociamos
la libertad como la capacidad de todo ser viviente de tomar decisiones y
gobernarse por sí mismo, pero la libertad tiene sentido sólo a partir del
conocimiento de las restricciones impuestas por las leyes naturales. Una
libertad ilimitada (libertinaje) conduce a la autodestrucción.
S.E.Frost: “John Stuart Mill es un representante
típico de la escuela utilitaria; sostiene que la medida de lo bueno estriba en
«el mayor bien para la mayoría». Respecto a cada acción hay que preguntar:
¿traerá mucho bien a muchos individuos? Esto elimina el egoísmo y hace del
criterio del bien la consecuencia social de todo acto. Mill
sostiene que el bien difiere en calidad y que el bien del intelecto es mejor
que el de los sentidos. Por tanto, no sólo recalca el factor social, sino
también la naturaleza del acto”.
Comentario: Podemos agregar también
que el bien de los sentimientos es mejor que el del intelecto.
S.E.Frost: “Herbert Spencer enfoca el problema desde el punto de vista del
hombre de ciencia y trata de descubrir bases científicas en qué fundar el bien
y el mal. Desde el punto de vista de la evolución, la conducta es un
desarrollo, un tratar de ajustar los actos a los fines”.
Comentario: Desde este punto de vista,
al lograr el hombre un limitado nivel de adaptación cultural al orden natural,
sigue existiendo una apreciable cantidad de sufrimiento en gran parte de la
población mundial. Aunque es posible disminuirlo suficientemente a medida que
el conocimiento del comportamiento humano se generalice.
Finalmente, existe la idea de que “el sistema económico vigente” crea,
o induce, una moral de clases. De esta forma, no habría una ética natural, sino
que sólo habría una moral relativa a la clase social a la cual pertenece cada
individuo. No tendría sentido intentar un mejoramiento individual, sino que,
para lograr el resurgimiento de la sociedad, habría que esperar la llegada de
una sociedad sin clases. Ese logro se consigue con la expropiación (o robo) de
los medios de producción, y con la revolución (guerra civil). Este absurdo
cuenta todavía con muchos adeptos.