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HISTORIANDO
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SARMIENTO,
APUNTES SOBRE SU VIDA. (II
Citas) Sarmiento
fue polémico. Y generó juicios diversos, como el conjunto de su obra. He aquí
algunos de entre ellos, como mínima ilustración de la opinión de sus
contemporáneos o de estudiosos de su trayectoria. Y también, algo de su propia
voz: Una pequeña biografía “Nació
en la ciudad de San Juan el 15 de febrero de 1811, al año siguiente de la
revolución argentina, cuyas agitaciones impresionaron su primera infancia. Fue
hijo de José Clemente Sarmiento y de doña Paula Albarracín, ambos
sanjuaninos, y de antiguas familias coloniales de Cuyo. En sus “Recuerdos de
provincia”, Sarmiento ha pintado el ambiente doméstico de su infancia, su
casa, su pueblo, su familia, su educación, y trazado una reticente silueta de
su padre, y una muy conmovida de su madre, que influyó poderosamente en su
imaginación y su carácter. Los azares de nuestras guerras civiles lo lanzaron
a la acción, y fue montonero unitario, conspirador de la Asociación de Mayo,
periodista de oposición, emigrado, adversario periodístico de Rosas; y, después
de Caseros, diputado, senador, ministro, gobernador, presidente, general. Pero
su verdadera grandeza no reside en ello, sino en la fiereza indomable de su carácter,
en la abundancia de su sensibilidad, en el poder de su inteligencia, en la
sugestión de su obra escrita, todo lo cual ha hecho que, con motivo de su
centenario (1911), los argentinos lo proclamáramos por un genio. Desde 1840
hasta 1852 residió en Chile, primero como desterrado de Benavídez, tirano de
San Juan, después como adversario de Rosas, tirano de Buenos Aires. Asistió
con Urquiza a la batalla de Caseros, y fué más tarde, con Mitre, adversario de
la política del caudillo entrerriano. Después de ser ministro argentino en
Washington, desempeñó la presidencia de la república (1868 – 1874). Como
director de enseñanza, ministro, legislador, periodista, fomentó casi todos
nuestros progresos morales y materiales, desde
1853 hasta su muerte, ocurrida el 11 de setiembre de 1888, en la Asunción del
Paraguay, a donde había ido en busca de alivio para su vejez ya fatigada. La
fecha de su muerte es efeméride que se recuerda todos los años en las escuelas
nacionales”.
-“Tentado
estuve, cuando escribía “Los Gauchescos”, de incluir a Sarmiento en aquella
serie, aunque desdeñó tanto a los gauchos. Pero su Facundo es una descripción
de la pampa y de la vida pastora, y tal habría sido la justificación, para
hablar de él en la misma parte donde he hablado de Mitre por su “Santos
Vega”, el payador legendario, y de Echeverría por La Cautiva, el poema del
desierto”. -“Hombre
asombroso y contradictorio: desdeñaba a los gauchos, y “gaucho” lo ha
llamado admirativamente su amigo Lastarria que lo conoció en Chile, con todo el
pelo de su dehesa; y “gaucho de las letras” lo ha llamado Menéndez y
Pelayo; y Groussac “montonero de la batalla intelectual”, a ése que daba la
batalla intelectual para combatir al montonero; y lo es todavía más, porque el
mismo Sarmiento, en la vejez, reconoció que era la suya la misma estirpe de
Facundo”. -“Desdeñaba
finalmente a los indios, y él lo era, no ya por parecerse en lo físico a muy
recios caciques de Arauco, sino porque de indios descendía, según confesión
propia. El mismo lo ha dicho, quizá sin advertirlo, en sus escritos, con ese
bello arrojo de sinceridad, que fue virtud viril de su carácter y rasgo
pintoresco de su estilo.” -“(...)arquetipo
de su raza mestiza, evolucionada hacia una meta de alta civilización”. -“Es
del propio Sarmiento aquella máxima de gran varón que dice: Las cosas, hay que
hacerlas; aunque sea mal, pero hacerlas.” “Llevóla
como desafiante divisa de su vida, y todo él movido por el aliento de hacedor
optimismo que el duro lema transpiraba, halló en la misma fatalidad creadora
del arranque, excusa necesaria para los múltiples errores de que abundaron su
jornada cruenta y su obra presurosa”. -“El
genio de Sarmiento consiste en haber sido predestinadamente, porfiadamente,
inquebrantablemente, y con una desbordante riqueza de sensibilidad, de
inteligencia, de voluntad, que superan la media humana, la conciencia viva,
personificada y agorera de su Patria, en todas las direcciones posibles del
tiempo, del espacio y del espíritu”. (Ricardo
Rojas, en “Historia de la Literatura Argentina”. Tercera Parte. “Los
Proscriptos”). -“Nacido
entre las piedras de los Andes, vino a morir junto a las aguas de nuestro
litoral, después de haber sido el profeta de la pampa, el intérprete de su
destino. Por
encima de los honores oficiales y de las polémicas políticas, el nos trajo un
mensaje: “Educar al soberano”, y eso es lo más puro que de su pensamiento
sobrevive”. -.- “Sarmiento
es un hijo del Zonda. Montañés de temple rudo pero de mente sutil. Está hecho
a semejanza de su tierra natal, hombre quijotesco, enloquecido por los libros
que lo lanzaron a buscar aventuras”. (Ricardo
Rojas, en “El profeta de La Pampa”. “Vida de Sarmiento”).
“Bajo
mi ministerio se dobló el número de los colegios, se fundaron bibliotecas
populares, los grandes establecimientos científicos como el Observatorio, se
dio plan y organización a los sistemas escolares, y provincias que encontré
como La Rioja sin una escuela pública llevaron tres mil o cuatro mil alumnos...
Es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo pie quiero
consignar mi nombre. Cuál fue la intervención del señor Sarmiento en estos
trabajos, que absorbieron mi vida por entero durante cinco años? El nombre del
señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a
las ideas y a la opinión a favor de la educación popular; su firma al pie de
los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención
se redujo, sin embargo, a esta acción moral. Supo el señor Sarmiento que había
bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando habían
aparecido los dos primeros volúmenes del “Boletín de las Bibliotecas” y
estas convertídose en pasión pública. El señor Sarmiento no se dio cuenta de
la ley de subvenciones y de su mecanismo sino en los últimos meses de su
gobierno. Esto es todo, y es la verdad”. (Nicolás
Avellanada. Apuntes en 1874, en sus “Escritos y discursos”).
Este
escritor de pega y de barullo Que
traduce, delira o no hace nada, Subir
quiere del Genio a la morada De
sus propias lisonjas al arrullo. Fáltale
ciencia, pero tiene orgullo, La
paz le ofende y la virtud le enfada: Es
ciego admirador de Torquemada Y
enemigo mortal de Pero-Grullo. Tal
en resumen es mi pensamiento Acerca
de ese autor que lleva el nombre, O
apellido, o apodo, de Sarmiento. Nada
hay en él que agrade ni que asombre: Carece
de instrucción y de talento; En
todo lo demás es un grande hombre.
SARMIENTO
por SARMIENTO Las
que siguen son citas del sanjuanino, pertenecientes a algunas de sus obras. AUTOBIOGRAFIA En
un álbum escribí a la aventura lo primero que me ocurrió y salió de ello una
biografía. Partiendo
de la falda de Los Andes nevados, he recorrido, la tierra y remontado todas las
pequeñas eminencias de mi patria. Al
descender de la más elevada, me encuentra el viajero, sin las fasces de los
lictores, amasando el barro informe con que Dios hizo al mundo, para labrarme
tierra y mi última morada. He
vivido en todas partes la vida íntima de mis huéspedes y no como viajero. Dejo
tras de mí un rastro duradero en la educación y columnas miliarias en los
edificios de las escuelas que marcarán en la América la ruta que seguí. Hice
la guerra a la barbarie y a los caudillos en nombre de ideas sanas y
realizables, y, llamado a ejecutar mi programa, si bien todas las promesas no
fueron cumplidas, avancé sobre todo lo conocido hasta aquí en esta parte de América. He
labrado, pues, como las orugas, mi tosco capullo, y sin llegar a ser mariposa,
me sobreviviré para ver que el hilo que depuse sería utilizado por los que me
siguen. Nacido
en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía, de mi
patria; endurecido en todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno y
coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de
civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta
proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido por la estimación de
muchos de los grandes hombres de la tierra; y sin la fortuna que nunca codicié
porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte
corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé, y no deseé
mejor que dejar por herencia millares en mejores condiciones intelectuales,
tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas
el territorio, como cubiertos de vapores los ríos, para que todos participen
del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas. FACUNDO ¡Sombra
terrible de Facundo!, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo
que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las
convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo. ¡Tú
posees el secreto: revélanoslo! Diez años aún después de tu trágica muerte,
el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar
diversos senderos en el desierto, decían: ¡No! ¡No ha muerto! ¡Vive aún! ¡El
vendrá! ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones
populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su
complemento; su alma ha pasado a este otro molde más acabado, más perfecto; y
lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Rosas
en sistema perfecto, efecto y fin. INFANCIA
DE DOMINGUITO ...Desde
la tierna edad de tres años y medio daba tales muestras de inteligencia, que
los domésticos repetían algunas de las observaciones que hacía al
experimentar alguna sensación nueva. ...Siendo
de tan corta edad, que era necesario que un peón lo llevase por delante en el
caballo, al ir la familia de Santiago a Santa Rosa de los Andes, al descender
los últimos contrafuertes de la cuesta de Chacabuco, ofreciósele a la vista de
un golpe y mirado de lo alto el bellísimo valle de Aconcagua, encerrado en un
marco de montañas, como una masa de verdura de seis leguas de fondo, salpicada
aquí y allí de casitas y alquerías. A los hombres hechos deleita aquella
vista. Al niño lo tomaba de nuevo, y tendiendo los bracitos como para
abrazarla, exclamó alborozado: ¡qué bosque tan lindo!... Y a un rato de
contemplarlo: ¡pero no como los de Brasil! El
peón que oía, quizá por la primera vez, Brasil, y acaso la palabra bosque, no
muy casera, como monte, arboleda, huerta, etc., le preguntó: Patroncito, en qué
son mejores los del Brasil?... ¡Oh!
¡Tanto tití! El
peón maravillado contó la aventura, y comprendió entonces la diferencia,
sabiendo que titíes son unos monitos muy monos, los más monos de los simios
que se encuentran en las grandes selvas tropicales. Conocíalos el niño por uno
embalsamado que había sobre la mesa en la sala como ornato, y había oído
hablar de su país de origen. Creía que poblaban los bosques, y se les veía
saltando de rama en rama. Luego los bosques de Aconcagua (las huertas de
frutales) eran inferiores a los de Brasil. Tenía tres años y medio el
naturalista. INSTRUCCIÓN
PUBLICA ...Un
padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la
sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos
que han de venir con el tiempo a formar la nación , hayan, por la educación
recibida en su infancia, preparádose suficientemente para desempeñar las
funciones sociales a que serán llamados. El poder, la riqueza y la fuerza de
una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual, de los
individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que
el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando
cada vez más el numero de individuos que las posean. La dignidad del Estado, la
gloria de una nación no puede ya cifrarse, pues, sino en la dignidad de condición
de sus súbditos; y esta dignidad no puede obtenerse sino elevando el carácter
moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndola a la acción ordenada y
legítima de todas las facultades del hombre.
................................................................. Hasta
aquí <por ahora> nuestro aporte, mínimo, sobre
Sarmiento. Pero nos prometemos y les prometemos más, siempre más
sobre una figura nodal para la comprensión de nuestras raíces. Sobre
el trabajo historiográfico acerca de Sarmiento tenemos un sueño hoy imposible,
que requiere de recursos económicos que no tenemos. Pero no nos
resignamos. Si lo concretamos, podrán verlo aquí. Si
desean leer un breve homenaje literario a Sarmiento, suscríbanse
gratuitamente a nuestro
Mensuario
de Historia, que lo incluye. Oscar
García Massa
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