CORO
¡Orientales, la patria o la tumba!
¡Libertad o con gloria morir!
Es el voto que el alma pronuncia
y que heróicos sabremos cumplir.
I
¡Libertad, Libertad, Orientales!
Este grito a la patria salvó,
que a sus bravos en fieras batallas
de entusiasmo sublime inflamó.
De este don sacrosanto la gloria
merecimos. ¡Tiranos, temblad!
¡Libertad! en la lid clamaremos.
Y muriendo, también libertad.
II
Dominando la Iberia dos mundos
ostentaba su altivo poder
y a sus plantas cautivo yacía
el Oriente sin nombre ni ser.
Mas repente, sus hierros trozando
ante el dogma que Mayo inspiró.
Entre libres y déspotas fieros
un abismo sin puente se vio.
III
Su trozada cadena por armas,
por escudo su pecho en la lid;
de su arrojo soberbio temblaron
los feudales campeones del Cid,
en los valles, montañas y selvas
se acometen con ruda altivez,
retumbando con fiero estampido
las cavernas y el cielo a la vez.
IV
Al estruendo que en torno resuena
de Atahualpa la tumba se abrió
y batiendo sañudo las palmas
su esqueleto, ¡venganza! gritó.
Los patriotas al eco grandioso
se electrizan en fuego marcial
y en su enseña más vivo relumbra
de los Incas el Dios inmortal.
V
Largo tiempo, con varia fortuna,
batallaron Liberto y Señor,
disputando la tierra sangrienta.
Palmo a palmo como ciego furor.
La Justicia por último vence,
domeñando las iras de un Rey;
y ante el mundo la Patria indomable
inaugura su enseña y su Ley.
VI
¡Orientales!, mirad la bandera
de heroísmo fulgente crisol;
nuestras lanzas defienden su brillo:
¡Nadie insulte la imagen del Sol!
De los fueros civiles el goce
sostengamos; y el Código fiel
veneremos inmune y glorioso,
como el arca sagrada Israel.
VII
Porque fuese más alta tu gloria
y brillasen tu precio y poder,
tres diademas, ¡oh, Patria!, se vieron.
Tu dominio gozar y perder.
Libertad, libertad adorada,
¡Mucho cuestas tesoro sin par!
Pero valen tus goces divinos
esa sangre que riega tu altar.
VIII
Si a los pueblos un bárbaro agita
removiendo su extinto furor.
Fraticida discordia evitemos
diez mil tumbas recuerdan su horror,
tempestades el cielo fulmine,
maldiciones desciendan sobre él
y los adoren libres, triunfante
de las leyes el rico joyel.
IX
De laureles ornada brillando
la Amazona soberbia del Sud,
en su escudo de bronce reflejan
fortaleza, justicia y virtud.
Ni enemigos le humillan la frente
ni opresores le imponen el pie;
quedas en angustias sello su constancia,
y en bautismo de sangre su fe.
X
Festejando la gloria y el día
de la nueva República el Sol,
con vislumbres de púrpura y oro
engalana su hermoso arrebol.
Del Olimpo la bóveda augusta
resplandece y un ser divinal
con estrellas escribe en los cielos:
¡Dulce Patria tu nombre inmortal!
XI
De las leyes al numen juremos:
igualdad, patriotismo y unión,
inmolando en sus aras divinas
ciegos odios y negra ambición.
Y hallaran los que fieros insulten
la grandeza del pueblo Oriental,
sí, enemigos, la lanza de Marte,
sí, tiranos, de Bruto el puñal.
CORO
Autor de la letra: Francisco
Acuña de Figueroa
Autores de la música: Fernando QUIJANO y Francisco J.
Deball