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Los grupos humanos mayores que poblaban el territorio de la actual
Argentina a principios del siglo XVI eran los pampeano-patagónicos,
como los tehuelches y los pehuelches; los andinos, como los diaguitas
y huarpes, y los del Chaco y el actual noroeste. Los primeros eran todos
cazadores y recolectores nómades; la modalidad dominante en las
etnias chaqueñas, como matacos y guaycurúes, era similar
aunque algunos grupos se fueron sedentarizando con economías
de cultivo, como los guaraníes. Los grupos andinos constituyeron
civilizaciones agrícolas con asentamientos estables. A los ya
nombrados se puede agregar omahuacas, patamas, capayanes, comechingones,
algarroberos.. Del contacto con los incas perfeccionaron su agricultura,
hasta con terrazas y con riego artificial. Criaban llamas y comerciaban
en el noroeste y oeste del país. En los siglos XVII y XVIII, empujados por la conquista española,
los araucanos procedentes de Chile emigraron hacia la región
centro y suroeste de la actual Argentina, con la consiguiente "araucanización"
(mapuches) de los habitantes de la región. Las exploraciones organizadas por España en el siglo XVI llevaron
a Américo Vespucio, en 1502, y a Juan Díaz de Solís
en 1516, a internarse en el estuario que bautizaron Río de la
Plata, en honor al metal que buscaban y no encontraron. En 1526, Sebastián
Gaboto fundó un fuerte a orillas del río Carcarañá,
que fue el primer establecimiento en lo que es actualmente la Argentina. En 1776 fue creado el Virreinato del Río de la Plata, con capital
en Buenos Aires, que abarcaba los actuales Chile, Bolivia, Paraguay,
Argentina y Uruguay. Una fuerte burguesía comercial porteña,
favorable al libre comercio, fue la generadora del movimiento revolucionario
de 1810, que creó las Provincias Unidas del Río de la
Plata y destituyó al virrey, acusándolo de falta de fidelidad
a la península, a la sazón ocupada por las tropas napoleónicas.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata no optaron por la independencia
hasta 1816, cuando el restaurado monarca español Fernando VII
y su partido servil evidenciaron ser incompatibles con el liberalismo
institucional y comercial al que aspiraba la Junta de Gobierno de Buenos
Aires. El general José de San Martín organizó los ejércitos
que derrotaron a los realistas y contribuyeron decisivamente a la independencia
de Chile y Perú. En ese mismo perÌodo, las Provincias
Unidas cayeron en la órbita de Inglaterra, compradora de cueros
vacunos y abastecedora de manufacturas, lo que al cabo de dos décadas
arrasó las artesanías del interior, en beneficio de la
oligarquía intermediaria porteña. En 1829 asumió
el poder Juan Manuel de Rosas, quien concilió los intereses contrapuestos
del puerto y del interior mediante una ley de aduanas y otras restricciones
a la penetración de productos provenientes de Francia e Inglaterra.
Debió sufrir agresiones militares de ambas potencias, que bloquearon
el puerto de Buenos Aires para doblegar al gobierno, pero cayeron derrotadas.
Fueron los primeros intentos de integrar Argentina al mercado internacional.
Ese objetivo se logró luego de la denominada "Guerra Grande"
(librada en Argentina y Uruguay entre 1839-1852), que involucró
a Argentina, Uruguay y Brasil, con la intervención directa de
Inglaterra y Francia. En 1833, Gran Bretaña ocupó las islas Malvinas, con el
beneplácito de los Estados Unidos. Tras la derrota de Rosas,
Argentina se convirtió en importadora de manufacturas y capitales
británicos y exportadora de carne y cereales. En nombre del liberalismo
económico y político, Bartolomé Mitre (que ocupó
la presidencia en el período 1862-1868) se alió con Pedro
II, emperador del Brasil, y Venancio Flores, presidente del Uruguay,
para librar contra Paraguay una guerra de exterminio, conocida como
la de "La Triple Alianza", que empezó en 1865 y finalizó
en 1870 con la muerte del presidente paraguayo Francisco Solano López.
En el momento de la "victoria", ya Domingo Faustino Sarmiento
había sucedido a Mitre. Finalizada la guerra, comenzó la fase de acomodamiento técnico
al mercado internacional. Mientras ferrocarriles y puertos aseguraban
la transferencia de riqueza hacia Londres, se completaba la ocupación
del territorio mediante el exterminio de los indígenas de la
Patagonia y el Chaco, y se producía la inmigración masiva
de mano de obra europea, sobre todo española e italiana. La sucesión de gobiernos que representaban los intereses de
los latifundistas agroexportadores, terminó cuando la clase media
y un incipiente proletariado llevaron al gobierno en 1916 a Hipólito
Yrigoyen y su Unión Cívica Radical. La tenue industrialización
que propició la Primera Guerra Mundial, en la que Yrigoyen mantuvo
una activa neutralidad, delineó nuevos grupos sociales y enfrentamientos
que culminaron en 1919 con la Semana Trágica, cuando las tropas
ametrallaron en las calles a obreros en huelga y comandos civiles ultraderechistas
opuestos al gobierno atacaron el barrio judío en busca de "bolcheviques". La crisis mundial de 1929 puso en evidencia el agotamiento del esquema
agroexportador. Las clases dominantes que derrocaron a Yrigoyen mantuvieron
la relación con Gran Bretaña reafirmando sus privilegios
en todos los sectores de la economía, en tanto que las mayorías
desposeídas veían agravada su situación. La Segunda Guerra Mundial favoreció una rápida industrialización
sustitutiva de importaciones. Una alianza entre la burguesía,
el proletariado y las fuerzas armadas ocupó entonces la escena
política. La movilización popular del 17 de octubre de
1945 fue parte del proceso que llevó a la presidencia en 1946
al entonces coronel Juan Domingo Perón. Su gobierno nacionalizó
el comercio exterior, la banca, los ferrocarriles, el gas y los teléfonos;
incrementó la flota marítima y creó la aérea;
elevó a 50% la participación de los trabajadores en el
ingreso nacional y dictó una avanzada legislación social.
Además organizó a obreros y patrones en confederaciones
nacionales, con las que negoció la política económico-social.
En el plano externo impulsó una "tercera posición"
entre los bloques en pugna en plena guerra fría. Su esposa Evita
fue un nexo excepcionalmente carismático entre Perón y
los trabajadores e influyó en la conquista del voto femenino. Los intereses norteamericanos fueron factor decisivo en el golpe de
estado de 1955. El dictador militar Pedro Aramburu repudió la
posición tercerista de Perón y abrazó la Doctrina
de la Seguridad Nacional, delegando en Estados Unidos la defensa de
la región contra "los enemigos de la democracia". Esta
llamada "revolución libertadora" intentó regresar
al modelo anterior a 1945, pero con Estados Unidos ocupando el lugar
de Inglaterra. Impuso la redistribución regresiva del ingreso
y fusiló a militares y civiles opositores en la Operación
Masacre de 1956, que inició una sucesión de décadas
de violencia política. El peronismo quedó proscripto, pero fueron sus votos los que
en 1958 llevaron al gobierno al desarrollista Arturo Frondizi, quien
abrió el país a las trasnacionales petroleras y automotrices
e implantó un modelo de crecimiento y concentración de
riquezas que suscitó graves enfrentamientos sociales. Frondizi
desproscribió al peronismo, y en las elecciones para diputados
de 1962 éstos triunfaron en diez provincias. Este hecho determinó
una nueva intervención militar en la que Frondizi fue derrocado.
Luego de dos agudos enfrentamientos entre grupos de las fuerzas armadas,
emergió como hombre fuerte de las mismas el general Juan Carlos
Onganía. Proscripto nuevamente el peronismo, llegó al gobierno el radical
Arturo Illia, cuya administración fue la primera en cuatro décadas
que no aplicó el estado de sitio ni otras medidas especiales
de represión o censura cultural. Illia anuló los contratos petroleros firmados por Frondizi,
pagando indemnizaciones a las compañías extranjeras. Varias
buenas cosechas y la apertura comercial a los mercados socialistas contribuyeron
a superar la crisis legada por el interregno militar. Todo el período
de Illia -quien se negó a colaborar con tropas argentinas en
la invasión norteamericana a la República Dominicana-
estuvo signado por el choque con los sindicatos peronistas, que realizaron
huelgas, movilizaciones y ocupaciones de fábricas. En junio de 1966, Illia fue derrocado por la "Revolución
Argentina" de Onganía, que inauguró un nuevo modelo
autoritario, clerical-corporativo en lo político, ultraliberal
en economía, y defensor de las "fronteras ideológicas"
en lo internacional. Onganía consagró la Argentina al
Sagrado Corazón, prohibió la política, intervino
las universidades y la CGT y desnacionalizó la economía:
empresas quebradas fueron compradas a precio vil por consorcios norteamericanos,
británicos y alemanes. El estancamiento resultante fue causa de conmociones sociales entre
las que descolló el "cordobazo" de 1969, encabezado
por la CGT de los Argentinos, del peronista Raimundo Ongaro, el radical
Antonio Scipione y el marxista Agustín Tosco. Esta insurrección
y el surgimiento de la guerrilla sepultaron el proyecto de la "Revolución
Argentina" entre los propios militares. El general Agustín
Lanusse asumió la presidencia en 1971 y anunció la convocatoria
a elecciones, pero prohibió la candidatura de Perón, exiliado
en Madrid. Héctor Cámpora, candidato del Frente Justicialista de
Liberación -nombre de la coalición electoral en la que
se presentó el peronismo- obtuvo 49% de los votos en las elecciones
de marzo de 1973. Cámpora asumió la presidencia en mayo
y renunció dos meses después para permitir una nueva elección,
en la que participara su líder, ya regresado al país.
El 23 de setiembre, Perón fue electo presidente con 62% de los
sufragios. La vicepresidencia quedó en manos de su esposa, María
Estela Martínez de Perón ("Isabelita"). El peronismo
reanudó las relaciones con Cuba, propugnó una OEA al servicio
de América Latina, impulsó la participación de
Argentina en el Movimiento de Países No Alineados e incrementó
el comercio con los países socialistas. Pero después de
la masacre de Ezeiza (el 20 de junio, día del regreso de Perón),
los conflictos dentro de su movimiento se convirtieron en una guerra
entre la vieja guardia sindical y las "formaciones especiales",
como llamaba Perón a los guerrilleros. Al morir Perón,
lo sucedió su viuda, cuyo ministro de Bienestar Social y ex secretario
personal, José López Rega creó la "Triple
A" (Alianza Anticomunista Argentina), organismo parapolicial que
asesinó a opositores marxistas y de la izquierda peronista. El 24 de marzo de 1976, el gobierno de "Isabelita" fue depuesto
por una Junta Militar encabezada por el general Jorge Videla. Los militares
suspendieron todas las garantías, desataron una ola de secuestros
y asesinatos y crearon la ominosa figura del "desaparecido".
Las organizaciones defensoras de los derechos humanos denunciaron la
existencia de más de 25.000 desaparecidos y elaboraron una lista
documentada con más de 7.000 casos, de los cuales 80% fueron
detenidos por fuerzas de seguridad, ante testigos, y su destino nunca
se supo con certeza. Un documento de las fuerzas armadas declaró
en 1983 que los desaparecidos debían considerarse muertos en
enfrentamientos contra efectivos antiguerrilleros. La Junta Militar instauró una política de apertura a
la importación que liquidó un tercio del aparato productivo.
Fueron anuladas conquistas laborales logradas durante medio siglo, el
salario real se redujo a la mitad y las economías regionales
fueron asfixiadas por las altas tasas de interés. El stock ganadero
se redujo en 10 millones de cabezas vacunas. La deuda externa llegó
a los 60.000 millones de dólares de los cuales se estima que
la cuarta parte corresponden a compras de armas. Fue la época
de la "patria financiera", cuando buena parte del sector productivo
se volcó a la especulación, alentado por la orientación
económica. Consecuentemente, a partir de 1980 se inició
el derrumbe de bancos y sociedades financieras. Videla fue sustituido por el general Roberto Viola y éste por
el general Leopoldo Galtieri, quien como comandante en jefe del ejército
había acordado en Estados Unidos la participación de militares
argentinos en la intervención estadounidense en Centroamérica.
Creyendo que ello le aseguraría el respaldo incondicional de
Reagan, Galtieri resolvió conjurar la crisis interna recuperando
las islas Malvinas, donde el 2 de abril de 1982 desembarcaron tropas
argentinas. El error de Galtieri se puso en evidencia en la votación
adversa en el Consejo de Seguridad de la ONU, en la reacción
británica y en el apoyo de Estados Unidos a su aliado del Atlántico
Norte. Luego de 45 días de combates, que costaron unos 700 muertos
a los argentinos y 250 a los ingleses, sobrevino la rendición
argentina el 15 de junio; dos días después, Galtieri debió
renunciar a todas sus funciones. En la OEA, 17 países reconocieron los derechos argentinos sobre
las Malvinas y votaron contra Washington por su apoyo a la agresión
extracontinental, violatoria del Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca (TIAR). Luego de la destitución de Galtieri se produjeron purgas parciales
en los altos mandos de las tres armas; la Junta convocó a elecciones
generales para el 30 de octubre de 1983 y el Ejército designó
al general retirado Reynaldo Bignone para ejercer la presidencia hasta
la entrega del gobierno, prevista para el 30 de enero de 1984. El nuevo jefe de la Unión Cívica Radical, Raúl
Alfonsín, obtuvo 52% de los sufragios, contra 40% del justicialismo.
Durante la campaña electoral Alfonsín denunció
la existencia de un pacto militar-sindical y se erigió en el
candidato de la legalidad y la vida, contra la arbitrariedad y la muerte.
Esto le valió la victoria incluso en buena parte del cordón
industrial del Gran Buenos Aires, tradicional bastión peronista. El nuevo gobierno buscó dar un combate frontal a la inflación
que había alcanzado índices desastrosos: 688% al finalizar
1984. En 1985 pareció estabilizarse una tendencia de 25% mensual.
Las reducciones del gasto público, que arrojaba un déficit
de 70 millones de dólares anuales, fueron espectaculares en algunos
rubros. El presupuesto de las fuerzas armadas, por ejemplo, pasó
a representar 18% del erario frente a 30% anterior. Mientras tanto,
el capital financiero consiguió ganancias superiores a las obtenidas
en cualquier parte del mundo. La participación del sector laboral en la renta nacional bajó
de 48% a 35%. La CGT peronista se orientó hacia frentes de variada
composición, apoyó incluso la huelga de los empresarios
agropecuarios, a cambio de que éstos reconocieran sus demandas
salariales y el control sindical sobre las "obras sociales",
especialmente los sistemas de atención de salud y turismo interno. A mediados de junio de 1985, las autoridades lanzaron el llamado Plan
Austral que congeló precios, tarifas de servicios y estableció
una nueva moneda, el austral, inicialmente más valiosa que el
dólar. En el litigio sobre el canal de Beagle, se firmó un tratado
que alejó los peligros de una guerra con Chile, tras un plebiscito
interno donde la propuesta de paz del Vaticano, apoyada por el gobierno
argentino, recogió 80% de los votos. Las revelaciones emanadas de los estudios de la CONADEP (Comisión
Nacional sobre Desaparición de Personas) siguieron detonando
horrores durante el juicio público a los nueve comandantes en
Jefe de la dictadura, a quienes se acusó de haber ordenado los
crímenes en ese período. La condena a varios altos dirigentes
militares -incluso el ex presidente Videla- y la posterior extensión
de los juicios a militares de menor graduación motivaron fuertes
presiones en el ámbito militar. Durante la Semana Santa de 1987
algunas unidades se acuartelaron para reclamar el fin de los juicios
a los militares y amnistía para los condenados. Aunque los rebeldes
constituían un grupo minoritario, la disposición de las
fuerzas "leales" a reprimirlos fue puesta en duda. Convocadas por el presidente Alfonsín, más de un millón
de personas acudieron a Plaza de Mayo a defender la democracia. La crisis
fue disipada el Domingo de Pascua, cuando Alfonsín concurrió
personalmente a dialogar con los insurrectos en Campo de Mayo y éstos
depusieron su actitud. Sin embargo, en los días siguientes varios
de los altos mandos militares fueron sustituidos y el presidente envió
al Congreso un proyecto sobre "obediencia debida", que eximía
de culpa a la mayoría de los militares acusados de violaciones
a los derechos humanos, alegando que actuaban en cumplimiento de órdenes
superiores. Durante los dos años siguientes la inflación siguió
cercenando los ingresos reales de la mayoría de la población.
Entre diciembre de 1983 y abril de 1989 se perdieron miles de empleos,
el salario experimentó una drástica reducción y
la recesión agudizó la ya difícil situación
de las pequeñas y medianas empresas. La CGT encabezó la
resistencia a la política económica de Alfonsín;
en ese período se efectuaron catorce paros generales. El costo social de este proceso fue en aumento, al punto de calcularse
que unos 10 millones de habitantes -casi 30% de la población-
quedaron virtualmente marginados del mercado de consumo. En las elecciones presidenciales de mayo de 1989, el peronista Carlos
Saúl Menem obtuvo 47,6% de los votos frente a 38,4% del candidato
radical Eduardo César Angeloz. El descalabro económico
era tal que la fecha de asunción del nuevo presidente fue anticipada
varios meses. Menem, que había sido gobernador de La Rioja, estableció
un programa de privatizaciones a partir de la Ley de Reforma del Estado,
de agosto de 1989. Esta reforma preveía la privatización
de empresas estatales, la desreglamentación de los mercados y
la descentralización de la gestión administrativa. En el primer año de gobierno, se impulsó la privatización
de la empresa petrolera estatal, de numerosos medios de comunicación,
la administración de las telecomunicaciones y la aerolínea
del estado. Menem restableció relaciones con el Reino Unido (dejando la
cuestión clave de la soberanía sobre las islas Malvinas
bajo un ambiguo "paraguas protector") y en dos etapas indultó
a todos los militares responsables de la "guerra sucia". La persistente crisis económica y social sumada a los cambios
de Menem con respecto a la doctrina del justicialismo tradicional provocaron
convulsiones en las instituciones del país. La CGT sufrió
una división entre los sectores que apoyaban al gobierno y quienes
lo enfrentaban. A la referida fractura del Ejército se sumó
un fenómeno análogo en los principales partidos políticos.
La Iglesia tomó distancia del gobierno y fustigó a la
dirigencia de partidos políticos e instituciones en general,
cuyo desprestigio ante la opinión pública fue en aumento. Durante la Guerra del Golfo, el gobierno argentino envió tropas
a la región para sumarse a la coalición antiiraquí
comandada por EEUU, eludiendo la aprobación parlamentaria. En
1991, Argentina anunció su abandono del Movimiento de Países
No Alineados y en los primeros meses de 1992, el país se sumó
a Estados Unidos en la condena a la situación de los derechos
humanos en Cuba rompiendo una posición tradicional de no injerencia. Desde el comienzo, el gobierno de Menem se vio rodeado de escándalos.
Varios de sus asesores más cercanos tuvieron que abandonar sus
puestos luego de ser acusados de lavar dinero del narcotráfico
o recibir sobornos para favorecer a empresas en la concesión
de licitaciones o privatizaciones. En el orden económico, el Producto Bruto Interno experimentó
un fuerte crecimiento. Sin embargo, la actividad industrial se mantuvo
por debajo de los índices de 1987. Se profundizó la desigualdad
distributiva en las distintas regiones. Al fin del año los funcionarios
públicos de varias provincias efectuaron protestas por salarios
impagos, en algunos casos llegaron a quemar edificios públicos
y saquear los domicilios de políticos y jerarcas. A mediados de 1996, los desempleados superaron los dos millones y los subocupados el millón y medio de personas, de acuerdo con las estadísticas oficiales. La desocupación alcanzó un promedio nacional de 17,1%, y superó el 20% en algunas provincias. La deuda externa registraba un crecimiento de 57% con relación a la existente en 1991, al comienzo del plan antiinflacionario aplicado por el gobierno. En el primer trimestre de 1996, Menem destituyó a Cavallo. El nuevo titular de Economía, Roque Fernández, doctorado en Chicago, se declaró decidido a mantener la política de su predecesor y a superar el déficit fiscal, el desempleo y la recesión.
Fernando de la Rúa es presidente
de la república desde diciembre de 1999, elegido en la fórmula
de la Alianza entre el Partido Radical y el Frepaso. Impulsó
reformas legislativas de flexibilización laboral y de ajuste
salarial. El vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez (Frepaso)
renunció en octubre de 2000 solicitando que se investiguen las
denuncias de sobornos en el Senado para la aprobación dichas
leyes. En marzo de 2001 se registró una crisis institucional
que implicó un alejamiento del Frepaso del gabinete de ministros,
asumiendo Domingo Cavallo el ministerio de economía, lo cual
significa una profundización de las políticas neoliberales
y del control del Estado por parte de los grupos de poder económico
nacionales y transnacionales. Domingo Cavallo fue presidente del Banco
Central durante la última dictadura militar, estatizó
de la deuda externa privada.
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