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Malvinas
UNA GUERRA DE LIBERACIÓN NO SE PUEDE HACER SIN EL PUEBLO Entrevista
con Federico Urioste Luego de ver algunas películas sobre Malvinas, cualquier argentino queda con un gusto amargo. Las imágenes de la derrota golpean el estado de ánimo. Se podría decir que los sentimientos provocados por la derrota militar se agravan pensando en el presente, en la distorsión de nuestra cultura y nuestra economía según los intereses del sistema que nos derrotó.Y esto se manifestaba en la imposibilidad de interpretar la derrota, sus causas, sus consecuencias, sus lecciones. La película Hundan al Belgrano, constituye un triunfo para todos los argentinos. Porque aparece una versión de la guerra sin la influencia deformante del pensamiento del enemigo. Una película hecha desde el punto de vista de los argentinos, desde nuestra historia y nuestros intereses. Se denuncia a nuestros enemigos, principalmente la alianza de los norteamericanos con los británicos; se enfatiza el papel jugado por nuestros aliados históricos: los países latinoamericanos y del tercer mundo, las centrales de trabajadores de los países hermanos. Se pone el eje de la guerra en su justo lugar: Malvinas es una guerra de liberación. Se evita la falsa discusión de interpretar la guerra como un enfrentamiento entre la dictadura y la democracia. Se documentan las manifestaciones inequívocas del pueblo argentino contra la dictadura y por la recuperación de las Malvinas. Por ello consideramos que Hundan al Belgrano es una de las obras más importantes del cine argentino de los últimos años y un documento histórico que ningún argentino comprometido con la lucha por la liberación de nuestro país debería dejar de conocer. Federico Urioste, su realizador e inspirador, es una persona preocupada por el destino de nuestro país, que de manera llana y con gran cordialidad respondió a nuestro interés por realizar una nota sobre la película, que finalmente se llevó a cabo en las oficinas del nuestro estudio de grabación. Allí conversó con Cuadernos para la Emancipación sobre el origen del filme, el trabajo de investigación que requirió, y las interpretaciones que se pueden derivar de todo ello. - Estamos con Federico Urioste, director y guionista, realizador de la película Hundan al Belgrano, una de las pocas películas sobre Malvinas que se han hecho en la Argentina. - Sí, lo curioso es que ha habido muy pocas en la Argentina y muchas en Inglaterra. A mí me llamó la atención la enorme cantidad de documentales que se filmaron para la televisión británica, y de ficción recuerdo por lo menos dos o tres que se hicieron. Lo que llama la atención, también, es que al margen de que fue una guerra relativamente muy corta en el tiempo, hay una enorme cantidad de bibliografía que los ingleses han escrito sobre el tema. Pero toda tiende al hecho militar. Ninguna tiende a ver el punto de vista político o geopolítico o las razones históricas. - En la Argentina no se producen muchos documentales, ¿tiene algo que ver con la poca importancia que le damos a la historia? - En realidad tiene que ver con algo comercial, el cine documental requiere mucho apoyo del Estado, de lo contrario es difícil desarrollarlo. En general, todo el material de cine documental en Europa va a la televisión. Un antecedente son las películas de Solanas, pero ese cine se veía clandestinamente. - La tendencia en el cine nacional es hacer ficción. El cine histórico documental es una de las formas que tendríamos los argentinos de reencontrarnos con nuestro pasado, con nuestra memoria. - Yo estoy de acuerdo con que la Argentina es un país sin memoria, es una cosa muy grave. Pienso que cuando uno no tiene una memoria no tiene posibilidad de tener una identidad nacional, por lo tanto no hay posibilidad de poder escribir nuestra propia historia. Y otros la terminan escribiendo por uno. Esta es la realidad. - En tu película se ve cómo reciben los ingleses a su tropa, como si hubieran vuelto de una gran guerra. - Yo estuve en Inglaterra durante parte del conflicto. Cuando se produce la rendición ya estaba en Buenos Aires. Efectivamente, sí, fue como una epopeya. En realidad han tenido que ver dos razones. Primero, después de la Segunda Guerra Mundial este fue el hecho militar más importante en el cual intervino Inglaterra: mandó las tres cuartas partes de su flota, una enorme armada, más de cien buques. La recuperación de Malvinas tiene que ver con la crisis interna que tenía Margaret Thatcher, en el sentido de que si ella no marchaba a la guerra iba a perder las elecciones. Ella, como hábil política, tuvo en cuenta el enorme nacionalismo del pueblo inglés y montó un espectáculo. Ellos tienen una frase que dice "mostrar la bandera". En la época del imperio eran tan poderosos que ellos no intervenían ni siquiera militarmente, mandaban sus buques y con el solo hecho de mostrar sus buques, la bandera de guerra, bastaba para solucionar el conflicto. Pero al contrario de lo que se hace acá, aún en la derrota, ellos siempre recibieron a sus soldados con grandes honores. A los argentinos se los escondió, se los llevó de noche, no se les permitió ni siquiera hablar, a los oficiales que habían vuelto de Malvinas se los desparramó por las distintas guarniciones para que no estuvieran juntos, y todo lo que es de público conocimiento, lo que significó el proceso de desmalvinización. - Los ingleses sabían perfectamente lo que hacían y los militares argentinos se encontraban en una confusión con respecto al enemigo. - Claro, los militares argentinos se prepararon siempre para luchar contra el marxismo-leninismo y en realidad tuvieron que luchar contra la civilización occidental y cristiana. Entonces, ellos recibieron la metralla y el napalm de Occidente. Y las naciones latinoamericanas, a las cuales los argentinos siempre hemos despreciado, fueron los únicos que nos tendieron una mano. Y esto fue muy duro para los militares argentinos. Porque hablar del imperialismo era decir que uno es un "zurdo", y ellos en carne propia sintieron lo que era el imperialismo. - ¿Cómo surge la decisión de filmar esta película? - Yo me había ido del país en el año 1977 por el "Proceso". Viví dos año y medio en España y dos años y medio en Inglaterra. Como había estudiado sociología, me faltaban pocas materias para recibirme, me interesaba el cine de tipo antropológico, rescatar todo lo de nuestra cultura, el tema indígena del noroeste... Estaba muy metido en eso. El tema de Malvinas era una cosa cercana, sabía como sabíamos los argentinos de ese tema, pero... Cuando me entero, el 26 de marzo de 1982, por un periodista español amigo mío de la agencia EFE que estaba en Londres, que se había desembarcado en Malvinas... Te estoy diciendo que el 26 de marzo salía allá el desembarco en Malvinas. La profundidad de eso lo iba a saber mucho después. Era una información mal intencionada de los grupos ultraconservadores de Inglaterra, que hacen aparecer a la crisis de Georgias como un desembarco en Malvinas para mover a la opinión pública, porque nadie en Inglaterra sabía qué era Malvinas, ni dónde estaban, ni les interesaba mayormente. Entonces empiezan a agitar la opinión pública para crear un clima que les permitiera avanzar y terminar en lo que se terminó después. O sea, para evitar todo tipo de negociación con la Argentina. Claro, era todo un rompecabezas, a mí me costaba mucho entender lo que estaba pasando, porque una dictadura que había asolado el país, era increíble que estuviera embarcada en una guerra de liberación, era surrealista. Era difícil entender cuál era el sentido de todo eso. Me voy a Francia y me agarra el hundimiento del Sheffield y anteriormente del Belgrano. Cuando paso a España la situación es más impresionante, porque vi a todo el exilio movilizado y organizado detrás del tema Malvinas. Imprimen carpetas explicativas. Arman tres comisiones, una que toma contacto con los sindicatos, otra con los partidos políticos, y otra con el rey de España. Se movilizan para explicar, hacen reuniones, imprimen obleas, hacen una movida muy importante. De las cuales participé en ese momento y estuve en esas reuniones. Me impactó. A tal punto que se produce mucho revuelo en España por eso y el ejército tuvo que acordonar Gibraltar, porque tenían miedo de un golpe de otro sector del ejército sobre Gibraltar. Y todos los españoles decían "éste es el ejemplo que tenemos que tomar del pueblo argentino". Ahora, cuando llego acá ya era mayo, y me encuentro con un mundo de mucha frivolidad. En realidad Inglaterra no era nuestro enemigo sino nuestro adversario, eso se recalcaba permanentemente en los medios, que no nos olvidáramos que en realidad seguíamos siendo occidentales y cristianos. - Es como que los ingleses iban a una guerra, y los argentinos estando en medio de la guerra todavía estábamos determinando si había una guerra o no. - Claro. Y se pensaba que iba a haber una solución negociada, cuando la determinación de los británicos era absoluta. El hecho es que cuando termina el conflicto, lo que a mí me impresiona más es que cuando se hace la crítica al conflicto no se hace desde la Argentina, se hace desde el imperio. Se toman los mismos argumentos propagandísticos del imperio. Esto es lo que a mí me impacta. Claro, me impacta y me produce mucha bronca, porque me daba cuenta que eso era, ni más ni menos, que la consecuencia del colonialismo cultural que padecemos. Este es un proceso largo. En ese interín hago el primer documental del mundo andino y otras cosas hasta que fui a trabajar a La República Perdida II, como director asistente. Y a mí me produce mucho impacto, porque era como volver a la pesadilla del "Proceso". Ahí, cuando veo y trabajo en esa película me produce una enorme bronca. Entonces digo: "voy a hacer una película sobre Malvinas. Voy a estudiar y rescatar este tema". Era muy complejo por toda la documentación que había que revisar: diarios, revistas, bibliografía, entrevistar gente. Por suerte tuve un par de amigos en Inglaterra, periodistas españoles que me daban los casetes que iban saliendo. Me puse a trabajar en esto y me superaba el poder manejar toda esta situación. Entonces, armamos un equipo con el periodista Luis Lázaro y Analía Payró que era historiadora. Empezamos a trabajar y fuimos haciendo un trabajo lento, en la medida de nuestras posibilidades. Fueron casi dos años. Procesar, ir discutiendo las distintas hipótesis y, de última, ir descubriendo cosas distintas a las que yo mismo me había imaginado. Primero trabajamos sin ningún límite respecto al guión. Pero una vez que tuvimos lo ideal, empezamos a sintetizar pensando en la hora televisiva. Lo lógico era presentar eso en el Instituto Nacional de Cinematografía, para conseguir los recursos, y fue lo que hice. Estaba Octavio Getino de director, al principio del gobierno de Menem. Lo presento, y al poco tiempo me responden con una carta diciendo que no tenía los méritos suficientes. Me sorprende mucho esto. Hablé con un amigo que estaba adentro y me dijo que, en realidad, tuvo que ver con mi guión. A pesar que conociendo los bueyes con los cuales uno ara, había presentado un guión bastante light. No era el guión que iba a filmar más tarde, era mucho más suave. Ahí me quedé muy desesperanzado porque mis caminos se me cerraron. Hasta que un día Miguel Pereyra, que venía de Inglaterra, me dice que había una posibilidad con la gente del canal 4 de Londres, una gente muy progresista y muy comprometida con el Tercer Mundo. Entonces, lo traduje al inglés y les mandé el guión. Al mes ya tuve una respuesta. No solamente tuve una respuesta, implicó hacer un viaje, hablar con el gerente de coproducciones internacionales, una persona muy interesante. Los ingleses, que son muy sutiles, habían leído entre líneas, y habían pescado todo lo que yo no había puesto. Y él me decía: ¿por qué no agregás todo eso? No tuve ningún problema de censura. Al contrario, tuve mucha libertad de trabajo y un incentivo para agregar las cosas que yo no había puesto pero que se insinuaban en el trabajo. Pero a la larga hubo otro problema: termino mi proyecto, pero ya era el año 1993, varios gerentes se van, porque en el Canal 4 empieza a pasar todo lo que estaba pasando en el resto del mundo. Hay una nueva mentalidad: el tema del mercado, no hay que hacer una televisión contestataria. A mi película la pagaron, la financiaron, yo la entregué, pero nunca se animaron a pasarla, no la exhibieron. Y eso tiene que ver con el contenido político de la película. Y la persona que había apoyado mi proyecto, fue uno de los que renunció. - Entrando al tema de la investigación que realizaste, ¿por qué tomaron los militares las Malvinas? ¿Cuál era la hipótesis de conflicto? - Es un tema bastante complejo. La crisis venía desde hacía quince años, cuando se establecen las primeras negociaciones. Los ingleses habían sido muy hábiles y siempre llevaron todas las tratativas hacia un callejón sin salida. El manoseo que hacían de la Argentina era tan obvio que ellos mismos temían una respuesta militar de nuestra parte. Para entender el conflicto hay que conocer la existencia de un lobby, que se manejaba con mucha libertad dentro del Parlamento, compuesto por diversos sectores de ultraconservadores nacionalistas, privados y oficiales, que tenían intereses en las islas y la Antártida. Para Inglaterra, como dijo Lord Carrington, Malvinas ocupaba el lugar 432 en el orden de prioridades. No tenía ninguna importancia. Entonces se produce un contrato entre una compañía inglesa y una argentina para el desarme de instalaciones balleneras en la isla Georgia del Sur, que estaba deshabitada. Todo legal. La embajada británica tenía la lista del personal autorizado, que viajó en un buque polar de la armada argentina, porque la empresa contratista no pudo alquilar un buque inglés. A partir de aquí empiezan las provocaciones inglesas. El propio embajador inglés en Buenos Aires trata de aplacar la cuestión, pero en Inglaterra la situación tendía a caldearse mucho. La prensa, la oposición, la armada británica, que estaba contra la política conservadora de desguace de la flota, se lanzaron contra Margaret Thatcher, acusándola de que iba a dejar el país indefenso, y le pedían la renuncia. Y ella, como es muy hábil, sabía que si perdía las elecciones iba a tener consecuencias muy graves, no sólo para Inglaterra sino también para la OTAN. Entonces monta el número de mandar a la armada, que empieza a zarpar para el Atlántico Sur antes del 2 de abril. Los ingleses no querían negociar nada con los argentinos. El objetivo del 2 de abril, por la parte argentina, era para llamar inmediatamente a las Naciones Unidas y pedir que intervinieran los cascos azules. Pero Margaret Thatcher sabía que si intervenían los cascos azules perdía totalmente la situación. Así que lanzó su ofensiva con todo. - A la vez, el ejército argentino creía que los Estados Unidos iban responder a los reclamos argentinos en función del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), pensaron que iban a estar de nuestro lado. - Exactamente. Por un lado, el ejército argentino estaba muy comprometido en operaciones especiales en Centroamérica. Había más de doscientos oficiales, instruyendo, luchando en El Salvador, con los contras nicaragüenses, etcétera. Además, por supuesto, el apoyo irrestricto de la Argentina a la política norteamericana. Por lo tanto, se pensaba que éramos unos socios preferenciales en América. Gran error del ejército argentino. Los norteamericanos jamás fueron nuestros aliados. Son nuestros patrones, que es otra cosa. Entonces, la Cancillería estudió y tomó como ejemplo varios casos de conflictos internacionales anteriores, evitó intervenir militarmente y creyó que Gran Bretaña estaba dispuesta a negociar cualquier cosa. Además pensaban que Estados Unidos iba a intervenir oficiosamente para evitar todo tipo de conflicto. - ¿Qué motivaciones económicas se pueden descubrir en el conflicto de Malvinas? - Yo creo que Malvinas es la primera guerra por el petróleo, porque en ellas están los yacimientos más grandes. Esta información era pública, lo sabía el gobierno argentino, el gobierno inglés y Estados Unidos también. Hay una serie de estudios de 1976-78, debido a la crisis de Medio Oriente, donde se salen a buscar fuentes alternativas de energía. Hay muchos estudios de la CIA, de universidades norteamericanas, de institutos estatales ingleses: todos coinciden en los enormes yacimientos existentes en la zona. También hay que considerar las riquezas pesqueras y la proyección a la Antártida. - ¿Cómo ves vos la respuesta popular a la toma de Malvinas? - En Europa eso no se lo entendía. Porque se veía a un pueblo que había sido sojuzgado con treinta mil desaparecidos, que de golpe se pone de pie y se moviliza de esa forma. No se entendía nada. Lo que pasa es que no entendían nada porque no estaban acá. No se dan cuenta que cuando la gente concurre a la primera movilización espontáneamente, no confunde lo que es la dictadura militar con el reclamo antiimperialista de Malvinas. La gente está totalmente clara. Por eso lo silban a Galtieri en la plaza. Por eso el proceso enmascara las grabaciones con la marchita de Malvinas, como una forma de ocultar lo que realmente pasaba. Y por eso la gente incluso gritaba "Perón", en la plaza. En la segunda movilización se veían carteles donde decían "Las Malvinas son de los trabajadores y no de los torturadores". - Claro, en tu película están las imágenes que se borraron de la memoria. A partir de 1983 se sufrió la derrota militar y la imposición de una especie de dictadura ideológica que mostró una imagen de la realidad muy distorsionada. - Uno podría decir que el gobierno de Menem es la continuación de la guerra por otros medios, como diría Clausewitz. Porque en realidad es la continuación del "Proceso" en lo económico. Tuvo mucho más éxito que el mismo Martínez de Hoz [ministro de economía de la dictadura militar]. - La derrota de Malvinas es una consecuencia de la dependencia. Esta misma derrota tiene consecuencias. - Este punto es muy interesante. Porque, ¿qué nos hicieron creer? Que la derrota fue un problema técnico. Como si la guerra fuera un problema de quién tiene el misil que tira más lejos o más cerca. Si explicáramos la guerra en esos términos sería cuestión de contar quién tiene más soldaditos y no habría ni batallas, se ganaría la guerra así. La guerra es un hecho político. Y un generalato que tenía la mentalidad que tenía, totalmente colonizado culturalmente, no podía ir a una guerra de liberación nacional. La derrota estaba instalada en sus cabezas antes de comenzar el conflicto. - Un alto mando inglés, en un documental de ese país, dijo que la Argentina podría haber ganado militarmente la guerra. - Muchos dijeron eso. Después de la guerra Wenberger fue invitado a Inglaterra porque se le dio el título de Caballero del Imperio, y se le dio por la ayuda de los Estados Unidos. Y en los diarios y en el Parlamento se dijo que si no fuera por los Estados Unidos Inglaterra no hubiera podido ganar esa guerra. Yo leí en un diario británico que si bien eso se sabía nunca habría que haberlo dicho públicamente. - Se han escuchado argumentos que dicen que si la Argentina ganaba la guerra teníamos dictadura por los siglos de los siglos, ¿qué opinás vos? - Creo que eso es falso. Galtieri sube con un mandato de los Estados Unidos, que era el llamado a elecciones; tanto que la multipartidaria, durante el conflicto de Malvinas, se reunía con el ministro del interior para ir organizando la agenda de la salida electoral. Lo que hizo el conflicto de Malvinas es adelantar la agenda. Pero era inevitable la salida electoral. Primero por el nivel de movilización que estaba comenzando a haber en el país, el descontento por la política económica era tan grande, que era inevitable. Yo pienso que lo que hubieran intentando los militares podría haber sido llegar a una fórmula como intentó en alguna manera Lanusse cuando vino Perón, una fórmula con algún militar en asociación con civiles y algunos pequeños partidos políticos, que ya nos imaginamos cuáles podrían haber sido, para armar una fórmula y presentarse electoralmente. O podrían haber intentado quedarse más instalados en el poder como ocurrió en el Chile de Pinochet. Eso es difícil saber qué hubiera pasado. Pero que se hubieran tenido que ir, desde ya que sí. - Uno de los elementos que marcaste en las causas de la derrota, es el gran deterioro de la identidad y la cultura. Hoy estamos viviendo una crisis de identidad en la Argentina. ¿Como ves eso? - A mí me inquieta mucho, porque la Argentina es un país con una identidad muy débil. En parte esto de haber estado atado al imperio británico como ahora al imperio norteamericano tiene mucha influencia. También es cierto que de todos los países latinoamericanos, la Argentina fue el país que recibió el alud inmigratorio más importante. Esto también dificultó la integración, porque vinieron gentes de todas partes del mundo. Y sintetizar esto es un proceso... la síntesis de las culturas es un proceso que no se hace por decreto ni en años, a veces dura hasta siglos. La Argentina siento que es como una nación inacabada. La crisis es tan profunda, en lo económico, en lo cultural, el nivel de delincuencia que está habiendo, el deterioro de la gente, la droga encaramándose en el poder. Pero los pueblos no se suicidan. Esto lo hablaba con un hombre que era del grupo de John William Cooke, César Marcos. Cuando vino el golpe militar yo era muy pesimista, y él me dijo "no te olvidés que la dialéctica existe a pesar de uno". Por ejemplo, cinco o seis años antes del 17 de octubre, ¿quién se iba a imaginar que eso iba a pasar? ¿Quién se hubiera imaginado en medio de la caída del Muro de Berlín que iba a aparecer el movimiento zapatista en México? - ¿Cuáles son las enseñanzas que puede rescatar el pueblo argentino en su lucha por la liberación de la experiencia de Malvinas? - Primero, la enorme solidaridad latinoamericana. Que es el único continente del mundo en donde tenemos un mismo origen, una misma lengua, aunque haya países que tengan un índice mayor de indigenismo, de tradición afro, otros más europeos; en realidad es el único continente que tiene una misma lengua y un mismo origen histórico. Esa solidaridad que no debe ser solamente económica, debe ser política y cultural, es lo que nos va a permitir liberarnos. La Argentina es un país muy chico, somos alrededor de treinta y cinco millones de habitantes, es muy difícil hacer solos un proceso de liberación. Otro tema que yo siento como gran enseñanza de Malvinas, es el darnos cuenta que nosotros no somos europeos, somos un país del Tercer Mundo. Aunque algunos encaramados en el poder digan lo contrario, la práctica siempre nos demuestra que somos un país del Tercer Mundo. Y otro punto más sería que una guerra de liberación no se hace sin el pueblo. Los militares pensaban que se podía hacer sin el pueblo, y así les fue. Es con el pueblo que se hace una guerra de liberación. Así fue en Argelia, así fue en Vietnam, así fue en Cuba y así fue en tantos otros países. Cuando un pueblo se para sobre sus pies es realmente imbatible.
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