INTRODUCCION "Todo plan imperial avanza gracias a un aparato ideológico que lo legitima", afirma el intelectual venezolano Luis Britto García en su reciente libro Las cadenas jurídicas de la globalización. A la dictadura ideológica de los medios de comunicación (nueva y poderosísima herramienta de intoxicación cultural), se le suman los cuatro espacios tradicionales desde donde se ejerce el control del pensamiento y las conductas: la educación, la ciencia, la moral y el arte. La lucha por la liberación nacional y social entonces, encuentra un campo de batalla concreto en el nivel de las ideas: "de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" decía el patriota cubano José Martí. Reconstituir un pensamiento revolucionario vigoroso, capaz de enfrentar la poderosa maquinaria de contaminación ideológica del Imperio, es el requisito indispensable en la lucha emancipadora. Al "pensamiento único", el posmodernismo y las ideas neoliberales es insoslayable oponerle: 1) la revalorización de nuestra auténtica cultura nacional y popular (aquella que rescata los valores democráticos y revolucionarios de las masas, como bien lo señalaba Lenin); 2) el rescate de nuestras mejores tradiciones de lucha, la memoria colectiva con sus héroes y significados; 3) lo mejor del pensamiento revolucionario mundial y el aporte de las ciencias a la elaboración teórica/práctica; 4) la nueva ética (el "hombre nuevo" que pregonaba el Che), sostenida sobre los pilares de la solidaridad, el igualitarismo, el amor al prójimo y el respeto a la diversidad; y 5) el pensamiento ecológico, que vincula al hombre, como ser social en armonía con la naturaleza. Estos cinco elementos constitutivos del nuevo pensamiento revolucionario están contenidos en el rescate de la figura de nuestro máximo héroe, José de San Martín. En él encontraremos el vigente mensaje del valor del rescate de los elementos democráticos y revolucionarios que contiene la cultura popular; la figura síntesis de las ideas y acciones libertarias de una época; la condensación del pensamiento universal más revolucionario que se expresó en las luchas antiabsolutistas y democráticas; una ética basada en el desprendimiento, la generosidad, el sacrificio, el patriotismo y la justicia; y una visión ecológica -significativa para la época- que se basaba en la revalorización de la cultura de los pueblos originarios. De esto último, de la relación del general San Martín con las poblaciones autóctonas de Nuestra América, es de lo que trata este breve de trabajo. DISCUTIR SOBRE SAN MARTÍN La lucha ideológica se da en diferentes
escenarios y de las formas más sorprendentes. Es harto conocido
que en la guerra quien domina el terreno de operaciones tiene supremacía
sobre el contrincante. Hasta ahora, el imperialismo ha sabido elegir los
escenarios de lucha e imponer las discusiones llevándolas al terreno
más conveniente a sus intereses, tanto para ganarlas como para
llevarlas al camino de la distracción y el "punto muerto". Un ejemplo de esto que afirmamos es el caso
de la discusión que se dio el año pasado con respecto al
general San Martín en el sesquicentenario de su muerte. Cuando
todo hacia prever que durante ese año la discusión rondaría
en torno a la vigencia del mensaje sanmartiniano, las fuerzas de la manipulación
lograron desviar el debate hacia un terreno vacuo. El "historiador"
José Ignacio García Hamilton en su libro Don José,
Vida de San Martín señala -entre muchas otras cosas- que
el Libertador no era hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín
como hasta ahora se venía afirmando, sino que era hijo de Diego
de Alvear y una india guaraní. Del terreno histórico/político,
donde tendría que haberse centrado la discusión, se desvió
hacia otro, más ligado al escándalo farandulero, por ende,
distractivo y también frívolo. Pero esto no es todo, porque
lo grave es que tanto historiadores como políticos, periodistas,
comunicadores sociales, sociólogos y todo tipo de opinadores, llenaron
páginas enteras de diarios y revistas y espacios televisivos y
radiales dando sus puntos de vista sobre las consecuencias de este "descubrimiento".
No faltaron los indignados ni los que aprovecharon para "humanizar"
al prócer, tampoco los arranques racistas y las interpretaciones
psicologistas, como asimismo la confusión que reinó entre
los grupos indigenistas new age. La maniobra había prendido, de
San Martín no se hablaría otra cosa que no fuera sobre su
origen familiar, sus amores, sus "debilidades". Ahora bien, esta maniobra ¿fue provocada
concientemente o su produjo meramente por casualidad? En un país
donde la corrupción, la entrega y la injusticia social son monedas
corrientes, una reflexión sobre la vida y obra de quien combatió
precisamente esas lacras hubiera sido aleccionadora y motivante para la
conciencia de los argentinos. Hubiera ubicado a San Martín del
lado de la barricada de los que resisten la situación actual, con
lo que ello implica de peligro para quienes monopolizan la imposición
de referentes y héroes. La oportunidad se perdió, tal vez
era inevitable, pero también hay que considerar que a la intelectualidad
patriótica y revolucionaria nos faltó reflejos para generar
el "vuelvan caras" de una contraofensiva en el propio terreno
elegido por el enemigo. Si la discusión pública pasaba por
el mestizaje de San Martín y su supuesta madre indígena,
se nos presentaba una coyuntura más que interesante para debatir
sobre la relación de San Martín, conductor de la guerra
emancipadora, con las comunidades indígenas; del componente popular
de su ejército y de las medidas que adoptó en beneficio
de los aborígenes y demás sectores desposeídos; de
la revalorización de la cultura precolombina como patrimonio de
la gran cultura americana y de la integración del componente autóctono
en igualdad de condiciones con el resto de la sociedad. No en el momento justo, más bien apelando al "más vale tarde que nunca", es que brindamos a continuación estas reflexiones sobre San Martín y los pueblos autóctonos, pero concientes también, que nuevas batallas sobre este terreno se van a librar y es obligación de todo revolucionario estar preparado y dispuesto al combate. ORIGEN DE LA MANIOBRA
DISTRACTIVA Hace unos cuatro años aproximadamente,
el ingeniero Diego Herrera Vega recuperó un libro de memorias que
había escrito María Joaquina de Alvear y Sáenz de
Quintanilla, hija de Carlos de Alvear. Este libro, un libro encuadernado
de comercio, con cartas, anotaciones y recortes periodísticos,
había sido encontrado en 1958 por el abuelo del ingeniero antes
citado. Luego de extravíos y aparentes ocultamientos, Diego Herrera
Vega lo dio a conocer. Lo importante de este material es que allí,
la hija de Alvear afirma ser "sobrina carnal, por ser hijo de mi
abuelo el señor Don Diego de Alvear y Ponce de León habido
con una indígena correntina, del general Don José de San
Martín". En base a esto, y reforzado por la aparición
del libro de José Ignacio García Hamilton Don José,
Vida de San Martín, donde el autor desarrolla esta tesis sustentada
en la tradición oral de la familia Alvear y otros datos no siempre
desconocidos -desaparición de la partida bautismal del Libertador
y poca certeza de la fecha de su nacimiento-, es que se monta la maquinaria
ideológica del sistema dominante para generar una polémica
que sirva como "cortina de humo" a la discusión que se
avecinaba: la vigencia del mensaje sanmartiniano, San Martín hoy. La polémica se desató: unos
solicitaban pruebas de ADN, otros ponían el grito en el cielo por
el solo hecho de sugerir que el Padre de la Patria podía tener
sangre india en sus venas. De San Martín y su relación con
los aborígenes poco se habló, sólo de aquello que
podía defender una u otra hipótesis. A un año del sesquicentenario de la muerte del Libertador, ya no hay más espacios en los medios de comunicación para hablar del Gran Capitán, el tema ha "perdido interés", ya se han desempolvado todos los documentos relativos a esa polémica inconclusa y estéril y los custodios del Instituto Sanmartiniano ya duermen tranquilos: es preferible que a San Martín se lo tilde de bastardo, borracho, mujeriego, ladrón y cobarde a que se lo vincule con la justicia social, la unidad latinoamericana, la defensa del oprimido y la lucha contra el imperialismo. SOBRE LA FORMACIÓN IDEOLÓGICA DEL LIBERTADOR Don José de San Martín fue
hijo de su tiempo histórico, embanderándose desde muy joven
en el partido de la "Libertad, la igualdad y la fraternidad".
Las ideas revolucionarias de los franceses del '89, imbuidos en el pensamiento
de Rousseau, Montesquieu, Voltaire, D'Alembert, entre otros, más
la influencia del pensamiento progresista español de Jovellanos,
Campomanes y Flores Estrada formaron al Libertador en las ideas de la
Declaración de los Derechos del Hombre, la soberanía popular,
el rechazo a la nobleza, a la Inquisición y a todo tipo de privilegio
de sangre, en la democracia y el concepto igualitario de ciudadanía. En el fragor de la lucha contra los ejércitos
napoleónicos, los liberales españoles, aquellos que propiciaban
una revolución democrático burguesa que sacudiera la España
de las clases parasitarias, se vieron envueltos en tremendas contradicciones:
Francia había dado el primer grito de libertad contra el absolutismo
y ahora invadía con sus ejércitos ahogando el proyecto autónomo
de revolución democrática. La lucha social y la lucha de
liberación nacional se encontraban y aunaban, indefectiblemente,
por el rigor de los hechos. El 2 de mayo de 1808 se produce el estallido
popular en contra de la invasión francesa. El pueblo sale al combate,
la represión inundará de muerte las calles de Madrid. Mientras
los sectores populares batallan en nombre de la libertad y Fernando VII,
la nobleza titubea o se entrega con tal de no perder sus privilegios.
Los liberales españoles tienen que asumir el doble desafío:
expulsar al invasor extranjero y producir la revolución democrática
que derrumbe a la nobleza parasitaria. San Martín no sólo
aprenderá durante esas jornadas las técnicas militares modernas,
sino que será su campo de aprendizaje en la lucha revolucionaria.
Incorporará el concepto de "pueblo en armas" y sabrá
valorar la táctica guerrillera como herramienta de lucha popular
contra las fuerzas de ocupación. Asimismo la experiencia peninsular
le dará madurez ideológica para reafirmar la necesidad de
profundizar la revolución democrática y el protagonismo
del pueblo en defensa de sus legítimos intereses. Como bien sostiene el historiador y político
Norberto Galasso, San Martín regresa a tierra americana una vez
que percibe que la revolución democrática española
sucumbe y que su continuidad se está desarrollando en las colonias
de ultramar. El Libertador llegará a Buenos Aires en 1812, pero
no para luchar contra el enemigo español -en principio-, sino para
sostener el proceso revolucionario que pretende liquidar el privilegio
y la nobleza. Cuando es restaurado Fernando VII y éste reprime
al movimiento democrático que había brindado generosamente
su sangre en nombre del Rey y la democracia, San Martín se define
por la independencia y la secesión de España. De una etapa
en que la confrontación era entre liberales y absolutistas, se
pasa a otra donde la cuestión nacional ocupa el papel fundamental:
Patria o Colonia. Si "la revolución de Mayo, -como
señala Alberdi- es un capítulo de la revolución hispanoamericana,
así como esta lo es de la española y ésta, a su vez,
de la revolución europea que tenía por fecha liminar el
14 de julio de 1789, en Francia", la guerra emancipadora será
el resultado de esta secuencia. San Martín entendió perfectamente,
que la revolución democrática americana tenía que
apelar a las masas populares como principal protagonista, la movilización
del pueblo contra la tiranía y el despotismo imprimía así
un sesgo social insoslayable, coincidente con la Declaración de
los Derechos del Hombre y la soberanía popular. Es entonces que la participación de
la población indígena en la guerra por la independencia
toma una importancia mayúscula, y no sólo por el factor
numérico, sino como elemento estratégico en la conformación
de la nueva sociedad que soñaban los libertadores. San Martín
supo actuar en consecuencia con los principios democráticos y populares
y en toda su gestión pública estará presente su preocupación
por el destino de los pueblos aborígenes. Si Don José era hijo de españoles o era mestizo con sangre indígena, poco alumbra sobre su pronunciamiento político concreto, que respondía a su convicción revolucionaria y popular. Ejemplos sobran en nuestro pasado de muchos mestizos que resultaron feroces represores y explotadores de las comunidades indígenas y de españoles "puros de raza" que se entregaron plenamente en defensa de los derechos de los naturales. LO QUE NOS DEMUESTRA LA HISTORIA Dentro de los hechos concretos que vinculan
a San Martín con los pueblos originales, señalaremos sólo
algunos que demuestran a las claras lo dicho anteriormente. 1) La solicitud
de incorporación de naturales de Yapeyú para la conformación
del Regimiento de Granaderos a Caballo; 2) El intento de reeditar los
Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega durante su estancia en
Córdoba en 1816; 3) Su entrevista con los caciques pehuenches en
el fuerte de San Carlos antes del histórico cruce de los Andes;
4) La proclama a los "indios naturales del Perú"; 5)
Los decretos suprimiendo el tributo y la servidumbre como asimismo el
otorgamiento de la ciudadanía peruana a todos los pobladores aborígenes;
y 5) La reivindicación de las comunidades andinas por su sacrificio
patriótico en la guerra emancipadora. También se podrían mencionar otros hechos sumamentes significativos, como la defensa del patrimonio arqueológico y la constante exhaltación a la cultura indígena precolombina. SAN MARTÍN Y LOS GUARANÍES Dado que la partida de nacimiento de José
Francisco nunca se pudo localizar -es probable que haya sido destruida
cuando el pueblo fue incendiado por los portugueses en 1817-, se desconoce
la fecha precisa de su nacimiento. Se supone que fue entre 1777 y 1781
en el pueblo de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú,
en el margen derecho del río Uruguay. Su padre, Juan de San Martín
(hasta que no se demuestre lo contrario) había sido designado teniente-gobernador
de ese departamento, que comprendía los pueblos de La Cruz, San
Borja, Santo Tomé y Yapeyú, este último como lugar
de residencia del funcionario y su familia. Desde la expulsión de los jesuitas
en 1767, estas poblaciones habían quedado desprotegidas y en un
marcado proceso de decadencia. Dice el brigadier Diego de Alvear y Ponce
de León en su Relación cronológica e histórica
de las Misiones: "vimos el lucido pie en que pusieron los jesuitas
estas misiones con su buen régimen y particular economía
en el manejo de los caudales. Cuando la expulsión el año
de 1767, por más cuidado que se puso, y por más estrechas
que fueran las providencias que se tomaron para evitar los desórdenes,
padecieron los pueblos notablemente...". Es sabido que las poblaciones guaraníes,
bajo el régimen de los jesuitas, habían alcanzado un importante
grado de desarrollo, tanto en lo económico como en lo social y
cultural. El modelo endógeno de producción posibilitaba
la autosuficiencia económica y habilitaba a cultivar las artes
y las ciencias en forma considerable. El estado de la "cosa pública"
al arribo de Juan de San Martín era diferente y esto se agravaba
con la constante incursión de los bandeirantes, esclavistas del
imperio lusitano que incursionaban en las misiones a fin de proveerse
de indios guaraníes para su infame comercio. En esta situación
cabe aclarar que los bandeirantes aprovechaban la incierta situación
en la demarcación de fronteras entre las coronas de España
y Portugal, y con la complicidad de las tribus mituanes, hostiles a los
guaraníes y socios de los esclavistas. En ese mundo, lejos de la tranquilidad idílica
planteada por Ricardo Rojas, entre una inmensa mayoría de indios
guaraníes, pocos criollos y menos españoles, transcurren
los primeros años de vida de José Francisco. Seguramente
pocos recuerdos se llevará de esa etapa de su infancia, pero es
probable que la tradición oral de su familia lo haya compenetrado
del clima guaraní de su tierra natal. En 1812, a su regreso al Río de la
Plata y cuando se le asigna la tarea de conformar un cuerpo de granaderos
a caballos, José de San Martín solicita la incorporación
de trescientos guaraníes provenientes de las Misiones. ¿Qué
motivaba semejante requerimiento si tenemos presente que su convivencia
con los guaraníes se reducía a solo dos o tres años
de su primera infancia? Sin duda que las narraciones paternas y de
sus hermanos mayores habían causado efecto en José Francisco
y es de suponer que, a través de ellas, se había hecho un
preciso cuadro de situación sobre la habilidad y destreza de los
guaraníes en el uso del caballo, y también de sus características
físicas y morales. Volviendo al texto de Diego de Alvear y Ponce
de León escrito a finales del siglo XVIII, se señala algunos
elementos que confirman la tesis, refiriéndose al Departamento
de Yapeyú: "este es el departamento de mayores y mejores campos...
tiene muchas y grandes estancias pobladas de ganado de cuenta, que asciende
a 300.000 cabezas, y fuera de ellas es innumerable el que llaman alzado,
porque no está sujeto". Este texto es más que ilustrativo,
ya que indica a las claras la presencia de buenos jinetes, condición
indispensable para el manejo de la ganadería y más si tenemos
en cuenta la importante existencia de "alzados". Revisando los
escritos de Tadeo Xavier Henis sobre Rebelión y guerra de los pueblos
guaraníes, escritos en 1767 aproximadamente, también se
encuentran informes de la habilidad de los naturales en el uso del caballo,
no solo en la faena agraria, sino también en la guerra. Léase con detenimiento el texto y
se advertirá el carácter igualitario que se desprende de
él: todos los luchadores por la libertad están en igualdad
de condiciones para conquistar la gloria. Sobre este tema, Norberto Galasso en su libro
Seamos libre y lo demás no importa nada. Vida de San Martín,
cita algunos nombres guaraníes de soldados del ejército
sanmartiniano, rescatados por Ricardo Luis Acebal: Santiago Guaychá,
Lorenzo Purey, Matías Abucú, Miguel Abiyú, Andrés
Guayaré, Juan Bautista Cabral, Juan de Dios Abayá, Miguel
Chepoyá, Félix Bogado, como asimismo Siyá, Pindó,
Ybarapá, Ybayú, Mboatí, Pachoá, Periverá,
Guaycurarí, Areguatí, Cumandiyú, Uré, Cuzú
y Monduré". A esto cabe agregar la lista que cita el presbítero
Eduardo Maldonado: "ta Tamay, Tabaré, Nambú, Mborecó,
Caaliug, Cuibaré, Baibé, Ravié...". La presencia guaraní dentro de las tropas de San Martín responde no solamente a un aspecto técnico militar, sino que fundamentalmente se debe a una cuestión social y política que involucra la movilización popular en la lucha por la liberación. El ejército popular sanmartiniano se nutrirá primordialmente de los sectores populares de la sociedad y allí los indígenas juegan un papel semejante al de los criollos, mestizos y negros. LA HISTORIA AMERICANA "La ilustración es más
poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia",
marcaba José de San Martín, y agregaba que el fomento de
las letras "es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia
y hace felices a los pueblos", siendo su anhelo "de que todos
se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres
libres". Entre los libros que "forman la esencia de los hombres
libres", el Libertador consideraba que tenía que estar incluido
los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. En su viaje a Córdoba en 1816, San Martín propone reeditar la obra del mestizo Garcilaso de la Vega. Dice Ricardo Levene en El genio político del general San Martín: "el proyecto redactado posiblemente en la estancia de Saldán en seguida de una entrevista con Pueyrredón, por Miguel Calixto del Corro, informa que en las tertulias de San Martín, a la que concurrían hombres ilustrados de Córdoba, se recordó, entre muchas cosas que se hablaron, las relativas al nuevo sistema de nuestro incomparable historiador el Inca Garcilaso. Se hizo la apología de la obra y se censuró el despotismo que había prohibido su lectura. De ahí que el propio San Martín propusiera abrir una suscripción pública a efectos de reimprimirla, para que su lectura se hiciese común y se conservase para siempre un documento que hace tanto honor a los naturales de este país y descubre, al mismo tiempo, con una moderación digna de las circunstancias, la tiránica ambición y falto celo de sus conquistadores. Tal pensamiento fue aprobado por todos a una voz, con el fin de realizar la iniciativa...". Lamentablemente el emprendimiento no prosperó, pero vale destacar la propuesta y el párrafo donde San Martín señala que es "un documento que hace tanto honor a los naturales del país...". Reivindicación de la cultura indígena e incorporación de la historia precolombina como parte integral de la historia de los americanos es el mensaje que San Martín transmite en este suceso. Todavía los americanos de hoy no hemos entendido esta señal tan clara para alcanzar la verdadera historia de Nuestra América que nutra a sus hijos de verdad, conciencia e identidad. UNA HISTORIA CON
VARIAS INTERPRETACIONES En la Historia de San Martín y la
independencia Sudamericana, Bartolomé Mitre dice: "desde 1814
el gobernador de Cuyo (San Martín) cultivaba relaciones amistosas
con los indios pehuenches, dueños entonces de las faldas orientales
de la cordillera al sur de Mendoza, a fin de asegurar por los pasos dominados
por ellos el tránsito de sus agentes secretos de Chile y tenerlos
de su parte en caso de invasión del enemigo". En setiembre
u octubre de 1816, meses antes del cruce de la cordillera, San Martín
acuerda un parlamento con los caciques pehuenches en el fuerte de San
Carlos, sobre la línea fronteriza con el río Diamante. La
intención del Libertador era ganarlos para la causa independentista
y lograr un acuerdo para que un destacamento cruzara la cordillera por
esos territorios. Parece que luego los aborígenes lo visitaron
en El Plumerillo. Según cuenta Manuel de Olazábal, San Martín
les explicó lo siguiente a los caciques allí reunidos: "que
los había convocado para hacerles saber que los españoles
iban a pasar de Chile con un ejército para matarlos a todos y robarles
sus mujeres e hijos. Que en vista de esto, y siendo también él
indio, iban a pasar los Andes con todo su ejército y cañones
para acabar con los godos que les habían robado sus tierras a sus
padres. Pero para poderlo hacer por el sur, como pensaba, necesitaba el
permiso de ellos, que eran los dueños...". Salvo tres caciques,
el resto aceptó el pedido del Libertador. Es conocido que Mitre, padre de la historia
oficial -la de las clases dominantes-, patrocinó la versión
que San Martín había utilizado a los indios pehuenches sabiendo
de antemano que lo iban a traicionar. No es extraño que el fundador
de La Nación haya solo elegido algunas de las fuentes -la que favorecía
su postura antiindigenista- para hacer hincapié en la posición
que dejaba a los aborígenes caracterizados por su "natural
perfidia". Pero a la luz de otros documentos y los hechos mismos,
se demuestra que San Martín realmente necesitaba una alianza con
los indígenas. Más allá de estar comprobado que las
tropas emancipadoras que cruzaron por El Portillo y El Planchón
no fueron acosadas por los naturales, sino que recibieron apoyo; también
hay que rescatar la carta que el Libertador le envía a Tomás
Guido, donde dice: "concluí con toda felicidad mi Gran Parlamento
con los indios del sur; no solamente me auxiliarán al ejército
con ganados, sino que están comprometidos a tomar una parte activa
con el enemigo". Si el suceso hubiera sido una mera maniobra de San
Martín, ¿era necesario engañar también a su
amigo y confidente? El problema radica en que el discurso que narra Olazábal sobre el mensaje de San Martín es sumamente irritante para la oligarquía terrateniente: los indios son los verdaderos dueños de la tierra y estos fueron desposeídos por los tiranos. Era necesario imponer la versión que San Martín no hablaba en serio, que sólo se trataba de una artimaña. Fuera de la documentación existente, el análisis político/histórico deja demostrado que el Libertador, como en otros sucesos, buscaba incorporar a los indígenas a la lucha emancipadora. LA LIBERACIÓN DEL PERÚ Ni bien llega San Martín al Perú
con su ejército libertador, lanza la siguiente proclama en quechua,
aymará y castellano: "A los indios naturales del Perú:
Compatriotas, amigos descendientes todos de los Incas. Ya llegó
para vosotros la época venturosa de recobrar los derechos que son
comunes a todos los individuos de la especie humana, y de salir del estado
de miseria y de abatimiento a que le habían condenado los opresores
de nuestro suelo. Los nobles motivos que nos impelieron a sacudir el yugo
de la España son demasiado notorios a todo el mundo. Vuestra misma
sensibilidad cada día forzada a vejaciones nuevas, es el justificativo
más tocante. La conducta pues, que han seguido los gobiernos independientes
de América, acreditan que nuestros sentimientos no son otros, ni
otras nuestras aspiraciones, que establecer el reinado de la razón,
de la equidad y de la paz sobre las ruinas del despotismo, de la crueldad
y de la discordia". "Guiado por estos mismos sentimientos,
yo os ofrezco del modo más positivo hacer todo cuanto este a mi
alcance, para aliviar vuestra suerte, y elevaros a la dignidad de hombres
libres; y para que tengáis más fe en mis promesas declaro
que desde hoy queda abolido el tributo, esa exacción inventada
por la codicia de los tiranos para enriquecerse a costa de vuestros sudores,
y para degradar vuestra facultad física y mentales a fuerza de
un trabajo excesivo. ¿Y seréis insensibles a los beneficios
que yo a nombre de la Patria trato ahora de proporcionaros? ¿Olvidareis
también los ultrajes que habeis recibido sin número de los
españoles? No, no puedo creerlo: antes bien me lisonjeo de que
os manifestareis dignos compatriotas y descendientes de Manco Capac, de
Guayna Capac, de Tupac Yupanqui, de Paullo Tupac, parientes de Tupac Amaru,
de Tembo Guacso, de Pampa Cagua. Feligreses del Dr. Muñecas y que
cooperareis con todas las fuerzas al triunfo de la expedición libertadora,
en el cual están envueltos vuestra libertad, vuestra fortuna, y
vuestro apacible reposo, así como el bien perpetuo de todos vuestros
hijos. Tened toda confianza en la protección de vuestro amigo y
paisano el general San Martín". Así el Libertador comunica a la población
autóctona los objetivos de la revolución, "establecer
el reinado de la razón, de la equidad y de la paz...", donde
los pueblos originales deberían "recobrar los derechos que
son comunes a todos los individuos de la especie humana..." y continua
decretando la abolición del tributo. La adhesión de los
pueblos indígenas a la causa patriótica será inmediata.
La lucha emprendida por los guerrilleros mestizos, indios y criollos en
el Alto Perú se sincronizará con las de las fuerzas patrióticas
del ejército libertador que desembarca en las costas peruanas. También es dable destacar en la proclama
la reivindicación de los mayores exponentes de la civilización
quechua, como asimismo la del cura Muñecas, ferviente patriota
que acaudilló a las masas indígenas de Larecaja, legislando
en favor de las comunidades indias y sublevándose junto al revolucionario
andino Pumacahua. Asimismo esta proclama no es meramente descriptiva, sino que apela a la conciencia de los indígenas para incorporarlos a la lucha patriótica, a la revolución y a la conquista de sus derechos. DEL DISCURSO A LOS
HECHOS Ya proclamada la independencia del Perú,
el 27 de agosto de 1821 San Martín decreta: "después
que la razón y la justicia han recobrado sus derechos en el Perú,
sería un crimen consentir que los aborígenes permaneciesen
sumidos en la degradación moral a que los tenía reducido
el Gobierno Español, y continuasen pagando la vergonzosa exacción,
que con el nombre de tributo, fue impuesta por la tiranía como
signo de señorío. Por lo tanto declaro:
Esta, entre otras medidas que toma el Libertador desde Lima, motivará el odio de la rancia oligarquía peruana que conspirará hasta derrotarlo políticamente. El pecado de San Martín era haberse alineado con los sectores progresistas y las masas desposeídas. Si bien Bolívar culmina la campaña independentista en la sierra peruana con el triunfo de Sucre en Ayacucho, éste también sucumbe ante la intriga de la aristocracia limeña. Una vez apartados del escenario político ambos libertadores, los decretos y proclamas democratizadoras serán archivadas para beneplácito de las clases dominantes.
LOS INDÍGENAS EN LA LUCHA POR LA PATRIA Muchas veces se argumenta que las comunidades indígenas fueron indiferentes durante la guerra por la independencia. No sólo esto es falso, sino que contiene una intencionalidad política que pretende apartar a las masas de pueblos originarios de hoy de la lucha por la segunda y definitiva emancipación. La historia -la historia de los pueblos y no la historia liberal escrita por los vendepatria- nos enseña que la unidad popular -la de las clases oprimidas- fue la herramienta fundamental por la cual obtuvimos las mejores victorias. Y allí donde encontramos las etapas donde esa unidad se materializó es cuando observamos que la revolución avanzó a pasos agigantados. Un caso concreto de lo que sostenemos se
verificó en la resistencia patriótica de indios, mestizos
y criollos contra el poder colonial en las sierras andinas. Tal vez uno
de los pasajes más heroicos de las guerras emancipadoras esté
centrado en ese momento de la lucha. Pero ¿quiénes hoy conocen
a los grandes héroes de esas jornadas? ¿porqué no
aparecen en los libros de texto las figuras de Juan Asencio Padilla, Idelfonso
de las Muñecas, Ignacio Warnes, Juan Antonio Alvarez de Arenales,
José Miguel Lanza, José Vicente Camargo, José Eustaquio
"Moto" Méndez, entre tantos otros que se podría
nombrar? La explicación es simple: las clases dominantes no quieren
que los pueblos conozcan estos ejemplos de unidad popular en la lucha
contra los opresores. No es conveniente que se difundan hechos que marcan
a las claras que la guerra por la independencia tuvo etapas decisivas
gracias a la vinculación de la lucha nacional con la lucha social.
Que los indígenas fueron indiferentes, que los negros fueron usados
como "carne de cañón", que los criollos pobres
eran empujados por las circunstancias, son argumentos que esgrimen los
historiadores del sistema para ocultar las enseñanzas que las luchas
del pasado vierten hacia las luchas del presente. La alianza plebeya conformada en la sierras
andinas -criollos pobres, pequeña burguesía ilustrada, mestizos
artesanos y comerciantes e indios agricultores y pastores- opuso a las
fuerzas colonialistas una verdadera guerra de guerrillas enmarcada en
el concepto de "pueblo en armas". La insurrección instalada
desde tiempos inmemoriales en la región tomo un vigor inusitado
con la irrupción del ejército libertador sanmartiniano.
La represión hacia el pueblo también se incrementó.
Tortura, asesinatos, juicios sumarísimos, incendios de pueblos
enteros, fusilamientos, horca, robo y violaciones fueron los métodos
que utilizaron los colonialistas para contener el fervor patriótico.
Ni mujeres, ni niños, ni ancianos escaparon del terror realista.
Tal vez en este escenario haya sido donde más cantidad de actos
heroicos se produjeron en la guerra por la independencia, y el protagonismo
indígena fue inherente a tal resistencia. Para citar sólo un caso de este capítulo
y que involucra directamente al general San Martín, reproduciremos
el bando del asesino colonialista, Carratalá, luego de incendiar
y destruir íntegramente el pueblo de Cangallo, masacrando a más
de mil indígenas que residían en él y que eran fervientes
patriotas. Dice el bando de Carratalá: "Queda reducida a cenizas
y borrada para siempre del catálogo de los pueblos el criminalísimo
Cangallo... En terreno tan proscripto nadie podrá edificar... Sirva
de escarmiento a todas las demás poblaciones del Distrito...".
San Martín, que ya había suprimido el tributo, eliminado
la mita, la encomienda y el yanaconazgo y había elevado a la condición
de ciudadanos a todos los indígenas del Perú, homenajea
a los pueblos originales y sus sacrificios en la lucha por la emancipación
reedificando la ciudad de Cangallo y otorgándole el título
de "Villa Heroica". Miles de indios dieron su vida por la revolución,
lucharon codo con codo con los comandantes sanmartinianos, fueron los
mejores soldados de Arenales en la sierra y dejaron nombres memorables
para reconstruir la historia de nuestros pueblos en sus páginas
más gloriosas. Allí están , entre tantos otros, los
nombres de Basilio Auqui y María Parado de Bellido, como asimismo
infinidad de anónimos que alcanzarón esa "gloria como
igualmente cualquier americano" de que hablaba el Libertador cuando
convocaba a sus paisanos guaraníes. Cabe mencionar que hace unos años, a la calle de la ciudad de Buenos Aires que llevaba el nombre de "Cangallo", en homenaje al hecho histórico antes mencionado, se la rebautizó con el nombre de "Presidente Juan Domingo Perón". Es justo que quien fuera tres veces presidente constitucional de los argentinos y conductor de uno de los movimientos nacionales más importantes de Latinoamérica se lo homenajeara con el nombre de una importante calle porteña, pero es insensato que para ello se borrara un símbolo tan caro en la historia de nuestros pueblos. Parece que el espíritu del represor Carratalá, encarnado en algún colonizado político, hubiera impulsado el decreto. CONCLUSIONES El borrador aquí escrito es un señalamiento de temas relacionados a San Martín y los pueblos autóctonos durante la guerra de la independencia. Seguramente una investigación minuciosa aportará nuevos elementos para ser incorporados y estudiados. No obstante la brevedad del trabajo creo conveniente señalar algunas cuestiones que considero de importancia.
"mi misión es proteger al inocente oprimido, favorecer al desgraciado... yo vengo a poner fin a este tiempo de miseria y desgracias..." General José de San Martín
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