Mensaje a Esmirna

Apoc.2:8-11"Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: "El Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y revivió, dice: "Conozco tu tribulación y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico! Conozco la blasfemia de los que dicen ser judíos, y son sólo una sinagoga de Satanás."No tengas ningún temor de lo que vas a padecer. El diablo ha de enviar a algunos de vosotros a la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida."El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venza, no recibirá daño de la segunda muerte".

8-11. ESMIRNA, la iglesia perseguida por Roma Pagana. Y su período va desde el año 100 hasta el edicto de Constantino del 312 DC.

8.

Ángel.

Ver com. cap. 1: 20.

Esmirna.

Durante mucho tiempo se creyó que este nombre derivaba de múron, el nombre de una goma aromática que se extraía del árbol arábigo Balsamodendron myrrha. Esta goma se usaba para embalsamar a los muertos, como medicina era un ungüento o bálsamo, y también se quemaba como incienso. Los eruditos se inclinan ahora a opinar que este nombre deriva de Samorna, una diosa de Anatolia que era adorada en Esmirna . No hay registro de cuándo ni durante el ministerio de quién se estableció la iglesia de Esmirna. Esta iglesia no es mencionada en ningún otro lugar de las Escrituras.

El período histórico correspondiente a la iglesia de Esmirna puede considerarse que comienza a fines del siglo I (c. 100 d. C.) y continúa aproximadamente hasta el año 313 d. C., cuando el emperador Constantino favoreció la causa de la iglesia com. vers. 10); pero algunos sugieren el año 323 d. C., la fecha de la supuesta conversión de este emperador al cristianismo. Debe notarse que las profecías de los cap. 2 y 3 no son, en sentido estricto, profecías que indiquen tiempo exacto; las fechas se sugieren sencillamente para facilitar la correlación aproximada de la profecía con la historia.

El primero y el postrero.

Ver com. cap. 1: 8, 17.

Estuvo muerto.

Ver com. cap. 1: 18; 2: 1. Para una iglesia que enfrentaba la persecución y la muerte por su fe, el énfasis sobre la vida en Cristo cobraba un significado especial.

9.

Tus.

Ver com. vers. 2.

Obras.

La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta palabra. Ver com. vers. 2.

Tribulación.

O "aflicción", "dificultad". Persecuciones intermitentes lanzadas por diferentes emperadores romanos, caracterizaron la situación de la iglesia durante este período. En el tiempo de los emperadores Trajano (98-117), Adriano (1 17-138) y Marco Aurelio (161-180), la persecución fue esporádica y local. La primera persecución general y sistemática contra los cristianos fue obra de Decio (249-251) y Valeriano (253-259). La opresión política llegó a su manifestación más sangrienta con el emperador Diocleciano (284-305) y sus sucesores inmediatos (305-313). El período representado por la iglesia de Esmirna bien puede llamarse históricamente el tiempo de los mártires. Los siglos que han transcurrido desde entonces han sido perfumados (ver com. vers. 8) con el amor y la consagración de los millares de anónimos que en este período fueron fieles "hasta la muerte".

Pobreza.

Gr. ptÇ jéia, "pobreza extrema" (cf. Mar. 12: 42). La iglesia de Esmirna sin duda no era tan grande ni tan próspera como la congregación vecina de Efeso. Los cristianos de Efeso habían dejado "su primer amor ", sin embargo no se le hace esta tensión a los de Esmirna. En cambio Cristo les recuerda que son espiritualmente "rios" .

Blasfemia.

Gr. blasfemía, "maledicencia", "difamación", ya sea acerca de Dios o del hombre. En este contexto podría ser preferible traducción "calumnia".

Judíos.

Probablemente "judíos" en sentido figurado y no literal (los cristianos ahora son un símbolo de Israel: Rom. 2: 28-29; 9: 6-7; Gál. 3: 28-29; 1 Ped. 2: 9). El término, tal como se usa aquí, sin duda se refiere a los pretendían servir a Dios, pero en verdad servían a Satanás.

La figura tiene una base histórica. El libro de los Hechos revela que muchas de las dificultades de la iglesia primitiva surgieron de calumnias y acusaciones lanzadas por los judios contra los cristianos (Hech. 13: 45; 4: 2, 19; 17: 5, 13; 18: 5-6, 12; 21: 27). Esa situación evidentemente existía en Esmirna. Se dice que en el siglo II los judíos causaron martirio de Policarpo, obispo de Esmirna. durante ese tiempo Tertuliano habla de las sinagogas como "fuentes de persecución" (Scorpiace 10).

No lo son.

Eran hipócritas.

Sinagoga de Satanás.

Compárese con el vergonzoso calificativo "generación de víboras" (Mat. 3: 7). La sinagoga, como centro de vida comunal judía , sin duda el lugar donde se tramaron muchas intrigas contra los cristianos. El nombre e Satanás significa "acusador" o "adversa" (ver com Apoc. 12: 10). Estos centros judíos llegaron a ser, literalmente, "sinagogas del acusador".

10.

No temas nada.

"Los cristianos tienen el privilegio y el deber de considerar con inteligencia las pruebas y las dificultades que los asaltan en su sendero. Necesitan estudiar y comprender el propósito que tiene Dios al permitirlas ( Job 42:5; Sal. 38:3; 39:9; Mat.6:13; Rom. 8:28). Las pruebas y las dificultades de la vida no deben abrumar, desanimar ni chasquear al cristiano maduro, quien lo soporta todo con fe y esperanza, "como viendo al Invisible" (Heb. 11:27). El gozo y el valor del cristiano no se basan en las circunstancias externas que con frecuencia pueden ser sumamente desagradables, sino en la fe en la providencia soberana de Dios y en una comprensión inteligente de la forma en que él trata a los seres humanos. Las filosofías humanas, ya sean religiosas o seculares, quizá preparen a los hombres para enfrentarse filosóficamente a las dificultades, con un espíritu tranquilo y paciente; pero el cristianismo enseña a los hombres a estar gozosos en tales circunstancias debido a una comprensión inteligente de las causas del sufrimiento y mediante su fe en Dios.

Vas a padecer.

O "estás por padecer". La iglesia de Esmirna había sido indudablemente importante blanco de las calumnias de los judíos, pero los miembros no habían sentido aún toda la violencia de la persecución. Sin embargo, esos cristianos sin duda conocían la persecución que ya había azotado otros lugares y tuvieron que haber pensado en que les sobrevendrían dificultades futuras. Eso está implícito en la forma del verbo "temer": indica que ya estaban temerosos. Cristo los consuela con la seguridad de que a pesar de las sombrías perspectivas de persecución no tenían por qué tener temor. Ver Mat. 5: 10-12.

Probados.

O "sometidos a prueba". Satanás los sometería a persecución para obligarlos a renunciar a su fe. Dios permitiría la persecución como un medio de fortalecer y probar la sinceridad de su fe. Aunque Satanás ruja contra la iglesia, la mano de Dios cumple su propósito. Ver Sant. 1: 2; Apoc. 2: 9.

El emperador Trajano (98-117 d. C.) decretó la primera política oficial romana contra el cristianismo. En la famosa carta 97, dirigida a Plinio el joven, su gobernador en Bitinia y Ponto en Asia Menor, Trajano trazó un procedimiento para tratar a los cristianos, que eran en ese tiempo una sociedad religiosa ilegal. Ordenó que los funcionarios romanos no habían de buscar a los cristianos, pero que si los que eran traídos ante ellos por otros delitos resultaban ser cristianos, debían ser ejecutados a menos que renegasen de su fe. Este edicto, aunque estuvo lejos de ser puesto en vigor uniformemente, permaneció como ley hasta que Constantino promulgó su edicto de tolerancia en 313 d. C.

Los cristianos estuvieron pues constantemente sujetos durante dos siglos a la posibilidad de ser súbitamente arrestados y ejecutados a causa de su fe. Su bienestar dependía en gran medida del favor de sus vecinos paganos y judíos, quienes podían dejarlos en paz o acusarlos ante las autoridades. Esto podría denominarse persecución permitida. El emperador no tomaba la iniciativa de perseguir a los cristianos, pero permitía que sus representantes y las autoridades locales tomasen dichas medidas contra los cristianos si lo creían conveniente. Esta política dejaba a los cristianos a merced de los diversos funcionarios locales bajo los cuales vivían. Los cristianos fueron atacados especialmente en tiempos de hambrunas, terremotos, tormentas y otras catástrofes, pues sus vecinos paganos creían que habían atraído la ira divina sobre todo el país porque se negaban a adorar a sus dioses.

Sin embargo, a veces el gobierno romano llevó a cabo persecuciones agresivas contra la iglesia (ver com. vers. 9). Los romanos observadores veían que el cristianismo crecía sin cesar en extensión y en influencia por todo el imperio, y que era fundamentalmente incompatible con el modo de vida romano. Se dieron cuenta de que con el tiempo destruiría el modo de vida romano. Por lo tanto, los emperadores más capaces fueron los que a menudo persiguieron a la iglesia, mientras que los que descuidaban sus responsabilidades generalmente estuvieron dispuestos a no molestarles.

La primera persecución general y sistemática contra la iglesia fue emprendida por el emperador Decio, cuyo edicto imperial del año 250 tenía el propósito de suprimir totalmente el cristianismo mediante torturas, muerte y confiscación de propiedades. La ocasión de este decreto fue la celebración de los mil años de la fundación de Roma que se habían cumplido unos tres años antes, época en que se vio más claramente la decadencia del imperio en comparación con las glorias del pasado. El cristianismo llegó a ser la víctima o chivo expiatorio, y se decidió raer la iglesia presumiblemente para salvar el imperio. Esta política decayó con la muerte de Decio en el año 251 d. C., pero resurgió con Valeriano poco tiempo después. Con la muerte de éste decayó nuevamente, y no fue hasta el reinado de Diocleciano cuando la iglesia se vio frente a otra crisis mayor (ver el comentario inmediato siguiente).

Diez días.

Esta expresión ha sido interpretada de dos maneras. Aplicando el principio de día por año para computar los lapsos proféticos (ver Nota Adicional al final del capítulo;), como un período de diez años literales, el cual se ha aplicado al período de la implacable persecución imperial de 303-313 d. C. Diocleciano y su cogobernante y sucesor, Galerio, dirigieron en esa década la más encarnizada campaña de aniquilamiento que el cristianismo jamás sufriera a manos de la Roma pagana. Creían, como sus predecesores Decio y Valeriano, que el cristianismo había crecido tanto en Poder y popularidad dentro del imperio, que a menos que fuese rápidamente exterminado, dejaría de existir el modo tradicional de vida romano y el imperio se desintegraría. Por eso iniciaron una política destinada a exterminar a la iglesia. El primer decreto de Diocleciano contra los cristianos fue promulgado en el año 303; éste prohibía la práctica del cristianismo en todo el imperio.

La persecución comenzó dentro del ejército y se extendió por todo el imperio. Las autoridades romanas concentraron su crueldad en los clérigos cristianos, pues creían que si se destruía a los pastores, la grey sería dispersada. Los horrores de esta persecución son descritos vívidamente por el historiador eclesiástico Teodoreto (Historia eclesiástica i. 6), quien describe la reunión de los obispos de la iglesia en el Concilio de Nicea varios años después del fin de la persecución (325 d. C.). Algunos asistieron sin ojos, otros sin brazos porque les habían sido arrancados, otros con el cuerpo terriblemente mutilado en diferentes formas. Por supuesto, muchos no sobrevivieron a este sombrío tiempo de aflicción. En el año 313, unos diez años después del comienzo de estas persecuciones, Constantino promulgó un decreto que concedía a los cristianos plena libertad para practicar su religión.

Pero otros piensan que no es del todo seguro que los "diez días" representen un tiempo profético, y lo explican así: "lo que va a padecer", "el diablo", "la cárcel" y "la muerte" sin duda son literales, por lo tanto, es natural esperar que los "diez días" también fueran literales. En este caso el número "diez" podría considerarse como un número global, como sucede muy a menudo en las Escrituras (Ecl. 7: 19; Isa. 5: 10; Dan. 1: 20; Amós 6: 9; Hag. 2: 16; Zac. 8: 23; Mat. 25: 1, 28; Luc. 15: 8; etc.; cf. Mishnah Aboth 5. 1-9). "Diez días" representarían, como número redondo, un breve período de persecución como la que sin duda sufrió la iglesia de Esmirna en los tiempos apostólicos. Estaría completamente de acuerdo con sólidos principios de interpretación profético que los "diez días" tuviesen una interpretación literal respecto a la situación histórica inmediata de Esmirna y una aplicación figurada al período representado por esta iglesia (ver com. Apoc. 1: ; 2: 1, 8 ).

Sé fiel.

La flexión del verbo se traduce mejor "continúa siendo fiel". Esmirna demostró que era una iglesia fiel.

Hasta la muerte.

O "incluso en la muerte".

Corona.

Gr. stéfanos, "diadema" o "guirnalda de victoria", no una diadema de autoridad. Esta palabra describía las guirnaldas que se daban a los vencedores de los juegos griegos. Es un símbolo de la recompensa que se dará al vencedor en la lucha con Satanás.

De la vida.

La frase "corona de la vida" probablemente se traduciría mejor con el sentido "la corona que es vida". Esta corona es la evidencia de la victoria sobre el diablo y la "tribulación" que él ha causado. Cf. 2 Tim. 4: 8.

11.

El que tiene oído.

Ver com. vers. 7.

El que venciere.

Ver com. vers. 7. Quizá deba destacarse que se vence a pesar de la "tribulación" ya mencionada (vers. 10).

Segunda muerte.

En contraste con la primera muerte, que transitoriamente pone fin a la vida ahora, pero de la cual habrá una resurrección tanto de "justos como... injustos" (Hech. 24: 15). La segunda muerte será la extinción final del pecado y los pecadores, y de ella no habrá resurrección (ver com. Apoc. 20: 14; cf. cap. 21: 8).

12.

Ángel.

Ver com. cap. 1: 20.

(ver com. Dan. 7: 25)

Esta distinción puede explicarse así: Un año profético de 360 días no es literal sino simbólico. Por eso sus 360 días son proféticos, no literales. Según el principio de día por año, ilustrado en Núm. 14:34 y Eze. 4:6, un día en profecía simbólica representa un año literal. Así un año profético, o "tiempo", simboliza 360 años naturales, literales, y de la misma manera un período de 1.260 ó 2.300 o de cualquier otra cantidad de días proféticos representa la misma cantidad de años literales (es decir, años solares completos, marcados por las estaciones que son controladas por el sol). Aunque el número de días de cada año lunar era variable, el calendario judío se corregía con la adición ocasional de un mes extra (ver t. II, pp. 106-107), de modo que para los escritores bíblicos -al igual que para nosotros- una larga serie de años siempre era igual al mismo número de años solares naturales. En cuanto a la aplicación histórica del principio de día por año ver pp. 41-80.

La validez del principio de día por año ha sido demostrada por el cumplimiento preciso de varias profecías calculadas por este método, en particular la de los 1.260 días y la de las 70 semanas. Un período de tres años y medio contados en forma literal es completamente exiguo para cumplir los requisitos de las profecías de 1.260 días con relación al papado. Pero cuando, de acuerdo con el principio de día por año, el período se extiende a 1.260 años, la profecía tiene un cumplimiento excepcional.

En julio de 1790, treinta obispos católicos se presentaron ante los que encabezaban el gobierno revolucionario de Francia para protestar por la legislación que independizaba al clero francés de la jurisdicción del papa y lo hacía responsable directamente ante el gobierno. Preguntaron si los dirigentes de la revolución iban a dejar libres a todas las religiones "excepto aquella que fue una vez suprema, que fue mantenida por la piedad de nuestros padres y por todas las leyes del Estado y ha sido por mil doscientos años la religión nacional" (A. Aulard, Christianity and the French Revolution, p. 70).

El período profético del cuerno pequeño comenzó en 538 d. C., cuando los ostrogodos abandonaron el asedio a Roma, y el obispo de Roma, liberado del dominio arriano, quedó libre para ejercer las prerrogativas del decreto de Justiniano de 533, y aumentar de allí en adelante la autoridad de la "Santa Sede" (ver com. vers. 8). Exactamente 1.260 años más tarde (1798) las espectaculares victorias de los ejércitos de Napoleón en Italia pusieron al papa a merced del gobierno revolucionario francés, quien informó a Bonaparte que la religión romana sería siempre la enemiga irreconciliable de la república, y que "hay una cosa aún más esencial para alcanzar el fin deseado, y eso es destruir, si es posible, el centro de unidad de la iglesia romana, y depende de Ud., que reúne en su persona las más distinguidas cualidades del general y del hábil político, alcanzar esa meta si lo considera factible" (Id., p. 158). En respuesta a esas instrucciones y por orden de Napoleón, el general Berthier entró en Roma con un ejército francés, proclamó que el régimen político del papado había concluido y llevó al papa prisionero a Francia, donde murió en el exilio.

El derrocamiento del papado en 1798 marca el pináculo de una larga serie de acontecimientos vinculados con su decadencia progresiva, y también la conclusión del período profético de los 1.260 años.