Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
7.
Ángel.
Ver com. cap. 1:20.
Filadelfia.
Palabra que significa "amor fraternal", Esta ciudad fue fundada antes del año 138 a. C. y recibió su nombre de Atalo II Filadelfo, de Pérgamo, en homenaje a su lealtad hacia su hermano mayor Eumenes II, que le había precedido en el trono. Después de un destructor terremoto en el año 17 d. C., fue reconstruida por el emperador romano Tiberio, pero siguió siendo relativamente pequeña. Estaba situada a unos 50 km al sudeste de Sardis.
Cuando se hace la aplicación histórica, se considera que el mensaje a Filadelfia es apropiado para los diversos movimientos que sucedieron dentro del protestantismo durante los últimos años del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, cuyo objeto fue hacer de la religión un asunto vital y personal (ver com. vers. 2; Nota Adicional del cap. 2). Especialmente los grandes movimientos evangélicos y el movimiento adventista de Europa y Estados Unidos, restauraron el espíritu del amor fraternal destacando la piedad práctica en contraste con las formas vacías de religión. Una fe renovada en la gracia salvadora de Cristo y en la proximidad de su regreso dieron como resultado un espíritu más profundo de fraternidad cristiana que el que había experimentado la iglesia desde los primeros días de la Reforma.
El Santo.
Este título es equivalente a "el Santo" aplicado a Dios en el AT (Isa. 40:25; Hab. 3:3). En el NT una denominación similar se aplica repetidas veces a Cristo, para indicar su deidad (Luc. 1: 35; Hech. 4: 27, 30; cf. com. Juan 6: 69).
Verdadero.
Gr. al'thinós, "genuino", "real", en contraste con los dioses falsos.
Llave de David.
Este versículo aplica a Cristo la profecía de Isaías acerca de Eliaquim (Isa. 22: 20-22; ver 2 Rey. 18: 18). Eliaquim fue nombrado para supervisar "la casa de David", como lo demuestra el hecho de que se le" daría "la llave de la casa de David". El hecho de que Cristo tenga la "llave" representa su autoridad sobre la iglesia y sobre el propósito divino que debía ser cumplido por ella (ver Mat. 28:18; Efe. 1:22). Cf Apoc. 5:5; 22:16; ver com. Mat.1: 1.
El que abre.
Es decir, con "la llave de David". Cristo tiene plena autoridad para abrir y cerrar, para hacer triunfar el plan de la redención.
8.
Tus.
En cuanto al énfasis del singular, ver com. cap. 2:2.
Obras.
Ver com. cap. 2:2.
Una puerta abierta.
En el versículo anterior se dice que Cristo tiene "la llave de David", y en el vers. 8 puede sugerir que con esa "llave" abre ante la iglesia de Filadelfia una "puerta" de oportunidades limitadas para la victoria personal en la lucha con el pecado y para dar el testimonio de la verdad salvadora del Evangelio. De manera similar se usa una "puerta" como símbolo de oportunidad en Hech. 14: 27; 1Cor. 16: 9; 2 Cor. 2: 12; Col. 4: 3.
Los adventistas del séptimo día sostienen que el fin del período de Filadelfia (1844) señala el comienzo del juicio investigador descrito en Dan. 7: 10; Apoc. 14: 6-7 . Cristo es nuestro gran Sumo Sacerdote (Heb. 4: 14-15; 8: l) que ministra en el santuario celestial, "aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (Heb. 8: 2, 61 Exo. 25: 8-9). Ahora bien, el ritual del santuario terrenal consistía esencialmente en dos partes: el lugar santo, el servicio de ministración diaria por el pecado; y en el lugar santísimo, el servicio anual en el día de la expiación, que era considerado como un día de juicio (ver Heb.9: 1, 6-7; com. Dan .8: 11, 14). En vista de que el santuario terrenal servía como "figura y sombra de las cosas celestiales" (Heb. 8: 5), es razonable concluir que los servicios diarios y anuales de este santuario tienen su equivalencia en el ministerio de Cristo en el santuario celestial. Hablando en términos del simbolismo del santuario terrenal -"figura del verdadero" (Heb. 9: 24)-, puede afirmarse que en el día de la verdadera expiación que comenzó en 1844, nuestro gran Sumo Sacerdote dejó el lugar santo del santuario celestial y entró en el lugar santísimo. Por lo tanto, la "puerta cerrada" sería la del lugar santo del santuario celestial, y la "puerta abierta" la del lugar santísimo, donde Cristo desde ese tiempo ha estado ministrando en la obra del gran día de la verdadera expiación (ver CS 483-484, 488; PE 42). En otras palabras: la "puerta cerrada" indica la terminación de la primera fase del ministerio celestial de Cristo, y la "puerta abierta", el comienzo de la segunda fase. Se ocupa de este tema de "la puerta cerrada" en las enseñanzas de los primeros adventistas, L. E. Froom en The Prophetic Faith of Our Fathers, t. 4, pp. 829-842; F.D. Nichol en Ellen G. White and her Critics, pp. 161-252. Hay un resumen de la doctrina del santuario en la Nota Adicional de Heb.10.
Nadie puede cerrar.
Cristo proseguirá con la obra de la redención hasta terminarla. Los hombres no pueden hacer nada para estorbar su ministerio en las cortes celestiales ni su jurisdicción y dominio sobre los asuntos terrenales (ver com. Dan. 4:17).
Poca fuerza.
No es claro si Cristo está reprendiendo a la iglesia de Filadelfia por tener tan poca fuerza, o si la alaba por tener algo de fuerza. Aparte de los "pocos" de Sardis, esa iglesia estaba casi "muerta", y puede ser que la "poca fuerza" de Filadelfia represente una situación más animadora que la de Sardis. El hecho de que la "poca fuerza" esté tan íntimamente relacionada con la alabanza por guardar la Palabra de Cristo y no negar su nombre, tiende a confirmar esta conclusión. La "puerta abierta" puede también considerarse como una invitación a participar de una experiencia de una fuerza aún mayor. La iglesia de la antigua Filadelfia sin duda no era grande ni influyente, pero era pura y fiel. El período de la historia de la iglesia que corresponde a Filadelfia con su creciente dedicación a la Palabra de Dios, particularmente a las profecías de Daniel y Apocalipsis y a la piedad personal, presentaba un cuadro mucho más animador que el del período anterior.
Mi palabra.
La palabra de Dios expresa su voluntad. Dios ha revelado su voluntad mediante la naturaleza, también mediante sus profetas y apóstoles, por el testimonio directo del Espíritu Santo al corazón humano, por las vicisitudes de la vida, mediante el curso de la historia humana y especialmente, por medio de Cristo.
Nombre.
Ver com. cap. 2:3.
9.
Yo entrego.
La declaración del vers. 9 puede entenderse gramaticalmente como que Dios "haría" que algunos miembros de la "sinagoga de Satanás" vinieran y adoraran impenitentes a los pies de los cristianos de Filadelfia, o que Dios "daría" a los cristianos de Filadelfia algunos de los judíos como conversos al cristianismo. El contexto no es concluyente.
De la sinagoga.
O "algunos de la sinagoga" (ver com. cap. 2: 9).
Se dicen ser judíos.
Ver com. cap. 2: 9.
Vengan y se postren.
La secuencia del pensamiento: "vengan.,., se postren..., reconozcan", parece indicar más el triunfo final y público de los cristianos de la antigua Filadelfia sobre sus opositores judíos. Que los cristianos, como los vencedores paganos, se regocijaran por la perspectiva de que sus acusadores finalmente quedarían postrados a sus pies, no parece reflejar el espíritu del verdadero cristianismo. Estas palabras pueden referirse mejor a la conversación de algunos de los judíos de Filadelfia (cf. 1 Cor. 14: 24-25), quienes aprenderían el amor de Dios por experiencia personal. Ese crecimiento en feligresía podría provenir de la "puerta abierta" de Apoc. 3: 8 y de la lealtad de la iglesia "palabra" de Cristo. Esta lealtad a menudo ha llevado la convicción aun a los corazones de los mismos perseguidores.
Esta expresión aplicada al período de la historia de la iglesia correspondiente a Filadelfia, puede considerarse que se refiere a los que no se mantienen a tono con el avance de la verdad y se oponen a los cristianos que sí lo hacen. Entendida de esta manera puede referirse a un tiempo cuando los que han rechazado la verdad confesarán su error públicamente .
La frase "vengan y se postren a tus pies" es de Isa. 60: 14 (LXX) (cf. cap. 49: 23). Así como los extranjeros vendrían al Israel literal de la antigüedad para aprender de Dios , así también los que no eran cristianos vendrían a la luz del Evangelio para hallar la salvación .
Apoc. 3: 9 también se ha aplicado a los que persisten en su oposición a la verdad, particularmente al tiempo cuando las circunstancias los obligarán, aunque sean impenitentes, a reconocer que los que se han mantenido leales a la verdad son ciertamente el pueblo de Dios. No hay nada que excluya la posibilidad de que la declaración de este versículo pueda incluir a los opositores de la verdad ya arrepentidos y también a los que no quieren arrepentirse. Un grupo expresaría ese reconocimiento con sinceridad; el otro, sólo porque las circunstancias lo obligan a hacerlo.
Te he amado.
Estas palabras son tomadas probablemente de Isa. 43: 04.
10.
La palabra de mi paciencia.
Algunos interpretan esta frase dándole el significado de "mi palabra de paciencia", es decir, mi orden de que tengas paciencia. Otros creen que se refiere a la enseñanza respecto a la paciencia de Cristo (cf. 2 Tes. 3: 5). Las dos ideas se combinan en el pensamiento de que Cristo nos anima a ser pacientes como él fue paciente en la prueba.
De.
Gr. ek, "que sale de", lo que indica que los vencedores soportarán con éxito el período de tribulación, y no que no serán afectados por él (ver com. Dan. 12: 1 Mat. 24:2 1, 22, Mat. 24: 29-31).
Hora de la prueba.
No se trata de un período específico literal o profético, sino de una "temporada" o "tiempo". "Hora" se usa aquí en el mismo sentido que en el cap. 3:3. En armonía con las repetidas referencias en el Apocalipsis a la inminencia del regreso de Cristo (ver com. cap. 1: 1), la "hora de la prueba" sin duda se refiere a un gran período de prueba que antecede al segundo advenimiento.
Los que moran.
Esta y otras expresiones similares (cap. 6: 10; 8: 13; 11: 10; 13: 8, 14; 17: 2, 8) se usan vez tras vez en el Apocalipsis para referirse a los impíos, sobre los cuales serán derramados los castigos divinos.
11.
Corona.
Ver com. cap. 2: 10.
12.
Columna en el templo.
Una "columna" en sentido metafórico es, por supuesto, parte de un "templo" metafórico, figurado. En el NT la palabra que se traduce "templo" (naós) generalmente se refiere al santuario interior, que comprende los lugares santo y santísimo y no a todo el conjunto de edificios que constituían el antiguo templo. Por lo tanto, esta promesa significa que el vencedor ocupará un lugar permanente e importante en la presencia de Dios. También se usa la palabra "columna" en sentido metafórico en Gál. 2:9; 1 Tim. 3:15.
Nunca más saldrá de allí.
Esto es, será permanente. En armonía con la figura, "salir de allí" sería dejar la presencia de Dios deliberadamente como lo hizo Lucifer . Una promesa como ésta sólo se podría hacer a los que vencen permanentemente. En esta vida aún queda la posibilidad de "salir fuera", pero en la vida futura nadie querrá salir.
Nombre de mi Dios.
Ver com. Apoc. 2:3; cf. Apoc. 2:17; 14: l; 22:4. Continúa el lenguaje simbólico que comienza con la columna, y por lo tanto debe tomarse figuradamente. Puesto que un "nombre" refleja la personalidad y el carácter, esta promesa "significa que los que venzan recibirán la huella o impresión permanente del carácter de Dios"; la imagen de su Creador será plenamente restaurada en ellos. Este lenguaje figurado también puede entenderse como que implica que los santos victoriosos serán plenamente la propiedad de Dios como lo manifiesta el nombre divino, como señal de propiedad que se les aplica. Los eruditos han destacado que en los tiempos antiguos se creía que ciertos nombres tenían especial santidad y particular eficacia; por lo tanto, entre los judíos del período posterior al exilio, la manera de pronunciar el nombre divino Yahweh era mantenida en secreto, conocida sólo por el sumo sacerdote; finalmente se perdió del todo. Se creía que la mención de otros nombres era especialmente poderosa para que se efectuaran milagros. Josefo relata haber visto a un tal Eleazar que pretendía echar fuera demonios usando el nombre de Salomón (Antigüedades viii. 2.5). Los siete hijos de Esceva intentaron en Efeso usar el nombre de Jesús con el mismo propósito (cap.Hecho 19: 13-14). Pensaron que había un poder mágico en sólo mencionar el nombre. Sin duda muchos de los que observaron los milagros realizados por los discípulos en el nombre de Jesús, pensaron que la eficacia de esos milagros consistía en el empleo de un nombre mágico.
Nombre de la ciudad.
La columna tiene grabado en ella no sólo el nombre divino sino también el de la nueva Jerusalén. Puede entenderse que el cristiano victorioso es ciudadano de la nueva Jerusalén y que tiene derechos a vivir en ella (cap. 22:14).
Nueva Jerusalén.
No "nueva" en el sentido de ser una réplica de la ciudad literal que llevaba el mismo nombre, sino en contraste sobrenatural con su equivalente terrenal. El propósito era que la antigua Jerusalén llegase a ser la metrópoli de esta tierra y permaneciera para siempre. Como fracasó en llevar a cabo la tarea que se le encomendó, ese papel será concedido a la nueva Jerusalén. La expresión nueva Jerusalén es exclusiva del Apocalipsis, pero el pensamiento se anticipa en Gál. 4:26; Heb. 12:22. En cuanto al significado del nombre Jerusalén, ver com. Jos. 10: 1.
La cual desciende.
Ver com. cap. 21:2.
Mi nombre nuevo.
El tercer nombre escrito en la columna simbólica es el de Cristo. Por medio de Cristo, el vencedor recibe el carácter divino representado por el nombre . Sólo en virtud de que Dios se hizo hombre en Jesucristo, puede el hombre ser restaurado nuevamente a la imagen de Dios. Esto se lleva a cabo por el don de la vida y el carácter de Cristo que se imparten al creyente (ver Gál. 2:20; DTG 352). Recibir el nombre de Cristo es recibir la confirmación de que es nuestro dueño. El "sello" que Dios coloca sobre hombres y mujeres los reconoce como hijos e hijas del Altísimo, como confirmados en Cristo y dedicados a su servicio .
13.
El que tiene oído.
Ver com. cap. 2:7.