Ciencia
y tecnología en el arca.
1Nuestra
sección semanal en sus comienzos, narra acerca del crítico
estado moral en el que ingresó la generación de aquella época.
Cometían todo tipo de actos repudiables, y sumado a eso,
delinquían evadiendo la ley de manera sagaz.
Todos sabemos que
para llevar a juicio a un individuo por robo o hurto, se
requiere que lo que haya sustraído sea un elemento de
cierto valor mínimo, pues ¿quién podría denunciar al
vecino porque le sacó de su canasta llena que traía de la
feria, una aceituna?. A nadie se le ocurriría concurrir al
departamento de policía y elevar una denuncia semejante. Y
si de todos modos, decidiésemos hacerlo, pensemos la
respuesta que nos daría el oficial de guardia al escuchar
nuestra queja. Además, tal vez, ni siquiera le demos valor
al elemento sustraído, solo que estaremos indignados por la
actitud que tuvo el sujeto de tomar algo que no era suyo por
cuenta propia sin habernos solicitado permiso.
Pero,
¿qué pasaría si en vez de ser uno el que realiza un acto
como el que señalamos, cada uno que pasa extrae una
aceituna de nuestra canasta y la ingiere, o se la lleva?.
Quedaríamos con las manos vacías, sin poder reclamar a
nadie, pues si nos dirigimos a las autoridades y les
exponemos lo que nos aconteció. ¿A quién condenarán por
haber sustraído solo una aceituna?.
Ese
era el tipo de conducta de esta generación, y nos recuerda
a los habitantes de Sodoma y Gomorra, donde cometían
atrocidades semejantes a la mencionada, y además hasta sus
códigos de leyes eran perversos.
2Por
citar algún caso, cuando alguien hacía ladrillos para
construir o vender, y aunque el esfuerzo para la fabricación
es grande, sumado a la inversión de dinero que se requiere,
esto no interesaba en absoluto a sus vecinos, quienes
pasaban y tomaban una unidad cada uno, hasta que dejaban a
quién se disponía a edificar o vender su mercancía que
produjo, sin material. Entonces el dueño le reclamaba a
alguno de ellos por la sustracción. Y la respuesta era “¿Qué
quieres de mi vida, yo solo tomé uno, me demandarás por un
ladrillo?”.
Lo
mismo acontecía con quién tenía plantaciones de ajo o
cebolla, o había adquirido una partida para comercializar,
y los disponía en su campo o terreno en hileras, para que
se sequen y conserven por largo tiempo, con el fin de que
luego puedan ser vendidos de acuerdo a la demanda. Cada uno
que pasaba tomaba uno hasta que dejaba al dueño de la
producción con las manos vacías, y cuando este les
reclamaba, la respuesta era idéntica al caso antes
mencionado: “¿Me demandarás por haber tomado una cabeza
de ajo?”.
Además,
los propios jueces eran corruptos y malvados. Cuando asistía
a Tribunales un habitante del lugar pretendiendo demandar a
otro porque le asestó un golpe a su esposa y le produjo la
pérdida del embarazo, el juez sentenciaba que el que propinó
el golpe tome a la mujer del demandante, y cuando quede
embarazada nuevamente se la reintegre “igual a como estaba
antes”.
Lo
mismo con los animales, cuando se presentaba alguien
acusando a otro que le produjo una lesión a su burro en la
oreja, seccionándosela, el juez sentenciaba que el animal
pase a poder del que provocó el daño “hasta que le
crezca nuevamente la oreja”.
Cuando
alguien se presentaba en el Palacio de Justicia reclamando
precisamente “justicia” por haber sido golpeado. El juez
le preguntaba ¿Te sacó sangre?. El demandante respondía
afirmativamente. Entonces el juez sentenciaba: “En ese
caso le debes pagar tú a él, pues si vas al enfermero a
hacerte una sangría te cobran, así que le debes abonar el
servicio prestado”.
Tenían
además una ley consistente en que quién cruza el río por
el puente debía abonar cuatro monedas, y quién lo hace a
nado, la tarifa era de ocho monedas. Visitó el lugar un
lavandero que no era oriundo de allí y cruzó nadando.
Llega al puesto de guardia y le solicitan: “Debes abonar
cuatro monedas por peaje”. El lavandero les comunica:
“Pero yo crucé por el agua!”. Le dijeron: “En ese
caso nos debes ocho monedas”. Se negó a abonar y lo
golpearon hasta que brotó sangre de sus heridas. La víctima
eleva la denuncia y se lleva a cabo el juicio. Luego de
escuchar a las partes, el juez sentencia, “Debes abonar
ocho monedas por cruzar el río nadando y además tienes que
pagar al que te golpeó por haberte extraído sangre”.
En
cierta ocasión, Eliezer, el siervo del patriarca Abraham
fue allí, y lo golpearon. Elevó la denuncia frente a las
autoridades y el juez le comunica: “Debes tanto dinero por
la extracción de sangre que te realizaron”. Eliezer toma
un objeto contundente y comienza azotar al juez. Este le
replica “¿Qué haces?”. El siervo de Abraham le
responde: “Lo que me tienes que pagar a mi por haberte
sacado sangre, dáselo a quién me extrajo a mi, y mi dinero
que quede como está”.
En
el Talmud se relatan muchos otros episodios similares, y
después de analizarlos, no es difícil darse cuenta el
motivo de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y también de
la causa del diluvio universal que anuncia Hashem en nuestra
sección semanal, pues como dijimos, la actitud de esa
generación tenía muchas cosas en común con los casos
expuestos.
Es
por eso que el Creador anuncia a Noaj, acerca del final que
se avecina para todo ser vivo que hay sobre la superficie
terrestre, y le ordena construir el arca que serviría de
refugio a los que merecían salvarse de la destrucción y
serían los encargados de conservar, su especie en el futuro.
Nos referimos a aquellos que no se entremezclaron dando
origen a mixturas, pues quién había procedido así, no sería
aceptado en el navío.
Pero
de todos modos, antes de llevar a cabo la triste tarea de
enviar el diluvio que causaría la destrucción total de la
vida que habitaba sobre el planeta, Hashem da una última
oportunidad a la población para que reflexione y retome la
senda del bien. Para que perciban la tormenta que sobrevendría,
el Creador ordenó a Noaj que la construcción de la
embarcación se efectúe en un plazo de 120 años. De esta
manera la gente seguramente le preguntaría por el motivo de
su obra, y él les debía explicar que por causa de la mala
conducta que están teniendo, Hashem originará un diluvio
universal.
Si
nos detenemos a analizar la estructura del arca que Hashem
encomendó construir, nos maravillaremos enormemente y
podremos comprobar que gracias a la evolución de la ciencia
nos es posible comprender acerca del diseño de esta
embarcación, el cual era muy sofisticado.
En
el “Zohar”, libro escrito por el gran sabio Rabí Shimon
bar Iojai, quién vivió hace más de 1800 años, versa que
en el sexto centenio del sexto milenio, las puertas de la
ciencia serán abiertas. Estamos hablando del siglo
antepasado.
Y
utilizaremos esta apertura de la ciencia para comprender
algunas cosas que nos conciernen.
3El
arca estaba totalmente cerrada por todos sus sectores, pero
su interior yacía iluminado día y noche. Sabemos esto, por
la orden impartida (Bereshit 6: 16): “vc,k
vag, rvm”,
es decir “Iluminación harás al arca”, pues si
se referiría a una ventana, hubiera escrito: “Una
ventana harás al arca”, que en Hebreo sería “vc,k
vag, iukj“.
Esto
era necesario porque el sistema solar se detuvo por completo,
y no funcionaba ninguno de los circuitos astrales. Lo cual
ocasionó que en el exterior 4“no
haya oxígeno para respirar”. Estamos hablando entonces de
una nave totalmente iluminada en forma artificial, dotada de
un sistema propio de oxigenación. Y podemos comprender esto
recién en esta época, en la cual conocemos muy bien el
funcionamiento de la electricidad y el proceso de
almacenamiento, circulación y purificación del aire en los
modernos submarinos y naves espaciales.
Gracias
a los sofisticados elementos con los que contamos hoy en día,
podremos comprender y graficar en nuestras mentes un esquema
del sistema utilizado, porque también podríamos decir, y
no estaríamos errados, que se trataba de un gran milagro.
O
también, tenemos la posibilidad de tomar la explicación de
sabios como Rabí Iosef Jaim en su libro “Ben Ioiadá”,
quién sostiene que el sistema de iluminación a bordo,
consistía en candelas alimentadas por aceite, que generaban
luz, la cual se multiplicada a través de espejos (o piedras
que cumplían esa función) distribuidos por toda la
superficie del arca.
Y
respecto a que en el interior había oxígeno y en el
exterior no, el Rabí aparentemente reconoce que así fue,
ya hace alusión respecto al sistema solar que se detuvo por
completo, pero no da una explicación al tema, por tal razón,
volvamos a nuestra interpretación según el desarrollo
tecnológico propio de esta época ¿cómo puede ser que
semejantes descubrimientos los cuales tuvieron lugar tan
recientemente, ya se den como un hecho hace decenas de
cientos de años atrás?. ¿Y cómo puede ser qué en el “Zohar”,
escrito hace tantos años, se señale la fecha en que
comenzará la apertura de la ciencia?. Solo podemos
responder que se debe a una sola razón: la Torá es
verdadera, y todo lo que se descubriría por los siglos de
los siglos, consta en ella, ya sea de manera explícita o en
forma de indicio.
Pero
la magnificencia del arca no termina aquí. Sabemos que
reconocidos arqueólogos han hallado esqueletos, o partes de
ellos, correspondientes a animales gigantescos que a
criterio de ciertos científicos, quienes analizaron los
restos, vivieron hace millones de años, o miles de millones.
5Sepamos
que lo que ellos dijeron, fue basado en estudios realizados
mediante la medición del “carbono14”.
Invito
a todos a maravillarse y comprobar una vez más, que los
descubrimientos realizados por los cuerpos de investigación
convencionales son parciales y válidos hasta que se
demuestra lo contrario, y la única teoría que jamás cae y
se mantiene firme sin trastabillar en lo más mínimo hasta
la eternidad, es la que consta en la Sagrada Torá entregada
por Hashem al pueblo de Israel en el monte Sinaí.
Veamos
acerca del tema antes mencionado bajo la óptica de la
ciencia:
El
carbono, es esa substancia negra que hallamos en la madera
carbonizada.
El
carbono 14, cuya abreviatura es (C14) tiene la
particularidad de desintegrarse o “despedazarse”
relativamente fácil, pues tiene átomos mucho más pesados
que el carbono común. Esta inestabilidad lo hace
radioactivo.
El
(C14), o radiocarbono como es llamado a menudo, es
manufacturado en la alta atmósfera por la acción de rayos
cósmicos y penetra en las células de plantas y animales.
Se
encuentra en los cuerpos vivientes de manera similar a una
cucharada de café en una masa, cuando haya revuelto los
ingredientes. En cada partícula de la torta que hizo, se
encontrará la misma cantidad de café. Así sucede con el
(C14), está bien mezclado y en cada parte del cuerpo o
planta hay la misma cantidad. (Y pese a que se va
convirtiendo por efecto radioactivo a nitrógeno, el
equilibrio se mantiene, pues ingresa más C14 del exterior
para compensar).
Solo
que tan pronto como un animal o planta perece, los átomos
de C14 que decaen no son reemplazados nuevamente por otros
del exterior, así que la cantidad de C14 en aquello que
alguna vez vivió se hace más pequeña con el paso del
tiempo. En pocas palabras: tenemos un reloj que comienza a
funcionar en el momento que algo muere.
Obviamente,
esto funciona solamente en cosas que alguna vez tuvieron
carbono.
Puede ser usado para fechar rocas y minerales, por
ejemplo. Si sabemos cuan rápido decae el C14, se puede
determinar el tiempo transcurrido desde que la planta o el
animal perecieron.
Tenemos
en síntesis que el carbono 14 se encuentra en todo el
espacio en forma equilibrada, por lo que todos los vegetales
y animales que vivieron en tal época tendrán la misma
cantidad de C14. Y como lo que va cayendo de “C14” en
los seres perecidos ya no se repone, si sabemos cuanto C14
había en tal época en el aire, medimos cuanto C14 hay en
el trozo de hueso que hallamos en una excavación y sabremos
cuando vivió, en que lapso de tiempo. Pero como hubo muchos
procesos químicos que alteraron el sistema, como los
producidos por las grandes fábricas a partir de la revolución
industrial, no podemos decir, que la disminución del C14 en
el aire fue constante a través del tiempo, por lo que
nuestro sistema para averiguar la antigüedad de las cosas
dejaría de ser netamente confiable.
Supongamos
además, que en la época previa al diluvio universal, había
una capa de vapor que recubría el cielo, conformada por las
nubes que finalmente iban a ocasionar las lluvias que
provocarían la inundación. Esa capa de vapor podría haber
hecho de filtro, impidiendo que penetre la radioactividad al
planeta, no dando paso de este modo al C14. Por lo que, si
medimos un objeto de ese tiempo mediante nuestro sistema,
daría por resultado una antigüedad ficticia de miles de
millones de años. Lo cual no es real en absoluto.
Y
sumado a esto, tenemos pruebas que fueron realizadas en la
actualidad, las cuales arrojaron resultados catastróficos
para esta teoría de mediciones a través del C14.
Una
foca recién asesinada fechada por C14 mostraba que había
muerto hace 1,300
años. (Diario Antártico,
vol. 6, [septiembre- octubre de 1971], p. 211)
Conchas
de molusco vivas fueron fechadas a más de 2,300 años. (Ciencia,
vol. 141, 1963, pp. 634-637)
Conchas
de caracol vivas mostraban que habían muerto hace 27,000 años.
(Ciencia, vol.
224, 1984, pp. 58-61).
Tenemos
en síntesis, que no se descubrió científicamente aun, un
método fidedigno para medir la antigüedad de las cosas, y
la única fuente que revela acerca de la verdadera edad del
universo y las criaturas que vivieron en él a través del
tiempo, es la Torá, que fue entregada con sus respectivas
explicaciones a Moshé, y este a su sucesor Ieoshúa, quién
a su vez la legó a otros sabios, hasta llegar a nuestra época.
Por lo tanto, tenemos que reconocer, que el universo tiene
al día de hoy menos de 6000 años (en la actualidad estamos
en 5762), sin tener ningún proceso de mediciones
convencional que pueda rebatir este axioma.
Nos
queda aclarar respecto a los grandes esqueletos de los que
hablábamos, los cuales fueron hallados y medida su edad
aplicándoseles el sistema de C14, que ahora sabemos no es
exacto. Estos gigantescos animales, vivieron antes del
diluvio universal, e inclusive posterior al mismo, fueron
avistados algunos. 6En
el Talmud, Raba hijo de bar Jana relató haber visto una cría
de estos grandes animales, motivo que lo llevó a elevar
sentidas plegarias a Hashem y decidió ayunar, para lograr
que la bestia se retire.
Menciona a continuación, que luego su madre desde el
interior de una zona deshabitada emitió un sonido, y el
cachorro fue tras el llamado.
7Y
también el Rey David, vio un especímen del tipo que
describimos, como es explicado en el libro Ialkut Shimoní.
Además,
relata el Talmud, en el tratado de Ketubot, al final del
mismo, acerca del enorme tamaño que tenían las plantas y
árboles de entonces, solo que fueron empequeñeciendo con
el paso del tiempo debido a que los méritos de los que
habitaban la tierra, ya no era el mismo.
Esto
es solo para informar que los dinosaurios, y todos los
grandes animales de los que en la actualidad se encuentran
restos, constan en el Talmud, y se sabe en que época
vivieron, y todo ocurrió en menos de 6000 años de vida que
tiene el universo.
Tengan
un Shabat Shalom, y sea este el punto de partida para que
podamos radicar dentro de nosotros una fe perfecta en Hashem
y Su Torá que nos legó, y podamos reunir a través del
cumplimiento de Sus preceptos, los méritos suficientes para
acelerar la llegada del Meshiaj y habitar en el Jardín del
Eden, al lado de los sabios y hombres rectos de Israel.
1-
Midrash Rabá 31: 5
2-
Tratado talmdico de Sanhedrin 109
3-
Ver Midrash Rabá, tratado talmúdico de Sanhedrín 108b según
la opinión de Rabí Iojanán, explicación de “Maarshá”,
y “Ben Ioiadá” al Talmud.
4
– Rashi en tratado talmúdico de Zebajim 113b
5 - Extractado de El
Libro de las Respuestas, Edición Revisada, por Ken Ham,
Andrew Snelling y Carl Wieland, publicado por Master Books,
1992.
6 – Babá Batra 53, Zebajim 113, Ialkut
Shimoni y Ialkut sipurim
7 – Ialkut Shimoni sobre el Naj 688
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