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“Sección Noaj"

 "Noaj"

Parashat Hashabúa (la sección semanal)

Esta página tiene algunas palabras en Hebreo, si deseas verlas debes bajar una fuente que contiene esas letras. Bajala de aquí 

Fe y ciencia

Ciencia y tecnología en el arca.  

1Nuestra sección semanal en sus comienzos, narra acerca del crítico estado moral en el que ingresó la generación de aquella época. Cometían todo tipo de actos repudiables, y sumado a eso, delinquían evadiendo la ley de manera sagaz.

Todos sabemos que para llevar a juicio a un individuo por robo o hurto, se requiere que lo que haya sustraído sea un elemento de cierto valor mínimo, pues ¿quién podría denunciar al vecino porque le sacó de su canasta llena que traía de la feria, una aceituna?. A nadie se le ocurriría concurrir al departamento de policía y elevar una denuncia semejante. Y si de todos modos, decidiésemos hacerlo, pensemos la respuesta que nos daría el oficial de guardia al escuchar nuestra queja. Además, tal vez, ni siquiera le demos valor al elemento sustraído, solo que estaremos indignados por la actitud que tuvo el sujeto de tomar algo que no era suyo por cuenta propia sin habernos solicitado permiso.

Pero, ¿qué pasaría si en vez de ser uno el que realiza un acto como el que señalamos, cada uno que pasa extrae una aceituna de nuestra canasta y la ingiere, o se la lleva?. Quedaríamos con las manos vacías, sin poder reclamar a nadie, pues si nos dirigimos a las autoridades y les exponemos lo que nos aconteció. ¿A quién condenarán por haber sustraído solo una aceituna?.

Ese era el tipo de conducta de esta generación, y nos recuerda a los habitantes de Sodoma y Gomorra, donde cometían atrocidades semejantes a la mencionada, y además hasta sus códigos de leyes eran perversos.

2Por citar algún caso, cuando alguien hacía ladrillos para construir o vender, y aunque el esfuerzo para la fabricación es grande, sumado a la inversión de dinero que se requiere, esto no interesaba en absoluto a sus vecinos, quienes pasaban y tomaban una unidad cada uno, hasta que dejaban a quién se disponía a edificar o vender su mercancía que produjo, sin material. Entonces el dueño le reclamaba a alguno de ellos por la sustracción. Y la respuesta era “¿Qué quieres de mi vida, yo solo tomé uno, me demandarás por un ladrillo?”.

Lo mismo acontecía con quién tenía plantaciones de ajo o cebolla, o había adquirido una partida para comercializar, y los disponía en su campo o terreno en hileras, para que se sequen y conserven por largo tiempo, con el fin de que luego puedan ser vendidos de acuerdo a la demanda. Cada uno que pasaba tomaba uno hasta que dejaba al dueño de la producción con las manos vacías, y cuando este les reclamaba, la respuesta era idéntica al caso antes mencionado: “¿Me demandarás por haber tomado una cabeza de ajo?”.

Además, los propios jueces eran corruptos y malvados. Cuando asistía a Tribunales un habitante del lugar pretendiendo demandar a otro porque le asestó un golpe a su esposa y le produjo la pérdida del embarazo, el juez sentenciaba que el que propinó el golpe tome a la mujer del demandante, y cuando quede embarazada nuevamente se la reintegre “igual a como estaba antes”.

Lo mismo con los animales, cuando se presentaba alguien acusando a otro que le produjo una lesión a su burro en la oreja, seccionándosela, el juez sentenciaba que el animal pase a poder del que provocó el daño “hasta que le crezca nuevamente la oreja”.

Cuando alguien se presentaba en el Palacio de Justicia reclamando precisamente “justicia” por haber sido golpeado. El juez le preguntaba ¿Te sacó sangre?. El demandante respondía afirmativamente. Entonces el juez sentenciaba: “En ese caso le debes pagar tú a él, pues si vas al enfermero a hacerte una sangría te cobran, así que le debes abonar el servicio prestado”.

Tenían además una ley consistente en que quién cruza el río por el puente debía abonar cuatro monedas, y quién lo hace a nado, la tarifa era de ocho monedas. Visitó el lugar un lavandero que no era oriundo de allí y cruzó nadando. Llega al puesto de guardia y le solicitan: “Debes abonar cuatro monedas por peaje”. El lavandero les comunica: “Pero yo crucé por el agua!”. Le dijeron: “En ese caso nos debes ocho monedas”. Se negó a abonar y lo golpearon hasta que brotó sangre de sus heridas. La víctima eleva la denuncia y se lleva a cabo el juicio. Luego de escuchar a las partes, el juez sentencia, “Debes abonar ocho monedas por cruzar el río nadando y además tienes que pagar al que te golpeó por haberte extraído sangre”.

En cierta ocasión, Eliezer, el siervo del patriarca Abraham fue allí, y lo golpearon. Elevó la denuncia frente a las autoridades y el juez le comunica: “Debes tanto dinero por la extracción de sangre que te realizaron”. Eliezer toma un objeto contundente y comienza azotar al juez. Este le replica “¿Qué haces?”. El siervo de Abraham le responde: “Lo que me tienes que pagar a mi por haberte sacado sangre, dáselo a quién me extrajo a mi, y mi dinero que quede como está”.

En el Talmud se relatan muchos otros episodios similares, y después de analizarlos, no es difícil darse cuenta el motivo de la destrucción de Sodoma y Gomorra, y también de la causa del diluvio universal que anuncia Hashem en nuestra sección semanal, pues como dijimos, la actitud de esa generación tenía muchas cosas en común con los casos expuestos.

Es por eso que el Creador anuncia a Noaj, acerca del final que se avecina para todo ser vivo que hay sobre la superficie terrestre, y le ordena construir el arca que serviría de refugio a los que merecían salvarse de la destrucción y serían los encargados de conservar, su especie en el futuro. Nos referimos a aquellos que no se entremezclaron dando origen a mixturas, pues quién había procedido así, no sería aceptado en el navío.

Pero de todos modos, antes de llevar a cabo la triste tarea de enviar el diluvio que causaría la destrucción total de la vida que habitaba sobre el planeta, Hashem da una última oportunidad a la población para que reflexione y retome la senda del bien. Para que perciban la tormenta que sobrevendría, el Creador ordenó a Noaj que la construcción de la embarcación se efectúe en un plazo de 120 años. De esta manera la gente seguramente le preguntaría por el motivo de su obra, y él les debía explicar que por causa de la mala conducta que están teniendo, Hashem originará un diluvio universal.

Si nos detenemos a analizar la estructura del arca que Hashem encomendó construir, nos maravillaremos enormemente y podremos comprobar que gracias a la evolución de la ciencia nos es posible comprender acerca del diseño de esta embarcación, el cual era muy sofisticado.

En el “Zohar”, libro escrito por el gran sabio Rabí Shimon bar Iojai, quién vivió hace más de 1800 años, versa que en el sexto centenio del sexto milenio, las puertas de la ciencia serán abiertas. Estamos hablando del siglo antepasado.

Y utilizaremos esta apertura de la ciencia para comprender algunas cosas que nos conciernen.

3El arca estaba totalmente cerrada por todos sus sectores, pero su interior yacía iluminado día y noche. Sabemos esto, por la orden impartida (Bereshit 6: 16): “vc,k vag, rvm”, es decir “Iluminación harás al arca”, pues si se referiría a una ventana, hubiera escrito: “Una ventana harás al arca”, que en Hebreo sería “vc,k vag, iukj“.

Esto era necesario porque el sistema solar se detuvo por completo, y no funcionaba ninguno de los circuitos astrales. Lo cual ocasionó que en el exterior 4“no haya oxígeno para respirar”. Estamos hablando entonces de una nave totalmente iluminada en forma artificial, dotada de un sistema propio de oxigenación. Y podemos comprender esto recién en esta época, en la cual conocemos muy bien el funcionamiento de la electricidad y el proceso de almacenamiento, circulación y purificación del aire en los modernos submarinos y naves espaciales.

Gracias a los sofisticados elementos con los que contamos hoy en día, podremos comprender y graficar en nuestras mentes un esquema del sistema utilizado, porque también podríamos decir, y no estaríamos errados, que se trataba de un gran milagro.

O también, tenemos la posibilidad de tomar la explicación de sabios como Rabí Iosef Jaim en su libro “Ben Ioiadá”, quién sostiene que el sistema de iluminación a bordo, consistía en candelas alimentadas por aceite, que generaban luz, la cual se multiplicada a través de espejos (o piedras que cumplían esa función) distribuidos por toda la superficie del arca.

Y respecto a que en el interior había oxígeno y en el exterior no, el Rabí aparentemente reconoce que así fue, ya hace alusión respecto al sistema solar que se detuvo por completo, pero no da una explicación al tema, por tal razón, volvamos a nuestra interpretación según el desarrollo tecnológico propio de esta época ¿cómo puede ser que semejantes descubrimientos los cuales tuvieron lugar tan recientemente, ya se den como un hecho hace decenas de cientos de años atrás?. ¿Y cómo puede ser qué en el “Zohar”, escrito hace tantos años, se señale la fecha en que comenzará la apertura de la ciencia?. Solo podemos responder que se debe a una sola razón: la Torá es verdadera, y todo lo que se descubriría por los siglos de los siglos, consta en ella, ya sea de manera explícita o en forma de indicio.

Pero la magnificencia del arca no termina aquí. Sabemos que reconocidos arqueólogos han hallado esqueletos, o partes de ellos, correspondientes a animales gigantescos que a criterio de ciertos científicos, quienes analizaron los restos, vivieron hace millones de años, o miles de millones.

5Sepamos que lo que ellos dijeron, fue basado en estudios realizados mediante la medición del “carbono14”.

Invito a todos a maravillarse y comprobar una vez más, que los descubrimientos realizados por los cuerpos de investigación convencionales son parciales y válidos hasta que se demuestra lo contrario, y la única teoría que jamás cae y se mantiene firme sin trastabillar en lo más mínimo hasta la eternidad, es la que consta en la Sagrada Torá entregada por Hashem al pueblo de Israel en el monte Sinaí.

Veamos acerca del tema antes mencionado bajo la óptica de la ciencia:

El carbono, es esa substancia negra que hallamos en la madera carbonizada.

El carbono 14, cuya abreviatura es (C14) tiene la particularidad de desintegrarse o “despedazarse” relativamente fácil, pues tiene átomos mucho más pesados que el carbono común. Esta inestabilidad lo hace radioactivo.

El (C14), o radiocarbono como es llamado a menudo, es manufacturado en la alta atmósfera por la acción de rayos cósmicos y penetra en las células de plantas y animales. 

Se encuentra en los cuerpos vivientes de manera similar a una cucharada de café en una masa, cuando haya revuelto los ingredientes. En cada partícula de la torta que hizo, se encontrará la misma cantidad de café. Así sucede con el (C14), está bien mezclado y en cada parte del cuerpo o planta hay la misma cantidad. (Y pese a que se va convirtiendo por efecto radioactivo a nitrógeno, el equilibrio se mantiene, pues ingresa más C14 del exterior para compensar).

Solo que tan pronto como un animal o planta perece, los átomos de C14 que decaen no son reemplazados nuevamente por otros del exterior, así que la cantidad de C14 en aquello que alguna vez vivió se hace más pequeña con el paso del tiempo. En pocas palabras: tenemos un reloj que comienza a funcionar en el momento que algo muere.

Obviamente, esto funciona solamente en cosas que alguna vez tuvieron carbono.  Puede ser usado para fechar rocas y minerales, por ejemplo. Si sabemos cuan rápido decae el C14, se puede determinar el tiempo transcurrido desde que la planta o el animal perecieron.

Tenemos en síntesis que el carbono 14 se encuentra en todo el espacio en forma equilibrada, por lo que todos los vegetales y animales que vivieron en tal época tendrán la misma cantidad de C14. Y como lo que va cayendo de “C14” en los seres perecidos ya no se repone, si sabemos cuanto C14 había en tal época en el aire, medimos cuanto C14 hay en el trozo de hueso que hallamos en una excavación y sabremos cuando vivió, en que lapso de tiempo. Pero como hubo muchos procesos químicos que alteraron el sistema, como los producidos por las grandes fábricas a partir de la revolución industrial, no podemos decir, que la disminución del C14 en el aire fue constante a través del tiempo, por lo que nuestro sistema para averiguar la antigüedad de las cosas dejaría de ser netamente confiable.

Supongamos además, que en la época previa al diluvio universal, había una capa de vapor que recubría el cielo, conformada por las nubes que finalmente iban a ocasionar las lluvias que provocarían la inundación. Esa capa de vapor podría haber hecho de filtro, impidiendo que penetre la radioactividad al planeta, no dando paso de este modo al C14. Por lo que, si medimos un objeto de ese tiempo mediante nuestro sistema, daría por resultado una antigüedad ficticia de miles de millones de años. Lo cual no es real en absoluto.

Y sumado a esto, tenemos pruebas que fueron realizadas en la actualidad, las cuales arrojaron resultados catastróficos para esta teoría de mediciones a través del C14.

Una foca recién asesinada fechada por C14 mostraba que había muerto hace 1,300 años. (Diario Antártico, vol. 6, [septiembre- octubre de 1971], p. 211)

Conchas de molusco vivas fueron fechadas a más de 2,300 años. (Ciencia, vol. 141, 1963, pp. 634-637)

Conchas de caracol vivas mostraban que habían muerto hace 27,000 años. (Ciencia, vol. 224, 1984, pp. 58-61).

Tenemos en síntesis, que no se descubrió científicamente aun, un método fidedigno para medir la antigüedad de las cosas, y la única fuente que revela acerca de la verdadera edad del universo y las criaturas que vivieron en él a través del tiempo, es la Torá, que fue entregada con sus respectivas explicaciones a Moshé, y este a su sucesor Ieoshúa, quién a su vez la legó a otros sabios, hasta llegar a nuestra época. Por lo tanto, tenemos que reconocer, que el universo tiene al día de hoy menos de 6000 años (en la actualidad estamos en 5762), sin tener ningún proceso de mediciones convencional que pueda rebatir este axioma.

Nos queda aclarar respecto a los grandes esqueletos de los que hablábamos, los cuales fueron hallados y medida su edad aplicándoseles el sistema de C14, que ahora sabemos no es exacto. Estos gigantescos animales, vivieron antes del diluvio universal, e inclusive posterior al mismo, fueron avistados algunos. 6En el Talmud, Raba hijo de bar Jana relató haber visto una cría de estos grandes animales, motivo que lo llevó a elevar sentidas plegarias a Hashem y decidió ayunar, para lograr que la bestia se retire.  Menciona a continuación, que luego su madre desde el interior de una zona deshabitada emitió un sonido, y el cachorro fue tras el llamado.

7Y también el Rey David, vio un especímen del tipo que describimos, como es explicado en el libro Ialkut Shimoní.

Además, relata el Talmud, en el tratado de Ketubot, al final del mismo, acerca del enorme tamaño que tenían las plantas y árboles de entonces, solo que fueron empequeñeciendo con el paso del tiempo debido a que los méritos de los que habitaban la tierra, ya no era el mismo.

Esto es solo para informar que los dinosaurios, y todos los grandes animales de los que en la actualidad se encuentran restos, constan en el Talmud, y se sabe en que época vivieron, y todo ocurrió en menos de 6000 años de vida que tiene el universo.

Tengan un Shabat Shalom, y sea este el punto de partida para que podamos radicar dentro de nosotros una fe perfecta en Hashem y Su Torá que nos legó, y podamos reunir a través del cumplimiento de Sus preceptos, los méritos suficientes para acelerar la llegada del Meshiaj y habitar en el Jardín del Eden, al lado de los sabios y hombres rectos de Israel.

1- Midrash Rabá 31: 5

2- Tratado talmdico de Sanhedrin 109

3- Ver Midrash Rabá, tratado talmúdico de Sanhedrín 108b según la opinión de Rabí Iojanán, explicación de “Maarshá”, y “Ben Ioiadá” al Talmud.

4 – Rashi en tratado talmúdico de Zebajim 113b

5 - Extractado de El Libro de las Respuestas, Edición Revisada, por Ken Ham, Andrew Snelling y Carl Wieland, publicado por Master Books, 1992.

6 – Babá Batra 53, Zebajim 113, Ialkut Shimoni y Ialkut sipurim

7 – Ialkut Shimoni sobre el Naj 688