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Parashat Hashabúa (la sección semanal)

Que interesante

La importancia de visitar a los enfermos

Nuestra “perashá” comienza con la visita de Hashem a Abraham, mientras se hallaba sentado en la entrada de su tienda. 1Era este, un día muy caluroso, no se vislumbraban transeúntes circulando por las calles, las cuales mostraban un aspecto desértico. Además, era el tercer día desde que había circuncidado su prepucio, y no olvidemos que se trataba de una persona de edad avanzada, pues tenía 99 años, sumado a que el tercer día en el proceso de cicatrización de una lesión o intervención quirúrgica causa notorias molestias, pese a esto, aguardaba sentado en el umbral de su tienda para ver si alguien pasaba, así lo podría invitar a su hogar.

Y efectivamente, en momentos en que cambiaba el vendaje, alza su vista, y divisa tres individuos que se mantenían espectantes. Abraham comprende que vieron lo que estaba haciendo y por eso retrocedieron, para no causarle alguna molestia. Esta deducción lo llevó a tomar la decisión inmediata de ponerse de pie y salir a toda prisa para rogarles que entren a su tienda. Cuando estuvo frente a ellos, les imploró que acepten la invitación, solicitándoles luego, que tomen un poco de agua para lavar sus pies, pues creyó que se trataba de árabes que se prosternan al polvo, por eso deseaba que se quiten el elemento que idolatrizan de encima, para que no lo ingresen a su hogar, que permanecía siempre limpio de todo servicio a dioses paganos. Aunque en verdad no eran seres humanos sino ángeles que venían, uno para informar a Sara acerca del nacimiento de su primer hijo, pese a ser ya anciana, el segundo, con el objetivo de destruir la pervertida ciudad de Sodoma, y el tercero para sanar completamente la circuncisión de Abraham y salvar a su sobrino Lot que se hallaba morando entre los habitantes de Sodoma.

Les informa además que es su intención ofrecerles una comida para que sacien sus corazones. Los transeúntes finalmente aceptan el convite, y Abraham se apresura en llegar a la tienda para solicitarle a su señora esposa que prepare unas tortas, y a su vez corrió hacia donde se hallaba su ganado vacar, para escoger tres terneras, que sacrificaría para servir delante de sus huéspedes, pues, deseaba dar a cada uno, una lengua preparada con mostaza, el plato más exquisito de la época. 

Entretanto, mientras el delicioso preparado se terminaba de cocer, puso sobre la mesa pan y manteca que los convidados simularon ingerir, pues aunque eran ángeles, no se debe proceder diferente a las costumbres del lugar, si estas no van en contra de la Torá. Luego, para no mezclar leche con carne, trajo las lenguas a la mostaza y las sirvió.

Debemos destacar de esta primera parte de nuestra sección semanal, en principio, el mensaje que nos deja la acción asumida por el Creador del mundo al visitar un individuo cuando se halla en estado convaleciente. Pues Abraham se recuperaba de su circuncisión, y no se sentía muy bien.

Es muy importante para la persona cuando se encuentra en un hospital, que la vayamos a visitar, pues a nadie le gusta soportar que le apliquen inyecciones, rayos, atravesar intervenciones quirúrgicas, etc. Además, tener que permanecer en la cama, o el cuarto que le asignaron, a la espera de los resultados de los análisis, sondeos, mediciones, etc. Todo esto es bastante ingrato, y lleva al paciente a sentirse triste o deprimido, por lo que la visita de amigos y conocidos que muestran interés por su pronta recuperación y le hablan palabras de aliento, puede provocar en él un tremendo vuelco anímico, devolviéndole la alegría que había perdido en momentos de haber sido internado, o al menos en parte. En circunstancias como estas, debemos dejar de lado otras ocupaciones que tengamos, y cumplir con este precepto tan importante: visitar a los enfermos, pues, una sola palabra que salga de nuestra boca puede devolverle la confianza necesaria para poder afrontar el tratamiento que le sugirieron con optimismo. Y sabemos muy bien que el estado de ánimo ayuda mucho en estos casos.

Y no solo cuando nuestro amigo o conocido está en un sanatorio, también si se halla en su propio domicilio, pero padece alguna anomalía, es nuestro deber visitarlo para darle ánimo y desearle pronta recuperación. Tomemos el ejemplo del mismísimo Creador del universo, que visitó al que sería nuestro primer patriarca y fundador del judaismo, o sea, Abraham.

No olvidemos además, orar por la pronta recuperación de quien visitamos, pues quien pide por otro para que se mejore de su dolencia, recibirá él mismo respuesta a su propio problema, si es este similar. Como versa en el tratado talmúdico de Babá Kamá 92ª: “Quién pide piedad por su compañero, y él necesita eso mismo, será respondido primeramente”.

Esta que mencionamos, es la base fundamental que debemos conocer y aplicar en todo momento en nuestras vidas para que nos vaya bien. Y se puede resumir en estas palabras: “Dar para recibir”, esto es, cuando deseamos algo, demos al prójimo eso que necesitamos, en caso de ser posible, y veremos maravillas. Este es el pilar del judaismo, y el ejemplo en llevarlo a la práctica, fue precisamente Abraham, quien solo sabía brindarse a sus semejantes en forma absoluta, y ayudarlos en toda la medida de sus posibilidades. Como versa: (Mijá 7: 2) “La bondad se manifestó en Abraham, la verdad en Iaakov”.  

Nosotros pertenecemos al linaje de nuestro citado patriarca, por lo que llevamos en la sangre el deseo de hacer el bien y ayudar a nuestro prójimo. Solo que como consecuencia de hallarnos esparcidos por el mundo, soportando la dureza del exilio al que fuimos enviados, hasta que pronto en nuestros días, el Templo Sagrado sea reconstruido, esto provocó que se forme un poco de óxido que tapona en nosotros esa generosidad heredada, y a veces le impide revelarse y manifestarse abiertamente, pero no cabe ninguna duda que la tenemos, y la prueba está en que cuando vemos a alguien necesitado, no nos es indiferente, solo que en ocasiones nos cuesta un poco darle lo que le hace falta por el inconveniente antes expuesto.

Con solo quitar la capa de óxido que se formó, podremos sacar a relucir todo nuestro potencial, y ayudar a nuestros hermanos en toda la medida de nuestras posibilidades, provocando como dijimos antes que todo eso que demos, sea recibido por nosotros recíprocamente.

En Shemot 30: 12 versa: “Darán los hijos de Israel...”. En su original en Hebreo, “darán”, se dice: “ub,bu”, que como podemos apreciar, se trata de una palabra capicúa, la cual se puede leer indistintamente de atrás hacia delante o viceversa. 2Esto indica, que todo lo que uno da retornará sin que falte nada de lo que dimos.

Por eso, Abraham tuvo tanto éxito en su vida, y se convirtió en el padre del que sería el pueblo elegido de Hashem, o sea, Israel, pues solo sabía otorgar al prójimo lo que este necesitaba, no conocía puntos intermedios, se brindaba con entrega total y absoluta, por eso, cada vez se acreditaba más bienes para proseguir con su obra. Y ni siquiera estar atravesando el duro y doloroso proceso de convalecencia tras su circuncisión, le impidió correr e implorar a los señores que pasaban, para que ingresen a su casa, coman y descansen.

El precepto de recibir huéspedes puede producir efectos impensados, es capaz de revertir en la persona situaciones adversas y devolverle la alegría.

3Rabí Eliezer vivía en una aldea y una de sus grandes virtudes consistía en hacer todo lo posible para cumplir el precepto de traer huéspedes a su casa. Por tal razón colocó guardias en los confines del poblado, para que ni bien vean a algún visitante, inmediatamente lo envíen a su casa. Les encomendó además, informar al huésped que en casa de Rabí Eliezer la pasará bien; esto, para que el visitante no se haga problema alguno y llegue a preguntarse hacia donde ir, tratándose de un lugar donde no lo conocen. Inmediatamente cuando llegaba el invitado, el anfitrión le solía entregar un atractivo presente, aun antes de iniciar la comida, para que saboree con alegría lo que se le servirá y sepa como se comportan por aquí, ya que el necesitado que va de pueblo en pueblo en busca de ayuda, se preocupa primordialmente en conseguir algunas monedas para llevar alimento a su casa.

Cierta vez, fue elogiado en el las alturas celestiales por su excelente conducta y acordaron ponerlo a prueba. Se preguntaron uno al otro ¿Quién descenderá para someterlo a prueba?. El ángel rebelde se ofrece voluntariosamente, ¡Yo iré!.

Pero interviene el profeta Eliahu y manifiesta: “No es bueno que tú vayas, ¡Yo lo haré!”.

Y así fue nomás, en Shabat después del mediodía presentando aspecto de menesteroso que porta su bastón y mochila de pastor, llegó y saludó “¡Shabat Shalom!”

Lo usual en este caso, hubiera sido que lo expulsen de la casa, ya que cada uno tiene su familia que formó y educó con mucho esfuerzo, inculcándoles la importancia de respetar el Shabat y los preceptos, hasta lograr una armonía en el hogar. Entonces, cuando viene alguien violando todas esas reglas, como este que portaba sus instrumentos de pastor, estando prohibido cargar cualquier tipo de objeto en este día tan importante y sagrado para el pueblo judío, es lógico que el dueño de casa decida apartar el mal ejemplo de su preciado núcleo familiar, y no desee el ingreso de un extraño que cause una influencia negativa.

Pero Rabí Eliezer no obró así, pues se trataba de una persona muy paciente y bondadosa, por eso, no quiso ofender al visitante. Inmediatamente le sirvió la tercera comida que se estila durante el Shabat (Seudat shlishi), y cuando hubo oscurecido, y las estrellas se divisaban en el imponente firmamento, invitó al huésped, a participar de la cena que se acostumbra realizar para despedir al Shabat, conocida como “Melave Malka”. Luego de platicar y compartir gratos momentos, le indicó el cuarto que le había sido asignado para pasar la noche, y cual sería su cama. Al día siguiente, por la mañana le entrega un presente y en absoluto le recuerda acerca de su transgresión al Shabat, pues no deseaba  avergonzarlo. 

Cuando el profeta Eliahu vio sus modales y conducta, se da a conocer informando: “!Has de saber que yo soy el profeta Eliahu y vine para probarte, y como recompensa por haber aprobado el examen, te nacerá un hijo que alumbrará los ojos de los hijos de Israel!”.

Así se acredita Rabí Eliezer que le naciera Rabí Israel Bal Shem Tob.

Vimos la importancia que tiene el precepto de visitar a los enfermos, y recibir huéspedes. Todo esto es parte de las enseñanzas que constan en nuestra Sagrada Torá legada por Hashem a través de Moshé. Y recordemos que no solo lo que está escrito en ella entregó el Creador en el monte Sinaí, sino también todas sus explicaciones, pues la Torá es el plano del universo y debemos conocerlo, pues nuestra conducta debe estar basada en ella.

Algunos se preguntan acerca de la autenticidad de este plano del que hablamos, y muchas son las respuestas que se dieron al respecto. Pero para ilustrar un poco el tema, citaremos uno de los tantos artículos que se pueden extraer y dejar perplejo al lector.

 Versa en el tratado talmúdico de Rosh Hashaná, pag. 25ª: Explicó Rabán Gamliel: “Esto lo recibí por tradición, pues se fue transmitiendo generación tras generación por vía oral: el ciclo lunar se completa luego de 29 días y medio, a lo que debemos adicionar dos tercios de hora y 73 partes”.

Y versa a un costado, en un manuscrito original del citado tratado talmúdico, que las 73 partes corresponden a una hora fraccionada en 1080 secciones. Tenemos que los dos tercios citados por el sabio, corresponden a 720 partes de hora, ya que dos tercios de 1080 equivale a 720. Sumémosle las 73 partes mencionadas, tenemos un resultado final de 793 partes de hora que debemos sumar a los 29 días y medio mencionados al principio. 

Tenemos que el ciclo lunar según las enseñanzas de Rabán Gamliel, expuestas hace prácticamente 2000 años, se completa en 29 días y medio más 793 partes de hora.

4Transformemos estas 793 partes a horas (793/1080 ), obtenemos esta cifra: 0,734259 de hora. Convirtamos ahora esta cifra a las partes que equivale de un día, esto es (0,734259 / 24), obtenemos como resultado que estas 793 partes de hora mencionadas por el sabio,  corresponden a 0,03059 de un día.

Sumémosle ahora los 29 días y medio antes citados, tenemos que la luna completa su ciclo de circunvalación en “29,53059” días basándonos en las enseñanzas de Rabán Gamliel expuestas hace casi 2000 años, pues vivió por los años 3780 (hace unos 1982 años).

5Interesante es saber que la NASA tras varias mediciones realizadas con sofisticado equipo tecnológico, llegaron a la conclusión que la luna completa su ciclo en este lapso: “29,530588” días. Pero tiempo más tarde, científicos de Berlín lograron con equipo de mayor precisión, obtener este resultado: “29,530589”.

Tenemos que lo enseñado por Rabán Gamliel hace casi 2000 años, está a solo centésimas de segundo de un cálculo alcanzado en la actualidad con equipo super sofisticado. Y no sea de extrañar, que en poco tiempo más, se compruebe a través de tecnología más poderosa y avanzada, que la cifra de Rabán Gamliel es la más exacta.

¿Alguien puede explicar esto según la lógica?. Es imposible por su puesto. La única respuesta viable consiste en reconocer que la Torá es el plano del universo, y en ella, consta inclusive todo lo que científicos de hoy en día descubren a través de avances tecnológicos ultra modernos.

Todo esto es un aliciente para creer en nuestros sabios y aferrarnos a la Torá, para abocarnos al cumplimiento de sus preceptos con todas nuestras fuerzas y poder heredar el mundo venidero, donde gozaremos del fruto al esfuerzo que debimos realizar aquí y ahora sobreponiéndonos a las tentaciones de este mundo material, para respetar las indicaciones y códigos de vida que nos fueron dados a través de la Torá de Hashem.

1 – Tratado talmúdico de Babá Metzía 86b

2 – Baal Haturim

3 - Taamei Haminhaguim, minhag 217, en nota de pie que comienza “Ubesefer”, en nombre del libro “Rajamei Haab”

4 – Tratado talmúdico de Rosh Hashaná 25ª: según Rash

5 – Emet aiejidá pag. 98