Textos & Contextos. Año 1, N. 21 Desde el Eje Cafetero de Colombia                       Volver a Portada N. 21

Gonzalo Duque Escobar
Profesor Universidad Nacional de Colombia
Coordinador del comité de Ingeniería Sísmica y del Curso Internacional de Planificación territorial y Desastres Naturales de la OEA, UN e ICETEX

E-mail: gduque@nevado.manizales.unal.edu.co
 
 

El Quindío antes y después del desastre
 
Reproducido del Boletín Ambiental XLVIII
del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales.
 
El anciano mira con desolación las ruinas de su taxi y única fuente de sustento, atrapado bajo los escombros del edificio donde estaba su apartamento, la mujer de edad no seguirá recibiendo el arriendo de la casa que le había dejado su difundo esposo, derrumbada a causa de las sacudidas: son sólo dos de los miles de casos que ha dejado el terremoto del 25 de enero de 1999 en el Quindío. Como ellos, toda la región pierde dos décadas de trabajo en tan esos 20 segundos de la una y treinta y dos de la tarde de ese día.

Para comprender el nivel de los perjuicios del sismo no basta con considerar el tiempo que necesitaron los damnificados para haber acumulado esos haberes perdidos. Es necesario también, tener en cuenta las grietas que de la cultura y el medio ecosistémico, puestas en evidencia por el desastre.

El caso de Pijao ilustra bien la situación del Quindío rural. Este poblado es el mejor referente del patrimonio arquitectónico del sur de esta región del centro de Colombia, en donde cuatro municipios comparten la cuenca del río Barragán. Su situación amerita el análisis de los efectos del cambio en el modelo ambiental y económico cafetero, aunque los responsables de la reconstrucción anuncien que para las fincas de café sólo se repondrán los beneficiaderos, cuarteles, vías y casas cafetaleras destruidas por el sismo.

Hasta la década de los setenta, el poblado iba en apogeo y se mostraba como una sociedad más justa y equitativa, culturalmente sensible, con economía cafetera soportada en un ecosistema sano. Sin embargo, la transformación urbana de la Colombia rural, los mejores caminos, las telecomunicaciones y el paso de una economía rural autosuficiente a otra agraria y especializada, no son hechos que explican los conflictos y contradicciones que se presentan cuando se enfrenta la construcción de Pijao.

Con la caficultura, con su paquete tecnológico entendido como un conjunto de instrucciones aplicadas al proceso productivo, se industrializó el país y se forjó una cultura. Sólo que la aplicación de ese paquete transformó el panorama: antes nuestra caficultura era orgánica, no importábamos agroquímicos y el valor agregado no lo entregábamos a las multinacionales de la trilla y el mercadeo del grano. Ahora la caficultura modernizada es el resultado de manipulaciones genéticas con graves efectos ambientales, sociales y económicos: al perderse el sombrío se elimina la biodiversidad y aparecen las plagas, se altera el ciclo hidrológico y se altera el equilibrio geotécnico de las frágiles laderas andinas.

No parece difícil encontrar las raíces de la crisis del café y menos identificar las grietas puestas en evidencia por el sismo sobre Pijao. Lo que resulta ahora imperioso es el difícil diseño de las estrategias para corregir los problemas estructurales que explican el lamentable caso de Pijao, municipio que no muestra ser viable en las actuales circunstancias. Por señalar apenas un aspecto, de su cabecera salen los docentes de secundaria a la una de la tarde hacia la capital regional, Armenia, y el pueblo pierde la posibilidad de formar un ambiente cultural para quedar en el de una potencial cantina, con una población víctima de los efectos de la desocupación.

De otro lado está la conurbación Armenia Calarcá donde el desastre alcanzó magnitud de catástrofe por el efecto contundente del sismo, causando fallas estructurales y funcionales en el sistema urbano, suficientes para paralizar por varias semanas su economía fundamentada en los servicios. La amenaza sísmica estaba prevista y se causaron muertes y heridas a los habitantes por construcciones y suelos que fallaron en forma generalizada: no pueden excusarse el Estado, la sociedad, los gremios y el consumidor, pues el daño tiene causas éticas, culturales, sociales, políticas, de pobreza e imprevisión.

Este análisis invita a pensar en una reconstrucción que parta de lo territorial, soportada en subregiones, fortalecida en lo público, aplicada sobre problemas de fondo, afectando a largo plazo la cultura y el medio ecosistémico y, sobre todo, una reconstrucción de y para los damnificados. Los más afectados son los pobres urbanos que habitan los lugares más vulnerables, lo que se explica por la separación de los costos y los beneficios que resulta de explotar el medio ambiente en una economía de mercado, en la que los beneficios se privatizan y los costos se socializan para que los asuma el Estado o, en su defecto, la comunidad, por el deterioro de su calidad de vida.

Lamentablemente la reconstrucción desarticula los escenarios de compatibilidad natural y mayor afinidad económica y cultural porque las ONGs, que son pasajeras y privadas, actúan en las cabeceras municipales y la Federación de Cafeteros, con su carácter sectorial actúa en el ámbito rural. Así se desinstitucionaliza la entidad territorial departamental y municipal, con todos lo entes y corporaciones de estos niveles.

¿Cómo podrán la Universidad del Quindío y la Corporación Regional del Quindío, por fuera de los procesos, cumplir con su deber de responder por los cambios estructurales de largo plazo que supone la reconstrucción? ¿Cómo podrá el departamento del Quindío gozar de la autonomía que le confiere el artículo 298 de nuestra Constitución Política con el fin de coordinar y complementar la acción muncipal? ¿Podrá el municipio cumplir como entidad fundamental territorial cuando se han privatizado los recaudos financieros y administrativos de una reconstrucción, valorados en el esfuerzo de más de una generación?

Sólo queda esperar que el buen juicio de los excelentes funcionarios de la reconstrucción y la sabiduría popular, inspirados los primeros en su obligación patriótica y humanitaria y, los segundos, en los procesos de pedagogía popular de las organizaciones de base y del orden público, suplan las dificultades del proceso de reconstrucción del Eje Cafetero, nacidas principalmente de las causas del desastre.

Manizales, junio 23 de 1999