La Trans-Mediterránea © Rampova

Los tres primeros días de Noviembre del 2002, entre brujas, vampiros y muertos vivientes, se llevó a cabo en Valencia los Encuentros Estatales Mixtos de Transexuales. Hubo diversas ponencias y diferentes enfoques, talleres y actos lúdicos para algo tan desconocido como el mundo transexual, que para muchos/as es sinónimo de espectáculo, prostitución y circo... ¿y si fuera así, qué?¿Es menos espectacular Bibiana Fernández que Loreto Valverde?¿Es menos digna la puta trans que hetero Madame Claude? Y si el circo hetero tiene a Ángel Cristo ¿por qué no vamos a tener nosotros/as a Ángel Lucifer que se diferenciaría del primero porque por su casto apellido cree que FORNICAR es una empresa de alquiler de coches?

Ser transexual no significa ser reconducido/a por la psiquiatría obsoleta y absolutista a una sexualidad unidireccional, educastrativa y por tanto heterosexista. Quienes empezaron el cine como arte no olvidaron todas las gamas grises que rompían las normas del blanco y negro o del masculino y femenino. El cine mudo pasó a la historia y ahora hay toda una gama de colores digitales, más allá del arco iris, con la consecuente pluralidad de géneros sexuales, aunque con una feminidad denostada frente a una masculinidad en alza que acuña una nueva forma de travestismo: el prototipo de gay travestido de pseudo heterosexual.

Mientras nosotros/as representamos un aldabonazo a las catatónicas y anestesiadas conciencias, los tránsfobos revisten "intelectualmente" lo que sólo es una entelequia, como el Doctor Cabeza Hueca, por citar a uno. Y ante esto sólo cabe acción directa y respuestas radikales y contundentes contra quienes nos niegan el pan y la sal de manera vergonzantemente fascistoide y lo que es peor aun, desde un gueto que se presenta rutilante y dorado y que no es más que la trastienda de la discriminación más rastrera e insolidaria.

La globalización y el pensamiento único está exterminando a la clase media, la riqueza está en manos de una pírrica minoría, mientras la inmensa mayoría se ve abocada a la miseria más absoluta, al tiempo que se produce una dicotomía irreconciliable: a mayor empobrecimiento económico, mayor aburguesamiento ideológico y en esto no es ajeno el movimiento gay-les-trans. Sería deseable mayor presencia y actitud Queer y menor "homosexualidad" decimonónica, la de mucha tecnología de última generación antagonizando con unos cerebros en huelga crónica.

Los medios de comunicación suelen utilizar una terminología capciosa, como si hubiesen estudiado periodismo en la Facultad de Ciencias de la Manipulación. Esos mismos medios obvian, soslayan, o directamente olvidan esos crímenes de odio, esa conspiración de silencio, de tortura y malos tratos basados en la identidad sexual, que denuncia Amnistía Internacional, sobre los que viven como el tango, "cuesta abajo", en un descenso a los infiernos de la vacuidad mental y económica (los sicarios), asesinando con demoledora impunidad, como el brazo armado de un estado que ha entrado en la dialéctica "antiterrorista" y que no es más que, evocando a Poe, la máscara de la muerte escarlata, la apoteosis capitalista que no osa decir su nombre, porque se avergüenza de sus propios crímenes, la mayoría de los cuales son trans.

Los otros medios de comunicación, el cine, la literatura, han ridiculizado y vejado hasta extremos grotescos "la cosa nostra", pero cuando nos han rendido homenajes han sido superlativamente sublimes, desde "Orlando", de Virginia Wolf (también trasladada magníficamente al cine), hasta "El baile de las locas", de Copi, pasando por "Yo soy mi propia mujer", de la recientemente fallecida Charlotte von Mahlsdorf, o curiosidades como "Muerte de un travestí", de Ed Wood jr., autor así mismo de films tan extravagantes en los años 50 como "¿Glen o Glenda?", sin olvidarnos de nuestro Eduardo Mendicutti y su "Yo no tengo la culpa de ser tan sexy", por poner unos ejemplos.

En teatro se debe destacar la súper delirante versión de la "Salomé", de Oscar Wilde, interpretada por Lindsay Kemp, El Gran Orlando dando vida a Herodías y la actriz española, ya fallecida, Mayrata O'Wisiedo en el papel del terrible Herodes. También se transgenerizó a la Bernarda Alba, de Lorca. En Madrid fue interpretada por Ismael Merlo y en París por Antonio Gades. Recientemente, otro bailarín, Antonio Canales, ha hecho lo propio, acercando la dramaturgia a la danza.

El cine ha dado mayor variedad, desde la trans-rockero-glam "Rocky Horror Picture Show", de Jim Sharman, basada en una obra teatral en la que Tim Curry interpreta al "dulce travestí de la transexual Transilvania" hasta Vicente Aranda y su "Cambio de sexo" en la que una jovencísima Victoria Abril interpreta a ese jovencito inexperto y delicado que al ver a Bibí se pregunta "¿por qué no puedo ser yo como ella?" O "Un año con 13 lunas" de Rainer W. Fassbinder, en la que, partiendo de una creencia astrológica, según la cual los años con trece lunas producen efectos catastróficos sobre las personas cuyas vidas están determinadas por los sentimientos, se cuentan los últimos cinco días de la vida de la transexual Elvira Wishaupt.

En estas jornadas valencianas se disfrutó y se debatió, por partida doble, de los films "Ma vie en rose" y "Boys don't cry", bellísimo film el primero, con mágicas y sensuales escenas oníricas, sin olvidar la crítica social, con la homo y transfobia de fondo y crudo film el segundo, basado en un hecho real, demoledor ajuste de cuentas con esa América profunda capaz de llegar al crimen para justificar una hipocresía patológica. De Almodóvar mejor no hablar, ya que "Todo sobre mi madre" es un pestilente vómito cuya trama es la quintaesencia de la transfobia: transexualidad asociada únicamente a la prostitución y al sida. Límpiate el culo con el oscar y dale un sorbete después.