Cuando aquella polémica caprichosa lo puso en
duda y la gente del Madrid lo empezó a mirar con ojos desconfiados,
ocurrió un hecho que seguramente pasó inadvertido pero que para mí fue la
prueba gigantesca y definitiva para ratificar lo que siempre sostuve:
Redondo es el último heredero de la leyenda mítica que dejaron desde
Argentina para el mundo Pipo Rossi, Rattín, Guidi, Marangoni, Batista y
algunos otros privilegiados.
El Madrid juega con el Compostela en el Bernabéu y Redondo estaba en el
banquillo. Ganaba el Madrid por un gol pero el Compostela nos tenía en un
arco. No podíamos salir y el empate era inminente. Faltando 10 minutos más
o menos Milla, agotado, pidió el cambio. Redondo se puso de pie para
calentar antes de entrar y la rechifla fue monumental. Asustaba, de
verdad. A mí se me paralizó el corazón. Si el Compostela empataba con
Redondo en la cancha los inventores de la polémica iban a vivir un
festival y la gente descargaría toda su ira contra él.
Lo primero que hizo cuando entró y recibió la pelota fue tocar para
atrás, lo que el Bernabéu considera un pecado capital, y en ese caso y en
esas circunstancias peor todavía. Los gritos en su contra se escuchaban
hasta en Remedios de Escalada, su barrio porteño. Pero él siguió haciendo
lo que tenía que hacer, lo que sentía, lo que le gusta. Pidió la pelota y
tocó y la volvió a pedir y a tocar, para los costados, para atrás y para
donde fuera más allá de los silbidos y las iras. Poco a poco la presión
del Compostela se fue desinflando, el Madrid volvió a ser dueño de la
situación, el público se calmó y al final ganamos cómodamente.
Sólo un jugador de su personalidad y su enorme calidad podía ser capaz
de dar vuelta a 100.000 personas cabreadas sin ceder ni un milímetro de su
convicción. Contra el Manchester volvió a ser el centrojás que significa
mucho más que la argentinización del medio centro en inglés. Quiere decir
ser el dueño de la pelota, de su equipo y del partido. Quiere decir ser la
referencia obligada de cada pelota que sale del fondo para gestar una
situación favorable. Fue todo eso y le sobró para llegar al área
contraria, tirar tacos y paredes, gambetear como en el potrero y servirle
a Raúl el gol más bonito de la noche. Inclusive recuperó más balones que
de costumbre, porque manejando él sólo la mitad de la cancha tiene más
panorama y como mira el partido sabe lo que pasa y lo que va a pasar, al
contrario de muchos jugadores actuales que como sólo miran la pelota todo
lo que sucede los sorprende.
A mí me resulta muy curioso que lo hayan aceptado y hasta elogiado
cuando lo partieron en dos, poniéndole un compañero de tareas en el medio.
Cuando dejó de ser el centrojás, para acomodarse a los tiempos
italianizados, ese fútbol donde se corre rápido para chocar antes, como
dice un amigo. No importa. Este partido sirvió para demostrar que Redondo
es un crack si lo dejan jugar como en el potrero de su barrio, y que no
hay nada más práctico que jugar bien y disfrutar del fútbol. La única pena
es que hay que demostrarlo a cada rato, y ni aún así se convencen los
seguidores de polémicas absurdas.
Angel Cappa y Jorge Valdano fueron los artífices de la llegada de
Redondo al Real Madrid.