LA GRAN NOCHE DEL PRINCIPE Olé
Le salió Redondo

El argentino la descosió y el Real Madrid logró lo que parecía casi imposible: vencer al Manchester en Old Trafford. Los españoles ya están en la semi de la Liga de Campeones.


Raúl saluda a Fernando después de la genialidad. Lo aplaudieron todos.
MANCHESTER. Partido Redondo para el Real Madrid. Partido Real de Fernando Redondo...

Había pocos españoles optimistas. Es que no daba. Porque el Manchester United es (era) un supercampeón con todos los méritos. Porque Old Trafford, su estadio, asusta. Porque tiene los movimientos supersabidos. Porque Beckham y Giggs por las bandas dan pánico. Porque Yorke y Cole son dos goleadores temibles. Porque Keane contagia con su sangre caliente. Porque le sobra potrero. Porque es un equipo heroico, que nunca se da por muerto. Porque verlo en acción emociona. Porque, porque y porque... Las razones por las cuales el Real Madrid viajaba a Inglaterra a padecer son interminables. Eran interminables...

Porque el Real Madrid es el equipo más impredecible del mundo. Que puede ser bailado por el último de la Liga española, pero que también es capaz de meterle miedo al mismísimo Manchester. Y eso fue lo que hizo en el Santiago Bernabeu hace quince días. El Madrid, aquella noche, jugó un primer tiempo brillante y lo único que le faltó fueron los goles, que pudieron ser tres o cuatro tranquilamente (el partido terminó 0 a 0). Al United no le alcanzaron dos semanas para quitarse ese baile blanco de la cabeza. Y con esa carga, con esa pesada carga psicológica, salió a jugar anoche.

Lo respetaron. El enorme respeto que le mostró el local agrandó a los españoles enseguida. Nunca Old Trafford, ni desde adentro ni desde afuera, pudo meter la presión que se esperaba. Y así el fondo blanco consiguió salir con mucha comodidad. Redondo se encontró muchas veces con la pelota y jamás tuvo a nadie cerca para apurarlo. Por eso fue lógico que el argentino se hiciera un festín. Pero que Redondo muestre su categoría para armar juego es normal. Lo que no es habitual es verlo soltarse desprejuiciadamente en busca del otro arco. Para que esto sucediera fue clave que Iván Helguera se parara como tercer central. Este movimiento táctico permitió que Redondo se liberara y llenara de esplendor el campo.

Que el Madrid saliera a jugar afuera igual que en casa provocó los nervios del Manchester. La prueba la dio su jugador más carismático: Roy Keane no le hizo caso a su arquero, que iba a quedarse con el centro de Michel Salgado, quiso despejar y le regaló el gol a los blancos. Recién después de estar abajo, y necesitado de dos goles, se vio algo del Manchester conocido. Sólo algo, que llegó de la mano de Ryan Giggs, quien pareció clavar cuchillos en la defensa visitante cada vez que encaró. Sin embargo, no pasó lo mismo del otro lado: Beckham se dejó intimidar por Roberto Carlos y no lo desbordó jamás. El chico lindo apenas se redimió cuando el partido estaba definido con un golazo (íqué golazo!) que fue el 1-3. Pero mientras se jugó por los porotos sólo apareció una vez por sorpresa, y por la izquierda, pero tapó Casillas, quien también le ahogó el grito a Yorke y Keane cuando el Manchester todavía veía factible la remontada.

El gran remate. En el segundo tiempo el Real Madrid salió decidido a rematar la faena a lo crack. íY cómo lo hizo! Primero fue Raúl el que controló de maravillas un pase McManaman y el que se despachó con una comba inatajable al segundo palo. Y dos minutos más tarde fue Redondo el que sacó de la galera más elegante una obra maestra con su sello. El argentino se lanzó con todo al ataque por la izquierda, quedó encerrado por Berg, pero se inventó un taco que descolocó al marcador y le permitió llegar libre a la línea de fondo. Fernando tuvo tiempo y lucidez para levantar la cabeza, ver solo a Raúl y servirle un centro atrás para el 3 a 0 que trajo la calma definitiva.

El fantasma de la pasada final de la Liga de Campeones, en la que el Manchester le ganó al Bayern Munich con dos goles en el descuento, mantenía mínimamente la expectativa. Pero fríamente el partido ya estaba terminado. Porque el Real Madrid se cerró muy bien, Redondo siguió ganándole la pulseada de capitanes a Keane y Raúl se mantuvo al acecho para aprovechar cualquier contra. Ni siquiera los goles de Beckham y Scholes le generaron dudas al Madrid. Desde hacía un rato largo el español era un equipo muy seguro, que no iba a dejar escapar la gloria conseguida a base de fantasía. La que pusieron Raúl y, sobre todo, Redondo, con una jugada para contar en todas las mesas de bar.




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