REAL MADRID CAMPEON DE EUROPA: FERNANDO REDONDO
"El título soñado"
Redondo se dio el gusto de ganar su segunda Liga de Campeones, algo que "no me dejaba dormir". Y hasta bromeó: "Todo salió redondo... Como mi apellido".


Fernando da la vuelta olímpica en Saint Denis y comparte el trofeo con Hierro.
PARIS (ENVIADO ESPECIAL). Quizá como una premonición, Jorge Valdano decía el martes: "Fernando Redondo no necesita ponerse la camiseta de Argentina para ser argentino, ni una camiseta con el número "5" para ser "5" (NdeR: en el Real Madrid juega con la "6"). Ama a la pelota, cree en los estilos, se siente heredero de los clásicos mediocentros rioplatenses y juega con esa vergüenza que caracteriza a la mejor raza de futbolistas. Hay un Redondo invisible, desconocido para la multitud, que convence a todo entrenador que tiene el privilegio de trabajar con él. Es el Redondo que, desde el ejemplo, es líder silencioso; el que se entrena con entusiasmo; el que dice lo justo; el que se pone la camiseta del Real Madrid sabiendo que hay una historia detrás; el que se siente futbolista mañana, tarde y noche; el que tiene un gimnasio en su casa para no dar ninguna ventaja; y, sobre todo, el que quiere siempre el balón y juega, aunque se venga el mundo encima, al grito de dame, tomá, te ayudo, tocá...".

Palabras que Redondo hizo realidad en la noche mágica de ayer en Saint Denis, cuando le escondió la pelota al Valencia y se erigió en el eje de su equipo. Más tarde, antes de partir para la cena del festejo que preparó el Real Madrid, bien peinadito, con zapatos relucientes, traje oscuro, corbata celeste sobre el fondo de su camisa blanca y la medalla de campeón colgada al cuello, dejó las primeras palabras públicas después de conquistar su segunda Liga de Campeones. "Estoy feliz. Es el título soñado muchas noches. Me quitaba el sueño lograr la octava Copa para el club. Es el trofeo de mayor trascendencia a nivel de clubes. Yo había jugado una final en Amsterdam, pero ésta era distinta porque se enfrentaban dos equipos españoles. Por cábala, quizá, traté de hacer lo mismo que hice hace dos años (risas). Y bueno, se me dio. Antes de salir al campo, en el túnel del vestuario, miré los ojos de mis compañeros y supe que no se nos podía escapar. Algo me decía que el partido era nuestro. El Valencia era un rival duro, pero sabíamos que en el medio no producía mucho fútbol. Si no cometíamos ningún error, las puertas se le cerrarían. Y así sucedió. Salió redondo, como mi apellido".

A pesar de su timidez, se lo veía cómodo delante de todos los micrófonos. "Hicimos un partido brillante. El equipo sacó su carácter y su espíritu ganador, algo que es innato en la historia del Real Madrid. En esto tiene mucho que ver Vicente del Bosque. Cuando agarró al equipo estábamos en una situación muy delicada y ahora logramos otra Copa de Europa".

Otra vez fue Príncipe en Europa. Pero Fernando mostró su costado débil y se emocionó al recordar... "Ahora me veo acá y recuerdo todo lo que pasó en mi vida desde que salí de Argentinos Juniors. Es casi increíble, porque he logrado por segunda vez la Copa mas prestigiosa del continente sin renunciar a mi fútbol, al fútbol que siento. Me vienen a la mente recuerdos muy bonitos. Y también los malos, porque de ellos aprendí. Este título es para los míos, para los que quiero, para los que creen en mí".

Todavia con el rostro rojo de tanto festejo, le restó importancia a los elogios sobre su actuación personal: "Hice lo que siempre hago". Que, por cierto, no es poco.


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