El último curso

Me deprimo al pensar en la estupidez del ser humano.
Siempre me engañan . Y yo creyéndome la mejor.
Desplegamos los libros con apatía. Comenzamos nada en los labios .Nada en la cabeza. De repente, mutismo. Era una señal. No la vi. Seguimos y era muy especial que hubiera relación. No quería saber nada de mi en los últimos años. No me enteraba. A veces parecía decirme algo. Quería dejar su negro y volver con su violeta. Pero no había sueño. La puesta es escena era fría, resignada. Seguimos y la Navidad lo hizo todo. Destapó la tristeza y la desesperación del silencio la obligó a cometer un grave error. Me contó la razón.
Se tomaron decisiones, hubo llantos y desesperación pero salimos ayudándonos en la lucha contra el maligno. Parecía que habíamos recuperado la antigua camaradería. De lo demás hacía bastante tiempo que nada quedaba. Por mi parte tampoco. El dolor y el odio se mezclaban en el razonamiento y eso no es lo que yo deseaba. Nos pusimos a trabajar con intención y una idea básica:salvar su relación de pareja. Y salvarlo a él de su propios miedos. Festejamos. Desobedecimos órdenes. Ignoramos presencias. Hablamos como auténticos loros y nos fuimos a nuestra casa a descansar. Pero mi enfermedad seguía y se desataron las neuras. Yo casi pedí ayuda. Pero no me ofrecieron nada. Sus labios amortiguaron los temores para lanzar las opiniones que nunca se habían dicho."eres muy orgullosa,no te interesaba nada de la intelectualidad cuando yo estuve en tu casa,eres falsa".Se contestaban mis observaciones con mentiras y apreciaciones mal observadas argumentando "la opinión de cada uno es tan válida como la tuya" y se volvieron a reproducir los viejos esquemas linguísticos o psicológicos de la inferioridad por la palabra expresada."Tu hablas muy bien". Nos encontramos en finales de agosto y estoy como un flan. Tu mente y la mía seguirán con su batalla, estoy segura.

Antonia Guerrero García.


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