LAS AVENTURAS DE MILOVAN
MICAELA
La conocí una noche en Villa Gesel. Yo estaba solo y había
salido a tomar algo. Después de recorrer algunos bares, me decidí
por uno. Me senté y pedí una cerveza. Ella estaba unas mesas
mas al fondo, con dos pibas y dos pibes. Enseguida note que miraba continuamente
para mi mesa. Entramos en uno de mis juegos favoritos, el de las miradas.
Casi ninguna me la resiste. Era pelirroja con el pelo por los hombros,
tenia ojos celestes y una dentadura perfecta. Su cara realmente me encantaba.
Cuando ya había pasado al wisky , se desocupo una mesa que estaba
entre las nuestras. Habían quedado tres vasos de cerveza con mas
de la mitad. Crucé un par de miradas con los pibes y uno de ellos
hablo primero. Era el morocho.
- ¿Se fueron los de aca? - pregunto.
- Parece que si.
- Bueno, nos dejaron la cerveza - y espero a ver que decía yo.
- Yo agarro una - dije - y si se arma quilombo ya somos más.
Ellos agarraron las otras y cuando estaba volviendo a mi mesa, el otro
pibe, el rubio, dijo que me sentara con ellos. Si no hubiese estado ella
seguramente no hubiera ido. Agarre mis dos vasos y me senté al
lado de la colorada. Les regale la cerveza a las chicas, me tome el wisky
y pedí otro.
Resulta que la colorada tenia quince años, pero su voz gruesa y
el desarrollo de su cuerpo la hacían aparentar mas edad. Su nombre
era Micaela. Tenia unas buenas tetas y su cara, ahora que la había
visto de cerca, me gustaba todavía más. Mantuvimos una conversación
fluida, lo cual a veces no me resultaba fácil. Al rato se quedo
sin puchos y dijo que iba hasta el kiosco. Llovía como la puta
madre. Yo como buen caballero, le dije que la acompañaba.
Salimos del bar y ni bien doblamos para la izquierda la puse contra la
pared y la bese. Nos quedamos un rato jugando con las lenguas y fuimos
en busca de tabaco. Había estado bien.
Cuando volvíamos del kiosco nos metimos en unos videos. Le compre
unas fichas y me divertí bastante. Mucho más de lo que pensaba.
Volvimos al bar y tomamos unas cervezas más. Una de las pibas se
había ido. Quedaron los dos pibes y la otra chica, que estaba con
el morocho. La piba también era morocha y también tenia
unos pechos bárbaros. Hasta mejor que los de la mía, pero
en cara no la superaba. Me entere que a las chicas les gustaba la marihuana
y no tenia ningún problema en ser su proveedor. Les dije que al
otro día podíamos ir a fumar a la playa de noche. La idea
les encanto y cada vez me gustaba mas Micaela.
Volví caminando con las chicas. Los pibes se fueron para el otro
lado. Ellas estaban parando a la vuelta de mi casa con los padres de Micaela.
Yo iba descalzo y con los corderos grises empapados. Nos separamos en
la esquina de mi casa. Nos besamos y me dijo que pase por la playa a la
tarde o que si no, nos veíamos a la noche en el bar.
La verdad que lo de la playa mucho no me gustaba. Odiaba esos encuentros
a la tarde. Odiaba sentarme a ver el mar rodeado de gente. Odiaba a los
pendejos corriendo y tirando arena. Odiaba las sombrillas que se volaban.
Odiaba a los bañeros. Al bronceador. A las gordas en bikini. Al
viento. A los castillos de arena. A los vendedores de choclo. A las aguas
vivas. A las tapiocas. Y a casi toda la gente que tenia cerca. Lo de la
noche me gustaba mas. Tomabas unos tragos, fumabas unas calas y todo terminaba
como pretendias.
Sin embargo, a la tarde fui a la playa a ver si la veía. Pase por
su balneario y no la vi. Me tire al mar y volví caminando por las
calles de adentro. Hice una cuadra y me las tope en la esquina. Era bueno
ver a tu chica sobria y que te siga gustando. Salude a la morocha y Micaela
me beso en la boca.
- Vamos a la playa, ¿venís?
- Vengo de ahí. Mejor nos vemos a la noche en el bar.
- Bueno, dale.
Me beso de vuelta y siguieron. Allá se iban esos ojos celestes
y esa dentadura perfecta escondiéndose detrás de esos mechones
colorados.
A la noche llegue al bar y estaban los pibes. Eran macanudos, unos buenos
pibes. No fumaban pero nunca decían que no a una cerveza, y empezaron
a desfilar las quilmes. Al rato cayeron las dos pibas. Micaela se sentó
al lado mío y me beso. La morocha se fue al lado del morocho. Seguimos
con la cerveza toda la noche. En un momento fui al baño y cuando
salí, Micaela estaba sola en otra mesa. Agarre mi vaso y me senté
con ella. Nos besamos y tomamos la cerveza. Cada vez la estaba pasando
mejor.
No se como nuestra charla derivo en que ella estaba con un chabon en Buenos
Aires que le llevaba diez años. Tenia veinticinco. Yo metí
la pata una vez más. El mismo borracho de siempre. Solté
algo como:
- ¿Te lleva diez años? ¿Que vos vas por ahí
y te garchas a cualquiera?
Yo hacia poco que había roto mi relación con Ana y después
me entere que ella estaba con un chabon siete años más grande.
Me puse loco, no lograba entenderlo. Yo ponía la excusa de la edad
pero creo que lo que más me molestaba era que no este conmigo.
Que estén con otro me hacia sentir más inseguro de lo que
era. Me ponía furioso y siempre me mandaba una cagada. Esta vez
no fue la excepción. Micaela se enojo y nos pusimos a discutir.
¿Que me importaba a mí lo que hiciera con su vida? ¿Que
derecho tenia yo de reprocharle algo? ¿Podía ser tan pelotudo?
Si.
La cosa se había calmado pero ya no era lo mismo de antes. Lo podía
presentir con solo mirarla, y me tenia que joder. Volví caminando
con las dos chicas y el morocho. El rubio se había ido a su casa.
Pasamos por la esquina de mi casa pero seguimos para acompañar
a las chicas. Yo iba totalmente ebrio y no sé porque pero me volví
a rayar. Me di media vuelta y volví a mi casa solo. La idea de
fumar en la playa y que termine todo como pretendía se había
esfumado, y era todo merito mío. ¿Podía seguir siendo
tan pelotudo? Si, si y si.
A la otra noche volví al bar y no había nadie. Espere en
la puerta. Aparecieron los pibes y empezamos con la cerveza. Nos habíamos
sentado afuera. Le pedí disculpas al morocho por no haberle hecho
la segunda la noche anterior, pero igual no estaba para nada enojado.
Pasaron las chicas con otras dos nuevas. Nos saludaron todas menos Micaela
que se quedo parada en frente de la mesa.
- Vos no saludas. - le dije.
Se estiro y me dio un beso en la boca. Les dijimos que se sienten pero
nos dijeron que iban al pub de al lado. Note a Micaela algo fría
y me sentía un boludo. Otra vez mi inseguridad me había
hecho perder una mina. Lo que no entendía era lo del beso en la
boca. ¿Acaso había alguna esperanza? No lo sabia pero después
de unas cervezas mas con los pibes quise averiguarlo.
Entre al pub donde habían entrado las pibas. Fui a la barra a sacar
la cerveza que te daban con la entrada y la divise sentada en una mesa.
Crucé la pista y me senté al lado.
- ¿Cómo andas, querés? - y le estire la cerveza.
- Andate, no me jodas más.
- ¿Seguís enojada por lo de ayer? ¿Entonces para
que me besaste?
- No tengo ganas de hablar, andate!
Me pare y antes de irme tire mi ultima frase:
- Te crees mucho y sos una pendeja tarada.
Mi orgullo no me permitía irme callado, pero yo seguía siendo
un pelotudo de 21 años que no podía cogerse a una pendeja
de 15.Volví al bar y los pibes seguían ahí. Me senté
y pedí otra cerveza.
Ahora que lo pienso yo era un ridículo. Me molestaba que Ana este
con un chabon que le llevaba siete años y yo me quería coger
a una piba que le llevaba seis y ni siquiera era mayor de edad. Mas que
ridículo me parece que era y sigo siendo un perverso simpático.
Ahora que estoy a punto de cumplir 24 me encantaría cojerme a una
de 15. Micaela, ojala no hayas crecido y algún día te vuelva
a encontrar.
PENSANDO
Estoy borracho,
borracho y sentado.
Pensando en
mujeres.
Me gustaria
pensar menos
y coger
mas.
A veces creo
que pensar
me cansa
mas.
Seria bueno cojer
y no escuchar
dudas existenciales.
“¿Te gusto?, ¿Pero vos me amas?”
Voces taladrantes
que reclaman
amor
donde no existe.
Voces taladrantes
que hacen falta,
para llegar a amarlas
o para
volverte mas loco.
Estoy borracho,
borracho y sentado.
Pero ya
no pienso
mas.
UN PENDEJO DE MIERDA
Recuerdo aquella noche a fines del 2001. Estaba con Lucio en
mi casa y éramos los únicos que salíamos. Acostumbrábamos
a quedarnos en casa hasta las 2:00 o 2:30 de la mañana y después
salíamos, ya con 3 o 4 wiskys encima cada uno. Esa noche no fue
la excepción, y después de los tragos y mi paso por el balcón
para fumar fuimos a lo de Pepe (cuando todavía se soportaba y no
era la mierda que es ahora).
Nos sentamos en la barra y pedimos una cerveza. Antes de terminarla, ya
estábamos sentados en una mesa que estaba enfrente nuestro. Había
dos chicas, una de 25 y otra de 28. La mas grande era la mas callada y
la menos atrevida. La otra, se prestaba mas para el juego. Tomamos otra
cerveza y después volvimos al wisky.
Yo miraba fijo a la más joven solo para molestarla. Me dijo que
tenia cara de loco y que parecía más grande (yo tenia 21).
Después me fui al baño, y desde la puerta le hice señas
para que venga. No vino. Me eché la meada y volví. Seguimos
tomando y charlando hasta que la otra dijo que se iba. Yo pense, “La
puta, nos cago la noche.”. Pero para mi sorpresa la mas joven dijo
que se quedaba.
Seguimos mezclando wisky y cerveza. Cuando nos fuimos, totalmente borrachos,
ya era de día, y como la chica era del barrio, nos fuimos todos
para el mismo lado. Frenamos en la parada del bondi, Lucio se tenia que
tomar el 60. Mientras esperábamos, yo estaba sentado en el banco
y Lucio se la estaba chamullando mas alejado sobre la calle. Llego el
60 y Lucio se fue.
Ahora era mi turno. Ella me dijo que vivía a tres cuadras y por
supuesto, yo la iba a acompañar. Ni bien doblamos en la primer
esquina la bese de prepo. No se resistió y nos quedamos un rato
jugueteando con las lenguas. Era un buen comienzo. Le dije de ir a mi
casa y acepto. Teníamos que caminar quince cuadras y hacia un calor
de cagarse.
Por fin llegamos, subimos y cuando entramos, vino a mi mente un mal recuerdo.
Hacia pocos meses había perdido 1.400 dólares y no me acordaba
ni como ni donde. Di vuelta toda mi casa pero nunca los encontré,
en esa época andaba bastante loco. Ahora tenia 500 pesos ahorrados
en el cajón del cuarto y por miedo a que me lo saque, los metí
en una carpeta y los puse en otro cajón. Después pasamos
los dos al cuarto, nos tumbamos en la cama y empezamos a besarnos. La
persiana estaba baja, se veía muy poco. Le subí la remera
y bese sus pechos. Sus pezones se endurecieron. Luego seguí bajando
y cuando quise sacarle el jean me freno. Volví a las tetas y mientras
seguía trabajando me saque los pantalones. Fui por el segundo intento
y no hubo caso. Yo no lograba entenderlo. La misma noche que me conoce
acepta venir a mi casa. Encima me deja que le cupe las tetas. Pero cuando
voy por el jean, me frena. Seguía sin entenderlo y cuando creía
que me quedaba sin nada, bajo y empezó a jugar con mi pito. Primero
lo toco, después lo beso y más tarde se lo fue poniendo
cada vez mas al fondo de su boca. Le puse una mano detrás de su
cabeza para marcarle el ritmo y con la otra ayudaba el sube y baja del
pene. Empezó a trabajar. Chup!Chup! Mi excitación aumentaba
a medida que su cabeza se movía con mayor rapidez. Chup! Chup!
No aguante mas, sentí como mis espermas salían de mis testículos
en busca de la luz y explote. Al sentir el golpe de mi leche en su paladar
aparto su cara. Pude ver como una gota de mi liquido espeso le caía
por su mejilla izquierda y se lo limpiaba con la almohada. Después
se levanto y fue al baño. Yo espere boca arriba, y cuando volvió
fui yo.
Mientras estaba en el baño me acorde de los 500 pesos. Salí
disparado y cuando abrí el cajón no estaban. Me había
olvidado por completo que los había cambiado de lugar. Entre a
revolver todo el escritorio y escuche su voz:
- ¿Que te pasa? - había notado mi cambio de actitud.
- Nada - dije.
- ¿Porque estas así?
- No pasa nada.
- Algo te pasa.
Lo tuve que soltar, aunque sabia que le iba a caer mal.
- Perdí 500 pesos, ¿no los vistes?
- Que te pensás que me llamo 500 pesos - respondió enfurecida.
Le quise explicar que estaba paranoico por lo que me había pasado
hacia unos meses, pero no quiso escucharme. Cuando me acorde del cambio
de lugar y los encontré, ya estaba cambiada diciéndome,
“Abrime, sos un pendejo de mierda.”. No hubo forma de hacerla
cambiar de idea. Bajamos por el ascensor y le abrí la puerta. Cuando
se iba caminando tire mi ultima frase:
- No es así, no es lo que pensás.
Siguió caminando. Era así, pensaba que era un pendejo de
mierda y tenia razón.
POR UN TAJO
Todos sabemos
que mas de
uno ha matado
por un tajo.
Se que yo mismo
podria matar
a alguien
por conseguir uno.
De una forma u otra
parece que las mujeres
siempre conducen
a un solo lado.
La muerte.
Conmigo todavia
no lo han conseguido,
pero estoy dipuesto
a que sigan
intentando.
MILOVAN
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