ENTREVISTA A ERIC HOBSBAWM
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> "Estuve en el lugar exacto, en el momento justo"
>
> De cómo la militancia favorece a las ciencias. De cuánto influye en la
historia  el factor sorpresa. De las consecuencias del colapso socialista. Se cómo
 seguirá el mundo, según el mayor historiador vivo.

Nos encontramos en un despacho del Birbeck College, London University,
donde  Eric Hobsbawm dictó clases durante treinta y cinco años hasta su
jubilación en 1982. Característicamente, está leyendo El País, que "tiene una buena
cobertura de Latinoamérica"; no hubiera sido sorprendente descubrirlo con un
ejemplar de Die Zeit, Le Monde o La Stampa. Políglota, cosmopolita, Hobsbawm es una
figura intelectual bastante atípica en Gran Bretaña. En su reciente libro de
memorias, Interesting Times (que bajo el título Años interesantes. Una vida en el
siglo XX Crítica distribuye el martes en España y el mes próximo en Argentina),
admite que se ha "sentido en casa en muchos países", pero que siempre ha
sido "alguien que no pertenece del todo al lugar donde se encuentra, ya
sea como como inglés entre centroeuopeos, immigrante del continente en Gran
Bretaña o judío en todas partes y en particular, de hecho, en Israel" (Hobsbawm es
un famoso antisionista). La biografía de Hobsbawm es en sí históricamente
interesante y, como dice en su nuevo libro, impensable en otro siglo que
el veinte. Nacido en Alejandría de padre inglés y madre vienesa, criado en
Viena y Berlín, emigró a Inglaterra a los dieciséis años, donde luego cursó
estudios en la universidad de Cambridge. Como historiador, siempre favoreció una
visión internacionalista, desde los primeros trabajos como Rebeldes primitivos
(1959) hasta la famosa trilogía sobre el siglo diecinueve, culminando en el
magistral Historia del siglo XX (1994).

Años interesantes se extiende desde la infancia en Viena hasta más o menos
fines del 2001. No se trata, sin embargo, de un libro de memorias
privadas, sino más bien de un autorretrato del hombre público y de su tiempo.
Hobsbawm, de hecho, las caracteriza como el "reverso" de Historia del siglo XX, en
tanto los acontecimientos allí estudiados han dado forma a sus experiencias.
"Busco entendimiento histórico, no que me aprueben, estén de acuerdo o simpaticen
conmigo", agrega. No siempre el entendimiento es sencillo, sin embargo.
Hobsbawm ha estado, en palabras de Antonio Polito, "poseído por uno de los
grandes demonios del siglo veinte: la pasión política"; su decisión de
permanecer en el Partido Comunista después de 1956 todavía hoy resulta
problemática. En favor de Años interesantes, puede decirse que presenta
éste y otros casos con una integridad ejemplar.

Al final de su capítulo sobre su vida entre colegas e intelectuales,
Hobsbawm cita a su amigo Pierre Bourdieu, que una vez dijo: "Veo la vida
intelectual como algo más cercana a la vida del artista que a la rutina de la
academia...De todas las formas de trabajo intelectual, el oficio de sociólogo es sin
duda el que me ha dado felicidad, en todo sentido de la palabra". Hobsbawm
anota: "Reemplacemos sociólogo por historiador y digo amén". Un
historiador materialista diciendo amén no es cosa de todos los días, pero, por
supuesto, tampoco lo es Eric Hobsbawm.

Leyendo su autobiografía uno tiene la sensación de que a lo largo del
siglo veinte ha estado en el momento justo en el lugar justo: Viena en
entreguerras,
> Berlín cuando Hitler asumió el poder, Gran Bretaña durante la segunda
guerra
> mundial, Latinoamérica en los sesenta y setenta, París en mayo del 68.
¿Cuanto
> hay de la maldición china: ''Que te sea concedido vivir en una época
> interesante'', en los tiempos que a usted le tocaron vivir?
>
> -Estuve en algunos de los lugares exactos en los momentos justos. Si uno
ha
> vivido lo suficiente en la Europa del siglo veinte, es casi imposible no
haber
> estado presente en lugares históricos en momentos históricos. He tenido
suerte.
> ¿Han sido los tiempos interesantes en el sentido chino? Sin duda. Aún no
> sabemos si el siglo veinte es más interesante que el veintiuno, pero el
> veintiuno no empieza de manera muy prometedora.
>
> -Estamos nuevamente en una coyuntura sorprendente. ¿Qué importancia ha
tenido
> la sorpresa para usted como historiador?
>
> -Creo que el elemento sorpresa varía de época en época. Entre guerras, por
> ejemplo, prácticamente nadie en Europa dudaba que iba a haber otra guerra,
y
> estaba claro entre quiénes iba a ser la guerra: Alemania y sus oponentes.
Por
> otra parte, en la segunda parte del siglo veinte hubo muchos más elementos
> sorpresa, en el sentido de impredecibilidad. Algunos hechos no fueron
> previstos, como por ejemplo la rebelión estudiantil del 68, que tuvo
serios
> efectos políticos. Otros fueron inesperados, pero no necesariamente
> imprevistos, como el final de la Unión Soviética. Todo el mundo sabía que
la
> URSS se iba a pique, pero nadie previó la velocidad con la que iba a
> desintegrarse. Es cierto también, que algunos elementos sorpresa dependen
de
> contingencias por definición impredecibles. Por ejemplo, quizá si hace dos
años
> hubiera habido unos pocos miles de votos más y Gore hubiera sido elegido
> presidente de los Estados Unidos, ahora no nos encontraríamos en medio de
una
> crisis bélica sobre Irak. En ese sentido, como historiador uno reconoce
más y
> más la importancia de estos accidentes históricos en ciertas
circunstancias.
> Pero no creo que, en general, esto torne imposible discernir tendencias a
largo
> plazo: por ejemplo, el ascenso del poderío norteamericano a escala global
y la
> afirmación de la hegemonía norteamericana.
>
> -En uno de los artículos incluidos en Sobre la historia usted argumenta
que la
> ideología es capaz de hacer avanzar a las humanidades. ¿De qué manera su
> militancia de izquierda ha sido productiva en el momento de escribir
historia?
>
> -Hay que distinguir tajantemente entre partidismo político e intelectual.
El
> tipo de partidismo que lleva a los políticos a negar ciertos hechos es
algo
> absolutamente inaceptable. Pero es cierto que el partidismo ha aguzado la
> atención de algunos sectores y los ha llevado a buscar nuevas
explicaciones o
> ver cosas que antes no se habían visto. En las ciencias naturales esto es
> evidente. No me cabe duda, por ejemplo, que para muchos físicos,
astrónomos y
> biólogos la crítica de la religión, incluso la hostilidad a la religión,
ha
> sido un elemento muy poderoso que los llevó a investigar el origen de la
vida u
> otros temas afines. Hay muchos ejemplos de científicos en esta línea, en
este
> momento. Quizás ahora no sea tan común, pero en el siglo diecinueve, el
> partidismo era un incentivo muy poderoso para que los científicos
investigaran
> cosas que la religión y las convenciones sociales proscribían. En lo que
hace a
> los historiadores, o en lo que hace a mi tipo de Historia, la ideología me
ha
> ayudado a descubrir nuevos campos. Sin duda la historia de la clase
trabajadora
> y sus movimientos, o la historia del campesinado, ha encontrado a sus
pioneros
> en gente que simpatizaba con las causas políticas de esas clases. Lo mismo
es
> cierto con respecto a la historia feminista. La militancia es importante
en
> tanto ayuda a criticar las convenciones y reglas aceptadas. En última
> instancia, aunque las respuestas sean erradas, la crítica sigue siendo
válida.
>
> -Estamos pasando por un momento de gran interés público por la historia.
Usted
> mismo ha contribuido a la ampliación del campo. ¿Es éste un período de
> renacimiento en la escritura histórica?
>
> -Existe una demanda por parte de los lectores de historia. Esta demanda es
> particularmente grande hoy día porque la sociedad contemporánea tiende a
ser a-
> histórica, no anti-histórica. Nuestra tecnología trata de resolver
problemas
> aquí y ahora, no importa el pasado. Nuestra sociedad de consumo trata con
> demandas y deseos actuales, sin tener en cuenta el pasado, salvo quizás
como
> fuente de inspiración para la moda, pero no como importante en sí mismo. Y
esto
> va en contra de la sensación profunda e inherente a la experiencia humana
de
> que estamos enraizados en el pasado, ya sea en el pasado de nuestras
familias,
> ya sea en el pasado nacional: no existimos sólo ahora. Uno no puede
entender
> quién es a menos que entienda de dónde viene. Hace dos años, por ejemplo,
> cuando en Gran Bretaña se descalificaron los archivos de 1901, durante las
> primeras semanas
>
> no se podían acceder a los sitios en Internet debido a la cantidad de
gente de
> este país que quería investigar simultáneamente qué habían estado haciendo
sus
> ancestros en 1901. Si existe esta demanda de historia en la base, debe
> traducirse en la demanda del género histórico, lo que ha sido reconocido
por
> las editoriales y por algunos historiadores.
>
> -¿Ese interés social se tradujo en el desarrollo de la disciplina?
>
> -Desde el punto de vista de los historiadores, no estoy seguro de que
estemos
> en un período de florecimiento. Probablemente volvamos a estarlo. Pero me
da la
> impresión que en los 50, los 60 y a principios de los 70 hubo un período
más
> positivo en el desarrollo de la Historia. Entonces había un amplio
consenso en
> cuanto a postular las grandes preguntas históricas y tratar de encontrar
las
> respuestas. Mientras que en este momento, la tendencia es la opuesta. Creo
que,
> paradójicamente, el desarrollo de la ciencia, en especial la biología, el
> estudio del ADN, nos llevará en las próximas dos décadas a un enorme
revival de
> la historia como una parte de la historia evolutiva de la humanidad.
Ahora, a
> través de métodos científicos, es posible datar el desarrollo de la humani
dad
> como nunca antes. Esto nos permite ver la historia en una perspectiva
nueva; lo
> que concebimos como Historia, virtualmente todo aquello desde los primeros
> registros escritos, la invención de la agricultura, las ciudades, el uso
de los
> metales y demás, es un período increíblemente breve de la historia de la
> especie humana. Y la velocidad con la que se desarrolló es, de acuerdo con
> estándares geológicos, apenas un parpadeo: unos diez mil años. De manera
que
> debemos reconocer a la Historia como una disciplina específica que se
ocupa de
> los cambios y las interacciones de los seres humanos en este período
> increíblemente breve. Y eso será muy alentador.
>
> -Uno de los temas que aparecía en Historia del siglo XX y reaparece en
Años
> interesantes es la depolitización de las nuevas generaciones. ¿Cuáles
serían
> para usted los efectos de esta tendencia?
>
> Es difícil decirlo con certeza. Para empezar, siempre hay fluctuaciones.
Por
> ejemplo, en la época en que yo pertenecía a la universidad hubo períodos
de
> radicalización, como por ejemplo los 30, después lo contrario en los 50 y
de
> nuevo la radicalización a fines de los 60 y 70. No hay nada sorprendente
en
> cuanto a encontrarnos en un período de despolitización; uno no asume que
durará
> permanentemente. Al mismo tiempo está claro que cuando hablamos de
politización
> masiva no siempre estamos hablando de masas. Las movilizaciones masivas
son aún
> posibles. La movilización política es más difícil. Creo que esto va a ser
un
> gran problema, porque sin movilizaciones en favor de causas públicas, es
> difícil pensar cómo van a suceder los cambios excepto en favor de aquéllos
que
> ya tienen el poder.
>
> -¿Cree que hace falta una intelectualidad activa detrás de los movimientos
del
> presente?
>
> -No hay grandes ideologías políticas de izquierda, si a eso se refiere. La
> mayor debilidad es el colapso de la ideología de izquierda en su función
> reordenadora de la sociedad; y no me refiero a la extrema izquierda, sino
a
> todas, de los moderados socialdemócratas en adelante. Es interesante
observar
> que la única personalidad pública de gran importancia que se declarado
> persistentemente en contra del capitalismo es el Papa, que a diferencia de
los
> estadistas, no está obligado a explicar cómo contrarrestarlo. Otro
problema es
> que, en el pasado, las movilizaciones estaban orientadas exclusivamente al
> territorio nacional, al Estado y el "internacionalismo" era parte de la
> retórica. Un problema político hoy día es cómo se puede operar en una
sociedad
> transnacional al mismo tiempo que dentro del Estado. Quizás hay modos en
los
> que se promueven campañas y política transnacionales, pero en este momento
aún
> no hay una forma de política para una sociedad transnacional.
>
> -La "desintegración de los viejos patrones de las relaciones humanas", ya
> aludida en su Historia del siglo XX como efecto de la revolución cultural,
> reaparece también en Años interesantes. ¿Le preocupa que en un momento en
que
> las utopías han muerto, la única utopía posible sea la individualista?
¿Influye
> esto en su pesimismo respecto de EE.UU.?
>
> -Usted dice que no hay más utopías. Creo que sí las hay, la gente no puede
> vivir sin utopías. Pero una utopía puramente individual no es, en efecto,
una
> utopía social. La idea de una sociedad justa no está muerta sino que, por
el
> contrario, me parece que está resurgiendo. En cuanto al imperio
norteamericano
> no me entusiasma, e incluso veo al viejo imperio británico con más
entusiasmo
> porque el imperio británico tenía conciencia de sus limitaciones. La
enfermedad
> industrial de los grandes poderíos militares es la megalomanía. Y no hay
duda
> de que decir "si las Naciones Unidas no hacen lo que nosotros creemos que
> corresponde, entonces se exponen a..." es una visión megalómana, que
implica
> que hay sólo una forma de ver el mundo, es decir, desde Texas.
>
> -Usted participó activamente de la izquierda y permaneció en el Partido
> Comunista Británico hasta su disolución en 1991. ¿Se siente orgulloso de
haber
> asistido a una de las ideologías centrales del siglo veinte?
>
> -Creo que el orgullo no incidió en ello. Uno aceptó la historia como era.
Al
> mirar atrás, creo que no hubiera podido tomar una decisión muy distinta de
la
> que yo y otra gente tomamos en los años 30 y los 40, incluyendo la de
unirme al
> Partido Comunista. El PC era entonces una organización con una increíble
> capacidad para cambiar la sociedad, con la habilidad de lograr cosas en
> situaciones históricamente dramáticas, trágicas, catastróficas. Creo que
no fue
> difícil quedarse en el partido después del período inmediatamente
posterior a
> la Segunda Guerra y el principio de la Guerra Fría, porque cuando EE.UU.
> adquirió el monopolio de las armas nucleares se necesitaba un contrapeso.
En
> cuanto al resto, dependía de si uno tenía una visión nacional o global del
> mundo. Si uno tenía una visión global, como obviamente mucha gente del
Tercer
> Mundo, liberar estados colonialistas independientes del imperialismo
parecía
> ser una gran necesidad. Creo que en varios países, tarde o temprano, la
mayoría
> de la gente decidió que el proyecto original del comunismo -el de la
revolución
> mundial- no iba a funcionar, ni en la Unión Soviética ni en sus países
> particulares. Y en ese sentido, las razones para continuar en ese tipo de
> movimiento se debilitaron. Por otra parte, uno podía creer que se trataba
aún
> de algo deseable y necesario. De haber estado en España en época de
Franco,
> probablemente todos los que no son ahora comunistas hubieran formado parte
de
> la resistencia comunista o la hubieran favorecido, porque era de lejos la
más
> eficiente y efectiva. Una vez que se lograron los objetivos, la situación
> cambió. ¿Me arrepiento de mi pasado? No. ¿Hubiera podido dejar de ser
comunista
> en ciertos períodos? Quizá lo hubiera hecho por razones puramente
personales
> que no tienen nada que ver con mis actividades políticas o como
historiador. No
> creo que éste sea un elemento importante de mi biografía.
>
>
>
> Clarín cultura