El peor escenario
Mónica Zalaquette
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El peor escenario que podría resultar de la crisis institucional latente es el derrocamiento “técnico” del gobierno del presidente Bolaños, es decir el avance de la hegemonía del bipartidismo en la conducción de todos los poderes, que acabaría con las esperanzas de contar con un estado de derecho en Nicaragua.
Tanto si se da de golpe, es decir con la destitución del presidente, como si se produce por asfixia lenta, la posibilidad de restarle facultades al ejecutivo irá en proporción directa con el retorno al estado de ilegalidad institucionalizada que prevalecía con el gobierno de Alemán, es decir al alegre atraco a los recursos nacionales.
Hablamos del ambiente que se vivía cuando se desviaban con el descaro más tranquilo los fondos destinados a las víctimas del Huracán Mitch, de la actitud desalmada gobernando impunemente Nicaragua. Hablamos de la posibilidad de que la mentira sistemática reemplace cualquier posibilidad de transparencia y que el crimen organizado se sienta a sus anchas.
A estas alturas pocas personas creen que se puede adherir incondicionalmente a un partido o a un dirigente político. Si algo bueno dejó el desfalco a la nación cometido bajo el gobierno de Alemán es que obligó a muchos a fiscalizar las acciones y la coherencia de los políticos, a observar quien es quien en los partidos y a optar por las personas que proyecten la actitud más verosímil, por encima del discurso oficial.
Por eso, creo yo, las encuestas reflejan que una mayoría aceptó las explicaciones del presidente Bolaños respecto a los delitos electorales de que se le acusan, hechas en su comparecencia del lunes pasado. Porque si bien el gobierno actual ha cometido errores y puede ser criticado en muchos aspectos, representa un salto cualitativo inmenso respecto a la barbarie ética y jurídica que se vivió bajo la administración pasada.
Podemos reprocharle a este gobierno la falta de cohesión del gabinete y la continua remoción de sus miembros, su perfil excesivamente empresarial, la poca relevancia que ha brindado a los problemas sociales y el débil contacto que ha mantenido con los sectores más vulnerables de la población. También se le puede cuestionar al presidente su tendencia a entrar en el juego del dime que te diré, y a desgastarse en conflictos lo hacen abandonar una postura de estadista al cobrar un cariz personal.
Pero los esfuerzos del presidente y su equipo contra la corrupción proyectan una intencionalidad sincera y merecen el mayor de los respetos, como también su apertura a escuchar las opiniones y sugerencias de distintos sectores, independientemente de su procedencia. Sin haber votado por él, me sumo a quienes consideran que el Presidente ha comprendido mejor que otros la urgencia de consolidar un estado de derecho, y a la impresión de esa mayoría que después de su comparecencia considera que su vocación de servicio es razón suficiente para darle un voto de confianza.
Previendo que el combate entre los poderes del Estado apenas empieza, se hace necesario tomar una clara posición a favor de nuestra precaria institucionalidad, para evitar que esta andanada de argucias jurídicas que nos está cayendo encima termine por desalentar a la gente, y destruir la posibilidad de aportar con argumentos sólidos al desarrollo de una cultura judicial.
Justamente eso es lo mejor de la crisis reciente, que sin pretenderlo esté contribuyendo a formar en la población una conciencia jurídica, a promover el interés por las cuestiones del derecho, y a rescatar los devaluados valores de la transparencia y la honestidad.
Al oír a las figuras más estridentes del PLC y el FSLN afanados en convencernos de su amor por la transparencia y la probidad, es inevitable reflexionar en la ingenuidad de algunos personajes que siguen apostando a la estupidez de un pueblo tan escarmentado por décadas de enfrentamientos, y en verdad fogueado como pocos en sus triquiñuelas.
Sin proponérselo, la mezquindad de los políticos se ha constituido en una verdadera escuela sobre lo que ya no se quiere en el país, sobre los escenarios deseables y los indeseables, sobre la importancia de la participación individual, la renovación política y el voto responsable.
(Nota de la redacción: artículo originalmente publicado en Confidencial de la Semana de Octubre 27. No esperamos censura.)