
DISCREPANCIAS ENTRE FAMILIARES
DE PEDRO J. CHAMORRO CARDENAL
Roberto Zelaya Blanco - 01 de Febrero del
2000

I
El 10 de enero corriente se cumplieron
22 años del asesinato del Doctor Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal, director-propietario del diario
"La Prensa", de Nicaragua, en ese entonces.
Mucho se ha escrito al respecto, pero todavía persiste
la incógnita acerca de quiénes fueron los verdaderos
autores materiales e intelectuales de tal crimen político,
utilizado como detonante de la insurrección sandinista,
proceso a través del cual el Frente Sandinista atrajo
como grupos subordinados de una coalición de fuerzas
políticas y sociales a un buen número de empresarios
nicaragüenses y a los sacerdotes comprometidos con la
Teología de la Liberación.
Este crimen tomó por sorpresa al
Gobierno del General Somoza Debayle y a su aparato
policial y de seguridad. Pero desde el primer momento
dio la impresión que estaban al tanto de lo que ocurría
en las primeras horas de la mañana de ese 10 de enero
de 1978, muchos diplomáticos de servicio en nuestro país,
corresponsales de prensa extranjeros y medios noticiosos
del mundo entero coludidos con el terrorismo
internacional. Todos tenían una consigna previamente
distribuida por quienes manejaban los hilos de tan
macabra conspiración contra el gobierno y pueblo
nicaragüense: Quien mandó asesinar al Doctor Pedro
Joaquín Chamorro Cardenal fue Anastasio Somoza Debayle.
Fue una bola de nieve que a medida que
transcurría el tiempo aumentaba de tamaño. Por otra
parte, el gobierno de Somoza Debayle perdió el control
de la situación y desde un comienzo fue incapaz de
evaluar las consecuencias que dicho crimen traería para
el futuro del Partido Liberal Nacionalista, Guardia
Nacional de Nicaragua, otras instituciones y miles de
sus simpatizantes.
Salvo honrosas excepciones, a ninguna
persona del círculo íntimo del gobernante -funcionarios
gubernamentales, altos jefes militares y amigos
personales-, se le ocurrió que quienes planearon y
ejecutaron tal atentado criminal fueran los propios
sandinistas, contando con la ayuda de quienes deseaban
que Nicaragua cayera en manos del bloque soviético-cubano.
Aunque parezca mentira, el Director y Sub-Directores de
NOVEDADES, recibieron la orden de no publicar ninguna
noticia, crónica o comentario editorial donde se
involucrara al Frente Sandinista en dicho crimen.
Los Magistrados de la Antigua Roma,
cuando investigaban la comisión de un crimen, lo
primero que hacían era preguntarse a sí mismos, ¿a
quién beneficia la realización de este crimen? En
enero de 1978, ¿a quiénes beneficiaba el asesinato del
Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal? Al Frente
Sandinista; al grupo de empresarios que deseaban
reemplazar a Somoza para lograr la reproducción
ampliada de sus capitales desde el interior del aparato
del Estado; al grupo de falsos campeones de la
democracia representativa latinoamericana, encabezados
por José López Portillo, de México y Carlos Andrés Pérez,
de Venezuela, deseosos de utilizar parte de los recursos
generados por el "boom" petrolero de los años
70 para adquirir el control financiero de la Región
Centroamericana, en una clara manifestación de política
sub-imperialista y, finalmente, la Administración de
Jimmy Carter, con su nefasta política de derechos
humanos selectivos, enmarcada dentro de una estrategia
de endosarle el mantenimiento de una serie de países a
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)
-Angola, Mozambique, Etiopía, Yemen del Norte,
Somalia-, a fin de que el colapso de la estructura económica
trajera consigo el colapso de la estructura política,
como en efecto ocurrió con la perestroika, el glasnot y
el derrumbe del Muro de Berlín. Pero de ninguna manera
beneficiaba a Somoza Debayle ni a su gobierno.
En agosto de 1977 se reunieron en la
residencia de Monseñor Sergio Méndez Arceo, Cuernavaca,
México y conocido como el "Arzobispo", una
serie de personas que representaban diferentes intereses
pero tenían algo en común: todos deseaban la
desaparición de Somoza Debayle, de la Guardia Nacional
de Nicaragua, del Partido Liberal Nacionalista y que una
organización dependiente del territorio internacional
tomara por asalto el poder en nuestro país. Por el
Frente Sandinista asistieron Sergio Ramírez Mercado y
José Benito Escobar. Se planificaron entonces las
acciones insurreccionales de octubre de 1977,
consistentes en asaltos a los cuarteles militares de San
Carlos, Río San Juan; Santa Clara y San Fernando, en el
norte del país, lo que sumado a acciones de masas en
las principales ciudades de la zona del Pacífico y
rebeliones militares, más las presiones diplomáticas,
darían como resultante la renuncia del General Somoza
Debayle y mediante depuraciones sucesivas de los
efectivos de la Guardia Nacional y su reemplazo por
guerrilleros y terroristas sandinistas, se alcanzarían
los objetivos propuestos. Pero todo esto fracasó
lamentablemente, porque los sandinistas no pudieron
mantener ninguna posición; tampoco se produjeron las
acciones de masas esperadas ni las rebeliones militares.
Fue entonces cuando llegaron a la
conclusión que la muerte de agitadores estudiantiles,
sindicales o la de terroristas urbanos caídos en
combate con patrullas de la Guardía Nacional, carecían
de significado para iniciar el ciclo trágico de la acción-represión-
reacción, las que dan lugar a las verdaderas acciones
de masas, haciendo posible que las premisas objetivas de
la revolución marxista coincidieran con el factor
subjetivo.
"Utiles después de muertos",
es el nombre de un libro escrito por el ex -comunista
guatemalteco, Carlos Manuel Pellecer. Narra la forma en
que los comunistas cubanos del Movimiento "26 de
julio" y los viejos ñángaras del Partido
Socialista Popular, asesinaban a dirigentes
estudiantiles y sindicales que no eran comunistas,
endosando la autoría de tales asesinatos a las fuerzas
de orden o militares o simplemente denunciaban sus
escondites a la policía secreta de Batista, para que
Ventura Novo y Carratalá procedieran a eliminarlos. El
resultado era siempre el mismo. Disminuir el número de
luchadores democráticos que a la hora del desplome del
régimen de Batista, reclamarían una cuota de poder,
utilizando sus muertes para producir acciones de masas y
dar inicio al ciclo trágico de la violencia
revolucionaria, acción-represión-reacción.
Esto mismo fue lo que decidieron quienes
se propusieron que Nicaragua cayera en manos del
terrorismo internacional. Asesinar a un dirigente de
oposición, teniendo todo preparado para que a la hora
de su muerte, el aparato político-ideológico del
terrorismo internacional estuviera alertado para acusar
al gobernante de turno. Después de eliminar algunos
nombres, seleccionaron al Doctor Pedro Joaquín Chamorro
Cardenal.
Todos conocen lo que ocurrió después
del 10 de enero de 1978 y el proceso a que fueron
sometidos Silvio José Peña Rivas, Silvio Vega Zúñiga,
Harold Cedeño, Domingo Acevedo Chavarría, Juan Ramón
Acevedo Medina, etc. Las consideraciones anteriores
responden al interrogante, ¿por qué escogieron al
Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal?
Fui capturado el 24 de julio de 1979 y
al día siguiente, ubicado en una celda conocida como la
de los "burgueses", antigua Central de Policía
de Managua, llamada pomposamente, Centro de Detención
"Ajax Delgado", Contiguo a ésta existía otra
celda análoga, separadas por una pared de ladrillo en
la que habían practicado un agujero como de unos 25
centímetros de diámetro, de manera que los recluidos
en ambas celdas podían conversar e intercambiar
alimentos y cigarrillos. En la celda contigua estaban
ubicados los anteriormente mencionados, excepto Silvio
Vega Zúñiga.
A eso de las 10:00 A.M. del 29 de julio
de 1979, se apareció el pintoresco y folklórico
Comandante "Cero", Edén Pastora Gómez. Su
tarjeta de presentación era siempre inconfundible, una
buena ración de granadas lacrimógenas. Disipados los
vapores y escoltado por unos 20 sandinistas armados de
ametralladoras norteamericanas Lewis, de disco, ordenó
que abrieran la celda en que se encontraba Peña Rivas,
estableciéndose entre ambos un intercambio de
impresiones, sumamente interesante para llegar a
conclusiones muy diferentes a las que tienen muchas
personas sobre el asesinato del periodista, Chamorro
Cardenal. Estos intercambios fueron escuchados por los
doctores Pablo Rivas Ampié, Zamir Zapata Toval, Abraham
Rossman, Coronel Noel González, Coronel Edmundo Rocha
Tercero, Humberto Aguilar Chamorro, Oscar Villalta Roa,
Phil Bush, etc.
Pastora Gómez comenzó diciéndole lo
siguiente a Peña Rivas: "Anoche hubo una reunión
entre la Dirección Nacional del Frente Sandinista y la
familia Chamorro. Decidieron anular el proceso a que
fuiste sometido durante la dictadura somocista. Serás
sometido a un nuevo proceso, a fin de que involucres de
manera que no quede lugar a dudas que fueron Anastasio
Somoza Debayle y su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero,
los que te contrataron y te pagaron para que asesinaras
a Pedro Joaquín".
Peña Rivas replicó diciendo que ya lo
habían juzgado y condenado a 30 años de prisión y que
lo mejor que podían hacer era dejarlo tranquilo y
cumplir la respectiva condena, porque mantendría
siempre lo que ya había declarado con anterioridad.
Entonces, Pastora Gómez, bastante
molesto le explicó que poco importaba su criterio,
porque se encontraba en manos del Frente Sandinista y ya
estaba acordado con la familia Chamorro que anularían
el proceso en que tanto él como resto de los asociados
fueron condenados y que todos serían debidamente "preparados",
para que sus declaraciones sirvieran a los propósitos
de la revolución popular sandinista: desacreditar para
siempre el somocismo y el capitalismo en Nicaragua,
allanando el camino para el establecimiento de la
dictadura revolucionaria del proletariado. Cuando este
antiguo compañero de ruta de los sandinistas salía de
la celda, alcanzó Peña Rivas a preguntarle, en otras
palabras, ¿pretenden que sea la tercera base del equipo
de la revolución? Recibió una respuesta afirmativa.
A eso de las 10:00 del 8 de agosto de
1979, Tomás Borge Martínez, Ministro del Interior,
acompañado de una escolta impresionante de esbirros de
la Seguridad del Estado ingresó a la celda en que se
encontraban Silvio Peña Rivas y asociados en el Centro
de Detención "Ajax Delgado", sacándolos con
violencias físicas y toda clase de ofensas, gritándoles
que con él y con la revolución no jugarían como lo
hicieron con Somoza y sus secuaces. Partieron con rumbo
desconocido y no fue sino hasta finales de abril de
1980, que me encontré nuevamente con este grupo, pero
ya para entonces en la Cárcel "Modelo", de
Tipitapa, rebautizada como Centro de Rehabilitación
Social y Política "Jorge Navarro".
Pero ya para entonces, conocía algo más
del asunto "Chamorro Cardenal". A primeras
horas de la mañana del 11 de octubre de 1979, estaba en
una celda del Centro de Detención "Ajax
Delgado". Entre los compañeros de celda recuerdo a
los médicos Pablo Rivas Ampié y Zamir Zapata Toval, el
que había sido jugador del equipo de base-ball",
León"; los abogados, Francisco Saborío Morales y
Germán Saborío Barreto; el Licenciado Humberto Ramírez
Otero, compañero de estudios de primaria y secundaria
en el Instituto Pedagógico de Varones de Managua, etc.
Llegaron a sacarme de la celda dos mercenarios rojos
argentinos, conocidos únicamente por sus pseudónimos
operativos, Che Walter y Che Manuel, dirigiéndonos a
una especie de oficina donde a veces trabajaban miembros
de una misión de asistencia técnica enviada por Omar
Torrijos Herrera, hombre fuerte de Panamá y en otros
casos, servía de sala de torturas.
Los dos esbirros argentinos comenzaron
preguntándome cuál era el motivo real de mi enemistad
con el Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Les
manifesté que fundamentalmente se originó en que él
permitió que durante algunos años -en el periódico de
su propiedad-"La Prensa", se me atacara de
manera indiscriminada con crónicas anónimas, sin
ninguna firma responsable y que entonces, le replicaba -aunque
con mi firma-, desde el periódico "Novedades",
perteneciente a la "Sucesión Somoza".
Replicaron diciendo que todo eso era una cortina de humo
y que mi verdadera labor consistía en difamar el
movimiento revolucionario mundial, atacar el proceso de
liberación nacional del pueblo nicaragüense y de común
acuerdo con los oficiales operativos de la CIA -provistos
de fachada diplomática en la Embajada de los Estados
Unidos-, comportarme como el ideólogo del reencauche
del somocismo y que también había participado en la
elaboración de planes estratégicos de explotación de
la clase trabajadora nicaragüense, de común acuerdo
con la burguesía somocista y todos aquellos que para
mantener sus privilegios estaban dispuestos a apoyar los
designios del imperialismo yanqui, el "somocismo
sin Somoza", como una fórmula desesperada de
abortar el triunfo de las fuerzas políticas y sociales
vanguardizadas por el Frente Sandinista. Terminaron
afirmando que las investigaciones realizadas hasta ese día
-11 de octubre de 1979-, conducían a una única
conclusión: ser el centro de gravedad de un triángulo
siniestro constituido por Anastasio Somoza Debayle y su
hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, los residentes de
la CIA en Nicaragua y Silvio Peña Rivas y sus cómplices.
Quedé esposado a una columna y salieron
por un rato los dos esbirros argentinos.
Regresaron después acompañados del
Responsable de la prisión, Róger Cabezas Gómez y del
asesor legal de éste, Doctor Diego Manuel Robles. Este
profesional, vestido de verde olivo y armado con un
fusil FAL, acompañado de una de sus amigas, de nombre
Eloísa, mantuvo un lucrativo negocio con su jefe,
consistente en poner en libertad -previo pago de sus
respectivos "honorarios"-, las personas
detenidas por chismes de cuarterías. Cabezas Gómez y
su asesor me explicaron que si no tenía hábitos
masoquistas, lo más recomendable era que firmara una
declaración, donde confesaba ser un viejo agente al
servicio de la CIA; haber participado en las fases de
planeación del asesinato del Doctor Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal; haber transmitido la orden final a
Silvio Peña, tanto de parte de Somoza Debayle y Somoza
Portocarrero como de los residentes de la CIA en
Nicaragua.
Les expliqué que todo eso era un
tremendo disparate y que no lo creería nadie, respondiéndome
que disponían de procedimientos infalibles para
quebrantar la voluntad de resistencia de cualquier
persona. Procedieron entonces a sacar mis brazos que
rodeaban la columna. Nuevamente esposado, pasaron un
mecate por las "Hermanitas Núñez" y me
suspendieron un poco. El Che Walter expresó entonces,
comienza la sesión de "máquina" y se
iniciaron los golpes en la espalda y abdomen. En los períodos
de descanso afirmaban que la revolución sería "generosa"
conmigo, si firmaba tal declaración, porque Chamorro
Cardenal fue eliminado debido a que traicionó a los
revolucionarios sandinistas y a los que manipulados por
la embajada de los Estados Unidos, preparaban el "somocismo
sin Somoza".
Mencionaron que el doctor Chamorro
Cardenal pertenecía a un grupo de conspiradores
burgueses vinculados con los residentes de la CIA en
Nicaragua y que cuando éstos le confirmaron que su
nombre no aparecía en la lista de personas que integrarían
la futura Junta de Gobierno, decidió entrevistarse con
varios miembros de la Dirección Conjunta del Frente
Sandinista, lo que se facilitó por las relaciones que
mantenía con los que fueron reporteros de "La
Prensa" y figuraban en los órganos supremos de
dirección política y militar de la revolución.
Muertos de risa expresaron que recomendó
a los Comandantes Sandinistas hacer concesiones tácticas,
adoptando posturas reformistas para hacerse del poder
sin despertar recelos ni sospechas en el Gobierno de los
Estados Unidos, dejando para más adelante la
implementación de su estrategia revolucionaria. Que
entonces, los sandinistas consideraron que Chamorro
Cardenal era un provocador enviado por ese grupo de
conspiradores, siendo su verdadera misión saber si el
Frente Sandinista estaba dispuesto a integrarse en un
Frente Popular manipulado por los grandes capitalistas y
personal de la Embajada Americana, considerando que se
trataba de una trampa para desacreditarlos ante el
movimiento revolucionario mundial, presentándolos como
reformistas, oportunistas, revisionistas y sectarios,
por lo que días después, su ejecución fue ordenada
por el Frente Sandinista y también por el grupo de
conspiradores burgueses. Entonces, pibe -me dijeron-, tu
confesión es de importancia fundamental para el futuro
de la revolución popular sandinista, porque al firmarla,
estarás confirmando que a nosotros se nos adelantaron
los sicarios al servicio de los asociados con el
proyecto reformista del "somocismo sin Somoza".
Entre sesiones de "máquina" y
charlas de los torturadores, llegamos a eso de las 8:00
P.M., cuando llegó un enviado de la Seguridad del
Estado, diciéndoles que me trasladaran a la Sección
Operacional de tan siniestro organismo. Hasta febrero de
1980, conocí el nombre de este esbirro, Norman Lacayo
Rener, Fiscal de Tribunales Populares.
Un poco antes de la media noche de ese
11 de octubre de 1979, me montaron en una camioneta
Blazer, hasta que llegamos a unos potreros en las cercanías
del Aeropuerto Internacional "Las Mercedes",
donde me pusieron al lado de tres grupos de 5 personas
cada uno, procediendo a fusilarlos. Sobre mi persona lo
hicieron con balas de fogueo. Los 15 cadáveres fueron
echados en la plataforma de un camión y en la misma
camioneta llegamos a las instalaciones de la Seguridad
del Estado, a eso de las 2:00 A.M., permaneciendo en
recepción.
Hasta las 6:00 A.M. del 12 de octubre,
un esbirro de pseudónimo operativo,
"Ernesto", me condujo a uno de los antiguos
dormitorios del personal de la "Oficina de
Seguridad Nacional (OSN)", donde estaban como unos
50 detenidos. Entre las personas que me vieron llegar
golpeado y en estado desastroso, recuerdo a Manuel
Estrada Almendárez, Humberto Aguilar Chamorro, Rodolfo
Guerrero Barboza, Nicolás López Maltés y otros.
Después de comparecer ante los
siniestros instrumentos del terror rojinegro, los
tristemente célebres Tribunales Especiales de Justicia
o Tribunales Populares Sandinistas -2 de febrero de
1980-, donde el Fiscal Específico del Tribunal No. 1
era el esbirro, Norman Lacayo Rener, fui trasladado a la
Cárcel "Modelo", de Tipitapa, lo que ocurrió
el 26 de marzo. A finales de abril, trasladaron a Silvio
Peña Rivas y asociados, enterándome que Tomás Borge
Martínez los llevó a la Quinta "Subtiava",
Carretera Sur, propiedad del Ingeniero Noel Pallais
Debayle, convertida entonces en un centro de torturas y
exterminio de prisioneros políticos, donde fueron
salvajemente torturados por el propio Borge Martínez y
su sádico asistente, Marcel Figueroa. De esta manera
los "prepararon" adecuadamente para el show
anunciado por Edén Pastora Gómez, el 29 de julio de
1979.
Pocos meses después de julio de 1979,
ocurrió el asesinato de Marcel Pallais Checa, hijo del
Ingeniero Noel Pallais Debayle. Circuló el rumor que
había entrevistado a Silvio Peña Rivas, cuando lo
capturaron en un retén situado en el kilómetro ocho de
la carretera sur, en compañía de Harold Cedeño, donde
involucraba al Frente Sandinista en el asesinato del
doctor Chamorro Cardenal. Peña Rivas manifestó que él
no fue entrevistado por nadie mientras permaneció
detenido en el Centro Cívico Provisional, lo que fue
corroborado por el jefe de la escuadra del lugar en que
estuvo detenido.
Orlando Barrera Molina ("El
Indio"), natural de San Juan de Telpaneca, el que
por esas ironías del destino, cayó luego en desgracia,
siendo detenido y acusado de genocida guardia somocista
en un Tribunal Popular, donde lo condenaron a 30 años
de prisión y estuvo con nosotros en al Cárcel "Modelo",
donde se puso por boca de prisioneros de este tipo que
el asesinato de Pallais Checa fue ordenado por el propio
Tomás Borge Martínez, porque lo consideraba un agente
de la CIA infiltrado en el Frente Sandinista, siendo
realizado por terroristas salvadoreños del FMLN que se
estaban entrenando en Nicaragua.
Todo indica que los diferentes
familiares por consanguinidad y afinidad del doctor
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, estaban al tanto de
todos los pasos que daban los miembros de la Dirección
Nacional del Frente Sandinista para borrar cualquier
duda que pudiera existir sobre su participación
intelectual y material en el asesinato del mencionado
periodista, a fin de desacreditar para siempre el
somocismo y el capitalismo en Nicaragua, no estando
dispuestos a tolerar que alguien se atreviera a
involucrarlos, aún cuando hubieran ordenado su ejecución,
lo que comentaban cuando era torturado el Che Walter, el
Che Manuel, Róger Cabezas Gómez y el doctor Diego
Manuel Robles.
El día 9 de enero de 1978, en horas de
la mañana, el comandante de la policía Nacional,
Coronel Dimas Alesio Gutiérrez, encomendó al Jefe de
Investigación de Managua, Capitán Róger Vega,
procediera -al día siguiente-, a la captura de un
individuo de estatura media, recio y de barba, que
provisto de dos valijas llenas de dinero, se apostaba en
la esquina de los "coyotes" del Centro
Comercial de Ciudad Jardín, para investigar denuncias
sobre lavado de dinero en Nicaragua. Esta persona fue
detenida antes de las 9:00 A.M. del 10 de enero de 1978,
resultando ser el Señor Silvio Vega Zúñiga.
Conducido a la presencia del Coronel
Dimas Alesio Gutiérrez, procedió éste a someterlo a
un interrogatorio técnico. Primeramente declaró que el
dinero lo suministraba Silvio Peña Rivas. Después
agregó que éste se lo entregaban unos cubanos de
Plasmaféresis, entre los cuales se encontraba Pedro
Ramos Quirós. Cuando le manifestaron que estaba
sometido a vigilancia desde hacía días y que conocían
todas sus actividades hasta el momento de su captura,
agregó que entonces no podían involucrarlo en el
asunto de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, porque ellos
-Silvio Peña Rivas, Harold Cedeño y él-, habían sido
contratados para asesinar a Monseñor Miguel Obando y
Bravo, Don Alfredo Pellas y el banquero, Doctor Eduardo
Montealegre Callejas, para iniciar el proceso de
desestabilización política del régimen de Somoza
Debayle, y que nunca les mencionaron el nombre del
director-propietario del diario "La Prensa".
Inmediatamente después de rendir esta
declaración, Vega Zúñiga fue conducido a presencia
del General Somoza Debayle, el que ya estaba escuchando
el relato de Peña Rivas, detenido por agentes de la ONS.
Esto fue relatado por el Capitán Vega, a mediados de
diciembre de 1980, en una celda infame de los sótanos
de "El Coyotepe", conocida como "El
Caracol", donde descargaban todo el polvo y arena
que ingresaba en el antiguo campamento de los Boy
Scouts, donde nos encontrábamos encerrados 9
prisioneros políticos, trasladados a ese lugar después
de una permanencia en la "Lubianka Sandinista"
o Seguridad del Estado.
Estoy seguro que Josef Mengele, "El
Angel de la Muerte", hubiera investigado el efecto
que tenía el polvo y la arena en las vías
respiratorias de los prisioneros, caso de haber tenido a
su disposición "El Caracol" de "El
Coyotepe".
Los arreglos que hizo el general Somoza
Debayle con Peña Rivas, Vega Zúñiga, Harold Cedeño,
Domingo Acevedo Chavarría y Juan Ramón Acevedo Medina,
para que éstos confesaran ser los autores materiales
del asesinato del Doctor Pedro Joaquín Chamorro
Cardenal, en una maniobra desesperada que salvara su
imagen personal y la de su régimen ante la comunidad
nacional e internacional, son de sobra conocidos. Pero
fracasó en sus intentos de librarse de la "lógica
del crimen". El axioma lógico, "nadie puede
proceder contra sus propios intereses", no surtió
efectos frente a la bien orquestada campaña de prensa
de sus enemigos y la de los falsos amigos. Siempre
consideró que el periodista asesinado era su mejor
relacionista público a nivel internacional, porque le
bastaba mostrar su periódico a los delegados de la SIP,
para que éstos quedaran satisfechos.
Hace varios años, el Licenciado Roberto
Argüello Osorio, comentarista de temas nacionales e
internacionales, publicó en varios medios hispanos de
los Estados Unidos, la transcripción de una entrevista
que hiciera en Nicaragua a Doña Margarita Cardenal
viuda de Chamorro, la que con mucha lucidez mental y
amplio dominio del tema declaró que en el "asesinato
de su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, no había
participado ningún miembro de la familia Somoza, ningún
integrante de la Guardia Nacional de Nicaragua, ningún
dirigente del Partido Liberal Nacionalista, esperando
que su nuera -Violeta Barrios de Chamorro-, la que tenía
en su poder los resultados de varias investigaciones
independientes, revelara toda la verdad al respecto,
descorriendo el velo del misterio que se ha tenido sobre
dicho asesinato".
El 30 de julio de 1983, Tomás Borge
Martínez, Ministro del Interior, acompañado del
esbirro sandinista, Raúl Cordón Morice, Director del
Sistema Penitenciario Sandinista; de sus numerosos
guardaespaldas, de Gioconda Belli y Marisol Castillo
Bellido, subieron a la planta alta de la Galería No. 3
de la Cárcel "Modelo", de Tipitapa, dirigiéndose
a la celda No. 11, acupada por el ex-coronel somocista,
Bernardino Larios Montiel; Juan Ignacio Arias Alvarez,
conocido como "El Químico", por ser el que
manejaba los laboratorios de la policía y realizaba las
pruebas balísticas: Oscar Bayardo Traña Cajina, Silvio
Peña Rivas y Roberto Zelaya Blanco.
Borge Martínez manifestó a Peña Rivas
que lo miraba muy bien conservado y gozando de buena
salud, dando la impresión que todavía no lo había
afectado la cárcel, recibiendo como respuesta que eso
se debía a que nunca le gustó desvelarse ni amanecer
en burdeles o jugando el dinero ajeno. Esto sacó de sus
casillas al otrora poderoso Ministro del Interior, el
que replicó diciendo, "más te valiera ser coime,
tahur o chulo, porque si éstos son detenidos, salen al
poco tiempo de la cárcel, pero vos cumplirás tus 30 años
de prisión día a día, hora a hora, minuto a minuto,
segundo a segundo". Nuevamente respondió Peña
Rivas, "no cumpliré tal condena, saldré antes de
los 30 años". Fue entonces que el único fundador
sobreviviente del Frente Sandinista, histérico y
descompuesto, le gritó a Peña Rivas: "podría
ordenar que mis guardaespaldas te fusilen en estos
momentos por insolente, por faltarle el respeto debido a
un Comandante de la Revolución, pero no lo hago porque
entonces la única prueba que tenemos en nuestras manos
de que fue Somoza quien te pagó para asesinar a Pedro
Joaquín Chamorro Cardenal, desaparece y entonces nos
cae todo el clavo a nosotros. Por eso es que te
conservamos vivo, porque sos la única garantía de que
no fuimos nosotros quienes mandamos asesinar a Pedro
Joaquín. Somoza nos hizo el mejor regalo al dejarte
vivito y coleando".
Agentes de la OSN que investigaron el
asesinato del Doctor Chamorro Cardenal y que fueron
condenados a 30 años de prisión en los infames
Tribunales Especiales de Justicia, conversaban que ellos
profundizaron sobre ese asunto y llegaron a conclusiones
claras al respecto, apareciendo involucrados agentes de
servicios de inteligencia de los sandinistas y que
cuando presentaron el informe final y definitivo al
General Somoza Debayle, éste se sorprendió de la
magnitud de la conspiración internacional contra su
gobierno y el pueblo nicaragüense, prefiriendo
continuar con el arreglo concertado con Peña Rivas y
sus asociados, convirtiéndose -por falta de entereza y
visión política en esos momentos-, en encubridor de
quienes estaban desestabilizando el régimen que él
encabezaba.
El brillante ensayo publicado en
"Bolsa de Noticias" por el experimentado
periodista, Ignacio Briones Torres, señala que quienes
financiaron la lucha contra Somoza eran los países
social demócratas de la Europa Occidental, y que el
designado para llevar tal designio hasta sus últimas
consecuencias, fue Carlos Andrés Pérez, en su doble
carácter de Presidente de Venezuela y Vice-Presidente
de la Internacional Socialista. Los comunistas se
dedicaron a mandar voluntarios y colaborar con guerra
psicológica, para respaldar a los sandinistas a la hora
del triunfo y lograr que éstos desplazaran o
subordinaran a sus planes a los asociados capitalistas y
sacerdotes comprometidos con la Teología de la Liberación.
Esto explica las razones por las cuales
aparecieron los pistoleros venezolanos, posiblemente
enviados por Carlos Andrés Pérez.
Briones Torres se refiere también a la
información publicada por el diario "La
Prensa", de Managua, Nicaragua, con fecha del 18 de
1998, referente a una nueva versión del asesinato, muy
parecida de la original "lógica del crimen",
la que excluye a Silvio Peña Rivas e involucra a
miembros del Frente Sandinista, siendo estos Ernesto
Castillo Martínez, Carlos Horacio Vega Marenco, Juan
Vidal, Antenor Ferrey, Danilo Aguirre Solís y Gerardo
Arce Castaño ("Raúl"). Asimismo, menciona
que a mediados de 1998, saldría a luz pública un libro
destinado a esclarecer por completo el asesinato del
Doctor Chamorro Cardenal, donde estaría claramente
detallado y pormenorizado el plan sandinista que costó
la vida al antiguo director-propietario de "La
Prensa". ¿Qué intereses han influido para que no
se publique dicho libro?
Es inmoral que todavía existan miembros
de la familia Chamorro que continúen afirmando que el
Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fue asesinado
por matones a sueldo del General Anastasio Somoza
Debayle, el que en diferentes ocasiones cuando se alzó
en armas, pudo ordenar que lo presentaran como
"muerto en combate". Aquí hay una conspiración
del silencio, caracterizada por acuerdos secretos entre
quienes han obtenido jugosos dividendos políticos y
económicos por continuar manteniendo este asunto como
"razón de Estado" y los que manejaron los
hilos de la conspiración que costó la vida al
mencionado periodista.
Con todos estos aportes, las escaleras y
corredores ocultos de la historia de que nos habla el
gran novelista francés, Honorato de Balzac, quedan
iluminados por los acuerdos secretos concertados entre
siniestros personajes, permitiendo encontrar
explicaciones lógicas y coherentes a una serie de
acontecimientos que parecen absurdos a primera vista. ¿Dónde
están el Che Walter y el Che Manuel? Estos tenían la
misión de procurar eliminar toda sospecha de la
participación sandinista en el asesinato de Chamorro
Cardenal. ¿Fueron también eliminados, como otros
tantos internacionalistas en la escuela de formación de
cuadros terroristas del Balneario de Casares? El que
estuvo a cargo de la Dirección de Relaciones
Internacionales del Frente Sandinista, ha de saber mucho
de estos asuntos. Otro tanto ocurre con el desertor del
ejército sandinista y ex-secretario de Humberto Ortega
Saavedra, Róger Miranda Bengoechea. Mientras tanto,
continuar afirmando que Chamorro Cardenal fue asesinado
por órdenes de Somoza Debayle, constituye un crimen político
de alta rentabilidad política y económica; en cambio
aceptar la realidad, significa agotar un rico filón de
oro de 24 kilates.