Tengo miedo… mucho miedo…

 

Este mundo es peligroso… impuro… inhumano

 

Ya no le importa la vida del prójimo…

 

Yo a veces creo… que soy como ellos…

 

Y eso me da mucho miedo…

 

 

EL CUBO DE LOS ESCRITORES

 

Escrito por Starknight

 

CAPITULO 20: SERIAL EXPERIMENTS NADIA

 

 

¡Qué terrible era pensar que la conciencia podía hacer surgir fantasmas tan espantosos y darles forma visible y moverlos ante uno!

Oscar Wilde. El Retrato de Dorian Gray

 

 

Aquella mañana iba a ser como una de tantas que ya han pasado en la ciudad de Lyon, Francia. Un antiguo círculo vicioso, tan viejo como el tiempo mismo, se había cumplido: amanece para anochecer, y anochece para amanecer. Una vez más, los habitantes de esta ciudad despertarían para ir a sus trabajos, escuelas, y demás lugares donde cumplir sus responsabilidades…

            Otra vez…

            En cuanto la luz del sol penetró en uno de los apartamentos, una chica ya se había levantado, bañado, y vestido con su uniforme de secundaria, a cumplir con su rutinaria actividad (y a veces círculo vicioso): ir a la escuela para volver a casa, e ir a la casa para volver a la escuela…

            Otra vez…

            La chica tendría unos 14 o 15 años, con un cabello castaño que le llegaba a la espalda y un gracioso mechón en el lado izquierdo de su rostro y ojos de color café, que reflejaban el hastío de cumplir con ese círculo interminable. Cuando salió a la sala principal, vio a su papá leyendo nuevamente el periódico, y a su mamá en la cocina lavando platos. Una bolsa de papel estaba en una mesa que separaba la cocina de esa sala, que tomó con desgano.

 

-         Nos vemos mamá – dijo ella colgándose un morral al hombro. Esta le respondió con un gesto de manos. Iba a despedirse de su papá, pero sabía que en ese momento no soltaría su página de política, así que salió de la casa sin hacer el intento de despedirse.

 

Cuando presionó el botón para llamar al ascensor, recordaba cuantas veces había visto ese escenario una y otra vez. Mismos gestos, mismas palabras… todo se repetía y repetía como si su vida fuera un simple y mero circulo vicioso.

Cada vez que recordaba eso, un ligero escalofrío le recorría la espalda… siempre se cuestionaba con la misma pregunta: ¿la vida valdrá tanto la pena para que se esté repitiendo?... a veces, y solo a veces, la respuesta le producía temor.

            Así ella era, una simple chica de secundaria, cuestionando el orden establecido de las cosas… así era Nadia, de 14 años cercana a los 15, quién cumplía nuevamente su círculo vicioso.

 

*** *** ***

 

            “¿Por qué tenemos que usar uniforme?” pensó Nadia cuando llegó a las puertas de su colegio, mirando de reojo a sus compañeros y compañeras de escuela. Si la vida le parecía tan rutinaria, ¿por qué los compañeros también debían serlo? Todos vestidos igual, cómo si estuvieran mecanizados, repitiendo un dialogo incontables veces escuchado por Nadia cada vez que le pasaban al lado. Ninguno se percataba de su existencia

            Todo era tan asquerosamente igual, que Nadia a veces pensaba que todos los habitantes de la ciudad tenían hilos invisibles, manejados por un misterioso titiritero en lo alto del firmamento, recitando las palabras que escuchaba de cada habitante de Lyon. Ya no tenía esperanzas que su vida daría un vuelco repentino que le haga sentir la emoción de la adrenalina fluyendo por todas su células.

            O eso era lo que pensaba.

 

-         ¡Hola Nadia!, por acá estamos – la chica despertó de sus cavilaciones cuando escuchó el llamado de una de sus compañeras. Cuando alejó la vista de la fachada del edificio (aún no sonaba el timbrazo del llamado a clases) se dirigió a la fuente. La chica en cuestión tendría 18 años, cabello negro que le llegaba a los hombros en una cascada de rulos, y una sonrisa de oreja a oreja. A su lado estaba una amiga suya, un poco más rellenita, de cabello largo y oscuro, de ojos castaños vivaces, pero penetrantes.

-         Lina… Gata… hola – fue todo lo que acertó a decir Nadia.

-         Te tengo una propuesta – continuó Lina sin dejar de sonreírle – esta noche iremos al Club Cyberia a bailar, ¿quieres venir?

-         ¿Crees que acepte? – le preguntó Gata Lunar, su compañera, a modo de susurro y mirándola algo sorprendida – cada vez que la invitas a salir al Centro Comercial, siempre se niega.

-         Se más educada, Gata – le reprochó Lina, para volverse a Nadia - ¿vienes con nosotras?

-         Esto… creo que no podré, lo siento – contestó Nadia apesadumbrada, realmente no estaba de ánimos para salir (realmente, nunca ha estado de ánimos para salir).

 

La sonrisa de Lina se desvaneció lentamente mientras musitaba un “esta bien, será en otra ocasión”. Gata Lunar se abstuvo de decirle un “te lo dije”.

Para ese momento, el timbre de la escuela comenzó a sonar. Ya era la hora de iniciar actividades.

 

-         ¿Hablamos después de la clase? – le preguntó Lina a Nadia mientras entraban al edificio, un brazo enlazado con el suyo, mientras Gata Lunar se quedaba un poco más atrás revisando su bolso. Nadia asintió esbozando una débil sonrisa.

 

*** *** ***

 

            A pesar que la fachada del edificio se veía pequeña, el interior era otro contraste bastante abrumador. Un amplio salón separaba la entrada de las distintas puertas y escaleras que daban a los salones. Columnas grises que aparentaban titanes protectores debido a su anchura, y carteleras de diversos temas en las paredes del recinto. Apenas entrando, Nadia viró a su derecha, pasando al lado de una de las columnas junto a Gata Lunar y Lina, y penetró uno de los pasillos de la escuela. Después de varias puertas, entraron a la penúltima al final del pasillo para iniciar sus clases. Las últimas dos puertas daban a los baños.

            La clase ese día era de matemáticas, un dolor de cabeza para la gran mayoría, pero las tres protagonistas no sufrían tanto viendo las múltiples ecuaciones y símbolos que el profesor había dibujado. Bueno, mejor dicho, Lina y Gata Lunar eran las únicas que parecían disfrutarlo, pero Nadia como siempre, se perdía en un punto de la clase, y todo lo escrito por ella o por el profesor le parecía chino con arameo. ¡Cómo le molestaba tanto que le pasara eso!, pero al menos, pudo estirarse un poco y despejar su mente.

            Aunque, no tenía nada entretenido que pensar. Todo su trauma mental había regresado a su cabeza. Se dio cuenta de eso cuando volteó disimuladamente a mirar a sus compañeros. Todos estaban en la misma posición, sorprendiéndose al verlos escribir casi al unísono, sin mover ni un músculo. Cuando miró al profesor, se dio cuenta que este solo movía las manos en dirección al pizarrón, la tiza chocando con este, pero sin ver ningún símbolo o número nuevo escrito. Era... como si el profesor solo golpeara el pizarrón usando un taco de madera, porque siquiera se veía el polvo de la tiza caer al piso.

            Todos estaban imitando los mismos movimientos, como si fueran guiados por una entidad extraña.

            Un escalofrío le comenzó a recorrer la espalda... todo eso era tan... tétrico.

 

PIIIIIIII PIIIIIII PIIIIIIII

 

            Aquel pitido la devolvió a la realidad. Provenía del fondo de su pupitre (específicamente debajo de la tabla), donde guardaba su celular. Un mensaje de texto acababa de llegar.

            Lo más rápido que pudo, desbloqueó las teclas de su aparato y activó la opción de mensajes:

 

Esta noche nos vemos para ir al Club Cyberia. No faltes. Te estaré esperando. ^^

 

            Nadia tuvo una leve sospecha, así que volteó a ver a la fila donde se sentaba Lina. Allí estaba ella, sonriéndole de manera pícara, agitando lentamente su teléfono celular. No pudo evitar sonreír de manera nerviosa.

 

*** *** ***

 

            Esa fue la única clase que compartieron las tres, ya que los otras materias que quedaban por el resto de la mañana las veían por separado. Nadia subió las escaleras del salón principal para los pasillos superiores y siguió a sus otros compañeros para clases de inglés e historia. Aquella mañana, como todas las demás, las pasó divagando en lo extrañamente sincronizados que eran sus compañeros... En realidad ya no era tétrico... era extremadamente terrorífico.

            Unos minutos antes de salir al almuerzo, miró por la ventana del salón (estaba sentada junto a una) y trató de despejar la mente mirando el paisaje de edificios y autos pasando junto al patio de la escuela. Fue repasando uno por uno los contornos de los edificios de Lyon buscando la anhelada relajación, contaba en ocasiones los autos que pasaban, y en ocasiones se entretenía con las clases de Educación Física, que se veían bastante amenas cuando algún alumno saltaba el potro de ejercicios , tropezaba y caía, o cuando había algún partido de Fútbol. Por lo menos, con eso no pensaría en toda la monotonía que acaba de experimentar.

            Pero algo más le llamó la atención. Junto a la cancha, directamente debajo y al centro de su ángulo de visión.

            Dos hombres, vestidos de negro, miraban fijamente el edificio. Elegantemente vestidos a la apariencia de altos ejecutivos, uno era alto, de cabello corto y tan negro como su traje, y con un semblante serio. El otro, más fornido, con un copete adornándole la frente. Ambos usando unos extraños visores en los ojos, dándoles una apariencia marciana.

            “¿Qué buscarán ellos?”, se preguntó Nadia mirándolos fijamente. Se sorprendió que ninguno de los dos se moviera de su sitio, como si fueran estatuas estacadas en el suelo, mirando fijamente las ventanas de los edificios. No podía adivinar a donde, exactamente, estaban mirando aquellos sujetos...

            Hasta que un intenso brillo rojo le cegó el ojo izquierdo.

            No tardó, por reflejo, en restregarse el ojo para calmar la molestia. Ahora estaba parcialmente cegada, como si le hubieran borrado la retina, mientras que su otro ojo estaba normal. Volteó nuevamente al interior del salón buscando una zona oscura para mirar, esperanzada que su molestia se calmara aunque fuera momentáneamente. Y en eso estaba cuando vio algo que la paralizó... Justo en el techo, diagonalmente arriba de ella, dos pequeños puntos de luz roja se dibujaban y se movían pausadamente... eran puntos de lasers.

            Instintivamente, miró al exterior, fijando sus ojos en los dos sujetos que aún observaban el edificio...

            Allí se dio cuenta de lo que pasaba...

            La veían a ella.

            Quedaron allí otro rato, mirándose una a los otros, estudiándose, penetrándose con la mirada... por alguna razón, no podía dejar de verlos... y al parecer, ellos a ella.

            Se llevó un tremendo susto cuando comenzó a sonar el timbre de la escuela, y escuchaba el alboroto de los estudiantes recogiendo sus libros y cuadernos. La clase ya había terminado.

            Miró nuevamente al exterior del edificio... y los sujetos ya no estaban... desaparecieron.

            Aquella mañana, se decía Nadia, había sido muy extraña, más de lo usual... pero lo que no sabía, era que lo verdaderamente tétrico ocurriría en unos pocos minutos.

 

*** *** ***

 

            Cuando Nadia bajó por las escaleras, se dirigió a unas puertas de cristal que estaban justo al frente de la entrada del colegio. Era el acceso a la cafetería, que poco a poco comenzó a llenarse de muchachos hambrientos. El estomago de Nadia soltó un pequeño rugido, y no era para menos. Tanta tensión por lo extraño de la mañana le estaba provocando bastante hambre. Se preguntó que habría pasado con los misteriosos hombres de negro, pero el hambre pudo más que su curiosidad, así que desapareció en la cafetería, en aquel mar de estudiantes.

            La cafetería de aquella escuela era sutilmente original en cuanto a arquitectura. En cuanto Nadia entró, se encontraba en un salón con una pared de cristal de forma triangular, un espacio bastante amplio lleno de mesas donde los estudiantes degustaban los alimentos, y la zona de cafetería subiendo unas pocas escalinatas. Era un lugar bastante agradable para pasar por lo menos media hora.

            Pero lo agradable del ambiente se desvaneció cuando vio a una pequeña muchedumbre de muchachas en torno a una de las mesas. Claramente pudo ver a una estudiante llorando, y a Gata Lunar haciendo esfuerzos por consolarla. No pudo, por esta ocasión, vencer al bichito de la curiosidad.

            Cuando se acercó, pudo escuchar el llanto más claro y los consuelos de Gata Lunar tratando de calmarla, diciéndole cosas como “no es para tanto” y “es una tonta broma”, pero la chica continuaba su llanto. Afortunadamente, la compañera que estaba inmediatamente a su lado era Lina, así que pudo preguntar con un poco más de libertad.

 

-         ¿Qué le ocurrió?.

-         Ah... hola Nadia – le contestó ella – es Zaeta Ketchum, del curso superior... parece que ella también la recibió.

-         ¿Qué... fue lo que recibió? – preguntó Nadia un poco cohibida. No le gustaba averiguar las cosas de la gente cuando estaban realmente mal o deprimidas. Pensaba que con la simple respuesta se solucionaría todo. Pero la mirada que Lina le dedicó a su amiga la sorprendió.

-         ¿Tú no lo has recibido? ¡pero si todas ya lo tenemos!.

-         ¿Recibir qué? – la mirada de Lina la había asustado bastante, pero fue Gata Lunar quién contestó, desistiendo de sus esfuerzos por consolar a Zaeta.

-         ¿Recuerdas a Camila?

-         Pues si... ella se suicidó la semana pasada... ¿por qué la pregunta?

-         Todas las que estamos aquí recibimos un correo electrónico... y lo firmaba Camila.

 

Eso la sacó de sí. ¿Cómo un muerto podía enviar un correo?, era simplemente ridículo. Estuvo a punto de reír, pero las miradas serias de sus amigas y compañeras reflejaban la verdad. Ninguna mentía.

 

-         Es imposible... es decir... los muertos no mandan correos... ¿no? – Nadia quería tomárselo a broma, pero ninguna de sus amigas mostraban muchas ganas de reír.

-         En fin – levantó Lina sus hombros – de seguro es la broma de algún Hacker, nunca faltan de esos.

-         Pero cuando llegues a tu casa, revisa el correo. A lo mejor tu también lo recibiste – enfatizó Gata Lunar.

 

Nadia asintió, aún confundida, y al final de clases, se despidieron y se fueron a sus respectivas casas (nuevamente Nadia negó la invitación de Lina de ir al Cyberia). Para Nadia, aquél día era de locos.                       

Por un momento pensó que quizá la rutina que vivía se estaba terminando... y eso, de una u otra manera, la asustó.

 

*** *** ***

 

Que diferente era todo, una vez que Nadia penetró el umbral de su hogar... todo tan silencioso... tan distante... en ocasiones, tan enfermizo. Enfatizó el enfermizo cuando encontraba la misma escena a unos pasos de la puerta. Sus padres, sumidos en un profundo y pasional beso, sin fijarse siquiera en la presencia de su hija. Fue después de un pequeño carraspeo de Nadia que los dos se separaron, y se voltearon a verla. Un par de ojos clavados en los de ella, como si no miraran nada en especial, le recordaron a los misteriosos hombres de negro que la veían en la escuela. Duraron así un largo rao, hasta que Nadia se dirigió a su habitación, encerrándose.

Luego que se echara sobre la cama de su habitación (muy poco amoblada, solo la cama, un escritorio con unos peluches y una computadora portátil, y un estante donde guardar sus libros) y pensaba una y otra vez en el mismo tema: ¿por qué sus padres eran tan distantes?... era como si no la conocieran, ni ella a ellos... se sentía una especie de intrusa, cuidada por dos personas desconocidas, en un espacio que por más que intentara, no sentía como su hogar.

Por mucho que quisiera llorar, no podía. Se sentía bloqueada, y quería pensar en algo diferente... para variar.

Fue cuando se acordó de Gata Lunar, cuando le aconsejó que revisara su correo electrónico. Sería algo realmente irónico si ella también había recibido el famoso correo firmado por Camila.

Luego del ruidito característico del MODEM, entró a una página y activó la clave de su Bandeja de Entrada. Sus ojos se abrieron un poco más de lo usual, y su mano temblaba en el teclado, cuando vio que tenía un nuevo mensaje. Cuando lo abrió, se convirtió en una de las tantas chicas que habían recibido el correo.

 

Hola Nadia... si no me recuerdas, una vez tu y yo coincidimos para acompañarte a tu casa una tarde. No conversamos mucho, pero me he dado cuenta que eres una chica especial, y me disculpo en realidad no poder estar físicamente contigo para conocernos mejor.

 

            Nadia leía el correo, moviendo los labios muy sutilmente. El correo le hablaba con tanta familiaridad, que parecía que escribía desde el día anterior, no una semana antes de morir.

 

En fin... supongo que pensaras que esta es una broma de algún hacker porque, como sabrás, me suicidé la semana pasada... pero para esto es el motivo del correo, para decirte que estoy viva, y que solo pase a otro plano muy cercano al mundo real... ahora vivo dentro de la red... y en él, he encontrado a un verdadero Dios.

 

            ¡Tenía que ser una broma!, ¿un verdadero Dios en la Internet?. Nadia no daba crédito a lo que había leído. Tenía que ser un vulgar chiste.

 

Para este momento, debes estar pensando que esto es un vulgar chiste, pero te puedo dar fe de que mis palabras son verdaderas. Te conozco Nadia, y se que averiguaras la verdad y no te conformaras con mis palabras. Ven a la red Nadia, sígueme, y descubrirás la verdad que tantas veces le ha sido negada a la sociedad... Pero una cosa te advierto: Muchos obstáculos encontrarás en tu camino a la realidad, sobre todo al ente que vive en tus pesadillas

 

Búscame, y te lo contaré todo.

 

Camila.

 

            Cuanto tiempo había pasado, eso Nadia no lo sabía. Aquella carta digital era tan extraña, pero con un lenguaje tan familiar, que era imposible que fuera una broma. De alguna manera, ella veía la sinceridad de Camila plasmada en las palabras de la misiva. Pero... ¿cómo era posible que Camila haya podido escribirla si estaba a cinco metros bajo tierra?... ¿sería cierto que en la red ella estaba aún con vida?.

            Para cuando pensaba esto, sus dedos temblaban por los escalofríos, aún pegados al teclado. El silencio era lo único que reinaba en su habitación. Ni siquiera había ruidos externos de los otros cuartos, ni de la calle. Estaba sola, en su habitación, ante una tétrica carta electrónica.

 

PIIIII PIIIIII PIIIIII

 

            El pitido provocó que saltara de la silla por el susto (si fuera una gata, ya estaría clavada con las uñas en el techo) y tomó su teléfono celular. Acababa de recibir un mensaje que la regreso al mundo real:

 

Te estamos esperando, ven al Club Cyberia, estamos allí. Lina.

 

            Su mente comenzó a trabajar: o se quedaba en su casa, sola, pensando que una muerta le escribió algo que parecía revelador, o se despejaba la mente y aceptaba por fin la invitación de su amiga.

            A los 10 minutos, la puerta de salida retumbo por toda la casa.

 

*** *** ***

 

            Eran las 10 de la noche. Lyon estaba alumbrada con las luces de Neón de avisos publicitarios, restaurantes y discotecas, y la gente caminaba de un lado a otro, algunos apurados, otros perdidos en la urbe. Algunos solitarios, otros con sus parejas, tomados de la mano y procurándose mimos y besitos como bonitos enamorados... o amigos con derecho. Nadia parecía una hormiga en un camino de elefantes. Sola, con 14 años a punto de llegar a 15, caminaba y tropezaba con la gente con su teléfono celular al oído. Vestía una falda larga, con una chaqueta de lana debido al intenso frío de la noche, y un gorrito con la coqueta imagen de un osito. Del otro lado, la voz de Lina le daba instrucciones.

 

-         Para este momento, debes haber llegado a la Plaza Central. Estarás viendo una escultura esférica y una fuente. De allí, sube las escaleras de la plaza y dobla a la izquierda.

 

En cuanto subió las escaleras que se encontraban detrás de la escultura y dobló la esquina, Lina le ordenó caminar una esquina más. Para cuando llegó, estaba frente a la parte trasera de un edificio, con un aviso de neón que decía, en grande para toda la ciudad “Club Cyberia”.

Lina, aún en la línea, le indicó que bajará unas escaleras a un lado del edificio, donde hallaría una puerta. Cuando Nadia la abrió, estuvo frente a unas escaleras que descendían, y al final, una última puerta que la separaba del destino de su viaje.

La Discoteca Cyberia, a pesar de su mala ubicación, era un lugar bastante conocido. Todas las noches siempre estaba llena, y a pesar de solo poseer un solo aviso, toda la ciudad sabía de su existencia. Era una especie de secreto a gritos. Y tampoco era un secreto que, a veces, jefes de la mafia y otros delincuentes se reunían allí para realizar sus negocios turbios. Aunque como seguían la filosofía del “Vive y deja vivir”, no pasaba nada entre los visitantes y tan insignes emblemas del crimen.

Nadia estaba abrumada ante la ensordecedora música y las luces de los equipos que iban y venían cambiando de verde a rojo y viceversa, mientras una bola de espejos en el techo reflejaba haces de luz blanca sobre todos los presentes: jóvenes, viejos, bebedores… toda una gama de gente buena y no tan buena se daban cita en esa discoteca.

A duras penas ella podía avanzar entre tanta gente bailando, yendo y viniendo. Comenzó a sentirse asfixiada ante todo el gentío, y se detuvo junto a una mesa negra y larga. Como estaba de espaldas, no se  dio cuenta de que era tal mesa,

 

-         Oye niña, no puedes estar aquí, ve a bailar como los demás.

 

Esa era la voz de un hombre, y cuando Nadia se volteó, vio a un muchacho de 20 años, con un gorro de lana anaranjado, camiseta, y audífonos en los oídos. Era el DJ del local.

-         ¡Hay que ver que soy…! Pero si eres Nadia – dijo el DJ sonriendo, sacando de lugar a Nadia – hace tiempo que no pasas por acá, me tienes olvidado cariño.

-         Esto… es la… primera vez que vengo – Nadia estaba cortada ante el ataque del DJ. Este volvió a sonreír.

-         Que buen chiste Nadia. De verdad sabes actuar, hasta te creí – soltó una leve carcajada, pero después sacó un sobre amarillo de debajo de la mesa de los discos y efectos especiales – Se me había olvidado, la otra noche dejaste este sobre.

-         Pero ya le dije que es la primera vez que vengo – enfatizó Nadia.

-         Lo que sea, esto es tuyo. Si quieres lo tiro – el DJ esta vez hablaba en serio.

-         Parece que habla en serio – pensaba Nadia – a lo mejor es de otra persona que se parece a mí y que se llama igual… creo.

-         ¿Vas a tomar el sobre? – insistió el DJ, y al final, Nadia accedió.

 

Si lo de la escuela era raro, esto se estaba pasando de la raya. Ahora tenía en sus manos un sobre de manos de alguien que supuestamente la conoce, pero al que nunca antes había visto. Muerta de la curiosidad, Nadia abrió el sobre y extendió su mano. Su confusión aumentó aún más cuando un microchip cayó del sobre.

 

-         ¡Nadia, por acá estamos! – una voz bastante conocida vino de una de las mesas de la discoteca. No se había dado cuenta que la música había terminado.

 

A unos pasos de ella, estaban Lina y Gata Lunar, la primera agitando la mano a modo de saludo, y la segunda tomando un sorbo de una bebida de color rojo brillante. Ambas vestían elegantemente. Lina con un vestido negro que se sujetaba en el cuello sin mangas, y Gata Lunar un vestido rojo, que además de amarrarse al cuello, tenía unas mangas independientes que terminaban un poco más de la mitad de sus manos.

 

-         Mira como viniste – exclamó Lina al verla con la chaqueta de lana, el gorrito y la falda larga – debimos pasar antes por tu casa y elegirte un vestuario mejor.

-         Ya me parecía, Nadia no es de las que acostumbran salir en las noches – dijo en tono de burla Gata Lunar, pero Lina la reprendió. Gata Lunar solo le contestó sacando la lengua en un gesto infantil, mientras le daba otro sorbo a su bebida.

-         No le hagas caso, ¿quieres tomar algo?, estos Fruit Punch están alucinantes.

 

Pero Lina no recibió respuesta. Nadia solo miraba al DJ que reiniciaba la música electrónica haciendo malabares con los discos.

 

-         ¿Quién es él?

-         ¿él? – Lina vio que señalaban al DJ – ah, ese es Starknight, es el DJ más famoso de Cyberia – En ese momento, Nadia se le quedó mirando intrigada, cosa que no paso desapercibida para su amiga - ¿acaso te gusta el muchacho? >: )

-         ¡¿Cómo crees?! No seas inmadura – contestó Nadia mirando con ojos entreabiertos a Lina. Ella y Gata Lunar se rieron por la reacción.

 

Pero las risas y la alegría que inundaban al Club Cyberia llegarían a su fin en ese momento. Dos pequeñas explosiones, y luego histeria colectiva, movieron a la masa de gente como una ola chocando contra un risco empedrado. Las tres chicas se escondieron bajo la mesa, muertas del pánico, esperando que lo que sea que haya pasado, acabara pronto.

            Nadia miró al piso a la izquierda de donde se había escondido, y su miedo se convirtió en terror. Un charco de un líquido rojo estaba cerca de ella, y la fuente de ese charco era una muchacha con tres agujeros en el pecho. Era sangre.

 

-         ¡ALEJENSE TODOS! ¡NO SE ACERQUEN! – era un muchacho vestido de negro, con una gorra andrajosa, que miraba a todos con ojos de psicópata. Estaba en una especie de shock (quizá drogado) y sostenía con ambas manos una pistola. Temblaba y sudaba mucho, sin dejar de apuntar a todos lados.

-         ¡ay dios! – exclamó Lina - ¿por qué tuvimos que venir hoy?

-         Pues no se tú, pero nos vamos ya mismo o aquí quedamos – contestó Gata Lunar, quién armándose de valor, salió de su escondite. Lina no pudo hacer nada por evitarlo.

 

Aquel hombre la vio salir, y con los ojos desorbitados, subió la pistola dispuesto a matar. Pero su rostro pasó de euforia a sorpresa, cuando vio que le apuntaba a otra persona.

Nadia había salido del escondite (Lina se sorprendió al no verla salir) y se interpuso entre Gata Lunar y él. La Gata se detuvo a mitad de carrera, y también sorprendida, comenzó a llamar a Nadia, pero era en vano. La aludida estaba seria, con un gesto frío, mientras el hombre apretaba la cacha del arma para apuntar mejor.

 

-         ¿quién demonios eres?, te mataré como a la zorra esta – dijo refiriéndose al cadáver de la mujer, pero Nadia no reaccionaba – CONTESTA, CON UN DEMONIO – por más que fijara el arma, no podía mover a Nadia de su sitio. Sus ojos estaban fijos en él, y parecía clavada en el suelo.

 

Pasó poco tiempo antes de que el hombre, antes eufórico, entrara también en pánico. Algo vio que los demás no.

 

-         Por Dios… eres tú... ¡CON UN DEMONIO, ERES TÚ!

 

Nadia dio el primer paso al frente, y el sujeto dio tres pasos hacia atrás. Empuñaba el arma nuevamente, pero temblaba demasiado para enfocar su visión.

 

-         Tú no me llevarás con él, no lo vas a lograr, antes te voy a matar – Para ese momento, Nadia avanzaba con paso firme y decidido hacia él, y para sorpresa de todos, colocó el cañón del arma en su frente - ¿Te quieres burlar de mi?... ¿TE ESTAS BURLANDO?

 

Pero los ojos de Nadia le mostraban la verdad. Lo estaba retando a disparar con la mirada. El hombre no pudo más, y se echó más atrás, quedando contra la pared, presa del pánico que momentos antes sentía toda la discoteca.

 

-         NO ME VAS A LLEVAR CON ÉL, PRIMERO MUERTO.

 

Dicho y hecho, el hombre se llevó la pistola a su boca. Todos estaban con los nervios de punta y los músculos tensos, pero Nadia seguía inmutable. Lo miraba fijamente, cómo si no fuera una persona sino una muñeca.

Lo estaba retando a jalar del gatillo.

 

PUM

 

            La gorra del hombre cayó lentamente al suelo, pero él cayó como tronco, con la nuca agujereada por la salida de la bala. El rostro de Nadia, antes lozano y limpio, ahora tenía una mancha de sangre del suicida.

            Cuanto tiempo pasó, ella no lo pudo determinar. Lentamente, comenzó a mirar las paredes del recinto, y a mover los músculos de su cuello. Reconocía el lugar de la misma manera como lo haría alguien que acabara de despertar de un coma profundo, y un ligero escozor comenzó a molestarle la nuca.

            En tan solo un momento, los brazos de Lina la rodeaban.

 

-         Dios santo, ¿estas bien? ¿No te pasó nada? – miraba arriba y abajo, y no vio nada extraño en su amiga, por lo que la volvió a estrechar con fuerza – creí que te mataría.

-         ¿qué… pasó… aquí?

-         Estas en shock… pronto se te pasará – dijo Lina pasándole una mano por su cabello, luego de haber escuchado la voz de Nadia apenas audible.

 

Un poco más tarde, tanto Lina como Gata Lunar, quién se había acercado a las chicas, se dieron cuenta que ahora estaban en serios problemas, cuando la policía irrumpió en la discoteca.

 

*** *** ***

 

Los padres de cada una de las chicas conversaron con el agente de guardia en la estación policial aquella noche. Nadia estaba callada desde el momento que subió con Gata Lunar y Lina a la patrulla, de alguna digiriendo lo que había ocurrido frente a sus ojos. Lina, afligida, le pedía disculpas repetidamente a Nadia por haberle insistido (casi obligado) a ir al club y vivir la terrible experiencia, pero de nada valían las palabras. Nadia permaneció callada.

 

Las chicas se despidieron, aunque Nadia no contestó, y tomaron caminos diferentes. Ahora le esperaría un fuerte regaño por haber salido tan tarde, pero eso ya no importaba tanto, quizá después de una noche de sueño, podría conversar nuevamente con sus amigas… aunque algo la incomodó durante el viaje de regreso. Sentada en la parte trasera del auto, se esperaba que sus padres le dijeran algo, como un abrebocas del regaño posterior, pero nada, sus padres estaban igual de callados. Tanto silencio la estaba incomodando a pesar de estar igual de callada de ellos.

 

Llegaron a la casa en poco tiempo, y entraron sin prender las luces. Su mamá había desaparecido ya en las penumbras, pero su padre se quedó atrás quitándose el abrigo. Nadia, quién se quedó en la puerta de entrada, tragó saliva.

 

-         Papá… quisiera hacerte una pregunta – dijo Nadia en voz baja, avergonzada, pero su papá, que la escuchó claramente, se aflojaba la corbata sin mediar palabra con ella - ¿me puedes decir… que es esto?

 

Su papá, que por fin le prestaba atención, abrió los ojos ante la sorpresa que le tenía su hija. Ella le mostró el misterioso chip que obtuvo del DJ Starknight.

 

-         ¿De donde sacaste eso? – le preguntó a Nadia su padre - ¿quién te lo dio?

-         ¿Sabes para que sirve? – volvió a insistir Nadia, pero su padre no le contestó esa pregunta, sino que formuló otra.

-         ¿Ves la imagen en la esquina inferior derecha?

 

Nadia no reparó en ese detalle, así que observó a la esquina mencionada. Allí estaba un pequeño símbolo: era un triangulo con el vértice hacia abajo, con un par de filas de ojos, la primera de tres, y la segunda de cuatro.

 

-         ¿De donde sacaste ese chip? – volvió a insistir su padre – ese símbolo no es una marca para que cualquiera lo pueda tener.

-         Pero no me has contestado… ¿para que sirve?

 

El padre de Nadia solo exhaló un suspiro.

 

-         Si lo quieres instalar en tu PC, no te va a servir. Necesitas una de mayor potencia para que saques todo su potencial.

-         Entonces – dijo Nadia bajando la mano extendida - ¿me puedes comprar otra PC?

 

Nadia y su padre se miraron fijamente. Se formó un silencio abrumador en ese pequeño espacio junto a la puerta, pero inmediatamente fue roto por una respuesta.

 

-         De acuerdo.

 

*** *** ***

 

            A la mañana siguiente, en la escuela, un alboroto inusitado se había formado. En el salón de clases, varias muchachas rodeaban un pupitre en especial. Algunas de ellas exclamaban, y otras pocas reían. ¿Qué estará pasando? Se preguntaba Nadia, así que se acercó a averiguar.

            Aunque no articuló ningún gesto, si que estaba sorprendida. En el centro del tumulto estaban Lina y Gata Lunar, respondiendo animadamente a la multitud ante las insólitas preguntas que alcanzó escuchar.

 

-         ¿Y no les dio miedo?

-         Naaahh, no fue la gran cosa – contestó Gata Lunar sonriendo – el tipo ese no iba a dispararnos, se le veía en la cara que era una gallina.

 

Risas salieron del pequeño público, entre algunas exclamaciones. Otra compañera preguntó:

 

-         ¿y el tipo que se mató era guapo?

-         Nada que ver – negó Lina esta vez – si hasta tenía granos en la cara, que asco

 

Después de contestar, Lina notó entre dos chicas a Nadia, que la miraba estupefacta ante semejantes respuestas. Tardó un poco en reaccionar al efusivo saludo de su amiga, y después fue la recién llegada la que fue abordada con preguntas sobre el incidente en el Club Cyberia.

 

El día continuó y las tres chicas ya se habían formado una fama bastante repentina. Llegaba un momento en los que firmaban autógrafos y relataban una y otra vez el suceso. Si para Nadia esto era “salir de la rutina”, pues ya estaba deseando regresar a ella. Todo ese cambio le pareció demasiado repentino.

 

Al final del día, Gata Lunar y Nadia fueron las primeras en salir, discutiendo una tarea de matemáticas que les habían encomendado, cuando se detuvieron en la entrada para esperar a Lina, que se quedó atrás. Su mirada estaba fija en el suelo. Gata Lunar le preguntó que le ocurría.

 

-         Pues… me temo que no lo estamos tomando seriamente – dijo Lina con semblante serio - … es decir, vimos morir a un hombre anoche, y lo estamos tomando muy a la ligera… como si lo acabáramos de ver en una película

 

El silencio se generalizó. Ninguna dijo nada más hasta que se despidieron en una encrucijada, y Nadia prosiguió su camino al edificio donde vivía.

 

Cuando llegó a la puerta de su casa, vio a un extraño muchacho, un poco pasado de peso y con un uniforme azulado, con una gorra en su cabeza, revisando una carpeta. A su lado estaban unas cajas apiladas.

 

-         Disculpe… ¿quién es usted?

 

El muchacho se dio la vuelta, revelando una insignia en su gorra: una corona con alas.

-         ¿Te llamas Nadia? – Preguntó el muchacho, a lo que esta afirmó la respuesta – tienes aquí un encargo. Llevo rato esperando aquí, pero parece que no hay nadie más en la casa.

-         ¿un paquete para mí? – volvió a preguntar Nadia, subiendo una ceja.

-         Encargaron una PC modelo XCT-493, marca SEAL, y lo pusieron a tu nombre – le dijo el muchacho estirando la carpeta – si todo esta correcto, ¿podrías firmar la factura?

 

Nadia no dudó en hacerlo. No pensó que su papá le comprara la computadora nueva tan rápido, pero bueno, ya la tenía y eso era lo que importaba. El muchacho, acomodándose la gorra, revisó la factura y luego sonrió.

 

-         Eres afortunada niña, ni siquiera con este trabajo podría comprarme semejante máquina. Necesitaría al menos 5 sueldos – concluyó riendo, mientras se dirigía al elevador, que aún seguía abierto.

-         Muchas gracias… por traerlo – dijo Nadia, pero el mensajero solo le contestó sonriéndole, hasta que las puertas se cerraron. Ahora Nadia era la propietaria de esa computadora, y quizá podría indagar acerca del extraño chip.

 

Mientras tanto, en la planta baja del edificio, del elevador salió el muchacho, pero sin el uniforme de mensajero. Ahora tenía una túnica azul y blanca, con el símbolo de la corona alada en su pecho.

 

-         Ya completé mi parte, Camila – dijo exhalando un suspiro el enigmático Celestine Schneider – ahora es tu turno.

 

CONTINUARÁ…

 

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