PASANDO LA VARA DE ORACIÓN...
Sebastián Hidalgo (Ecuador)

Todavía tengo presentes las poderosas imágenes de lo vivido durante la iniciación, ese sentimiento que es una mezcla de emoción y logro, el latido del corazón que va a mil como si fuese el tambor de la ceremonia, el olor de las plantas, de la tierra, la poderosa presencia de l@s sacerdotisas-te ya iniciad@s, el frío de la noche, las estrellas brillantes del cielo y sobre todo la Chak-anna que parecía guardar cada paso que dábamos en el bosque apenas iluminado por las velas.

Sentí que esa noche era mi muerte y también sentía una gran alegría que así sea, estaba preparado para dejar mis viejas pieles y ponerme aquellas que había confeccionado para este gran día, estaba listo para presentarme a la Diosa con mi nuevo rostro y dedicarle mi vida y mi voto. Pasar cualquier "dificultad"  o incomodidad durante el camino para mí fue como  honrar a l@s millones de hermanas y hermanos, ancestras y ancestros que pasaron pruebas muchísimo mas exigentes hace milenios.

Fuimos acogidos en un espacio sagrado, donde la presencia de la Diosa volvió a manifestarse para cada un@ de l@s participantes, a tod@s por igual, éramos con ese lugar. Fue un intercambio tan sutil y tan poderoso, que el estar se transformó en ser.

Mariela Di Scipio (Argentina)

... de pronto los temores a lo desconocido se esfumaron.
Me sentía aventurera, apasionada por recorrer cada instancia, los ojos grandes, ávidos...la sonrisa permanente, la risa fácil, un estado de entusiasmo, de anhelo. La sensación era la de haber estado esperando muchísimo tiempo esta Iniciación.

Pude sentir el cielo nocturno dentro mío. Cerraba mis ojos y dentro yo era cielo estrellado, mis ojos estrellas, mi interior inmensidad. Podía sentir la vida fluyendo apasionada y entusiasta y la intensidad de la muerte en el frío punzante, como un momento pico, cúlmine, intenso.
Ante la Diosa sentí que estaba en un lugar conocido, un encuentro anhelado, la sensación era de estar donde pertenezco desde siempre. Y tuve "recuerdos" de mujeres vestidas de negro celebrando en un círculo de piedras y escuché música celta bien fuerte en mi cabeza, con ganas de bailar y celebrar.

Monica Gobbin (Argentina)

Todavía siento en la piel, el viento frío de la noche de la Ceremonia. Siento que he recorrido un largo camino de vuelta al Hogar. Percibo que todo lo vivido, lo sufrido, ha cobrado otro significado. Han llegado las respuestas a mis preguntas, a mis “por qué”.

        Desde el Equinoccio, sentía que muchas cosas se fueron “acomodando” en mi interior. En realidad, no comprendía bien lo que estaba pasando, lo que se estaba transformando y que no puedo explicar con palabras. Algo que imagino que debe ser similar a la transformación de la crisálida en mariposa. Casi una vuelta entera de la Espiral, desde mi centro, sentí que todo se preparaba para la Ceremonia. Sentí Su presencia, Su calidez ...y bajo la Luna, mi esbozo de Voto cobró otra fuerza y significado. Hubo impaciencia y espera, pero luego el regalo fue mayor a lo esperado. Los nervios, la emoción, la ansiedad, se disolvieron al atardecer del 3 de mayo, bajo la Chak-Anna.

        Escuchando música de tambores en mi interior, supe que había llegado el momento de caminar hacia Ella. Deje mi ofrenda de dolor en la Tierra, solté todo lo sufrido y vivido y me lancé a re-nacer.

LEER EXPERIENCIA DE SACERDOTISAS
QUE ASISTIERON COMO CEREMONIALISTAS
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