Entre 2 Infiernos (esbozo)


Las 4 de la noche y no puedo dormir. Empapado de sudor, las gotas caen por la cara hasta llegar a la sábana, húmeda ya del líquido que expulso, que no para de brotar.

Sé que estoy atrapado, que estoy atrapado de nuevo, entre dos infiernos. Me siento presionado, oprimido por una destructora fuerza invisible, que no se deja ver pero que sí se deja notar. De nuevo he caido en las manos de la desgracia, de mi desgracia por querer llegar más allá de donde nunca jamás he llegado, por querer tocar algo de luz, algo de felicidad...
Pero ahora me veo aquí esta noche, como las otras noches, como todas las noches que me despierto en pleno sueño, en medio de la pesadilla que me veo obligado a soportar no pudiendo dormir.

No paro de pensar en ello.

Las cosas podrían haber ido mejor. Supongo que sí, aunque la verdad es que dejas de tener esperanzas con estos temas.

De todos modos la fuerza con la que me siento forzado a no saber qué hacer, a no saber por donde tirar, a no saber como actuar, es demasiado grande y potente para mí.

Intento luchar con ella pero no puedo. Mis fuerzas se han ido perdiendo por el trascurso de la velada, por los intentos frustrados de dormir, de olvidar la baja situación bajo la que me vuelvo a encontrar, mi uvicación predeterminada sin mi beneplácito, a la que me he sometido por estúpido, por escuchar palabras bonitas que siempre, desde un principio, he pensado que no llegarían a calar en mi más que para amargarme una vez más.

Una vez más me siento como salchicha entre revanadas de pan, sabiéndome más muerta que viva, sabiendo que voy a ser comida. Por sentirme me siento dios reconociendo el mal trabajo hecho en la tierra, me siento la piedra a la que siempre patean en la calle sin parar, sin acabar por romperse nunca, me siento el martillo que nadie se cansa de golpear contra el frío metal.

Me siento como el perdedor al que una vez pusieron un poco de miel en la boca, al pobre buscador de oro al que a sus pies pusieron una moneda de oro o al pobre desamparado al que una vez una dulce mano acarició su pelo intentando consolar.

Sé que soy tan o más culpable que todo lo que me rodea en esta película, se que principalmente la culpa es mia, que he sido yo el que más fuerza ha imprimido a la hora de saltar hacia el fuego, el que más empeño puso un día en conseguir saltar el estrecho pero profundo rio que separa la realidad de la fantasía, los sueños y los deseos de la cruda realidad. Pero el mismo hecho de ser culpable o de no serlo no me libera de las ataduras que me tienen sudando esta noche, que me tienen amargado y que harían que golpeara mi cabeza, mucho más fuerte de lo insanamente propio, contra la pared, para olvidar, para darme cuenta que la vida continua, para saber que sigo vivo, que, desgraciadamente sigo respirando aire, el mismo aire que el demonio que llevo dentro y que o bien morirá pronto o bien me matará.

Estirado de nuevo intento dormir, intento pensar en otra cosa que no sea esa sonrisa eternamente perfecta que me produce esos dolores de estómago que me gustaría compartir con tantos malnacidos de este mundo.

Yo creé un infierno y allí he ido a parar, yo dirigí mi película, la película de terror en la que el protagonista y el monstruo eran un mismo personaje, ese Dr. Jekyll y Mr. Hide llenos de miedo y de dolor que mataban para poder sobrevivir, esa bestia que liberaría gritando todo lo fuerte que pudiera si de una buena, grave y potente voz hubiera sido dotado.

Pero no puedo ni gritar: para qué? Para nada, nadie va a escuchar mis gritos y de nada serviría, por que lo que llevo dentro no sale con un grito ni con sangre ni con la fuerza. Sólo el más terrible de los huracanes podría arrancarme esa espina clabada que a cada movimiento mío, con tanta intensidad recordarme su existencia quiere... pero también el huracán me está rodeando, estando yo en medio, mirando como gira sin parar, como arrasa todo lo que hay alrededor, sintiéndome yo mismo huracán, arrasando y destrozando lo poco de bonito que pueda tocar con mi mano, en el ojo del huracán, sin posibilidad de pararlo...

Camino por el sendero de la amargura. El sendero de la amargura es un camino frío, triste solitario, sin un alma que deambule por él más que la mía, eternamente solitaria, obligada al desquicio y a la locura casi segura por la ignorancia y la propia soledad.

Pero es mi camino, el creado por y para mí.. quizás, irónicamente o sarcásticamente podría reírme de mí mismo, de mi suerte, de mi gracia, de mi mala pata, pensando que ese camino de rosas negras ha sido hecho para mí, solo, exclusivamente para mí.

Vivo aquí, entre 2 infiernos, rodeado y debilitado por las cosas que amo y las que odio, que sea como sea a veces se confunden, mezcladas muy íntimamente, como el verano y el invierno, como el frio y el calor, como la mente y el corazón, ambos tan dispares, ambos tan diferentes.


A la mierda. A la mierda todo y todos, y yo mismo, y todas las mañanas y las tardes y las noches de este mundo, a la mierda con el aire que da vida en este planeta. Al infierno con la gente, con sus actos, con sus palabras, con sus bellezas, con sus inteligencias y con sus dineros, a la mierda con todo lo vivo y lo no vivo...

Al fin y al cabo, el premio que me llevaré será una gran NADA.

 

Damien, 3/08/98 - 4/01/99